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No tiene nada de malo usar la música pop como método de escape

Cuando luchar no es una opción, ¿puede la música ser una medicina a través de la distracción?

En la serie de anime de 2011 Puella Magi Madoka Magica, sus heroínas coleccionan trofeos tras unas batallas en las que (literalmente) limpian sus almas del cinismo que han acumulado. Si no consiguen hacerlo, pierden la esperanza y se convierten en los demonios contra los que luchan. Del mismo modo, pensar en los sentimientos humanos como un recurso consumible es tan útil como cualquier método de sectorización. En el verano de 2016, nuestra esperanza colectiva se estaba agotando y nos dirigimos hacia los medios de comunicación para buscar el sentido del mundo y encontrar el camino a seguir. Este año hemos visto nacer muchos ejemplos necesarios de música de protesta de la mano de artistas como YG, pero también Kendrick Lamar, A Tribe Called Quest y las dos hermanas Knowles. Pero, por lo general, el negocio de crear canciones sobre el amor y bailar todavía sigue en pleno auge y no muestra ninguna señal de que vaya a detenerse.

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El significado de la música popular ha ido evolucionando con el tiempo, a medida que ha ido interactuando con la historia sociopolítica. A finales de los 60, la Guerra de Vietnam y la ola de cambios sociales en los EE. UU. tuvieron la banda sonora del rock, el soul y el folk, además de varias intersecciones entre los tres géneros. El periodo fue rápidamente canonizado. En los 80, Ronald Reagan fue nombrado presidente y dio pie a una reforma económica que hizo crecer la disparidad de sueldos, sumiendo a comunidades enteras en una pobreza todavía mayor. Las exageradas canciones pop basadas en sintetizadores triunfaron en este contexto, lo que significa que esta década nunca fue tomada tan en serio como la era de Vietnam por los rockeros. Desde entonces, la sociedad está cada vez más distraída a causa de los realities en la tele, la vanidad animada por las redes sociales y, por último pero no menos importante, la música pop. Aunque puede que sea para bien.

La música es una barrera pero también un combustible. Perderse en una canción es tanto una protección contra la miseria que hay en el exterior como un recordatorio de que hay que seguir adelante y de algún modo empezar desde cero. No considerar la música que entra fácil como un opiáceo, es una forma de no legitimar el trabajo de creadores con talento. Además de ser un gran defensor del movimiento Black Lives Matter, Abel Tesfaye, líder de The Weeknd, también es el "Starboy" que se ha paseado por el 2016 en una variedad de coches caros como si nada. La canción número uno en los EE. UU. es "Black Beatles", un tema que rechaza cualquier análisis más allá de que es una canción de lo más divertida.

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Como dijo la editora de MTV News, Jessica Hopper, la música no va a ser "mejor" bajo el régimen de Trump, pero ¿por qué hubo incluso un consenso implícito por parte de cierta gente de que la música actual era "mala"? La idea de que la música necesita tener un propósito político para que tenga un valor perjudica muchos otros elementos como el arte, la actuación y, por supuesto, si alguien disfruta o no de la obra. Según unos memes muy extendidos en Twitter (y en Lagos, Nigeria), la banda sonora no oficial de la aterradora saga de pirateos entre EE. UU. y Rusia no ha sido una misiva de J. Cole, sino más bien "Bad and Boujee" de Migos, una obra completamente apolítica que aún así ha conseguido resonar.

"La música es una forma de escape maravillosa y no hay nada malo en ello", dice el Dr Mel Borins, un profesor de medicina comunitaria de la Universidad  de Toronto y médico de familia. Borins es, además, compositor e intérprete, escribe temas cómicos sobre citologías vaginales y colonoscopias y cree que la música –y cualquier tipo de música– es una medicina legítima que puede ayudarnos a combatir la depresión y la ansiedad, junto con las risas y otras fuerzas de alegría.  "Como seres humanos, lo que no se nos da muy bien son los cambios, y cualquier pérdida es un cambio", dice.  "No tengo nada en contra de la distracción… el escapismo es algo bueno y, por otra parte, la música es capaz de unir a la gente".

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En su artículo para el  New Yorker, titulado "The Worst Year Ever, Until Next Year" (El peor año del mundo, hasta el próximo año), la escritora Jia Tolentino considera que el gran error de las redes sociales en tiempos revueltos es lo abrumador que resulta nuestro consumo de información, hasta el punto que  "la cantidad de infortunios que una persona puede recibir a través de internet no tiene límite… ni existe ninguna guía que explique cómo expandir tu corazón para poder encajar todas esas experiencias humanas de forma simultánea". Todo aquel que siga las noticias está expuesto a una continúa sobrecarga sensorial de desgracias. Borins define el desgaste como "cuando no te queda nada, ni físicamente, ni emocionalmente, ni espiritualmente… todo te desanima y piensas de forma negativa" y, aunque duda si hay que aplicar la condición al clima actual, no parece que sea muy desacertado.

Estamos experimentando un desgaste a una escala masiva, a causa de la ola de nacionalismo blanco que está penetrando el mundo occidental, el genocidio en Siria y la aparente pérdida de todo gran icono cultural de los últimos 50 años, todo ello concentrado en los últimos 12 duros meses. Borins recomienda escapar de todo eso como el mejor tratamiento contra el desgaste.

"Estamos en un momento en el que tenemos que volver a observar nuestra vida y volver a poner un poco de risas, diversión y baile en ella. Empieza a hacer cosas que te ayuden a perseguir el propósito de tu vida y tus objetivos", dice.

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Si alguien decide interpretar el malestar del fin de año como un desgaste, entonces utilizar música frívola como un modo de reorientar el espíritu tiene sentido. Bailar para ahuyentar los miedos, cantar a los dientes retorcidos de la derrota; hay algo de belleza en eso.

Y ha habido mucha música que deberíamos agradecer en un año que debería recordarse como una buena cosecha para el medio. En  24K Magic, Bruno Mars se zambulló en el funk de los 80 con unos resultados acertados y llenos de color. Airde Astronoid es un subidón de azúcar dentro de un disco de metal con el ritmo de batería más positivo que hayas escuchado. El grupo británico-japonés Kero Kero Bonito hizo estallar bombitas de pop con Bonito Generation y resultó ser una piñata llena de sorpresas. Ninguno de esos discos trataba directamente los grandes problemas del mundo, pero si que ayudaban a sortearlos. Escoger estas formas de escape no debería considerarse un acto de cobardía.

No está de más recordar que la libertad de la nutrición musical, incluso para olvidarnos de nuestros problemas, es un privilegio en sí mismo. Para aquellos que lograron escapar con vida de Aleppo, coger unos audífonos y ponerse a escuchar a Bruno Mars no será una solución tan sencilla como para los que estamos en Toronto, y lo mismo hay que decir de las familias estadounidenses y europeas que no son de raza blanca y que temen no encajar en la definición que su propio país de repente está haciendo de su identidad cultural. Una vez más, la gran escala del sufrimiento humano amenaza con acabar con la esperanza. Y, ¿sabes qué? Eso es una gran mierda, y es posible que la música pop no tenga todas las respuestas, pero puede que sea un elemento más que ayude a la humanidad a seguir adelante, siempre que haya alguien que la escuche.

Ilustración de Courtney Menard.

Traducido por Rosa Gregori.