Siendo Louis Tomlinson
Fotografía: Phil Sharp. Maquillaje: Lola Chatterton.

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Siendo Louis Tomlinson

Platicamos con el ex One Direction sobre cómo pasó de ser un chico de clase trabajadora a una estrella pop de 50 millones de dólares.
Daisy Jones
London, GB

"¿Te importa si fumo?"

Louis Tomlinson agita un cigarro mentolado en una mano y una taza de café barato en la otra. Tan pronto como le digo que no, se levanta del banco de madera en el que ha estado sentado, abre la ventana que está a lado nuestro y prende el cigarro, soplando humo de menta hacia la calle, pequeñas gotas de lluvia caen ocasionalmente desde fuera aterrizando en su cara.

De todos los lugares en los que esperaría encontrar a una de las estrellas pop más grandes del planeta, una bodega fría casi vacía en el norte de Londres definitivamente no sería uno de ellos. Pero ahí es donde decidimos hacer la entrevista y la sesión de fotos, y hasta que llegó –algunos minutos antes vestido con unos jeans anchos y una sudadera que cubría sus sorprendentemente largas piernas– su presencia no había sido para nada incongruente. -¿Todo bien, amor? Me saluda, con su acento de Doncaster todavía marcado, a pesar de haber estado rara vez en suelo británico durante los últimos siete años de su vida, "encantado de conocerte". Su amigo, un chico de pecas con cabello castaño sosteniendo un rollo de salchicha envuelto en papel de Greggs, sonreía y asentía con la cabeza a la gente del lugar. Parados ahí, los dos parecían chicos que hubieras conocido de la escuela y que de alguna manera habían crecido de la noche a la mañana. Por un segundo, era fácil olvidar el porqué estábamos aquí.

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Camisa verde bordada, por Fred Perry.

En el verano de 2010, Louis audicionó para la versión británica de The X Factor por tercer año consecutivo. Había cumplido 18 años, y después de tener que volver a cursar sus exámenes A-Level y brincar entre trabajos de salario mínimo, pensó que no tenía nada que perder. "Nunca fui a quien podrías llamar 'inteligente de libros'", me dice, apagando su cigarro en un cenicero de marfil tallado y sentándose de nuevo en el banco, con su rostro relajado pero impasible. "Lo que solía enojar a mi mamá era lo que pude haber sido. Era el clásico tipo de la escuela que todo el mundo decía que no iba a llegar lejos porque se la pasaba de fiesta. Justo así era en ese momento".

No se consideraba a sí mismo un "cantante", pero se sabía lo suficientemente seguro como para lograrlo. Sus primeros años como adolescente habían pasado mientras bailaba en su habitación con bandas pop punk como Green Day ("Me regalaron un DVD de Bullet in a Bible en vivo y quedé completamente obsesionado"), por lo que solía emular el acento americano –algo que todavía dice hacer a la fecha. Aptly, la primera banda en la que tocó a los 14 años era una banda tributo a Green Day, pero los otros miembros lo sacaron después de que un chico nuevo llegó a la escuela y decidió que quería reemplazarlo como cantante. "Estaba como, 'Voy a ir a The X Factor y me los voy chingar'", dice, con su cara arrugándose por las risas momentáneas, antes de volverse seria otra vez. "Pero recuerdo esa banda como la primera sensación que tuve de ser… un artista, supongo. Nunca había hecho algo así antes, y estaba recibiendo un poco de atención por eso, así que estaba como ok, está bien, está cool, creo que puedo hacer esto'".

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Ver su primera audición televisada de The X Factor hoy en día –una interpretación de "Hey There Delilah" de Plain White T's– se siente como algo extraordinario por el hecho de que no tuvo nada de extraordinario. Apenas puede llegar a las notas, incluso los jueces parecen estar más interesados en el próximo break para fumar que en el individuo que canta justo frente a ellos. Con su corte de pelo asimétrico, su cardigan Topman y una expresión de esperanza, se parecía a todos los otros adolescentes británicos que pudieras encontrar en los suburbios a mediados de los dosmiles; el tipo de concursante que podía pasar el primer par de rondas, pero tendría dificultades para lograr sobresalir. Sin embargo, la historia no fue exactamente así, porque pocos meses después se convertiría en una de las estrellas pop más idolatradas del mundo; un lienzo humano sobre el que toda una generación de adolescentes proyectaban sus fantasías. Hoy en día, posee aparentemente una fortuna de $50 millones de dólares.

