FYI.

This story is over 5 years old.

literatura

I am iron man

Anthony Pappalardo contribuy贸 a escribir Radio Silence, una de las pocas retrospectivas del hardcore americano de los 80.

DESDE ARRIBA A LA IZQUIERDA EN EL SENTIDO DEL RELOJ: Brian Ryder, Andy Jenkins, Michael Galinky, Michael Galinsky, Chris Kelly, Casey Chaos, Brett Barto Anthony Pappalardo contribuy贸 a escribir Radio Silence, una de las pocas retrospectivas del hardcore americano de los 80 que no hay nadie que deteste. Tambi茅n toc贸 en Ten Yard Fight, el grupo responsable, pr谩cticamente en solitario, de la divulgaci贸n del straightedge a mediados de los 90. Live鈥 Suburbia! es el t铆tulo de un nuevo libro que Anthony ha creado junto al autor Max G. Morton y que aparecer谩 este mes a trav茅s de powerHouse Books. Se trata de un libro ilustrado y personal sobre todo lo que los chavales de Boston han estado haciendo durante los 煤ltimos 30 a帽os. En 茅l se narran los primeros y tentativos a帽os, los movimientos de los colectivos j贸venes, las desviaciones al rollo skinhead, m谩s tarde al posi-core, y de ah铆 en adelante, presentando siempre al mismo grupo de personas imaginando nuevas posibilidades para su futuro. Es algo as铆 como la versi贸n BHC de la serie de pel铆culas Up, y es probable que estas navidades est茅 en la mesita de noche de m谩s de un amigo tuyo. Lo que sigue es un extracto de la parte dedicada a los a帽os de la BMX. Y nos recuerda mucho a las aventuras del Club de los Cinco. Por cierto; ya os lo habr茅is figurado, pero no estamos hablando de Anthony Pappalardo, el skater. James Regan era un chico por edad, pero no por estatura. De ojos azul p谩lido y anchos hombros, med铆a m谩s un metro ochenta. Cuando juntaba sus sangu铆neos dedos, sus pu帽os parec铆an bolas de demolici贸n capaces de derribar f谩cilmente una pared o, como m铆nimo, de achatar las narices de los dem谩s muchachos con una sola pasada. El vecindario le ten铆a pavor. Llevaba desde los 13 a帽os conduciendo su moto todoterreno amarilla sin casco, sin permiso y sin precauci贸n. Sin importar lo que dijeran los term贸metros, vest铆a siempre una chaqueta tejana con forro en la que albergaba un arsenal: cuchillos mariposa, estrellas chinas, encendedores de butano, porros ya liados y un peine autom谩tico. Normalmente, los j贸venes descarriados decoraban sus chaquetas con parches y pins de grupos metal, pero la suya estaba desnuda. James no ten铆a tiempo para hacer de costurera, 茅l ten铆a la mente puesta en el caos y la destrucci贸n. No tard茅 en darme cuenta de que cuantos m谩s parches llevaba un chico, menos supon铆a 茅ste una amenaza. Pude comprobar la certeza de esta teor铆a tiempo m谩s tarde, viendo a los crusties cubiertos de mugre, con perras embarazadas, pidiendo monedas en Harvard Square. No hab铆a nada atemorizador en unos yonquis con aspecto de mu帽eca de trapo manchada de mierda pidiendo limosna para cerveza. James era un solitario que no necesitaba apoyos, un ej茅rcito de un s贸lo hombre鈥 o al menos alguien capaz de tener a raya a un grupo de preadolescentes. Ninguno de los chavales de mi edificio ten铆amos hermanos mayores que quisieran retarle a una pelea, as铆 que cuando 茅l rug铆a, est谩bamos todos a su merced. Por lo general era f谩cil evitar a James, ya que estaba siempre ocupado arreglando algo, construyendo algo, fumando algo o jodiendo algo, pero las cosas cambiaron cuando encontr贸 una pista de esqu铆 abandonada cerca de nuestro vecindario, llena de caminos id贸neos para hacer carreras de BMX. No hab铆a una 鈥渞ampa鈥 perfecta, s贸lo unas cuantas pendientes para aficionados que s贸lo requer铆an un poco de desbroce para