crimen y drogas

Puñaladas, navajazos y ataques al azar: así es la nueva oleada delictiva en Nueva York

El comisionado de la policía de Nueva York ha ignorado la nueva oleada de ataques, a los que ha descrito como “incidentes aislados”. Sin embargo, algunos criminólogos se preguntan si se habrá producido un estallido del llamado efecto copycat, o...
26.2.16
Imagen por Darren Ornitz/Reuters
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Don es un neoyorquino de 30 años que trabaja en la industria editorial. Hace unos días caminaba de regreso a casa por la estación de metro de Atlantic Avenue, como hace cada día. Don andaba chequeando su teléfono móvil y llevaba los auriculares puestos, cuando alguien le arreó una piña sin venir a cuento. Eran las 8 de la tarde del jueves pasado y la línea que circula por Brooklyn estaba atestada de gente debido a la celebración de un partido de hockey cerca del Barclays Center.

Don, que ha pedido que le identifiquemos bajo pseudónimo para este artículo, cayó desplomado al suelo. Le empezó a manar sangre a borbotones. Su cobarde agresor le había infligido un corte debajo del ojo. Buscó sus gafas a tientas por todo la andana del metro. Un tipo que pasaba por allí le ayudó y le facilitó un pañuelo para que se limpiara la hemorragia. Desde allí fue transportado al hospital, donde le aplicaron siete puntos de sutura y un vendaje frío para la hinchazón de su ojo morado.

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El agresor, por su parte, no aparecía por ningún lado. Aunque lo más extraño fue que quienquiera que fuese el agresor o la agresora, este no intentó robar a su víctima. Tampoco parecía tener ningún motivo para aflojarle el guantazo. "No me explico el porqué", cuenta Don mientras busca alguna explicación a lo sucedido. "A no ser que fuera algo que tuviera que ver conmigo…".

A principios de este mes, el comisionado de la policía de Nueva York, Bill Bratton, y el alcalde de la ciudad, Bill de Blasio, celebraron una rueda de prensa para anunciar que, durante el mes de enero, la ciudad ha conocido los índices de delincuencia más bajos desde que se tiene registro. Los asesinatos bajaron un 45 por ciento durante el primer mes de 2016. Y los tiroteos cayeron en un 34 por ciento respecto al mes de enero de 2015. Sin embargo, al mismo tiempo, una oleada de asaltos violentos — y aparentemente azarosos — ha despertado una alarma desconocida.

Nueva York registró el año pasado un aumento del 21 por ciento de los delitos cometidos con arma blanca. Desde el primero de enero se han computado 567 incidentes relacionados con ataques fortuitos y apuñalamientos, casi un 100 por ciento más que durante el mismo mes de 2015. Siete de los sospechosos a los que se ha apresado no tenían ninguna relación con sus víctimas. En realidad, siete no es un número demasiado elevado; sin embargo, el móvil completamente arbitrario y el hecho de que los crímenes se hayan producido en escenarios públicos, es lo que tiene a la policía desconcertada. Robert Boyce, inspector jefe de detectives en el departamento de policía de Nueva York (NYPD en sus siglas inglesas), reconoce que la cadena de asaltos "es algo insólito para nosotros".

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En la mañana del 6 de enero, una joven de 24 años caminaba por Greenwich Village rumbo al trabajo, cuando un desconocido se le acercó y le asestó un navajazo en la cara. El día 15 de enero, un hombre de 30 años caminaba por una calle del East Village de lo más concurrida con los auriculares puestos, cuando un individuo le empujo contra una pared, le apuñaló por la espalda y le trazó la llamada "Chelsea Smile", que es como se conoce en argot inglés al navajazo que se desliza desde la comisura del labio hasta la oreja.

Fueron necesarios 150 puntos para suturar la herida. Diez días después, una abuela de 71 años fue atacada por un individuo que iba armado con una cuchilla y le asestó un tajo en la cara. Eran las seis de la mañana y la mujer circulaba en tren rumbo al trabajo. Por último, la semana pasada un joven de 21 años recibió un navajazo en la mejilla infligida por un hombre que iba enfundado en un pasamontañas. El tipo le acusó de estar obstruyendo la circulación. Ambos se encontraban a la salida de un tienda de productos de skate.

En todos los casos, los asaltantes no intentaron, en ningún caso, sustraer ningún objeto de valor de sus víctimas. Bratton se ha desentendido de la extraña cadena de sucesos, a las que se ha referido con el clásico eufemismo de "incidentes aislados". También ha dicho que le parecen una "aberración". El mes pasado, durante una entrevista radiofónica, se dirigió a los neoyorquinos y a las neoyorquinas para decirles que "no tenían nada de lo que preocuparse". A excepción del tipo del pasamontañas, la policía había logrado arrestar al resto de los agresores.

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"Cada vez que arrestamos a un sospechoso y analizamos el móvil detrás de cada ataque, parece que cada uno tenga sus propias motivaciones", señaló Bratton a principios de este mes.

'Cada vez que arrestamos a un sospechoso y analizamos el móvil detrás de cada ataque, parece que cada uno tenga sus propias motivaciones'.

Durante el fin de semana otras cuatro personas fueron apuñaladas o recibieron algún corte en los barrios de Brooklyn y del Bronx. La semana pasada se registraron tres agresiones por la espalda y un apuñalamiento en cuestión de tres días.

El detective Robert DeBonis, uno de los portavoces del NYPD insistió en que no existe "un móvil ni un patrón" que explique los incidentes. El jefe de la oficina de tráfico, Joseph Fox, también ha subrayado que no existe "un patrón reconocible". Y quizá lo más desconcertante: "no existe conexión entre ninguno de ellos. Y no tienen nada que ver con la violencia de las pandillas ni de otras organizaciones criminales".