Camisa verde bordada, por Fred Perry. Jeans de Urban Outfitters.

En la superficie, su ascenso rápido como parte de One Direction puede parecer fortuito, o incluso improbable, pero velo más de cerca, y en realidad tiene mucho sentido. En el momento en el que Louis hizo el casting para The X Factor, las boy bands habían estado en constante declive en el Reino Unido desde su época dorada a finales de los 90 y principios de los 2000. Los jóvenes aficionados al pop parecían cansados de las bandas fabricadas con rutinas de danza producidísimas, canciones fórmuladas y sonidos clínicamente insertados– se había vuelto cursi y anticuado. El hecho de que la historia de Louis fuera tan normal, tan relatable, ya era intrínsecamente parte de su apelación. En lugar de tratar de ignorar sus raíces norteñas de clase obrera, las adoptó con vehemencia. No había nada en Louis que gritase "espectacular, listo para la farándula". No era de dinero. No había ido a la Brit School. One Direction no era la típica boy band –y por eso volaron.

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Incluso hoy, siete años después, cuando no podía vivir una vida distinta a la que creció conociendo, se aferra a su pasado con una terquedad casi encomiable. Mientras que los otros de la banda –particularmente Harry Styles y Zayn Malik, incluso Liam Payne hasta cierto grado– parecen deleitarse con el brillo de la fama pop al salir con otras figuras de alto perfil, siendo vistos en las primeras filas de los desfiles de moda o saliendo con tropiezos de fiestas privadas, teniendo el tipo de campañas de marketing meticulosamente diseñadas para crear intriga, Louis siempre ha parecido alejarse de ese tipo de cosas; con un pie cautelosamente sumergido en su estilo de vida, y el otro firmemente colocado en el suelo.

"Sí, bueno, Doncaster es lo opuesto a espectacular", dice Louis, riéndose cuando le señalo eso. "Pero realmente, tengo dos lados de mí cuando se trata de ese tipo de cosas. A lo que realmente no puedo acostumbrarme, o siquiera disfrutar, son esas fiestas de celebridades súper producidas –donde va todo el mundo- y todos pretenden ser amigos como si se conocieran desde hace años, diciendo como –haciendo un falso acento de LA– 'oh, ¿cómo están los niños?' aunque a nadie realmente le importe. Ves a gente que está más allá de la auto-absorción, y por eso puede ser un lugar peligroso. Yo personalmente prefiero las noches de desastre con mis amigos de casa".

Sudadera naranja de Christopher Shannon.

Louis me dice que son estos amigos de casa los que le han impedido estar demasiado metido en sí mismo. En una industria que es notoriamente superficial, dice, puede ser difícil encontrar una opinión honesta cuando todos los que te rodean son tan hipócritamente agradables. "A veces lo veo como un tipo de mercadotecnía", explica. "Por ejemplo, pienso cómo verían mis amigos de Doncaster -que no saben nada de música y moda- un outfit, una canción o lo que sea. Eso siempre me ha ayudado de verdad. Me gusta pensar que si salía a la calle con un pants horrible, me lo dirían por WhatsApp, y en tres meses les podrías decir: 'Gracias por decírmelo, me veía como pendejo'. Porque si llegas a una etapa en la que te desconectas de esos amigos de casa, otras personas no se van a acercar a ti de esa manera… Puedes rodearte de celebridades súper exitosas, pero puedes terminar siendo tragado por el glamour de todo".

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Eso no quiere decir que no salga nunca y que no se divierta con el resto de ellos –ha hecho mucho de eso también en los últimos años. "Durante el último año de One Direction, en particular, definitivamente me volví un poco más… divertido", me dice, levantando una ceja antes de tomar un sorbo de café y prender otro mentolado. "Me di cuenta de que íbamos a tomar este descanso y pensé 'he sido muy sensible todo este tiempo' y ese no soy realmente yo, así que durante un año más o menos definitivamente agarramos buena 'fiesta'. Definitivamente, hubo días en que se sentía como si la gira fuera incesante, y si lo ves desde el punto de vista de la fiesta era muy divertido, pero hacia todo mucho más cansado. Es difícil bajar del escenario con toda esa energía y preguntar '¿qué hacemos ahora?' No te vas a quedar sentado en el autobús descansando".

