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Kenia podría convertirse en el próximo país africano en legalizar la homosexualidad

En este país la homosexualidad es un delito que te puede acarrear hasta 14 años de cárcel. Ahora, sin embargo, una prominente organización LGBT he desafiado a la legislación de manera histórica y ha devuelto la esperanza en un porvenir civilizado.
10.5.16
Proteste contro l''anti-gay bill' a Nairobi, in Kenya, nel febbraio 2014. Foto di Dai Kurokawa/EPA
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En un país donde el sexo homosexual te puede costar una sentencia de hasta 14 años de prisión y donde los ataques a la comunidad LGBT son el pan nuestro de cada día… las cosas podrían estar cambiando. Una solitaria bandera del arcoíris se agita contra el viento en un edificio que está a tiro de piedra de la residencia oficial del presidente keniata, en Nairobi. Es solo una metáfora, pero, quién sabe, podría ser el principio de la revolución.

En el interior del edificio, la Comisión Nacional para los Derechos de Gays y Lesbianas (NGLHRC), una de las organizaciones más importantes del movimiento LGBT keniata ondea la bandera del arcoíris. Todavía es pronto para cantar victoria, pero el caso es que el colectivo está trabajando en un caso actualmente archivado por el Tribunal Supremo del país, que podría despenalizar el sexo homosexual entre adultos.

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"Se trata de una que ley degrada la dignidad inherente de los individuos afectados por la misma. Es una ley que consiste en ilegalizar la expresión más íntima y privada de su identidad", reclama la petición.

Se trata de la primera vez que alguien ha desafiado a la prohibición contemplada por la normativa keniata. El abogado y líder del NGLHRC, Eric Gitari, ha asegurado que después de presentar la demanda cerró la oficina de su colectivo a cal y canto. Tenía miedo a las represalias, un miedo fundado. Regresó 10 días después y descubrió que nadie había intentado destrozar su oficina y que no nadie, tampoco, le había escrito ninguna amenaza.

"Queríamos medir la reacción pública y no queríamos poner en situación de riesgo a ninguno de nuestros trabajadores. Claro que no nos esperábamos ninguna clase de reacción pacífica. Estábamos convencidos de que habría represalias, aunque de momento no ha habido ninguna", cuenta.

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Las noticias a duras penas aparecieron en los medios de comunicación locales y la reacción en las redes sociales ha sido insignificante. El mes que viene arrancarán los procedimientos en el Tribunal Supremo, a pesar de la proverbial lentitud del proceso de apelación keniata, que puede demorar hasta cinco años en emitir un fallo.

Kenia es una de las 34 naciones africanas donde la actividad homosexual es ilegal. Su legislación no es tan extrema como la de algunos de sus vecinos, que castigan la homosexualidad con la cadena perpetua; o, incluso, con la pena de muerte. Sin embargo, Gitara espera que su país pueda seguir pronto los pasos de Mozambique, de Santo Tomé y de Príncipe, que han descriminalizado la homosexualidad en los últimos años.

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El caso que ha planteado el NGLHRC cuestiona la sección 162 del código penal de Kenia — una sección legislativa que fue incorporada a la Carta Magna keniata en el siglo XIX, cuando el imperio británico había subyugado a gran parte del África Oriental. El redactado estipula bajo el epígrafe "ofensas antinaturales" que cualquiera que "conozca la carne de otra persona contra natura", será condenado.

Según el gobierno keniata, entre 2010 y 2014 se procesaron 595 casos que vulneraban las disposiciones de la controvertida sección 162. Sin embargo, Gitari y su equipo concluyeron que la mayoría de casos eran de brutalidad sexual y de violaciones — que son delitos que, en el redactado keniata, merecen la misma consideración legal que el sexo homosexual consentido.

En realidad, Gitari asegura que la ley raramente se aplica para condenar las relaciones homosexuales. Solo se tiene registro de una persona que haya sido condenada en los últimos 5 años. Sin embargo, los activistas consideran que la ley sigue legitimando la discriminación en una sociedad en que el 90 por ciento de la gente se opone a la homosexualidad, tal y como concluía una encuesta realizada en 2013 por el Pew Research Center.

Gitari padeció en sus carnes la homofobia de su país, después de que su sexualidad fuera descubierta en la portada de uno de los periódicos nacionales más importantes el año pasado. Aquel año, durante el mes de febrero, dos de sus clientes fueron sometidos a las pruebas del VIH y a exploraciones anales, después de haber sido acusados de haber mantenido relaciones homosexuales, la actividad penada por la sección 162.

