Pay-Per-Beat: Una mirada al mercado underground transformando el rap de SoundCloud
El productor Illmind. Foto: Peter Garritano

Pay-Per-Beat: Una mirada al mercado underground transformando el rap de SoundCloud

A medida que la renta de beats se vuelve una práctica común, los artistas ganan independencia, ¿pero qué perdemos en el camino?
PG
fotografías de Peter Garritano
Giacomo Stefanini
traducido por Giacomo Stefanini
IT
Elia Alovisi
traducido por Elia Alovisi
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9.11.17

Este artículo se publicó originalmente en Noisey US como parte del número musical 2017 de la revista Vice.

Taz Taylor no recuerda el nombre del primer beat que rentó hace siete años, pero sí recuerda cuánto dinero ganó con él: $250 dólares. La canción improvisada, utilizando una copia prestada de Reason —el software de producción musical—, en una habitación de la casa de su madre en Jacksonville, le valió el equivalente a un mes de trabajo como diseñador gráfico en ciernes. Eso era todo lo que el chico, entonces de 17 años, necesitaba saber.

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Poco después, empeñó sus pertenencias y equipó su habitación con monitores, mezcladoras y todo el material de un estudio básico, comenzó a devorar videos instructivos y debates en foros de producción en línea para perfeccionar su oficio y pasó horas produciendo cancionaes hasta el amanecer.

Sus primeros beats, según él mismo, no estaban buenos. Pero su habilidad para comercializarlos por Internet entre raperos aspirantes, por entre 20 y 200 dólares cada uno, sí lo era. Seis meses después, este desertor de secundaria había ganado aproximadamente 12,000 dólares, dinero obtenido gracias a las pistas publicadas en la noche y compradas en números cada vez mayores a la mañana siguiente.

"Me cansé de que la gente me dijera que nunca lograría una mierda", dijo Taylor. "Así que al ganar dinero con algo que me gusta hacer, tengo que ser muy exigente. Es la única opción que tengo".

Ahora con 25 años, Taylor dice que ganó más de 500,000 dólares el año pasado en rentas y ventas de beats; sus últimos logros incluyen canciones con Gucci Mane, Kodak Black y Big Sean. En agosto, Taylor viajó con su madre a Los Ángeles para firmar un importante acuerdo de publicación con el Grupo de Publicación de Artistas de Warner/Chappell que también le permitirá seguir vendiendo canciones de forma independiente a través de Money, su canal de Internet, a sus casi 80,000 seguidores en Twitter. Es uno de los primeros contratos de este tipo.

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Taylor pertenece a un creciente grupo de productores en Internet que están liderando la economía underground, nacida en medio de un paisaje musical democrático en el que cualquiera con acceso al software correcto, WiFi y una cuenta de PayPal, puede vender sus productos digitales. En una época en que los productores han pasado de ser actores secundarios a estrellas de marca por derecho propio, Taylor, sus compañeros y los mercados digitales que atienden, parecen haber descubierto una eficiente manera de enfrentar el problema que aqueja a la industria musical en los últimos 15 años: vivir de la música.

Donde los productores convencionales deben dividir las ganancias, esperar pagos durante meses y soportar que quizá nunca usen sus beats, los productores de Internet como Taylor argumentan que su modelo de negocios elimina a los intermediarios, permitiéndoles vender lo que quieran, a quien quieran, bajo cualquier término que les parezca conveniente y percibir un pago inmediato.

Muchos productores en Internet están democratizando el proceso de producción de música y creando un mercado digital mediante la renta de beats a artistas prometedores que operan fuera de la industria de la música tradicional.

A medida que la creación musical adopta la comodidad de Internet a un sólo click, los beats son un ejemplo de los elementos que componen a las canciones prefabricadas disponibles para que cualquiera las pueda comprar y armar, junto con los voice tags, kits instrumentales y sampleos vocales. La web también fomenta una colaboración entre artistas sin precedentes, conectando a creadores de todos los continentes y por tanto exponiéndolos a un público más amplio. El resultado es una nueva frontera para la industria, en un punto entre la anarquía y la globalización.

El mercado de beats no es nada nuevo: la creación, el intercambio y la modificación de sonidos entre productores y artistas es la historia del hip-hop. Años antes de que Napster y la piratería digital desplomaran la industria, raperos y creadores de beats se reunían en chats de AOL y en sitios como SoundClick, una plataforma social antigua donde los usuarios podían almacenar y transmitir archivos de RealAudio de todos los participantes.

