La fiesta: un manifiesto de paz

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La fiesta: un manifiesto de paz

EDITORIAL | Ustedes se preguntarán, ¿qué tiene que ver THUMP Colombia con la dejación de armas? Pues tiene todo que ver.

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Artículo publicado originalmente en THUMP CO.

Podríamos definir la fiesta como un espacio de improbabilidad social. Un lugar donde se fusionan, donde se cocinan, se estrellan, se confabulan y se catalizan muchas realidades. Colombianos compartiendo un pedacito de su vida con otros colombianos a los que, si no fuera por esa fiesta en la que coincidieron, no hubieran conocido nunca en sus vidas. Gente normal entrelazando historias con otra gente normal, enalteciendo sus espíritus, haciéndole frente a sus males y cerrando cicatrices de profundidad parecida con los beats de las mismas canciones.

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Y eso, queridos lectores, es algo mágico.

Hoy, más que cualquier otro día, es importante hablar de esto y valorarlo, junto con todos aquellos territorios que frecuentamos y que son territorios de paz. Hoy, 23 de junio de 2016, el Gobierno y las FARC firmaron un acuerdo en el que ambas partes accedieron a dejar de dispararse entre ellos para siempre, y esto tiene un significado tremendo para toda la situación social que se viene en nuestro país durante los próximos años, una situación social que nos compete a todos.

Hace falta mucho más trabajo y muchas más guerras por librar, lo sabemos. No somos tan ingenuos de decir que ha llegado la paz total, pero sí es el día indicado para decir que se ha terminado la guerra como la conocíamos. Vendrán más momentos dolorosos, de indignación, momentos en los que nos vamos a rendir a través del dolor de otros compatriotas, o del propio… pero después de más de 50 años de guerra, el júbilo de hoy es más que merecido y vale la pena celebrar.

Y no solo eso, sino que vale la pena inspirarnos en nuestras realidades más cercanas, las que nos tocan ahorita. Estar en paz con la familia, estar en paz con los amigos, con el trabajo, con el vecino, con la gente en Transmilenio, con lo carros del tráfico, con Dios y con uno mismo.

Entramos a un club en Tel Aviv donde israelíes y palestinos bailan juntos

¿Y qué mejor espacio para la paz que la fiesta misma? ¿Qué mejor herramienta para este posconflicto que nos viene pisando los talones que la expresión del baile?

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Porque la fiesta comienza con el baile y el baile es uno de los actos más democratizadores de la vida. No todo el mundo puede acceder a una educación superior, o logra hablar fluido en dos idiomas, pero todo el mundo puede enfiestarse con quien quiera y bailar el tiempo que quiera con los pasos que quiera, porque por fortuna no han estratificado ni privatizado los pasos de baile.

Y una vez dentro de ella, nada se compara con esa sensación que sentimos al bailar en grupo, esa alegría conjunta de liberación masiva. Quizá esa alegría colectiva también tenga que ver con todas las sustancias naturales que liberamos de nuestro cuerpo cuando bailamos, o de pronto tenga que ver también, en el caso de la música electrónica, con el golpeteo percutivo golpeando nuestro oído medio y estimulándonos para hacernos sentir en balance físico y emocional. Incluso tal vez tenga que ver con el hecho comprobado de que el baile sincronizado aumenta nuestra tolerancia al dolor, lo cual volvería a la fiesta un acto de resiliencia.

Es un buen momento para valorar la fiesta, para reconocer que nos gusta, para agradecerle y considerarla un terreno de paz. Un terreno de revolución, de reconciliación, de acercamiento, de camaradería, de resiliencia, de construcción de tejido social y sobre todo de igualdad.

Hoy reconocemos la importancia de la fiesta por lo ya descrito, y la valoramos como territorio neutral de batalla, donde gente a favor y en contra de esta paz pueden bailar y congeniar sin problema; donde la única batalla que tenemos que librar en ese espacio es con nuestro cuerpo cuando no nos quiere obedecer los movimientos y con la pena que nos da mover el culo un poquito.

Nos gusta la fiesta por cosas así, porque en ellas bailamos, sacudiéndonos del cuerpo el polvo, la tristeza, la guerra y la muerte que llevamos encima muchos de nosotros.

¿Creen ustedes que la fiesta puede funcionar como una herramienta de reunión social para el post conflicto?