convertirse en nuestra pista de carreras particular. Nos contaron que por all铆, en los bosques, vivi贸 un sin techo que se ahorc贸, pero eso s贸lo aument贸 nuestra sensaci贸n de excitaci贸n y peligro. Pasamos el invierno desliz谩ndonos en trineo, un amigo hasta se rompi贸 un brazo, pero le persuadimos de que dijera a sus padres que hab铆a sido jugando a f煤tbol, para que no se nos prohibiera ir a la monta帽a. Nuestro plan era sencillo: tras el deshielo invernal, coger铆amos palas y construir铆amos vallas y obst谩culos junto a las pendientes, y dispondr铆amos de la 煤nica aut茅ntica pista de carreras en 30 kil贸metros a la redonda. Lleg贸 la primavera, cambiamos nuestras botas de trabajo por zapatillas deportivas y pusimos rumbo a la monta帽a para iniciar la construcci贸n. Apenas nos hubimos plantado all铆 o铆mos el amenazador rugido de la moto de James. Est谩bamos jodidos. James ten铆a un m茅todo para su tortura: eleg铆a a un s贸lo chico y obligaba a los dem谩s a tomar decisiones. Por ejemplo, pod铆a decirte que escogieras entre darle un pu帽etazo a tu amigo o encajar uno suyo. Hac铆a que saltaras desde cosas, que comieras cosas, y en una ocasi贸n lleg贸 enterrar al pobre Joey Belisle en una especie de funeral de pega s贸lo para poder mearse en su tumba. James no era agradable. Irrumpi贸 en nuestra zona de construcci贸n haciendo un derrape que nos cubri贸 de tierra y piedras y luego desmont贸 de su corcel amarillo. 鈥溌縈ariconeando en el bosque, bujarras?鈥, pregunt贸 ret贸ricamente. A pesar de la lluvia dorada de la que hab铆a sido v铆ctima, Joey no hab铆a aprendido nada y le respondi贸: 鈥淣o, t铆o, estamos construyendo unas pistas鈥︹ Percat谩ndose de su error, se interrumpi贸 y enf谩ticamente trag贸 saliva. 鈥溌os鈥 nos figuramos que te gustar铆a utilizar las pistas, as铆 que vamos a hacer los obst谩culos muy altos!鈥 鈥溌縋or qu茅 cojones querr铆a saltar un mont铆culo de tierra mientras me mir谩is, maricas? 驴Os cre茅is que yo tambi茅n soy un sarasa?鈥, respondi贸 James. Esto no estaba yendo bien. La monta帽a estaba encajonada entre dos 谩reas residenciales en crecimiento, y la pista en la que est谩bamos daba directamente a una zona de obras. El proceso de edificaci贸n se hab铆a ralentizado y el lugar era simplemente un mar de bloques de cemento, maderas, clavos y mortero. James se pase贸 por unos instantes entre las pilas de materiales antes de detenerse a levantar una l谩mina de contrachapado de casi un metro cuadrado. 鈥淰ale, Joey, ponte all铆 y esc贸ndete detr谩s de esta placa de madera鈥, orden贸 James. Joey agarr贸 la madera y se alej贸 unos 6 metros hasta un claro de hierba. 鈥溌os dem谩s, venid aqu铆!鈥, exigi贸 entre caladas de Marlboro Red. James nos dirigi贸 hasta un mont贸n de rocas y ladrillos medio rotos. 鈥淰ale, Joey se va a esconder 10 minutos detr谩s de esa madera mientras vosotros le tir谩is cosas. No dej茅is de hacerlo ni una puta vez o os unir茅is a 茅l, y ah铆 detr谩s no hay mucho sitio. Venga, empezad, 隆AHORA!鈥, dijo James clav谩ndonos sus ojos sin alma. Era un peque帽o consuelo no estar detr谩s del escudo de madera. Apedreamos a Joey durante lo que nos pareci贸 una hora; Joey tuvo en cierto momento que recolocar la madera, y James le lanz贸 una piedra directamente a los dedos. 脡se fue el 煤nico momento en que particip贸. A una orden de James, Joey sali贸 de su parapeto, los o铆dos zumb谩ndole y los dedos magullados. 鈥淓h, tengo hambre鈥, dijo James. 