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A finales de la primera década de los 2000, SoundClick lideró a estas hordas, evolucionando en una especie de MySpace para productores y otros músicos, incluyendo páginas de perfil y un sistema gráfico que ayudó a los productores underground a conseguir una mayor exposición. A medida que las redes sociales pasaron a primer plano, surgieron otros sitios y plataformas como BeatStars y MyFlashStore (ahora conocidos como Airbit), para ayudar a consolidar y capitalizar el mercado de rápido crecimiento. Para cuando YouTube fue adoptada como una plataforma de hospedaje, el intercambio de producción en línea se convirtió en una economía autónoma próspera.

Taylor rápidamente aprendió que el proceso de venta para beats es bastante sencillo: un productor sube una pista instrumental a YouTube, su sitio personal o algún mercado de música como BeatStars, donde quienes aspiran a ser raperos y otros artistas pueden obtener una vista previa del material. Si a un artista le gusta, él o ella puede comprarla directamente (se denomina "licencia exclusiva") por unos cientos de dólares o, para precios más accesibles, desde 15 a 150 dólares, se puede conseguir un "uso" limitado que permite al productor vender el beat varias veces a diferentes artistas.

A medida que la tecnología sigue democratizando el proceso de producción y el mercado se inunda con competencia fresca, estas grabaciones se venden cada vez más como "type beats" —como "beat tipo Drake" o "beat tipo 'Bad and Boujee'"—. La idea es ayudar a aumentar la visibilidad de un track mediante su relación con el sonido de un artista, canción o productor popular que pueda estar buscando un posible comprador. Para algunos productores, no es más que una táctica de publicidad que ayuda a la música original a encontrar oídos afines; para otros, es una oportunidad de aprovechar las tendencias.

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Hoy en día, rentar beats se está convirtiendo en el punto de iniciación para los raperos principiantes y el talento creciente del hip-hop, ayudando a impulsar una generación de artistas de SoundCloud. Y ahora es parte de la corriente principal. Fetty Wap, Joey Bada$$, Bryson Tiller y Young M.A han conseguido éxitos usando beats encontrados en la web. A$AP Rocky admitió que descubrió el beat de una de sus canciones al buscar "beat tipo A$AP Rocky" en YouTube. Quizá el caso más famoso es que Desiigner rentó y luego compró el beat de "Panda" (vendido como "beat tipo Meek Mill–Ace Hood") por 200 dólares, consiguiendo para el rapero, en ese entonces desconocido, un hit número uno y un contrato para grabar con G.O.O.D. Music de Kanye West, mientras el productor del beat, Menace, firmó un contrato de publicación bastante lucrativo.

Pero otros dicen que las historias de éxito como Taz Taylor y Menace son la excepción a la regla en un mercado saturado por los productores caseros que buscan conseguir dinero fácil imitando el estilo de los demás. Es un sentimiento que incluso Menace comparte.

"Debido a casos como el mío, todos piensan que pueden alcanzar el éxito", dijo el nativo de Manchester (23), quien ha aparecido en dos créditos de producción popular desde que "Panda" estalló en abril de 2016. "Probablemente mi consejo para los productores que en realidad quieren adentrarse en la industria es que tienen que volverse una marca. Debes estar en la misma habitación que los grandes. Para algunos sólo es cuestión de suerte". La economía de renta de beats, según los críticos, funciona de manera similar a la moda: el mercado está saturado de producciones mediocres conforme los precios bajan y los productores compiten por clientes con descuentos promocionales y ofertas especiales.

Hace siete años, Taz Taylor comenzó a alquilar beats que creó utilizando software prestado de producción de música. Hoy tiene un contrato importante con una disquera y dice que ganó 500 mil dólares el año pasado gracias a la venta y renta de beats en internet. Foto: Ryan McFadden

"En definitiva existe una idea errónea de que éste es un camino por descubrir", dijo Illmind, productor originario de Brooklyn quien trabajó con artistas como Drake, Kanye West y J. Cole. "Es casi como tener una impresora de lotería en casa. Sólo imprimo boletos. Entre más boletos imprima, más alto es mi porcentaje… Pero creo que este factor está relacionado con la cantidad de tiempo que inviertes en esta actividad. Trabajas medio tiempo, obtendrás resultados de medio tiempo… Hacer tantos beats y luego venderlos a los raperos indies, sólo fue un entrenamiento para mí".

