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guerras y conflictos

Madres de desaparecidos donan su ADN para que la búsqueda continúe aunque ellas mueran

Madres de distintos países con hijos desaparecidos en conflictos, han visitado un banco de ADN español especializado en la Guerra Civil Española, a los que han donado sangre por si éstas fallecen antes que sus primogénitos sean encontrados.
15.4.16
Svetlana Isayeva, madre de un joven desaparecido en Daguestán, sostiene una muestra de ADN ante Carme Barrot, responsable del banco genético. (Imagen por Quique Badia/VICE News)
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Más de 12.000 kilómetros separan los hogares de Svetlana Isayeva y Luz Marina Bernal. La rusa es del Daguestán, una región del Cáucaso norte en Rusia, y la colombiana es de Soacha, un pueblo colindante con Bogotá. Están unidas por un doloroso vínculo que se extiende a través de dos mares y todo un océano: sus hijos desaparecidos, por acción u omisión, con la connivencia del aparato estatal de sus respectivos países.

Ambas han viajado miles de kilómetros para difundir su lucha y conocer el proyecto de la Universidad de Barcelona (UB), El ADN de la memoria: Banco de ADN de la UB de víctimas de la Guerra Civil española.

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Esta iniciativa parte de la experiencia del laboratorio de genética forense de la Unidad de Medicina Legal y Forense de la misma institución, con la que sistematizan muestras de material genético. Estas muestras permitirían, a quien lo desee, encontrar algún familiar desaparecido en la contienda armada que golpeó a la España del primer tercio del siglo XX.

"No tenemos muchos proyectos homólogos en el mundo, pues nosotros trabajamos con muestras de hace más de 70 años. Guardamos el ADN de familiares directos porque, por cuestiones de edad, cabe darse prisa antes de que desaparezcan", cuenta a VICE News Carme Barrot, responsable del banco. Barrot, también al cargo del Laboratorio de Genética Forense del Departamento de Salud Pública de la UB, lamenta la falta de apoyo gubernamental.

Aunque mucho más recientes son los casos de las madres que nos ocupan.

Bajo el gobierno de Álvaro Uribe, en Colombia se incrementó la presión para obligar a los cuerpos y fuerzas de seguridad a presentar mayores índices de ejecuciones de combatientes insurgentes. A este efecto se armó un sistema de compensaciones económicas y promociones en la jerarquía militar.

Este país centroamericano está lastrado por la guerra civil más larga del hemisferio sur, que ya dura más de medio siglo.

Pero esta política tuvo un efecto inesperado. Organizaciones humanitarias, periodistas y activistas revelaron que ciertos elementos de las Fuerzas Armadas habían estado atrayendo a jóvenes de territorios humildes con falsas ofertas de empleo, cuando no secuestrándolos directamente, para luego asesinarlos y vestirlos de guerrilleros.

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Así los militares implicados cobraban su parte y recibían premios en forma de ascensos. La vida de Fair Leonardo habría reportado en 2008 a su asesino 200.000 pesos: unos 80 euros.

A Luz Marina le entregaron unos huesos que o bien estaban quemados o bien tratados químicamente para dificultar la identificación, pero la madre de él demostró la inexistencia de vínculos de su hijo con la guerrilla por las deficiencias que sufría Fair Leonardo. Su mente era la de un niño de 8 años y tenía inmovilizadas varias extremidades. Las autoridades le imputaron ser el líder de un comando. La versión del ejército colombiano cayó por su propio peso.

Luz Marina Bernal sostiene una foto de su hijo Fair Leonardo. En el audio explica cómo operó la política gubernamental que acabó con su vida y qué tipo de actividad desarrolla su organización. (Imagen por Quique Badia)

Sobre cómo el ejército colombiano ejecutó a civiles a los que tachó de guerrilleros. Leer más aquí.