La información criminal recabada por la policía de Nueva York resulta muy difícil de desentrañar, de manera que es casi imposible demostrar si el número de agresiones públicas en las que no media provocación, son mucho más elevadas este año de lo que fueron el pasado. Sin embargo, parece que los tabloides de la ciudad han tomado buena nota de lo que está sucediendo y están dedicando sus portadas a informar sobre apuñalamientos con sus proverbiales titulares sensacionalistas, como este: "Blade Runner: El navajero enloquecido corta a una mujer y desaparece". O este otro: "Corta y corre: el nuevo navajero siembra el pánico en el metro". Ambos han sido publicados por el New York Post.

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A Bratton no le hace demasiada gracia la atención mediática que han despertado los dos asaltos. En una rueda de prensa celebrada el lunes en el cuartel general de policía, el comisionado interpeló a los periodistas. Les preguntó, de hecho, cuándo era la última vez que habían escrito alguna noticia relacionada con algún tiroteo con armas de fuego. "Los tiroteos y los asesinatos han bajado, pero parece que a vosotros eso ya no os interesa", comentó.

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Y mientras la máxima autoridad policial de Nueva York insiste en que los asaltos no están relacionados entre sí, algunos criminólogos ya han empezado a preguntarse si los extraños sucesos podrían explicarse como una cadena de imitaciones, un fenómeno conocido como copycat effect. Se trata de una suerte de contagio delictivo que sobreviene cuando los agresores intentan replicar asaltos de los que se han enterado a través de los medios de comunicación. Raymond Surette, profesor de justicia criminal en la universidad de Florida, ha declarado en las páginas del New York magazine que considera que la cadena de incidentes registrada en Nueva York tiene demasiadas cosas en común como para ser fruto de la casualidad. "A mí no me parece que se trate de delitos que sean independientes entre sí" ha dicho.

Alfred Blumstein, ex director del Consorcio Nacional sobre Investigaciones Violentas, y profesor de la universidad Carnegie Mellon, comenta a VICE News que "odio llevarle la contraria a Bratton", pero la teoría del efecto copycat le parece de lo más plausible. "El efecto copycat siempre aparece después de que los periódicos y la televisión se hayan hecho eco de los navajazos", afirma.

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"Se trata, claramente, de un acto de frustración, de una reacción de alguien que arremete contra el mundo, probablemente después de haber padecido algún tipo de pérdida, como la de un trabajo, o de haber padecido algún tipo de experiencia traumática", relata Blumstein. "Es entonces cuando entra en escena el efecto copycat"

'Se trata, claramente, de un acto de frustración, de una reacción de alguien que arremete contra el mundo'.

Si bien Bratton todavía no ha ofrecido ninguna explicación oficial para desentrañar el sentido de los ataques, lo cierto es que el mes pasado, durante una entrevista radiofónica, se sacó una hipótesis de la manga: "por desgracia, algunos de los individuos a los que nos hemos enfrentado — tal y como nosotros sabemos y como vosotros habéis informado — son personas emocionalmente perturbadas que han dejado sus respectivas medicaciones", relataba. "En algunos casos, ni siquiera existe una motivación dentro de sus cabezas".

La prensa también ha sugerido que la crisis de salud mental que atraviesa la ciudad podría ser un factor a tener cuenta. Algunos de los titulares publicados no se andan con sutilezas: "El maniaco había dejado su mediación cuando apuñaló a la mujer del Bronx", rezaba uno. DeBonis, el portavoz del NYPD, ha comunicado que dos de los siete ataques con arma blanca en los que los agresores ignoraban quiénes eran sus víctimas, fueron infligidos por individuos que han padecido enfermedades mentales.

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El verano pasado, el ayuntamiento de Nueva York arrancó una iniciativa en la que invirtió 22 millones de dólares llamada "NYC segura", que pretende identificar y ofrecer tratamiento a las personas que puedan incurrir en potenciales comportamientos delictivos. Chirlane McCray, esposa de De Blasio, el alcalde de Nueva York, lleva tiempo abanderando una iniciativa que se ha propuesto reformar el sistema de atención médica de las enfermedades mentales en Nueva York. McCray ha comentado a VICE News que asociar los comportamientos violentos y las enfermedades mentales es peligroso y que, a menudo, solo sirve para estigmatizar al enfermo o a la enferma mental.

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"Deberíamos tener cuidado y no convertir a las enfermedades mentales en los chivos expiatorios de toda esta situación", cuenta McCray. "La mayoría de la gente que padece enfermedades mentales no tiene historial violento alguno. En realidad, los enfermos mentales tienen más números para ser las víctimas que los perpetradores".

Por su parte, Raymond Surette opina que si, al final, se concluye que las agresiones son producto de una propagación del efecto copycat, habría motivos para ser optimista, puesto que, a su juicio, los crímenes se extinguirán deprisa. "Los asaltos ya no son novedad, cada vez se habla menos de ellos", cuenta. "Llegará un momento en que los incidentes, simplemente, dejarán de producirse".

Mientras tanto, Bratton propone un consejo para evitar que los neoyorquinos y las neoyorquinas sean víctimas de más puñaladas, navajazos o de agresiones arbitrarias. Su consejo no es otro que no "entablar contacto".

"Hay que estar muy atento y que ser franco", sugiere Bratton. "Solo existe una manera de evitar a según qué personas… Si os encontráis en el metro con alguna persona que se dirige hacia vosotros y que se está comportando de un modo irracional, ya sea porque está borracha o porque ha consumido drogas o porque está emocionalmente perturbada, lo que hay que hacer, básicamente, es salir en busca de la policía. Intentad evitar a esas personas. Salid de en medio tan pronto como podáis".

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