Esto es lo que le pasa a tu cuerpo si bebes 11 litros de agua al día

Y hablo desde la experiencia.

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27 Marzo 2019, 4:30am

Rialto Images / Stocksy

Se ha demostrado que beber mucha agua aporta varios beneficios, como mayor rendimiento físico, un incremento en los niveles de energía y la función cerebral y la regulación de la temperatura corporal. De hecho, beber agua debe ser el primer elemento de tu plan de acción para ir bien al lavabo. También se ha demostrado que acelera el metabolismo y hace que consumas menos calorías (si ese es uno de tus objetivos). Estar bien hidratado también ayuda a prevenir los dolores de cabeza y, si tienes la precaución de beber un vaso de agua después de cada copa cuando sales por la noche, a reducir el riesgo y la gravedad de las resacas y de joderte el cerebro al día siguiente. Incluso hay pruebas de que estar óptimamente hidratado mejora las erecciones. Esto explica por qué la gente esté todo el rato recordándose mutuamente que hay que beber agua.

YouTube está plagado de personas que se han autoimpuesto el reto de los 4 litros al día, así que decidí subir la apuesta y comprobar si beber más agua equivalía a más beneficios. Escogí 11 litros al día porque era la cantidad que se bebía Hugh Jackman para prepararse para la escena de Lobezno en la que salía sin camisa. El objetivo es llenar el cuerpo de agua para obligarlo a expulsarla toda posteriormente. Luego, dejas de consumir agua durante las 24-36 horas previas al evento y voilà, tableta de chocolate.

Seguramente no posea el porte, la figura y los gestos del hombre más talentoso de Australia, pero no hay razones para creer que mis riñones no puedan estar a la altura. La principal función de los riñones es regular la cantidad de agua en el cuerpo y equilibrar la concentración de minerales en sangre. Pero si bien existe una relación entre la ingesta de agua y estar muy cerca de ganar algún premio de cine, también hay un lado oscuro de todo esto: puede ser mortal. Cuando decidí beber 11 litros de fluido al día para comprobar qué pasaría, era consciente de que debía evitar sufrir hiponatremia.


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“La hiponatremia ocurre cuando se consume tanta agua que se diluye el sodio de la sangre”, me explica Amy Shapiro, nutricionista de Nueva York. El sodio es un electrolito que ayuda a regular la cantidad de agua que hay en el interior y alrededor de las células. Si la cantidad de sodio es baja, señala, las células se llenan de agua y empiezan a hincharse. Los síntomas de la hiponatremia van desde las náuseas, los vómitos y la confusión a las convulsiones, el coma y la muerte. Pueden verse con frecuencia en deportistas de resistencia que al sudar expulsan grandes cantidades de sodio que no recuperan consumiendo suficientes electrolitos.

Cuando le cuento mi plan a Shapiro, me dice algo que seguramente cuadre con lo que estás pensando. “Para la mayoría, consumir 11 litros de agua en un día es demasiado”, señala. El peso, el nivel de actividad y el clima en que viva una persona son determinantes para establecer qué cantidad de agua necesita o puede tolerar.

También es frecuente entre los consumidores de MDMA. La primera muerte por consumo de éxtasis que hizo cundir el pánico en Reino Unido fue la de Leah Betts, una joven de 18 años, en 1995. Si bien el estado de coma y la muerte de la joven, cinco días después, se atribuyó a que la droga estaba adulterada, posteriormente se descubrió que la verdadera causa de la muerte fue la hiponatremia. Betts había consumido siete litros de agua en 90 minutos. Paradójicamente, había triplicado la cantidad recomendada de ingesta de agua a los ravers durante sus sesiones maratonianas de fiesta.

Sabía que para cumplir mi objetivo sin sufrir efectos secundarios (incluyendo la muerte), tenía que repartir el consumo de agua a lo largo de todo el día. Mi experiencia anterior consumiendo grandes cantidades de agua me enseñó que, incuso con la ayuda de una aplicación como Waterlogged o Hydro Coach, es fácil quedarse atrás. Si intentar ponerme al día con 7,5 litros fue una pesadilla, hacer lo mismo con 11 litros podría ser incluso peligroso. “Si vas a beber esa cantidad al día, yo recomiendo espaciar la ingesta y asegurarse de que consumes sodio y potasio suficientes en tu dieta para no eliminar los electrolitos y sufrir un infarto”, señala Shapiro.

