nba

Tristan Thompson, el maestro del trabajo invisible sobre la duela

No hay nada extraordinario en el juego de Tristan Thompson, con excepción de algo que sabe hacer a la perfección: apoderarse del tablero y sumarle a su equipo posesiones de balón.
11.5.16
Photo by Geoff Burke-USA TODAY Sports

Los rebotes ofensivos son difíciles de ver. No me refiero a que son tediosos, sino difíciles de identificar. Son secundarios casi por definición. El meollo del asunto en un jugada a la ofensiva se da cuando casi todo mundo está viendo hacia otra parte —al balón suspendido en el aire y el aro que está a punto de impactar—. Si el tiro sale rebotado, fijamos nuestra mirada ansiosamente para ver qué es lo que sucederá a continuación. Cuando vemos a uno de los jugadores a la ofensiva tomar el balón en la carambola, generalmente no sabemos cómo lo hizo, o qué combinación de fuerza y visión requirió para lograr su objetivo.

Publicidad

Por ello, categorizamos a los mejores basquetbolistas ofensivos "recoge rebotes" por estilo más que por estrategia. Dennis Rodman era un loco sensacionalista y solía comportarse, en cuanto olía un tiro fallado, como un hombre brincando de un edificio en llamas, y por eso su juego sobre el tablero era considerado un acto desquiciado. Moses Malone contaba con las entradas capilares y el comportamiento en la duela de un carpintero, por eso se pensó que su éxito se derivaba de su excelente manejo de los ángulos y el peso. Olvida que éstos dos, y muchas otras leyendas de los rebotes en todo el espectro, compartían cualidades esenciales: una racha oportunista y una total disposición para alistarse ante algo que a lo mejor nunca sucedería. Mientras que estos atributos eran mostrados en el juego, todos estaban ocupados viendo a Michael Jordan o Julius Irving.

Leer más: Las cinco jugadas más espectaculares de Steph Curry

El mejor basquetbolista en rebotes ofensivos hasta el momento es Tristan Thompson de Cleveland, y aunque hace cosas que contribuyen a que su equipo gane cuatro segundos tiros y medio por partido, la mayoría de nosotros se la pasa observando a LeBron James corriendo las laterales, o a Kyrie Irving haciendo magia con el balón. Cuando un jugador de los Cavaliers falla y Thompson recupera el balón intentamos llenar las piezas del rompecabezas.

Lo vemos con el balón en las manos —algo pálido y agitado— y adivinamos qué lo llevó hasta ese momento. Lo difícil con Thompson es que no se mueve como cualquier otro jugador en su posición, lo cual hace las cosas más complicadas. Lo bueno, para los Cavaliers y Thompson, es que no importa si lo entendemos o no. Nos basta con que siga replicándolo.

Sería cool poder hacer algo así, aunque no es la manera más cool de hacerlo. Foto por Brett Davis-USA TODAY Sports

Físicamente, Thompson no es inigualable. Posee una altura de poco más de dos metros —una estatura estándar para un jugador de la NBA— y está clasificado a mitad de tabla en términos de fuerza y rapidez. Tampoco es un jugador imponente; su cara es redonda, sus hombres nada prominentes, y brazos largos que a veces se agitan por falta de control. Su coordinación depende de la situación; ordénale driblar más de una vez o intentar pasar el balón fuera de su rutina, y es muy probable que termine regalando el balón al equipo contrario.

Por supuesto, Thompson no está en la duela para imponer, driblar, pasar o algo por el estilo. Está ahí para los rebotes, y si no posee exactamente el talento necesario para hacerlo, sin duda tiene un truco para ello. Una de las postales más comunes en los partidos de Cleveland, tan sólo por detrás de las jugadas de James e Irving, es la de Thompson disputando una posesión de balón en cuanto el balón deja el aro. Casi nunca ataca dos tableros de la misma manera, pero cada uno comparte una cualidad extraña e inadvertida. Parece tener la habilidad, por encima de los 24 segundos en el reloj de tiro, para ser olvidado, o al menos para recibir menos atención de la que se merece por parte de sus oponentes encomendados para marcarlo.

Publicidad

Por lo general cuando un tiro se ejecuta y la defensa trata de encontrar a Thompson es demasiado tarde. El resto de su torpeza que le impide desarrollar su juego se vuelve crucial de la nada conforme el balón rebota en el aro. En ese instante, Thompson se vuelve un hueso duro de roer. Hace por el balón suspendido en el aire con sus miembros dislocados, lo obtiene y lo pasa a sus compañeros para ganar una posesión más que sin él habrían perdido.

Durante la paliza en playoffs de Cleveland sobre los Hawks de Atlanta, casi toda la atención se fue con James, con el rejuvenecido Kevin Love, y el récord histórico del equipo en puntos de tres. Los Cavs habrían ganado sin la ayuda de Thompson, pero de todas formas marcó una diferencia. En contra de los jugadores All-Star, Paul Millsap y Al Horford, Thompson promedió 11 rebotes por partido, seis de ellos a la ofensiva. Los Hawks corrieron de arriba a abajo a la defensiva, cerrando los espacios para los tiradores y obligando a James a ejecutar disparos forzados. Pero ahí estaba Thompson para recolectar el balón, pasarlo hacia atrás, y cumplir con el trabajo duro.

Cuando te enteras que Robert elogió tu extraño estilo de juego en VICE Sports. Foto por Kyle Terada-USA TODAY Sports

Decir que no hay muchos jugadores como él en la actualidad no es del todo un cumplido. Si los Cavaliers logran superar a Toronto o Miami en las finales de conferencia y terminan enfrentándose a Golden State o San Antonio en las Finales de la NBA, Thompson pasará la mayoría de su tiempo en la cancha frente a los grandulones del juego moderno.

La creatividad de Draymond Green y LaMarcus Aldridge corresponde al método de sus respectivos equipos, mientras que Thompson encaja en Cleveland como un plus, un apoyo torpe pero útil para los actores principales. Su lugar en la rotación de los Cavaliers representa un compromiso que la mayoría de los equipos no están inclinados a hacer. Los defectos de Thompson obligan a sus virtudes a convertirse en necesidades; a lo mejor con un renovado rango o astucia en su posición su equipo fallaría menos tiros.

En una era de sincronía, los Cavaliers se ahogan y comienzan de nuevo, jugando bajo métodos anticuados que a veces funcionan y en otras ocasiones no. Cometen algunos errores desafortunados, por no comprometerse al hábito del nuevo juego. Es lógico que quieran arreglar sus problemas anticuados con una solución desactualizada: coloca a alguien bajo del tablero que pueda recuperar los tiros desperdiciados, de alguna forma u otra.