Cultură

"Camargo": una obra sobre el Monstruo de los manglares

El Festival de Casa Ensamble, "Ni con el pétalo de una rosa", del 20 al 27 de noviembre, es una manera de visibilidad la violencia contra la mujer.
25.11.16

Viendo las cifras uno entiende los niveles igual de altos de indignación: 74% de las mujeres colombianas, según la última Encuesta Nacional de Demografía y Salud, han sido víctimas de algún tipo de violencia de género. Sospecho que son más: que en esas encuestas no todas hablan lo que deben hablar, que la doble victimización —"usted se lo buscó", etcétera— a la hora de contar el hecho, pesa en ellas de igual o mayor forma que el acto violento mismo. O no lo sé: puede que pese de manera distinta. El 23 de noviembre, en el Teatro Casa Ensamble que adueña la actriz Alejandra Borrero en el barrio La Soledad de Bogotá, escuché más cifras. Una funcionaria de la Secretaría Distrital de la Mujer se puso de pie cuando las luces se prendieron y dijo en voz alta los números: que había 53 mujeres asesinadas en esta ciudad durante el primer semestre del año. Esas son muchas mujeres asesinadas en esta ciudad en el primer semestre del año. El festival que se celebra en Casa Ensamble por estos días, del 20 al 27 de noviembre, llamado "Ni con el pétalo de una rosa", quiere visibilizar esa violencia cotidiana y dar cuenta de que aún necesitamos fechas fijas que nos la recuerden, como hoy, 25 de noviembre.

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Camargo hace uso de viejas estrategias del teatro. La inclusión del público (tanto verbal como física: los actores le hablan y lo tocan); el recurso de una sola escenografía repetida en toda la obra: una mesa larga rectangular en la que los comensales —la "visita", que son miembros del público— le dan la espalda a las gradas; la evolución en el tiempo de un personaje representado siempre por el mismo actor (el director Johan Velandia actúa como Camargo niño, Camargo adulto, Camargo viejo); y voces y gritos ––muchos, demasiados–– que sirven como vehículo para transmitir una tensión permanente. Para que la hilaridad de la obra no se trague el horror que retrata. Que rían y lloren por igual.

"Desde la escritura del texto era intencional tener una obra permeada por el humor negro, con la identificación del público: los tres monólogos tenían la intención de eliminar la tensión en un principio para luego recibir un puño mucho más fuerte. Es una manipulación estética y dramatúrgica de pasar al público por todas las emociones. Igual hay escenas que dan risa y yo no entiendo por qué", me dijo Velandia un día después.

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El libreto es fiel a la historia real. Daniel Camargo Barbosa nació en los Andes colombianos. Su madre murió. Su padre era alcohólico y se casó con una mujer que de niño lo obligaba a vestirse como colegiala y lo llamaba Daniela.

—Yo estudio en el Salesiano León XII, que es un colegio de hombres —nos dice entre llantos el Camargo niño— todos se burlan de mí.

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Camargo, en la obra, es un conocedor de la Biblia, un hombre elocuente que se casa con una mujer que le pone los cachos con un mecánico. Que se separa. Que encuentra el amor de nuevo pero lo repudia porque ella no es virgen. Que luego la violenta y la disminuye sicológicamente.