Al otro lado del Atlántico, el Mediterráneo y el Mar Negro, a finales de los 90, tras la cruenta guerra en la república de Chechenia, la invasión de la Brigada Internacional Islámica de la vecina Daguestán en apoyo al grupo separatista Shura para Daguestán prendió el conflicto en ese territorio. La Federación rusa respondió con la ocupación de la república provocando el desplazamiento de más de 30.000 civiles y la muerte de otros tantos miles.

La resaca de la contienda desestabilizó una región en la que hoy un grupo que proclamó su lealtad a Estado Islámico (EI) ha establecido la Wilayat Kavkaz, un término del imaginario yihadista traducido como la Provincia del Cáucaso, y que delimita una región bajo control de grupos de esta índole.

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Es una de las zonas de Rusia que más combatientes ha aportado a Estado Islámico en la guerra en Siria e Irak y al amparo de la cual la amenaza terrorista se cernió sobre los Juegos Olímpicos de Sochi.

Mira el documental de VICE News Juegos Olímpicos y Yihad: el problema del terrorismo en Sochi (próximamente subtítulos en español):

Es en este contexto cuando, en 2007 — el próximo 26 de abril se cumplirán 9 años —, el hijo de Svetlana Isayeva se marchó para no volver jamás. Tenía 25 años, la misma edad que el hijo de Luz Marina, que desaparecería un año después. Isayeva pronto descubrió que en el mismo día habían desaparecido dos decenas de jóvenes más. Ella asegura que no estaba implicado en ninguna organización terrorista.

Cuando se organizaron, ahí empezó el periplo de las familias. Svetlana aún no ha dado con el cuerpo de su hijo, al que ya no espera encontrar en vida. Cientos de cuerpos yacen en un pequeño cerro, cerca de la capital, bajo montículos de arena con inscripciones que solamente indican el género y el día en el que fueron enterrados los que yacen en ellos.

Fue el mismo servicio de morgue de la capital quién los levantó.

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La de la ONG daguestaní no ha sido una búsqueda fácil. Son unas 30 personas, entre madres, otros familiares y activistas, 7 de los cuales trabajan de forma activa y permanente. Recogen fondos para pagar abogados a las familias que no pueden sufragar sus honorarios, con el objetivo de llevar sus casos al Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH), pues no confían en la justicia rusa.

Para conseguir sus objetivos, trabajan juntamente con organizaciones pro derechos humanos del resto del país y del mundo. Algo que no les protege de la persecución estatal: su organización fue ilegalizada y han sufrido el lanzamiento de volantes con sus nombres y los nombres de los periodistas que las apoyan amenazándolos de muerte.

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"Piensa que tienes más hijos. No los pongas en peligro. Quédate con ellos, que aún los tienes", le dijo a Isayeva un agente de policía supuestamente implicado en la operación policial en la que desapareció el mayor de ellos. Amenazas parecidas han recibido las Mujeres de Soacha, a quienes se coacciona con la posibilidad de asesinar a sus hijos que aún viven. Éstas se han materializado algunas veces, en su caso.

Luz Marina Bernal se somete a una extracción de sangre para que su ADN quede en el banco catalán ante la posibilidad de que sea asesinada durante el proceso. En el audio explica de qué manera se han vinculado a las luchas del país. (Imagen por Quique Badia)

Las dos parecen cansadas. Luz Marina Bernal repite ante la grabadora un relato que ya ha contado cientos de veces a otros tantos oyentes, de forma casi mecánica. "Sólo quiero encontrar la paz", afirma Svetlana entre lágrimas en un momento de la reunión con la genetista Carme Barrot. Esa misma tarde comparecerán ante la cámara de la autonomía catalana.

A Bernal la propusieron junto a un grupo de víctimas de la violencia en Colombia al premio Nobel de la Paz. Participa de las llamadas Conversaciones de la Habana por el desarme de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el mayor grupo guerrillero del país. No parece que las felicitaciones la reconforten. "¿A qué precio he tenido que pagar este premio?", concluye.

Sigue a Quique Badia en Twitter: @qbadiamasoni

Sigue a VICE News en español en Twitter: @VICENewsES