Suéter negro de Christopher Shannon, jeans de Urban Outfitters, tennis Vans.

Louis ha pasado gran parte de su vida siendo extremadamente famoso, pero su identidad presenta una extraña dualidad. Por un lado, es ese tipo que conociste un sábado por la noche en un antro bebiendo cócteles de neón y platicando con algunas chicas. Le encanta ver reality shows británicos como Geordie Shore ("Podrías divertirte con las mujeres del programa, pero los chicos son asquerosos") y tener noches tranquilas con su novia y su hijo de un año, Freddy. Pero también hay algo inherentemente equilibrado en él, de esa manera que sólo se da con los años de trabajo bajo el resplandor de un foco. Cada frase que habla se siente pensada, y se acomoda frente a la cámara con tal facilidad que apenas necesita de la dirección del fotógrafo. Ya sabe instintivamente en qué ángulo debe girar su rostro para que la luz se refleje en su mandíbula, y puede cambiarse de ropa en el tiempo que toma ajustar el lente de la cámara. Nunca se queja, parece hacerlo sin pensar demasiado. Es extraordinario atestiguarlo.

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Esta dualidad también está presente en la forma en que continuamente se refiere al momento de haberse unido a One Direction como "el cambio", que muestra cómo su vida anterior fue sacada de tajo de abajo de él, como una alfombra. "Tuve una gran educación, tuve una gran infancia y tuve mucha suerte", explica. "Y mi vida en la escuela … me encantaba, eso fue lo que encontré difícil en el cambio, fue un salto tan grande, era algo que sabía que quería, pero en retrospectiva… no cambiaría nada, pero nunca sabes en qué te estás metiendo. Realmente no sabes ni un por ciento de lo que eso ha significado".

Pero, ¿qué ha significado? Le digo que no puedo imaginarme cómo es estar en una banda como One Direction, que ha vendido 7.6 millones de discos en todo el mundo, cuyas cinco caras están grabadas en la retina de la cultura pop por siempre, y cada movimiento fue -y es- escudriñado desde todos los ángulos. En medio de todo esto, pregunto ¿cuál ha sido su época favorita? Le resulta difícil contestar, y duda un poco. "Creo que durante los primeros días, eramos muy puramente ingenuos", comienza diciendo. "Estábamos siendo llevados por el mundo a lugares tan locos y fue como un torbellino, y cuando digo ingenuo, no es como si fuéramos ingenuos con todas las cosas malas, sólo es que cuando eres un poco más grande, ya has visto y vivido muchas cosas más, mientras que antes… por ejemplo para alguien como Niall, que es el irlandés más feliz del mundo, es tan feliz y sonriente…"

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Se detiene un segundo, yéndose atrás como para reunir sus pensamientos. "Pero creo que era obvio para todos que siempre fuimos los cinco mejores amigos cuando estábamos de gira, era bonito. Y mientras el tiempo pasó, empezamos a entendernos. Hubo malentendidos, pero siempre fuimos muy buenos amigos. Si ves la final de The X Factor, cuando hice mi canción con Steve [Aoki], todos los muchachos vinieron a apoyarme, y no lo supe hasta un par de horas antes" –con esto, se esta refiriendo a su primer sencillo solista, una canción de EDM con Steve Aoki llamada "Just Hold On", que estrenó en el programa el año pasado. Continúa: "No fue una de esas estúpidas cosas de celebridades de 'pónganse para una foto y subámosla a Instagram para que todos vean lo buenos amigos que somos' –ni siquiera la subimos. Están esas pequeñas cosas de las que la gente no se entera".

Chamarra de Alex Mullens.