Illmind tiene su propia inversión en el mercado de producción, creando y vendiendo drumkits en línea. Estos paquetes instrumentales se llaman Blap Kits y se han convertido en una fuente de referencia para lograr buenos sonidos de percusión, kits y sampleos cíclicos para productores tanto populares como underground.

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"[La renta de beats] también te marca de manera que la gente inmediatamente te asocia con no ser especial", explicó Illmind. "Lo que hace es que te abre a artistas que están buscando 'beats tipo Drake', más que hacer algo original". Su problema, me dijo, es con la naturaleza barata y transaccional del movimiento, que unifica los sonidos y mantiene a los productores atados a las ambiciones mainstream.

"Me parece que se están cerrando a sí mismos. Si soy un productor y le estoy vendiendo un beat a alguien, en ese momento se convierte en una operación de negocios", dijo. "Ni siquiera he escuchado tu música; no sé si eres bueno o malo. Quizá me encante o lo odie. Pero ya me comprometí a satisfacer tus necesidades. Y la única necesidad que cumplí para mí es que me darás dinero, y ni siquiera tanto".

Illmind y otros, como el veterano 9th Wonder, han desatado un intenso debate en Twitter después de expresar sus preocupaciones acerca de que el modelo de producción abarata el sonido y los procesos, postura que Taylor y otros han refutado como mal informada. Taylor, quien lanzó un colectivo y su canal de Internet Money como formas de apoyar y enseñar a otros productores en la web, sostiene que el trabajo de los productores de Internet tiene poca diferencia frente al trabajo de productores mainstream, quienes fabrican beats para los artistas con quienes prefieren trabajar. La diferencia radica, según él, en que su independencia les da una justa sacudida a los productores involucrados.

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"Cualquiera puede estar donde estoy yo si se parten el culo y se centran en la mercadotecnia. No se trata de qué tan buenos son los beats, se trata de tu marca", aseguró Taylor. "No soy una excepción a la regla. Puedo mencionar más de 30 personas que ganan más de 6 cifras en Internet. Todas surgieron de la nada".

Illmind, que produce beats y también vende paquetes de beats que ayudan a otros a hacer lo mismo, dijo que le preocupa que el mercado de renta de beats esté abaratando el sonido y el proceso. Foto: Peter Garritano.

Detrás del debate yace el dolor del crecimiento de un mercado no regulado, donde los contratos y términos de uso no siempre son legalmente sólidos —cuando hay contratos, claro— y los intercambios ocurren libres de impuestos. Incluso Taylor admitió que no aprendió cómo funcionaban las cosas hasta que habían pasado dos años y tuvo que pagar impuestos atrasados. Si bien rentar es una opción común, el término mismo es una forma bastarda de las licencias expedidas por la industria tradicional, que son vulnerables a las lagunas y huecos legales. Estos acuerdos generalmente se sostienen sólo si llegaste al sitio web correcto o si consultaste a los abogados correctos, y si eres un chico de 16 años que vende beats para comprar mota, probablemente no lo hiciste.

Pero el mercado está comenzando a actualizarse. Muchas ofertas ahora incluyen los acuerdos de uso, por lo general divididos en "renta limitada" y "exclusiva", pero la legitimidad varía; mientras que existen contratos expedidos por abogados, otros fueron copiados y pegados de otros contratos de usuario y otros más están elaborados a partir de búsquedas en Google.

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"Un productor regular de SoundCloud rentará sus beats y ninguno tiene contratos reales", dijo el productor Icywat de Chicago, miembro de un colectivo de rap y productor de la sensación de Internet Divine Council. "De manera que si alguien la toca en un medio de transmisión, el artista ganará más dinero. Entonces se abre una brecha entre el productor y el artista. Muchos artistas que rentan beats no saben un carajo de términos legales o que supuestamente los productores deben recibir paga de principio a fin".

Abe Batshon, fundador de BeatStars, espera cambiar este panorama. El Social Music Marketplace, lanzado en 2008, fue la primera plataforma de su tipo en introducir los contratos formales, los acuerdos de licencia y las estructuras de pago, evolucionando hasta convertirse en una especie de tienda única para el mundo de la producción en línea. Hoy, sus servicios se están expandiendo para muchas de las lagunas del mercado de renta no regulado, incluyendo la distribución de ingresos entre colaboradores, la monetización de SoundCloud y YouTube, e incluso las etiquetas de marca propia. Batshon dijo que quiere que el BeatStars con sede en Austin se convierta en "el eBay o el Amazon de beats".

