Género

Varones Antipatriarcales: un encuentro al que fue VICE

¿Qué les habían prohibido hacer de niños por haber nacido hombre? Llorar, dijeron muchos
Fotos por Cristian Calavia

Artículo publicado por VICE Argentina

La llovizna caía insistente en el barrio porteño de Balvanera. Frente a la sede de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) había una larga fila de gente esperando para inscribirse en el séptimo Encuentro Latinoamericano de Varones Antipatriarcales (ELVA). Todavía faltaba una hora para el mediodía y en la entrada principal había un hombre de rastas multicolores y vestido negro que daba indicaciones a todo aquel con cara de desorientado. Desde la esquina, se veía venir a un tipo alto de la mano de una mujer. Antes de despedirse, ella le dijo que pasaría a buscarlo más tarde. La postal terminó de configurarse con incontables pañuelos verdes y naranjas que colgaban de las mochilas y cientos de mates que pasaban de mano en mano.

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Se largó a llover y todos comenzaron a amucharse debajo del techo. El precio para ingresar al Anfiteatro Eva Perón era de 300 pesos. El que tenía plata, pagaba en la mesa de inscripción. El que no, entraba igual. La idea era que nadie se quedara afuera. En esa misma mesa invitaban a los participantes a escribir en un papel algo que no les hayan dejado hacer de chicos por haber nacido hombres. Poco a poco se fueron ocupando todas las butacas hasta que no quedaron más y la gente tuvo que empezar a sentarse en el piso. Acto seguido, uno de los organizadores anunció que habían pasado los 1800 inscriptos y tuvieron que habilitar el segundo piso del establecimiento.

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Miles de adolescentes y adultos se habían acercado desde La Plata, Rosario, Córdoba, Neuquén y Mendoza, como también desde Chile, Colombia y Uruguay, para estar en el primer ELVA llevado a cabo en la ciudad de Buenos Aires. La gran mayoría —o la primera minoría— pertenecía a la comunidad LGTBIQ, que realizaría esa misma tarde su vigésima séptima Marcha del Orgullo. “Disidencias en un rol protagónico, visibles y brillando, pakis acompañando. Esta es la propuesta, la invitación, las ganas de construir en conjunto”, decía uno de los panfletos que repartían en la entrada, aclarando que no se trataba de una superposición de fechas, sino de “una gran oportunidad política en consonancia”.

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En ese contexto comenzó la plenaria de apertura en la que se puso el micrófono a disposición de los espacios políticos y participantes independientes que quisieran presentarse y comentar cuáles eran sus expectativas sobre encuentro. Nadie debía tardar más de tres minutos para que todos pudieran expresarse y, sobre todo, para que no se tornara en algo extenso y aburrido. Así fue que se plantearon varios de los temas que se abordarían a lo largo del fin de semana: el machismo en los gremios, el rol de las disidencias en la política, el desarrollo de nuevas masculinidades, la falta de perspectiva de género en los medios de comunicación y la necesidad de crear espacios políticos antipatriarcales contra la avanzada fascista en Latinoamérica, entre otros.

Después de más de dos horas de presentaciones y alguna que otra reflexión, se dio por terminada la instancia inicial para comenzar la previa de la Marcha del Orgullo LGTBIQ. El cielo se había despejado y continuó así hasta el cierre de la jornada, que tuvo lugar en un centro cultural de Once, con entrada libre y gratuita para quienes tuviese su credencial de ELVA. Al salir del auditorio, muchos se quedaron leyendo las frases pegadas contra la pared con las respuestas sobre qué les habían prohibido hacer de niños por haber nacido hombres: “llorar” había sido la más repetida de todas, aunque otras como “placer anal”, “vestirme como quería”, “maquillarme” y “mirar Sailor Moon” también pedían pista.

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El segundo día fue en la sede Piñeiro de la Universidad Nacional de Avellaneda. Bajo un sol que rajaba la tierra, miles de caras cubiertas de glitter y uñas pintadas con los colores del arco iris se amontonaron frente a la pared en la que figuraban los 28 talleres que se dictaron por la mañana. El menú era variado y con temáticas que abordaban desde el maltrato en la infancia y su relación con la construcción de la identidad masculina, pasando por la paternidad en épocas de deconstrucción, hasta herramientas para manejarse ante situaciones de abuso y acoso. ¿Qué es el feminismo? ¿qué implica ser varón? ¿qué rol ocupa el hombre heterosexual y las distintas disidencias dentro del feminismo? Muchos fueron los cuestionamientos que se hicieron entre las paredes rojas y amarillas de la facultad, llevados a la práctica en un amplio abanico de tonos, formas e intensidades.

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A la hora del almuerzo tuvo lugar el lado B de las discusiones surgidas en los talleres, entre amigos y compañeros que habían ido juntos al encuentro. Una segunda lectura, más íntima y despojada, acompañada de una bondiola o pan relleno que vendían en los puestos que bordeaban el patio. Casi una hora más tarde de lo previsto, el primer panel llegó para descomprimir una tensión que había sobrevolado la previa del encuentro en las redes sociales: tres representantes mujeres de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, y de la Campaña Nacional Contra las Violencias hacia las Mujeres dieron una charla sobre Feminismo y Organización Popular.

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Luego de otra tanda de talleres, y con el atardecer como puesta en escena, llegó el segundo panel a cargo de la psicóloga social Marlene Wayar, la socióloga Dora Barrancos y Say Sacayán —hermana de Diana, activista trans víctima de travesticidio en 2015— sobre Feminismo y Disidencias. Al caer la noche, una caravana partió hacia un galpón cultural de la zona, donde se realizó un varieté como broche de oro. A la mañana siguiente, otra vez en Avellaneda y entre caras cansadas y reservas de yerba mate en rojo, se realizó el plenario de cierre y la designación de Uruguay como escenario de la octava edición consecutiva del encuentro el año que viene.

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