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Gitari no había conocido antes ningún caso de sometimiento forzoso a exploraciones anales. Lo que sí que conocía eran casos en los que algún imputado se habría librado del humillante proceso en el último minuto, después de que los médicos se hubiesen resistido a llevar a cabo prueba alguna. El caso adquirió cierta repercusión en la prensa keniata y se produjeron varios ataques contra individuos gay en algunas partes del país, lo que obligó a decenas de personas pertenecientes al colectivo LGBT a abandonar sus casas.

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Esta semana un tribunal celebró una audiencia para escuchar el relato de los dos hombres que han decidido cuestionar la existencia de las exploraciones anales. Se espera que el tribunal emita su fallo en los próximos meses.

En 2013 Gitari presentó una solicitud en la que reclamaba que su colectivo, el NGLHRC mereciera la consideración de ONG. Entonces el tribunal falló que no era posible concedérsela debido a que solo quería fundar una ONG para promover un comportamiento que está considerado ilegal. Sin embargo, el Tribunal Supremo revocó aquella sentencia. Claro que entonces, quien entró también en escena fue la Junta Coordinadora de ONG en Kenya, una entidad gubernamental que apeló contra la decisión de que el NGLHRC pudiera merecer la consideración de ONG. Gitari sigue batallando legalmente contra esa decisión a día de hoy.

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Claro que el proceso de registro del colectivo como ONG ya se ha cobrado una primera victoria, después de que el Tribunal Supremo fallara que la Constitución protege la orientación sexual de sus ciudadanos — lo cual significa que los derechos fundamentales que contempla la Constitución del país, como el de la privacidad, la dignidad y la igualdad no podían limitarse ni restringirse a personas con determinada orientación sexual.

Pese a todo, la proverbial persecución criminal de la homosexualidad ha dejado a mucha gente del LGBT en el ostracismo, y expuesta a la violencia y al chantaje.

"Los jóvenes consienten tener relaciones sexuales con hombres mayores a cambio de dinero, y luego, cuando no reciben el dinero que han reclamado, denuncian le violación", explica Gitari. "Nosotros facilitamos apoyo legal ante tantos casos de chantaje como este. Cuando a la gente le quitas su intimidad, entonces termina abocada a prácticas que no son seguras".

Mientras tanto, más allá del peligro de las agresiones homofóbicas, Gitari asegura que la ilegalidad de la sexualidad contribuye a alimentar otro de los problemas que afecta a la comunidad LGBT de Kenya, y que no es otro que el suicidio. Gitari asegura que conoce a un montón de personas que se han suicidado. Y confiesa que él mismo lo consideró.

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"Se trata de algo por lo que han pasado muchos homosexuales de este país. Cuando era más joven yo también pensé en quitarme la vida", explica. "Es muy desesperante, no puedes ir a ningún sitio a hablar ni a reunirte con nadie. Tal es el motivo por el que la gente se suicida. Y la fuente de esa desesperación es la misma ley", sentencia.

Según Gitari, la capital del país ofrece cierto refugio para la aceptación del colectivo LGBT — por mucho que, incluso allí, los problemas persisten.

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"Nairobi nos permite ser anónimos. Allí cada uno se preocupa de lo suyo", explica. "Ha habido casos de violación y de violencia, pero lo cierto es que no se trata de un fenómeno extendido e indiscriminado, no es comparable a la situación en algunas países vecinos, como en Uganda".

Este año, de hecho, Nairobi fue escenario de la filmación de un video clip de naturaleza homosexual, nada menos que un remix de la canción Same Love, de Macklemore, publicada con gran éxito en 2012.

Cuando la canción apareció en YouTube, la Junta de Calificación de Películas de Kenya (KFCB) intentó que Google retirara el vídeo. Entonces el presidente ejecutivo de la Junta, Ezekiel Mutua, denunció que el contenido del videoclip era peligrosísimo y que podría convertir a sus espectadores en personajes de Sodoma y Gomorra. Si bien Google se negó a suprimir el vídeo, sí se avino a añadir una inscripción de advertencia en el mismo, que rezaba que podía resultar "potencialmente inadecuado" para la sensibilidad de algunos espectadores. Igualmente, los productores del vídeo incorporaron una frase a su descripción con la advertencia: "este vídeo contiene imágenes explícitas que podrían ofender la sensibilidad de algunos".

