Identidad

En España hay refugiados LGBTQ y así son sus vidas

Los solicitantes de asilo LGTBI son una minoría dentro de otras minorías.
Irina. Todas las fotografías por el autor

Los solicitantes de asilo LGBTQ son una minoría dentro de la minoría formada por personas que huyen de sus países. Ellas huyen tras ser perseguidas o amenazadas de muerte por ser homosexuales o trans y sobre el número de personas que sufren esta situación no existen estadísticas oficiales (el Ministerio del Interior ofrece la cifra total de los solicitantes de asilo, pero no especifica el motivo de esa solicitud).

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A pocas semanas para que nuestras redes sociales y telediarios comiencen a llenarse de noticias relacionadas con el Día del Orgullo LGBTQ, parece claro que estos testimonios van a ser de nuevo los grandes olvidados. No está confirmado, pero todo apunta a que el lema que encabezará las marchas de este año va a ser el transfeminismo, un debate crucial, y de moda.

El transfeminismo pasaría a sumarse a todas esas luchas iniciadas desde el colectivo en estos últimos años: plumofobia, transfobia, reivindicación de lo queer, visibilidad lésbica o bisexual… Los solicitantes de asilo LGBTQ sienten de alguna forma ser el gran silencio dentro del colectivo.

Cabrel (izq.) y Francis (dcha.)

Cabrel y Francis, Camerún

Cabrel, tiene 29 años y su testimonio empieza en Yaundé, la capital de Camerún —país en el que aún sigue penada con multa y cárcel la homosexualidad—, pero a diferencia de la historia de Francis no lo hace con una muerte, sino con el día que encuentra el amor: “Conocí a mi novio en una cafetería gay clandestina, él trabajaba de camarero y nada más verle me enamoré. Empezamos una relación y aunque fuimos muy cuidadosos, a los meses, empezaron a correr las sospechas”.

Se refiere a las sospechas de sus vecinos, familia y compañeros del colegio donde trabajaba como profesor de Francés. No entendían por qué pasaban tanto tiempo juntos. “No sé, supongo que la forma en que nos mirábamos, nos reíamos, en cómo nos hablábamos, se notaba. Nos queríamos mucho y era imposible disimularlo aunque no nos tocáramos. No hacía falta”.

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Cabrel

Solo había sospechas, pero llegó la confirmación. Uno de sus vecinos los ve entrar juntos en su casa, tira la puerta abajo y pilla a Cabrel y a su chico en actitud cariñosa. El vecino coge un trozo de madera y comienza a golpearles, provocando una herida muy profunda en su pierna. A partir de ahí aparecen más vecinos, y más vecinos, también familiares que, contagiándose unos a otros, acaban formando un linchamiento público durante horas en la puerta de su casa y que dura hasta que llega la policía. La policía llega pero no para protegerles sino para meterlos presos.

"Los días en la cárcel me parecieron una eternidad: palizas constantes, abusos, maltratos" — Cabrel

“Tuve mucha suerte, solo estuve cinco días en la cárcel. Eso sí, esos días me parecieron una eternidad: palizas constantes, abusos, maltratos. Conseguí salir tan pronto porque había un guardia que también era gay, lo sé porque me contó que él también estaba enamorado de un hombre, y me ayudó a escapar. Si no fuera por este guardia, aún estaría en esa cárcel”.

Ya marcado, la única salida de Cabrel es huir. Coge un avión y pasa tres días retenido en Barajas. Allí cuenta su historia por primera vez. Después de 9 meses y medio ahora vuelve a hacerlo para mi. Antes de irnos, se levanta el pantalón para enseñarme la herida de su pierna. Hoy es una gran cicatriz.

Francis en primer plano

La historia de Francis, de 28 años, comparte muchos puntos con este testimonio. Para que Francis llegará a Valencia debemos retroceder 10 meses antes y viajar también hasta Yaundé. Allí, horas antes de enterrar a su hermanastro, el líder de la comunidad le advierte a Francis de que esa misma noche le van a someter a una prueba irrefutable para descubrir si de verdad es gay o no, una duda que atormenta a su familia y amigos desde que su cuñada contara que lo había visto con un chico en actitud extraña.

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"La prueba consiste en beberte la sangre de alguien que ha muerto, y si sobrevives significa que no eres gay" — Francis

“Se trata de una prueba típica de allí que la comunidad te obliga a hacer cuando hay dudas sobre ti. La prueba consiste en beberte la sangre de alguien que ha muerto, si eres gay morirás, y si sobrevives significa que no eres gay. Pero yo no podía beberme la sangre de mi hermanastro, y no porque creyera que eso iba a delatarme, sino porque me parecía horrible. Tuve que huir”.