"El juego ha cambiado, ¿cierto?", dijo. "Nadie está esperando A&Rs. Ya nadie está esperando a sus editores. Este momento es como el principio de nuestra época dorada: el descubrimiento del beat, los movimientos de productores y el empoderamiento de los productores. Es emocionante".

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Ex-músico él mismo, Batshon abandonó el mundo del hip-hop underground para trabajar en la distribución global y el grupo de marketing INgrooves, donde dijo que ayudó a descubrir y representar artistas como Killer Mike y Macklemore, y obtuvo el conocimiento que aplicó al proyecto pasional en que se convirtió BeatStars.

Este año, BeatStars está en camino de ver 12 millones de dólares en ventas a través de sus 600,000 usuarios registrados. El sitio recibe alrededor de 3 millones de visitantes únicos cada mes. Gracias a su modelo integrado de membresías, dijo Batshon, la compañía se ha mantenido financieramente sólida desde el inicio; una gran hazaña, ya que plataformas como SoundCloud y Spotify, quienes tienen audiencias considerablemente más grandes, luchan por mantenerse viables.

"Todavía creo que hay una gran brecha informativa sobre lo que estamos haciendo para la gente", mencionó Batshon. "Muchos productores sólo quieren crear beats. No les importa vender, sólo quieren subir su material a SoundCloud y están felices, ¿no? Creo que todavía existe una gran parte de la comunidad que no vende su contenido en línea y hay muchos artistas que siguen atrapados en las formas tradicionales, ni siquiera saben que pueden comprar beats en línea". Pero el dinero es sólo una parte. Algunos que han conseguido el éxito después de cruzar hacia la zona mainstream de la industria, se han enfrentado a una curva de aprendizaje muy pronunciada.

"Seré completamente honesto, fue más una grabación tipo éxito y descenso, pero que llegó en el momento adecuado", comentó Menace, originario de Manchester, sobre "Panda". "Después de 'Panda', el problema es que me dejaron nadar con los tiburones".

Mucho antes de que la canción ganara un Platino cuádruple y un Grammy, Menace dijo que ya estaba ganando alrededor de 50,000 dólares al año rentando y vendiendo beats. Pero dijo que el conocimiento del marketing en ciernes que le resultó ventajoso en ese espacio no necesariamente sirve cuando te enfrentas a los jugadores de las grandes ligas. Así que está empezando desde cero, aprendiendo las reglas y estrategias del juego, cómo construir relaciones y, sobre todo, a ser paciente.

***

Todavía es temprano, pero el juego de la renta de beats sigue evolucionando. Y a medida que ingresan más jugadores al mercado, la competencia se vuelve más feroz. "Los celos están en su punto más alto", contó Taylor, explicando que las disputas en línea entre productores se están convirtiendo en problemas de la vida real, con rivales que compran "dislikes" para los videos de YouTube de los demás para disminuir su influencia y personas que filtran los kits de producción de los demásy otro tipo de propiedades pagadas.

Otros dicen que ésta es quizá la razón por la que la práctica es miope, cambiando el enfoque de la calidad a la cantidad, alejándose de la innovación y la creatividad. "No existen reglas, no hay contratos", dijo Illmind. "Estamos en la era de la evasión: me gusta esto, no me gusta esto otro, lo hago a un lado con el dedo. Me parece que es una razón directa por la que la renta de beats se ha convertido en algo tan grande. Porque te permite pensar: ¡lo quiero ahora! Son sólo regurgitaciones. Es el encuentro de dos extraños en un punto medio y mucha de esta mierda es sólo basura. No toda, claro. La belleza de la tecnología es que parte de ese material puede ser mágico. El talento no se puede esconder".

Lo que perdemos y ganamos gracias a esta nueva economía, y la paradoja de la música como mercancía y como comunidad, se extiende mucho más allá del mundo de la producción de beats y la industria en general. La nueva economía está en el centro de los debates que rodean la licencia libre de regalías de Spotify, así como las batallas que disputan las plataformas emergentes como SoundCloud para mantenerse a flote. Y para aquellos como Taz Taylor, en ello radica su belleza.

"¿Louis Vuitton se preocupa por los tratos que hace Walmart? La gente tiene hijos y cuentas que pagar. No soy quién para decirle a otra persona cómo conseguir dinero", dijo. "¿Desde cuándo hay reglas para esto? Ése es el objetivo de usar Internet. No hay reglas".

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