鈥溌縌ui茅n vive m谩s cerca de aqu铆鈥. Por lo visto, presenciar la lapidaci贸n le hab铆a abierto el apetito. Una vez m谩s, fue Joey la v铆ctima, ya que su casa estaba a s贸lo cinco minutos atravesando el bosque. Seguimos a James en fila como un grupo de prisioneros encadenados adolescentes hasta llegar a la casa de Joey, que hab铆a sido instruido para entrar, coger patatas fritas y un refresco en cinco minutos o menos y regresar, o de lo contrario volver铆a detr谩s de la l谩mina de contrachapado o ser铆a arrojado desde la caseta que ten铆a en la copa de un 谩rbol. Tan pronto se abri贸 la puerta, alcanzamos a o铆r un sonido familiar: la campana de llamada a la mesa de Buddy Mailloux. Cada noche, a la hora de cenar, la madre de Buddy hac铆a sonar una campana, que era la se帽al de que ten铆a que corretear hasta su casa como un cachorro para comer algo recocido y engordante. 鈥淏uddy鈥 隆Buddy, hora de cenar!鈥, cant贸 su madre, con su quebradizo pelo te帽ido de rubio. DESDE ARRIBA A LA IZQUIERDA EN EL SENTIDO DEL RELOJ: Nick Zinner, Kim Baskinger, Ryan Murphy, Eva Talmadge, Kevin Hodapp, Angela Boatwright, Nathalie Shein Buddy pens贸 que estaba a salvo de problemas, pero James le detuvo r谩pidamente en cuanto dio un paso hacia su casa, tir谩ndolo e inmoviliz谩ndolo en el suelo con un s贸lo movimiento. La voz de James se elev贸 de repente dos octavas por encima de lo normal, gritando, 鈥溌贸dete, mam谩! No pienso volver a comer tu pastel de carne. 隆QUE TE JODAN, PUTA!鈥. Buddy lagrimeaba, la enorme mano de James tap谩ndole la boca. Su madre sigui贸 llamando y James respondiendo con m谩s insultos, hasta que en un momento todo qued贸 en silencio; despu茅s, o铆mos una puerta cerr谩ndose de golpe. Con un giro y un derrape, la moto de James rugi贸: se hab铆a marchado. La madre de Buddy corri贸 hacia donde est谩bamos y vio a su hijo escupiendo tierra, y posarse el polvo que hab铆a levantado James a su fuga. Comprendi贸 que no habia sido Buddy quien la hab铆a estado insultando y, en silencio, le escolt贸 hasta la casa para cenar. El segundo chico m谩s mayor del vecindario, Kenny LeFevere, estaba por ah铆 fumando los Winston que robaba a su padre y bebiendo en una petaca algo que tambi茅n hab铆a robado. A pesar de ser mayor que nosotros, Kenny era relativamente guay. Pod铆a pasar de ti si estaba con alguien m谩s mol贸n y cercano a su edad, pero por lo general no le importaba una mierda. Nos ofrec铆a tragos y cigarrillos y de vez en cuando nos regalaba piezas viejas de bicicleta y revistas metal que ya hab铆a le铆do. Le contamos lo del juego del escudo de madera y se ri贸. 鈥淪i tan hartos est谩is de que James os joda, 驴por qu茅 no luch谩is contra 茅l? Os est谩 zurrando todos los d铆as. Probablemente perder铆ais, pero sois cinco. Puede que pod谩is con 茅l, y si no, lo m谩s probable es que se busque otra gente con la que meterse鈥, razon贸 Kenny. Nos lo quedamos mirando inexpresivamente. Creo que lo que todos quer铆amos era que se peleara con James por nosotros, pero sab铆amos que eso nunca iba a suceder. Cinco contra uno empezaba a tener sentido. Le consultamos a Kenny unas cuantas cosas sobre peleas antes de que se marchara pedaleando. James no ten铆a amigos que nos atormentaran en la escuela como represalia si le sacud铆amos, y 茅l no pod铆a hacer nada peor que volvernos a zurrar. En el peor de los casos, tendr铆amos que recluirnos en la seguridad de nuestras casas durante un tiempo y evitar ir a sitios apartados, y en el mejor nos quitar铆amos por fin de encima a esa bestia peluda de James Regan. De repente nos dimos cuenta que nos est谩bamos metiendo en un asunto peliagudo. Mi variopinto grupo y yo nos sentamos en nuestro lugar de reuniones habitual para planear el ataque. 