Claro que al expresar su indignación a través de Twitter lo que consiguió la KFCB, de manera completamente involuntaria, fue darle un auténtico espaldarazo comercial a la pieza. El vídeo pasó de la noche a la mañana de tener doscientas visitas a alcanzar casi el cuarto de millón (ahora ya ha rebasado los 8 millones de clicks).

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La Junta para la Clasificación de Películas prohíbe el videoclip Same Love en el que aparecen homosexuales keniatas, porque considera que "promueve", la homosexualidad.

Esto tenía que pasar hace una semana, un grupo de jóvenes keniatas han hecho un remix de la canción de Macklemore y Ryan Lewis, Same Love.

Si bien la canción ha sido considerada como todo un éxito para los derechos de los homosexuales en Kenia, la abundancia de comentarios abusivos en la página de YouTube deja constancia de que todavía queda un largo camino por recorrer.

La violencia, de hecho, también alcanzó a los actores que apareen en el vídeo, quienes no habían salido del armario a ojos de muchos de sus familiares y de sus amigos, y a quienes les llovieron los insultos y las amenazas telefónicas y en redes sociales, después de que el videoclip viera la luz.

"Bloqueé a los números que me agredían y cambié mis opciones de perfil. Me estaba perturbando seriamente", ha contado a VICE News tras exigir que no se desvele su identidad. "A veces me da miedo salir a pasear. Es muy angustiante".

Pese a todo, Gitari está convencido de que si la ley cambia, las actitudes de la sociedad también lo harán — considera que la voluntad política existe — a pesar de que los recientes comentarios homofóbicos del vicepresidente William Ruto también han subrayado la oposición acérrima de unos cuantos.

"La ley es un gran obstáculo. Si se deroga, la gente comprenderá que los homosexuales no son delincuentes", explica. Y cuenta que el gobierno arde en deseos de promover Kenia como un buen lugar para los negocios. Según dice, algunos estudios recientes habrían demostrado que las leyes homosexuales han disuadido a mucha gente de implicarse.

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"Aquí hay un montón de voluntad política. Y la clase política del país cada vez se está mostrando más abierta. Hemos contemplado hasta qué punto se han abstenido de considerar cualquier consideración legal cuando se trata de Derechos Humanos", ha contado.

La voluntad ya ha sido probada por todos los tribunales del país, especialmente después de que se adoptara la histórica decisión de permitir que la activista transexual keniata Audrey Mbugua pudiera cambiar su género en su archivo académico.

KENYA: Film Classification Board bans 'Same Love' video featuring gay Kenyans saying it 'promotes' homosexuality https://t.co/ulK5o2OiCr
— DENISNZIOKA (@DenisNzioka) February 23, 2016

Kenia: El tribunal ha prohibido el vídeo 'Same Love' que muestra a gais kenianos porque "promueve" la homosexualidad.

"Kenya se podría convertir en el país que señalara el camino del cambio. Estamos viviendo momentos muy excitantes", proclama Gitari.

Neela Ghoshal, investigadora de los movimientos LGBT en la organización Human Rights Watch, también coincide en lo mismo. Según ella , Kenia podría estar a punto de dar un paso decisivo, un paso cuyo eco se sintiera en todo el continente entero. A fin de cuentas el sexo homosexual sigue siendo castigado con penas de cadena perpetua en países como Uganda, Zambia y Sierra Leona. Mientras que en Sudán, Mauritania y en el norte de Nigeria está castigado con la pena de muerte.

Actualmente la única gran economía africana que ha hecho grandes progresos en el tema de los derechos de los LGBT es Sudáfrica, que se ha convertido en el quinto país del mundo y en el primero del Hemisferio Sur en legalizar el matrimonio entre las personas del mismo sexo, lo que sucedió en 2006.

"Existen muy buenas sensaciones" asegura Ghoshal sobre el recurso presentado por la NGLHRC. "No cabe duda de que existen otros países que están siguiendo este caso muy de cerca".

Claro que Ghoshal también advierte que esto no va a ser un camino de rosas. "No hay que olvidar que Kenia es un monstruo a nivel político y que aquí, a veces, el progreso descarrila en un abrir y cerrar de ojos".

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