Identidad

Tatuajes que ayudan a superar agresiones sexuales

Durante años las mujeres se han hecho tatuajes como modo de sanar de sus traumas personales.
15.2.17
Self-portrait by Marlo Kaleookalani Lualemana

Cuando Marti tenía 18 años fue violada por varios hombres en una fiesta universitaria, era virgen. "Sucedió al inicio del primer semestre de mi primer año", recuerda. "Me sentí avergonzada, recurrí a las drogas y al alcohol porque no sabía de qué otro modo lidiar con el trauma de lo que había sucedido". Actualmente, con 34 años de edad y casada, Marti disfruta cocinando, practicando bailes de salón y escuchando a Lady Gaga. Después de oír que Gaga se había hecho el mismo tatuaje que las víctimas de agresiones sexuales que se unieron a ella sobre el escenario en la ceremonia de los Oscar del año pasado, Marti decidió hacerse un tatuaje similar. "Quería recuperar mi cuerpo", afirma Marti. "Gaga fue increíblemente valiente, así que pensé para mí misma, Yo también puedo ser valiente".

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Gaga, por supuesto, no fue la primera superviviente en enfrentarse a su trauma mediante un tatuaje. Durante años, las víctimas de agresiones sexuales se han hecho tatuajes para sanar y reclamar sus cuerpos. Marlo Kaleo'okalani Lualemana, tatuadora hawaiana que trabaja en el Earthbound Tattoo Studio de Monterey, California, está especializada en tatuar a supervivientes de agresiones sexuales. "Me siento conmovida por cada superviviente que he tenido el placer de tatuar", explica. "En cierto modo siento que les he ayudado a dejar atrás el dolor y empezar de nuevo. Les digo que nunca las olvidaré y que no están solas. Hemos llorado juntas, compartido nuestras historias y llegado a una profunda comprensión de lo que su tatuaje significa para cada una de ellas".

Lualemana siente empatía hacia las supervivientes porque ella misma lo es. "Sufrí una agresión sexual cuando tenía cinco y nueve años a manos de dos mujeres diferentes", indica. "Aquello me provocó un enorme trauma emocional". Ella achaca su sanación a dibujar y pintar ―habilidades que utiliza como tatuadora― y sus propios tatuajes han desempeñado un papel importantísimo en su recuperación. "Hay elementos dentro de mis tatuajes que representan la fuerza y el empoderamiento, recordatorios de que soy una superviviente", dice. "Soy fuerte. Soy valiente".

Autorretrato por Sonya Vatomsky

Las víctimas se hacen tatuajes por diversas razones. Seis meses después de su agresión, Sonya Vatomsky, una escritora de 31 años de edad residente en Seattle que se refiere a sí misma en plural, se hizo un tatuaje de un rape con las palabras "I just care" (Sí me importa), que forman parte de la letra de la canción de Manic Street Preachers "Drug Drug Druggy".

"Sentíamos empatía pero también rabia", explican Vatomsky. "Lo que nos viene a la mente cuando vemos un rape es todo femenino: esos ejemplares enormes y aterradores, con ese tentáculo y esos dientes. Los rapes macho son diminutos, se cuelgan de las hembras y después se atrofian. Por aquella época teníamos muy presente toda esta imaginería basada en el género, que empezó a volverse incómoda cuando nos dimos cuenta de que éramos no-binarias".

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Su agresión tuvo lugar en la fiesta del 30º cumpleaños de una amiga de una amiga suya. "Empezó de forma consensuada pero al segundo siguiente recibimos un golpe en la cara y nos empezaron a estrangular", recuerdan. "La palabra 'No' no sirvió de nada, así que acabamos luchando físicamente. A la mañana siguiente teníamos moratones sobre la piel en forma de mano. También le dimos nuestro número de teléfono. Te contamos esto porque nos sentimos profundamente avergonzadas de aquello más tarde. Todas las formas en que reaccionamos fueron incorrectas según el guión o lo que sea que se supone que deben seguir las 'víctimas correctas de agresión'. Toda aquella vergüenza nos hizo sentir horriblemente mal".

Autorretrato por Amisha Treat

Otras víctimas recurren a los tatuajes para reforzar mensajes positivos. Amisha Treat, una bloguera feminista de 28 años de edad, se tatuó una banda con flores en la que puede leerse: "I Deserve Good Things" (Merezco cosas buenas).

"Es un recordatorio permanente de que mis cicatrices, tanto físicas como emocionales, no siempre son feas y que incluso las que lo son no me definen", afirma. "Le saqué el tema a mi tatuador y juntos ideamos el diseño".

Lualemana cree que los tatuajes pueden ayudar a las supervivientes a reclamar sus cuerpos. "Sienten que su tatuaje representa un nuevo comienzo", explica. "No quieren que esa experiencia negativa y vergonzante las atormente. Nunca olvidarán lo que les sucedió, pero ya no quieren que consuma sus vidas. Mirar sus tatuajes les recordará siempre que no deben dejar que la culpa y la vergüenza definan lo que tuvieron que vivir, sino que deben sentirse orgullosas de sí mismas por recuperar sus vidas".

Los tatuajes, por supuesto, no son para todo el mundo. Recuperarse de una agresión sexual es algo tan personal como lo es una de cada seis que son víctimas de violación o de intento de violación a lo largo de su vida. Muchas mujeres describen los tatuajes como parte de su proceso de recuperación, pero no lo es todo. Para Vatomsky, su tatuaje de superviviente es tan solo un paso más en el camino hacia la recuperación, aparte de dejar de beber, escribir poesía y dedicarse a la taxidermia.

"Nos tatuamos un pez intencionadamente horripilante en la parte superior del glúteo derecho y aquel gesto simbolizó la profanación y la reclamación de nuestro propio cuerpo, como si dijéramos 'intenta sexualizarnos ahora', o algo así", dijeron. "Al final, se trata de un tatuaje radical que nos recuerda que, durante uno de los peores momentos de nuestra vida, nuestros dos sentimientos principales fueron la rabia y el optimismo. Y eso no está tan mal".