Algunas personas nos cuentan de las estafas más vergonzosas de las que han sido víctimas
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Algunas personas nos cuentan de las estafas más vergonzosas de las que han sido víctimas

Cada minuto nace un imbécil.
23.2.17

La sociedad tiene una relación de amor-odio interesante con ladrones y los estafadores. Obviamente, nadie quiere ser víctima de un engaño. Hoy en día, nos cuidamos de contestar nuestros teléfonos por temor a ser estafados. Y sin embargo idolatramos al estafador, a veces lo suficiente como para hacerlos virales, como es el caso de Joanne el estafador, o el tipo que tuvo Starbucks gratis durante un año. Y a veces nos gustan tanto que los elegimos como líderes del mundo libre.

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Inevitablemente, en algún punto de nuestras vidas, nuestra generosidad, avaricia, o genitales sacaran lo mejor de nosotros, y nosotros también seremos víctimas del plan de alguien. Todo lo que podemos hacer es intentar aprender de la experiencia y esperar que el daño no sea demasiado grave.

Le preguntamos a la gente cuales eran sus anécdotas más vergonzosas, así podrás evitar cometer los mismos errores.

Una vez me estafaron por 38 dls, porque una mujer me dijo que estaba desamparada y que necesitaba un boleto de tren para regresar a su casa. Me contó su historia de vida completa y me pareció tan genuina. Tenía su historial tan bien estudiado. Incluso tenía una placa de enfermera falsa.

Casi podía saborear el buen karma, pero al día siguiente, vi como la misma mujer le contaba la misma historia a otra persona. Cuando me acerqué a ella no se acordaba de quién era yo y me empezó a contar la misma historia de que necesitaba dinero para el tren. Me súper enojé y le grité de cosas en una calle muy transitada.

–Andrew, Leeds, UK

Un tipo se acercó a mí y me dijo que podía arreglar las abolladuras en la puerta de mi Jeep. Todo me saldría en 100 dls. No sé por qué, pero estuve de acuerdo, y él inmediatamente empezó a encerar todas las partes abolladas. Dijo que era para "proteger de las grietas la pintura". Después de eso sacó un pequeño dispositivo de calza y lo deslizó en el panel de la puerta y comenzó a empujarlo contra las abolladuras. Para ser justos, si fue capaz de quitar las abolladuras un poco, pero estaba claro que una vez que se lavara la cera, el coche se vería básicamente igual que antes.

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Una vez que terminó su "trabajo", me negué a pagarle y le dije que sabía que no lo había arreglado y borré parte de la cera para probar mi punto. Pero entonces me di cuenta de que estaba solo en medio de la nada con dos tipos (su amigo ya se había salido del coche para ver) sosteniendo los hierros de los neumáticos. Así que les di el dinero y me fui. Traté de justificar mi cobardía diciéndome que eran épocas de dar y que fue mi elección darles una donación por Navidad.

–Rory, Park City, Utah

Mi hermano y yo estábamos de vacaciones en París y pasamos por el Moulin Rouge. Justo en la banqueta, vimos a mucha gente reunida, aproximadamente 15 personas, apostando por un interesante juego de monedas. Una variación del juego de "¿dónde quedó la bolita?" con el que podrás estar familiarizado, en este tienes que escoger la moneda que tiene el símbolo blanco después de que las mezclan para confundirte.

Parecía que la gente estaba haciendo dinero y yo seguía la marca blanca y le había atinado a todas, entonces decidí apostar. El tipo de al lado me preguntó si quería participar con él en pareja para que hubiera más posibilidades. Le dije que no y preferí participar solo. Aposté 100 dls que perdí inmediatamente después de una ráfaga de movimiento de monedas que no había visto hasta ese momento.

Tenía 16 años, y estaba en un país extranjero, y perdí mi dinero en tan sólo diez segundos. Ya después me di cuenta de que lo había perdido en la estafa más antigua y obvia del mundo.

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–Clarence, St. Louis

Mi novia y yo estábamos preparándonos para salir a cenar cuando sonó el timbre. Era un chico joven, de 20 años, con un gafete colgando de su cuello. Vienen muchos a ofrecer renovaciones de ventanas y puertas, así que estaba listo para rechazar su oferta.