Camargo, el de la vida real, sale en los periódicos: en El Tiempo, de Colombia; en El Universo, de Ecuador; en El País de España. Las cifras optimistas hablan de unas 80 niñas vírgenes violadas, asesinadas y enterradas en nuestro país. Camargo las engañaba con habilidad y luego se las llevaba a un descampado para someterlas. Lo agarraron. Su primera condena, 10 de abril de 1964, se llamó en un expediente "violencia carnal". El 3 de mayo de 1974, diez años después, fue detenido en Barranquilla cuando intentaba enterrar a una niña de nueve años. Fue condenado por ese crimen a 30 de cárcel en la isla de Gorgona. Ancho el mar, no le fue un impedimento para fugarse. Llegó hasta Ecuador en 1984. El monstruo andaba suelto de nuevo por las calles: 71 niñas violadas, asesinadas y enterradas allá. "En los catorce meses que Camargo estuvo libre en el país victimó a mujeres de entre 18 y 22 años, según confesó a las autoridades, a quienes guio hasta donde había abandonado los cuerpos. A todas las persuadía de que lo acompañaran a entregar dinero a un pastor evangélico que tenía una empresa de plásticos en la vía a Daule", dice un informe del diario El Universo. —Juguemos en el bosque, mientras el lobo está, ¿el lobo está? De acuerdo con el artículo de El País de España, las pruebas que le hicieron al capturarlo, cuando Ecuador descansó por fin de ese fantasma que robaba niñas de noche, determinaron a un hombre con 116 de coeficiente intelectual: un cerebro por encima del promedio. Nueve de diez escuelas nocturnas en Guayaquil cerraron actividades mientras sucedió todo. Camargo era convincente y persuadía a las menores para que lo siguieran. Si no lo hacían, si se devolvían por el sendero, él las dejaba en libertad: no las perseguía, no les insistía.


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Reproduzco lo que veo en un video. Un cara a cara entre una joven que hizo eso, que se devolvió y sobrevivió, y él.

—Me convenció de tal manera que él me lloró. Él dijo "señorita, se lo pido", me dice, "en nombre de nuestro Señor", me dice, "porque yo soy un evangélico", me dice, "yo no ando haciéndole el mal a nadie", me dice.

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—Está diciendo la verdad— responde Camargo.

—¿Y el resto de los casos?

—Ellas eran una cosa aparte.

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En Camargo hay una escena de violación. Yo no sé muy bien qué sentí: ¿desasosiego? ¿Empatía? ¿Terror? Pensaba sobre todo en lo que sintieron mis colegas mujeres que estaban en la función de prensa: ¿sería eso que sentía yo multiplicado por cien? ¿Lo mismo pero más profundo? ¿Una sensación que desconozco? Ahí pensé más: en salir del teatro, en caminar calle 45 arriba y tener miedo de que me robaran, de que me mataran.

Jamás miedo de que me violaran.

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El personaje Daniel Camargo es fascinante. No sólo lo pienso yo. El siquiatra ecuatoriano Óscar Bonilla escribió el libro Camargo: saga criminal del violador y asesino de 151 mujeres. El antropólogo colombiano Esteban Cruz Niño lo incluyó en su Los monstruos en Colombia sí existen. Hay documentales en Youtube disponibles y gratuitos. Entra en el ranking mundial como el tercer asesino en serie que más víctimas cobró (sigue a otros dos colombianos). La obra Camargo, así como la interpretación de Velandia, dan cuenta de qué tan interesante es.

El director me cuenta que, a falta de más videos de Camargo que el que reproduje arriba ("está diciendo la verdad") se fue buscando por las calles bogotanas a personajes que se le parecieran: hombres menudos que vendieran cosas en la calle, que no estuvieran sucios, que hablaran bien. Los citaba y los ponía a hablar para luego copiar sus movimientos y ademanes, sus gestos de respuesta, sus ausencias.

El Camargo histórico es interesante. En la obra el personaje retratado gusta.

Daniel Camargo fue un asesino en serie perturbado. No era un hombre común y corriente. Y eso es lo que me causa curiosidad de que esta obra se inscriba en el festival. Sobre todo porque hace dos años una activista de derechos de las mujeres me decía que un violador promedio no era un monstruo perturbado y sin empatía sino cualquiera. Cualquier hombre que lleva su machismo a la forma más brutal que tiene. La obra no me molesta en el festival. Pero sí al menos me sorprende. Velandia me responde. —La gracia de hacer la obra es que no haya un juicio. Que podamos tener un panorama objetivo documental de lo que sucedió. En la medida en que contamos tantas mujeres que son abusadas, maltratadas, Camargo es muy pertinente. Pero también para analizar el otro perfil: el del maltratador.