鈥淒eber铆amos formar oficialmente una pandilla鈥, dije. Me entusiasmaba la idea de escribir su nombre en las paredes, o quiz谩 con calcoman铆as en la matr铆cula de la bici. Todos estuvieron de acuerdo, y ahora tocaba votar por un nombre. The Lions, Demons, Black Snakes y Titans se descartaron enseguida. Se sugirieron varios m谩s, entre los que estaban Salem Swords y Salem Samurais, pero la aliteraci贸n no sonaba lo suficientemente fiera. 鈥淟os escorpiones tienen esos grandes aguijones鈥, dijo Rick Hannigan. 鈥淪on peque帽os, pero te pueden joder bien. 驴Qu茅 os parece Scorpions?鈥. Los grupos rock de alemanes calvos y las mujeres enjauladas quedaban lejos de nuestras mentes, y nos olvidamos completamente de Scorpions, el grupo, que a ninguno de nosotros nos gustaba un carajo. Scorpions era ahora nuestra pandilla y empezamos a entrenarnos de inmediato, aunque sin Buddy, que de todas maneras era un cagao. El primer orden del d铆a era recopilar nuestra armer铆a colectiva. Ten铆amos nunchakus fabricados con palos de escoba serrados y cuerdas de tender la ropa, paletas de metal, y Rick hasta ten铆a una nudillera de lat贸n que le hab铆a robado a su t铆o. Bueno鈥 en realidad no eran de lat贸n sino de alguna aleaci贸n m谩s ligera, pero daban muy bien el pego. Una vez completamos nuestro arsenal, nos encaminamos al s贸tano de Rick, nuestro club social, para mejorar nuestras habilidades de combate antes de irnos cada uno a su casa a cenar. El suelo del s贸tano estaba tapizado con una especie de tatami que hizo las funciones de cuadril谩tero. A los pocos minutos ya est谩bamos convencidos de que los Scorpions pod铆amos encargarnos de James o de cualquier otro mat贸n鈥攋oder, probablemente podr铆amos hacerlo mejor contra los rusos que esos mariquitas de Amanecer rojo. Recrear en el s贸tano de Rick los movimientos que durante a帽os hab铆amos visto en los combates de la WWF, NWA y AWA espole贸 a煤n m谩s nuestra autoconfianza. Yo so帽aba con mi llave definitiva鈥攗na variante de la Pezu帽a de Camello del Iron Sheik鈥攃uando llamaron a Rick a cenar. Todos necesit谩bamos comer y descansar. El d铆a siguiente era el d铆a que marcaba el inicio de una guerra. Esbozamos nuestra estrategia en el autob煤s, camino de la escuela. La trampa ser铆a hacernos los tontos, irnos a los bosques con nuestras paletas (que nos ser铆an 煤tiles en caso de tener que enterrar el cuerpo de James) y nuestras armas, y esperar. Como poco, har铆amos alg煤n progreso en nuestros saltos de obst谩culos y ejercitar铆amos los m煤sculos. El d铆a transcurri贸 lentamente pero, por fin, a las tres de la tarde son贸 la campana. 脡ramos libres para luchar. En mi walkman atronaba 鈥淪hout at the Devil鈥. James estaba jodido. Fui el primero en llegar al club, con mis armas y una mentalidad de perro de presa. Uno tras otro fueron llegando los Scorpions, aportando cada uno su particular habilidad. Era uno de esos momentos a lo Doce del pat铆bulo en los que se re煤ne al equipo. Rick era el tipo atractivo y tranquilo; yo, el que ten铆a m谩s armas; Joey y Buddy los que se hab铆an llevado m谩s hostias y estaban ansiosos por cobrarse venganza, y el comod铆n de nuestra baraja era Greg Derosa, o Rosie, como le llam谩bamos. A diferencia del resto de nosotros, Rosie no hab铆a dejado las lecciones de karate. Incluso ten铆a una chaquetilla de sat茅n con un drag贸n en la espalda, su nombre en la manga y el nombre de su dojo en letras de hilo dorado. Hab铆a aprendido hac铆a poco a atravesar con un golpe delgadas planchas de madera y era lo bastante flexible para golpear con el pie a una altura mayor que la de su cabeza. Las habilidades de Rosie eran nuestra arma secreta: si las cosas se pon铆an feas, podr铆a plantarle a James la suela de sus zapatillas Spot-Bilt en la mand铆bula, permiti茅ndonos reagruparnos. Cre铆amos en el aguij贸n del escorpi贸n. Nos pusimos