Francis

Francis es mucho más reservado contando su historia personal, se pone nervioso cuando recuerda Yaundé, así que decidimos hablar de cómo emprendió su solicitud de asilo una vez pisó suelo español: “Fue la policía quien me puso en contacto con Cruz Roja. Allí me ayudaron a encontrar un trabajo, una casa y me facilitaron un abogado para que empezará con la solicitud. También me animaron a acudir a Lambda (asociación LGTBI de Valencia), ya que allí encontraría a personas en mi misma situación y podría hacer amigos”.

El proceso que me describe Francis se repite en todos los testimonios del artículo y, a través de ellos, descubro que entre los propios funcionarios hay muchas dudas y desinformación, a pesar de que el asilo por persecución por orientación e identidad sexual se introdujo en España en el año 2009.

Llega el momento de despedirnos y, antes de irse, Francis me insiste en que hable de todos esos amigos que ha dejado allí y que viven con miedo, fingiendo, hostigados en las cárceles o que corren el riesgo de ser asesinados en sus casas por sus propios vecinos.

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Yuri (izq.) e Irina (dcha.)

Irina y Yuri, Rusia

El relato de Irina (43 años, San Petersburgo), se sale del relato del solicitante de asilo en muchos aspectos: mujer, bisexual, casada con un hombre y con dos hijos. Socialmente Irina entraba en los cánones heteronormativos y podía pasar perfectamente desapercibida, sino fuera porque su marido, tras pillarle una carta de una antigua novia, decidió señalarla públicamente. Aunque en Rusia la homosexualidad no es ilegal, existen leyes para perseguir lo que el gobierno ruso llama "propaganda LGBT" que cuentan con un importante apoyo social en Rusia.

“De repente, empezó a hacerme preguntas sobre mis antiguas relaciones, se mostraba muy abierto y comprensivo, y yo caí en su trampa y acabé contándole que había tenido una novia. Ahí comenzaron las palizas, se lo contó a mis amigos, familia, vecinos, y estalló el acoso”.

"Los Servicios Sociales les raparon el pelo a mis hijos sin mi permiso. Se comportaban como si yo estuviera educándolos para que fueran gais" — Irina

Irina acudió a la policía buscando ayuda, sobre todo para poner fin a la violencia de su marido, pero la situación empeoró: “Tras hablar con mi marido, un día irrumpen en mi casa los Servicios Sociales. La registraron entera, abrieron los armarios de mis hijos, miraron qué libros leían, a qué juegos jugábamos y se obsesionaron con el tema de que mis dos hijos llevaran el pelo largo, no lo veían bien siendo chicos. Tras el testimonio de mi marido, se comportaban como si yo estuviera educando a mis hijos para que fueran gais o algo así”.

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Irina

Y el episodio más traumático estaba por llegar. “Me llevaron a un centro médico y allí cortaron el pelo de mis hijos sin mi permiso. Ese día mi marido me dijo que antes de que convirtiera a sus hijos en maricones, me mataba. Ahí me di cuenta de que no tenía tiempo que perder. Mi vida se había convertido en un infierno y contaba con un documento donde él me autorizaba a viajar con mis hijos y que en cualquier momento podía anular. Antes de que lo hiciera, hice las maletas y me vine con ellos a España”.

En ese momento Irina saca el móvil y me muestra una foto de sus dos hijos. Lucen una larga melena rubia. “Les queda genial el pelo largo”. Yo opino igual.

Yuri

La historia de Yuri (49 años, Moscú) tiene todos estos elementos, pero además se le suma una persecución policial tras que su novio y él se manifestaran contra Putin.

“Tuve que cambiarme muchas veces de piso porque mis vecinos me acosaban por vivir con un hombre. Pero todo se volvió muy oscuro después de una manifestación a la que acudimos contra la elección de Putin. La policía entró en mi casa y nos pusieron en su punto de mira, tachándonos de extremistas y peligro social”.

"No me imaginaba que el proceso para conseguir el derecho de asilo iba a ser tan largo" — Yuri

El novio de Yuri muere en un extraño accidente de tráfico “a pesar de que él era un excelente conductor”. El miedo se apodera de él y decide venir a España durante unos años, al menos hasta que acabara el gobierno de Putin. “No me imaginaba que esto iba a ser tan largo”.

Yuri, como todos los demás, está esperando el asilo. Ninguno sabe si lo conseguirá, como nos explica Ramón Chacón, de la asociación Lambda, la concesión del asilo es una decisión que tiene bastante de arbitraria: no tienen que demostrar su orientación o su identidad sexual, solo su temor y ser creídos por el gobierno. De momento, sus historias ya están contadas.