Puesto que estoy despierto unas 16 horas al día, dividí los 11,35 litros de agua por 16, de forma que cada hora tenía que consumir 0,70 litros. Una cantidad afortunada por tres razones. 0,70 litros es la capacidad de mi botella de agua, bastante menos que la capacidad media de un estómago (que puede expandirse para contener hasta 4 litros) y algo menos que los 0,79-0,97 litros que un par de riñones saludables son capaces de excretar por hora.

El primer día, me desperté, como es habitual, medio embotado. Luego, como siempre hago, fui a prepararme un café. Me bebí nada menos que cuatro tazas en una hora mientras miraba monólogos de un programa de la noche anterior y entonces me acordé de la tarea que tenía entre manos. Si quería cumplir, tenía que beberme 1,41 litros de agua inmediatamente, además de los 0,94 litros de café.

Conseguí no vomitar, pero me pasé el resto de la mañana fatal, con varios accesos repentinos de ganas de orinar cada hora. Ni me planteé desayunar, pero a eso de las 14:00 experimenté una sensación nueva para mí: estar hambriento pero a la vez lleno hasta los topes. Conseguí comerme unas verduras salteadas muy saladas, aunque la sensación era de haberme zampado 4 kilos de carne, y no salí de casa en todo el día.

Hice un enorme esfuerzo para orinar lo que quedaba de agua antes de irme a la cama, y aun así tuve que levantarme tres veces durante la noche para ir al lavabo. En la mañana del segundo día, vi el recordatorio que había pegado en la puerta del dormitorio y empecé a saturarme en serio. Me hice una cafetera entera, pero solo fui capaz de beberme una taza antes de empezar a sentir unas ligeras náuseas, de nuevo. Lo bueno es que el café me ayudó a hacer una caca tan descomunal que estuve tentado de echarle una foto, como un pescador que enseña orgulloso su captura. Además de esa primera visita matutina al baño, el líquido que evacuaba era tan transparente como el que ingería: esto es indicativo de que estás bien hidratado.

A partir de ese momento, mi horario me exigía abandonar mi piso varias veces al día. Eso significaba tener que ingerir la cantidad de agua que me tocaba, orinar toda la que pudiera y rezar para poder llegar a mi destino antes de hacérmelo encima. Esto también implicaba comprobar cien veces las alertas del servicio del metro y dejar de lado mi reparo a entrar en un local en el que no he consumido nada para pedir si puedo usar el baño.

Adquirí el hábito de, dos minutos antes de llegar a casa de algún amigo, llamarle para asegurarme de que tienen el baño libre para usarlo inmediatamente. Estos detalles implicaban tener que dejar de lado cualquier obligación no esencial para poder estar lo más cerca posible del baño. la única excepción era el gimnasio. Siempre que pudiera llegar sin incidentes, sudar era otra forma útil de liberar líquido. En otro artículo descubrí que sudo cerca de un litro de líquido por hora de ejercicio.

A medida que avanzaba la semana, me sentía cada vez más activo y lleno de energía. Era el tío de siempre, pero mis deposiciones eran más sustanciosas y casi siempre me dejaban una agradable sensación de euforia. Tal como ha demostrado una investigación, beber mucho agua es una forma infalible de consumir menos calorías y, a medida que transcurría la semana, empecé a tener la figura más esbelta e incluso logré reducir las meadas nocturnas a una por noche.

Los amigos a los que no había contado nada sobre mi experimento me dijeron que tenía un brillo distinto en los ojos y se me veía más descansado, lo cual agradecí. Hacia el final de la semana, empecé incluso a sentir sed entre botella y botella de agua. Es como si al obligar a mi cuerpo a consumir tanta agua lo hubiera recalibrado de algún modo.

Tras excretar toda el agua que había ingerido el séptimo día, descubrí que había perdido 2,7 kilos, además de tener mejor aspecto, sentirme mejor e ir mejor al baño. Todo cosas buenas, pero no lo suficientemente atractivas como para compensar toda la planificación diaria que requería. Durante la semana posterior a mi experimento, me he dado cuenta de que beber una cantidad considerable de agua al día, aunque inferior, es suficiente para obtener los beneficios de estar hidratado sin experimentar las desventajas.

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