en camino, para cavar y esperar. March谩bamos como el equipo de excavaci贸n que Indiana Jones reun铆a para encontrar el arca perdida. Instalamos nuestro campamento y esperamos, anticipando el momento en que oir铆amos el rugido de la moto de cross de James. Est谩bamos preparados. El olor a gasolina quemada y el familiar rugido del motor se manifestaron a los 30 minutos; el cabr贸n era muy predecible. Con semblante serio, los Scorpions asentimos entre nosotros, cada uno haciendo sonar en su cabeza su propia banda sonora de la victoria. Ten铆amos la mente puesta en hacer que Iv谩n Drago besara la lona, en volar por los aires la Estrella de la Muerte, en arrojar esa cosa extra帽a con pinchos al malo de Krull. De nuevo James derrap贸 en nuestra cara, levantando una nube de polvo, para despu茅s bajar con la bota el caballete de la moto. La bota de color marr贸n claro resbal贸 de su pie y supimos que nuestro momento hab铆a llegado. Alguien grit贸 鈥溌CORPIONSSSSSSSSSS!鈥, mientras le rode谩bamos y descubr铆amos nuestras armas. Sin inmutarse, James se sent贸 en su moto y, echando la cabeza hacia atr谩s, solt贸 una carcajada directamente al cielo. 鈥溌oder, t铆os, os voy a hacer mierda!鈥, grit贸. Un rel谩mpago le alcanz贸 y creci贸 hasta alcanzar una estatura de 10 metros y su moto se transform贸 en un caballo Clydesdale que respiraba fuego. Me qued茅 helado, temeroso de acobardarme, pero el resto de los Scorpions estaban ya a medio campo de f煤tbol de distancia. James salt贸 sobre sus pies, sin quitarme la vista de encima. Mis nunchakus colgaban flojos de mi mano; no eran m谩s que trozos de palo de escoba, y probablemente se har铆an astillas sobre su duro cr谩neo鈥 si tuviera la oportunidad de hacerlos girar. Estaba jodido. A mi izquierda alcanc茅 a ver una tabla de madera de 2 por 4. Arroj茅 mi arma casera al bosque y cog铆 la tabla. DESDE ARRIBA A LA IZQUIERDA EN EL SENTIDO DEL RELOJ: Michael Galinsky, Casey Chaos, sin identificar, Davo Scheich, Casey Chaos, sin identificar 鈥溌縌u茅 vas a hacer con eso, Jim Duggan?鈥, vocifer贸 James. No s贸lo me iba a matar, tambi茅n estaba siendo ingenioso por primera vez en su vida. Retroced铆 y, como Roger Clemens lanzando una pelota, arroj茅 la madera hacia 茅l con la esperanza de que le golpeara en la cara y le cegara, o tal vez le dejara sin aliento. La peque帽a pieza de pino traz贸 en el aire una espiral y, lejos de darle en la cara o el estern贸n, cay贸 justo encima de su pie desnudo. Antes de poder yo sentir la m谩s leve decepci贸n, James se puso a berrear como un cerdo atrapado, agarr谩ndose el pie. 鈥溌e voy a mataaaaaaar!鈥, grit贸. Eso ya no importaba, ten铆a tiempo de sobra para escapar de all铆 cagando leches. Mis pies no llegaban a tocar el suelo corriendo a casa. Me bast贸 medio segundo para entrar en mi dormitorio, poner a Diamond Dave a todo volumen y ponerme a tocar la guitarra de aire al son de 鈥淯nchained鈥. Cuando la adrenalina lleg贸 a su nivel normal, me debat铆 entre escribir mis 煤ltimas voluntades en una hoja suelta de papel o preguntarle a mis padres si nunca se hab铆an planteado mudarse a otra ciudad, a poder ser ma帽ana. Mi madre llam贸 a la puerta y me dijo que ten铆a una llamada telef贸nica. Lo m谩s probable es que fuese Rick para asegurarse de que yo segu铆a vivo. Le dije a mi madre que ya le llamar铆a m谩s tarde, ella me pregunt贸 si acaso era mi secretaria pero accedi贸. Le cont茅 una trola acerca de una redacci贸n que ten铆a que escribir y cerr茅 la puerta. Al d铆a siguiente, en la escuela, estar铆a seguro, pero imaginaba que James estar铆a esper谩ndome de camino a casa. Para convertirme en pulpa. Termin茅 r谩pidamente de cenar y ped铆 