En lugar de eso, el tipo me dijo que era un convicto que fue contratado por una empresa que les da una segunda oportunidad vendiendo revistas de puerta en puerta. Sí, prácticamente lo mismo que en Office Space. También me dijo por adelantado que las revistas estaban súper caras debido a la naturaleza de dirigir un negocio que empleaba exclusivamente convictos. La lista de revistas disponibles estaba impresa, llena de errores ortográficos.

Pensé que podría ayudar al tipo. Entonces le compré una suscripción de 60 dls por la revista Maxim. Pagué con cheque. Me dijo que todo el proceso se tardaría alrededor de dos meses antes de que recibiera el primer número y se fue.

Nunca me llegaron las revistas. Hasta la fecha, me retuerzo durante la escena de Office Space. Nunca he renovado mi suscripción a Maxim. Todavía pienso si a lo mejor este tipo me hizo un favor a largo plazo.

–Bill, Harrisburg, Pennsylvania

Mi amigo Sean y yo estábamos visitando Nueva Orleans por primera vez, y, en nuestra última noche allí, decidimos hacer las cosas turísticas que se hacen en Bourbon Street. Empezamos con los cócteles "Hand Grenade" que vienen en grandes vasos de plástico. Te ponen increíblemente borracho y te hacen un "blanco fácil".

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Después de unas pocas cuadras de caminar por ahí, bebiendo nuestros cócteles, escuché un susurro de un tipo que me decía "A 15 dls la mota". Estaba buscando un poco de marihuana, así que acepté la oferta y le di 20 dls. Me dio un papel café envuelto, sin nada de cambio.

Poco después, un tipo grande apareció a mi derecha y me dijo: "Apuesto que puedo decirte en qué ciudad y en qué estado compraste tus zapatos". Como había comprado mis zapatos en línea, me di cuenta de que era una apuesta fácil y la acepté. Me dijo que los había comprado allí mismo en Nueva Orleans, Luisiana.

No tenía dinero en efectivo, pero me dijo que podía acompañarme a un cajero automático para que le pagara por la apuesta que había perdido. Él y su amigo me acompañaron a mi y a mi amigo a un bar con un cajero adentro. El mesero inmediatamente nos preguntó que si nos estaban molestando. Cuando les dijimos que si, le hablaron a un cadenero que estaba en la parte de atrás con una escoba para ahuyentar a los chicos. Nos escondimos en ese bar por un tiempo, tomando unas cuantas copas más, antes de ir a otro bar que estaba al lado.

En el otro bar solamente había dos chicas. Sean les habló y accedieron a tomar una copa con nosotros. En el bar sólo aceptaban efectivo, así que fui al cajero automático en la parte de atrás para sacar algo de dinero. Una de las chicas se acercó a mí y me rodeó con el brazo mientras yo retiraba, y jugueteaba con la rocola que estaba al lado. De lo que no me di cuenta fue de que mientras me preguntaba qué canción poner, también anotó mi PIN.

Nos dimos unos shots y luego nos sugirieron que fuéramos a otro lugar más local para seguirla. Ellas iban a manejar. Le ofrecí algo de mi hierba para el viaje, y una inmediatamente se dio cuenta de la envoltura y dijo: "Ay, cariño, no, no fumes eso, es mierda". Desdoblé el paquete y eran puros grumos de pasto con tierra.

Todos decidimos comprar algunas drogas más fuertes en lugar de mota, y nos llevaron a una tienda con cajero donde Sean sacó efectivo para la cocaína. Le llamamos a un dealer que ellas conocían y empezaron a darnos coca con sus uñas mientras llegábamos al lugar más "local". De todo lo que nos había pasado y estaba por pasar lo único bueno fue que si era coca pura.

Una vez que llegamos al lugar, las chicas nos dejaron en la puerta principal y nos dijeron que esperáramos en la cola mientras estacionaban el coche por ahí. Cuando cerramos las puertas del coche y se alejaron rápidamente, nos dimos cuenta de que nos habían abandonado. Poco después, nos dimos cuenta de que habían tomado nuestras tarjetas de débito, teléfonos, e incluso el pasaporte de Sean (él es irlandés). Está demás decir que volar a casa el día siguiente era un poco complicado.

–Brad, Pittsburgh