Después de cinco álbumes sumamente bien vendidos en un espacio de seis años, One Direction anunció su "descanso" a finales de 2015. Al principio, se suponía que duraría alrededor de 18 meses. Pero a medida que pasaba el tiempo, cada vez estaba más claro que no tenían planes inmediatos para volver a estar juntos. Tomaron caminos separados con esperanzas de florecer individualmente -como las boy bands tienden a hacerlo- y Louis se encontró en un punto muerto, inseguro de qué hacer. "Es algo que sucedió por accidente", dice, explicando su decisión de lanzar material en solitario. "Hubo un período de seis meses en el que me la pasaba escribiendo. No para mí, escribía para otros, y fue en ese momento que me crucé con la canción de Steve y todo pasó rápidamente. No pasó mucho para que me dijeran que podía tocar en la final de The X Factor, lo cual significaba bastante para mí. Sentí una verdadera sensación de satisfacción al hacerlo".

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Su siguiente sencillo, "Back to You" con la cantante Bebe Rexha, es un track minimalista electro-pop, y le queda bien. La producción tan limpia le da a su voz espacio para brillar, y suena más fuerte que nunca. Hasta ahora, la producción individual de cada ex miembro de One Direction ha sido algo impredecible, pero me atrevería a decir que este será un hit. "¿Crees que suena bien y no tan predecible?" -pregunta Louis, inclinándose hacia delante, entregándome el protagonismo. Le digo que es muy pegajosa, que probablemente la hubiera escuchado por elección y no sólo porque tuve que prepararme para la entrevista. "Bien, bien", se inclina hacia atrás, pareciendo satisfecho con mi respuesta, "porque es tan melódicamente diferente a lo que estaba acostumbrado a hacer, no estaba 100 por ciento seguro de la canción inicialmente, pero después de haberla tocado unas tres veces, me emocioné mucho, creo que está bastante cool".

A medida que nuestra entrevista llegaba a su final, empezamos a platicar sobre su último proyecto, una banda de chicas que ha pasado los últimos dos años trabajando con Simon Cowell. "Quise sacar adelante esta banda así que se la llevé a Simon. Como soporte para ello, me ofreció mi propia división discográfica a través de Syco", dice, sentándose repentinamente y pareciendo un poco más animado, con las cenizas de su cigarro cayendo en su pantalón conforme movía los brazos. "Lo más importante para mí es que tienen que ser músicas innegablemente grandes, para mí no hay nada más cool que ver a una chica adueñarse de un instrumento. Comenzó originalmente mientras seguía a Little Mix y pensé que podían tomar un camino más guiado por la guitarra. Por ejemplo esa vibra alrededor de Paramore en Estados Unidos es tan grande, y encontramos una cantante increíble y una gran bajista que ya tocaban juntas, luego encontramos a una guitarrista y baterista. Las chicas son mi primer gran proyecto y estoy muy clavado con ellas".

Sudadera de Champion.

Cuando le digo a Louis que sólo tengo una pregunta más, una sutil pero palpable sensación de alivio aparece brevemente en su cara. Antes, me había dicho que todavía no estaba acostumbrado a hablar tan abiertamente de sí mismo durante un período tan largo de tiempo, y le parecía un poco egoísta. Cuando estaba en One Direction, fácilmente podía pasar desapercibido cuando quería. "Hacía uno que otro chiste, y si quería hablar en serio, lo hacía, sabía que cuando estaba con pocas ganas, Liam se encargaría", me dice. "Esto es como empezar de nuevo, todo se siente diferente".

Así que. La pregunta final. ¿Qué sigue? "Siento que tengo un mensaje en mi música y en cómo me manejo a mí mismo. Me siento como la persona menos 'celebridad' dentro de un entorno muy 'celebridad', y eso trae consigo una mentalidad única…" comienza diciendo. "Sabes, todos tenemos los mismos problemas, ésa es la línea de fondo, sólo que se ven muy diferentes, esas cosas fundamentales que te hacen sentir mal, son iguales. Creo que tiendes a pensar que vas a ser famoso, vas a estar en una banda, y con eso tu vida va a estar completa. Pero no, creo que se trata de tener perspectiva sobre todo… incluso cuando estás en la cima del mundo, tienes que seguir pensando en el próximo paso".

"En diez años, lo más importante para mí es poder lanzar un buen disco con el que la gente se conecte, y luego, después de eso… ¿quién sabe?, me fijaré una nueva meta. La zona de confort es un lugar peligroso. Eso es lo que me mantiene motivado, lo que me mantiene adelante".

(Fotografías por Phil Sharp, arreglos de Lola Chatterton).

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