permiso para excusarme. No hab铆a nada en la tele, as铆 que me dediqu茅 a revolver en mi armario. Encontr茅 un juego de bolsillo electr贸nico de f煤tbol con el que no hab铆a jugado en a帽os. Le cambi茅 las pilas por las de mi walkman y las parpadeantes luces rojas de la pantalla no tardaron en distraerme. Mi equipo eran los New England Patriots, jugando la revancha contra los Chicago Bears, y esta vez no iban a perder. Rick hab铆a grabado unos cuantos discos de su hermano y me hab铆a prestado el cassette para que lo pudiera copiar. Hoy yo era Tom Sawyer, y por un rato olvid茅 que estar铆a muerto en menos de 24 horas. Llamaron a la puerta. Me levant茅 de un salto y respond铆. Mi padre estaba ah铆 parado, con aspecto entre confuso y enojado. 鈥淓st谩 aqu铆 uno de tus amigos, Anthony鈥, dijo. 鈥溌縋or qu茅 no os qued谩is aqu铆 mientras tu madre y yo hablamos con la se帽ora Regan?鈥 Me qued茅 paralizado. 驴Por qu茅 co帽o mi padre me hab铆a vendido? Ahora s贸lo hab铆a un tramo de escaleras entre la muerte y yo鈥. y yo no pod铆a mover ni un m煤sculo. Una silueta enorme avanz贸 escaleras arriba cojeando visiblemente. El familiar aroma a 鈥渃hico apestoso鈥 impregn贸 el aire. Sin duda era James, pero no se estaba dando prisa para matarme. Puede que estuviera creando suspense. Su pie estaba momificado con vendas blancas y se agarraba el est贸mago. Entr贸 en mi habitaci贸n y al momento se sent贸 en mi cama, mir谩ndome fijamente, solo que esta vez sin veneno en la mirada. 鈥淗an tenido que ponerme la puta inyecci贸n del t茅tanos y varios puntos, gilipollas鈥, dijo. 鈥淎 m铆 me tra铆a sin cuidado, pero mi madre se puso como loca porque dej茅 un rastro de sangre en la casa y me oblig贸 a ir al hospital鈥. Al parecer, del trozo de madera que arroj茅 contra James sobresal铆a un clavo oxidado que le hiri贸 en el pie, cubierto s贸lo con un delgado calcet铆n. Nadie hab铆a visto nunca a los padres de James: hab铆amos asumido que viv铆a solo, como uno de los Outsiders, pero por lo visto s铆 ten铆a madre; una que, seg煤n dijo luego mi padre, ol铆a a cigarrillos y cart贸n de vino. Antes de que yo pudiera siquiera empezar a pensar una respuesta, James se puso a cantar 鈥淚ron Man鈥 de Black Sabbath, que estaba sonando en mi est茅reo. Levant茅 la mirada y ah铆 estaban mis padres, junto a una mujer delgada como un palo, con permanente y chaqueta de cuero granate. 鈥淎hora, chicos, ya sois amigos, 驴verdad?鈥, pregunt贸 con un marcado acento de Nueva Inglaterra. Era obvio que hab铆a estado llorando, y su rostro estaba tan fruncido y ajado que daba la impresi贸n de estar dando una larga calada a un Virginia Slim. Tres鈥 dos鈥 uno鈥 Manaron a chorros las l谩grimas y mis padres parecieron entrar en shock. Mi madre se mordi贸 los labios para contener una sonrisita. 鈥淪茅 que James es muy grande y que puede ser rudo, pero no es un mal chico y vosotros le gust谩is鈥, dijo la mujer entre sollozos. 鈥淵a no os molestar谩 m谩s. Mi nene se ha hecho mucho da帽o hoy鈥. James le lanz贸 una mirada como un pu帽al, presumiblemente por haberle llamado nene y por haber dejado claro que era humano. Mi padre se dio cuenta de que era el momento de hacerse el macho alfa y concluir esto para poder volver a sus cintas VHS de Sherlock Holmes y Los tres chiflados. 鈥淎 ver, chicos, quiero ver c贸mo os dais la mano, y Anthony, pide a James perd贸n por golpearle. S贸lo los mariquitas utilizan armas en una pelea y lo sabes鈥, dijo mientras me gui帽aba de forma subrepticia un ojo. Por su tono y sus gestos supe que no estaba cabreado conmigo, y, hostia, James era m谩s alto que 茅l, as铆 que creo que mi padre sab铆a perfectamente por qu茅 le hab铆a arrojado una tabla. 隆Casi me mata!