Inmigrantes nos explican qué es lo que más les chocó de la cultura española

La siesta, el flamenco, la paella y todo eso ya no choca tanto como que tiremos las servilletas al suelo, que sea fácil tener sexo con un desconocido o que tengamos un espíritu perroflauta.

|
18 abril 2016, 3:00am



Imágenes vía Marín Dolls

Tenemos muy superado eso de que la gente que viene de fuera piense de nosotros que: TODOS dormimos la siesta, que TODOS vamos a festejar a una plaza la muerte de un toro, que TODOS sabemos bailar flamenco, que TODOS votamos al PP (aunque esto lo haga mucha gente), que TODOS sabemos cocinar paella y tortilla de patatas o que TODOS bebemos los fines de semana hasta caer a plomo sobre una acera. Son tópicos, cosas que se dicen sobre nosotros y que los extranjeros que vienen a vivir en nuestro país llevan escritos en mayúscula en su cuaderno de viajes. Pero, ¿eso sigue siendo así? ¿No son cosas del siglo XX? Joder, hemos avanzado desde el tiempo de nuestros abuelos. Nuestro país tiene otros tópicos, hemos entrado en la modernidad, y vamos a descubrirlos.

Nos hemos puesto al habla con gente que lleva tiempo viviendo en nuestro país, para actualizar toda esa ristra de tópicos, para ponerlos al día y enterarnos qué es lo que más les choca (a nivel cultural) de nosotros. Y nos hemos llevado algunas sorpresas. Han hecho 'reset' y ya no piensan como antes, ahora piensan de nosotros que todos somos perroflautas (al menos de espíritu), que volcamos nuestra ira sobre el prójimo cuando conducimos, que llevamos banderitas de España, que tiramos las servilletas (ese objeto extraño y poco útil) al suelo de los bares, que hablamos mal nuestro propio idioma, que el bocadillo de tortilla de patata es una estupidez (¿patata dentro de pan?), que nos gusta mucho el porno y que hay bosques a los que la gente acude a tener sexo con desconocidos. Pues eso, vamos a descubrir el shock cultural que se llevaron algunos inmigrantes cuando llegaron a nuestras tierras.

Me sorprende que gritéis '¡maricón!'

"Pues son esas servilletas que no limpian sino que engrasan más y, como su tamaño es más pequeño, no usas ni una ni dos sino como mínimo cuatro y aun así te sigues engrasado y con una instalación de papel mantequilla arrugado sobre toda la mesa. Y luego también esta esa manía de servir la comida sobre otra servilleta (pero de las normales). Es decir plato - servilleta (normal) y comida. Con esto te emocionas porque por fin tienes una servilleta normal pero, luego queda la mitad del pincho de tortilla o del bocata caliente ahí pegado. Con lo cual vuelves al papel mantequilla". - Melisa Anzola, 31, politóloga y production manager, colombiana.

"Pues lo que me llama la atención es lo perroflautas que sois todos, en el fondo. Los pijos, los hipster y los chonis tenéis algo. No sé, un espíritu perroflauta". - Simon Blanc, 22, artista, francés.

"Cuando me mudé a Barcelona hace casi siete años había muchísimas cosas que me parecían extrañas. Por ejemplo todos en esta ciudad van con sus tuppers y cuando les entra hambre se sientan en cualquier lado y se lo comen. Pueden sentarse en el suelo del metro y comer sus espaguetis enfrente de todos, era algo muy chocante pero fascinante a la vez. En general la costumbre de sentarse en el suelo en cualquier lado me parecía muy rara. También me chocó mucho el tema de dejarse puestos los zapatos en casa. En Rusia, cuando entras a casa de alguien siempre te quitas los zapatos, no quitártelos es una falta de respeto. Aquí nadie lo hace y al principio, cuando vivía con mi novio español me ponía muy maniática con esto. Luego está lo de la tele... En mi casa en Moscú tampoco tuvimos nunca tele, por motivos ideológicos. De repente llego a España y me encuentro con todos estos programas del corazón. Fue un choque cultural muy grande. Los veía con los ojos abiertos de par en par, me fascinaba toda esta gente a quien pagan por sentarse a gritar y a interrumpirse los unos a los otros. Yo aprovechaba también para practicar mi español callejero. Otra cosa, bocadillo de la tortilla, ¿no es la cosa mas rara del mundo? ¡Es comer patata y huevo dentro del pan! Aunque engancha muy rápido. Y lo de los cumpleaños también me chocó, en Rusia siempre te dan regalos, muchas flores y el cumpleañero es el que invita a los demás a comer. Aquí a veces no te regalan nada, nunca te traen flores y encima cada uno paga lo suyo. Y para acabar está el tema del sexo. Jamás hubiera imaginado que se puede ver pornografía en vivo en festivales eróticos, que el acceso a los clubs fetichistas es tan fácil o que hay bosques enteros a donde la gente va en búsqueda de sexo. Se te abre el mundo entero". - Katia Repina, 28, fotógrafa, rusa.

"Me llama la atención esa clase de españoles que lleva banderitas colgadas en el retrovisor del coche, es una raza única. Se te cuelan en los atascos. Si les pasas se vengarán. Son para mí la reencarnación de la envidia característica del Quijote. Otra cosa que me llama la atención de aquí es la jeta que le echan los políticos. Un político no tiene que hablar bien, no tiene que comportarse bien ni ser ejemplo. Y un político lo niega todo sin que haya consecuencias. Esto no lo he visto en ningún otro sitio excepto en Rusia. Con los papeles de Panamá en todos los lugares del mundo lo han admitido. Excepto en España el Soria, en Rusia, Putin y la familia china. Que la gente aguante esta clase política con humor me parece increíble". - Sebastian Schkudlara, 38, programador, alemán.

"Yo llegué a España a finales de los años 60, concretamente a L'Ametlla de Mar, un pueblo de Tarragona que en aquella época estaba lleno de señoras de luto y calles sin asfaltar. Con mis amigas solíamos tomar el sol en topless. Por supuesto aquello en España era algo impensable y quizá hasta estaba prohibido. Cada día una pareja de la Guardia Civil patrullaba la zona de la playa en la que nos poníamos, una cala bastante inaccesible. Nos gritaban desde lo alto de unas rocas y nos hacían un gesto para que nos tapáramos. Venían todos los días y todos los días la historia se repetía. Nunca jamás nos pusieron una multa, ni nos dijeron nada más que aquél gesto lejano. Creo que ellos mismos temían que algún día el espectáculo de las rubias en tetas se acabara". - Frédérique Mahieu, 60, artista, belga.

"Lo que más me sorprendió al llegar a España, aparte del dichoso jet lag que me hacía sentir como si viviera dentro de una nebulosa, fue la diferencia del lenguaje que, a pesar de ser el mismo supuestamente, se empleaba de manera diferente, la combinación de estas dos cosas me hicieron ver cómo si realmente hubiera nacido nuevamente. El estilo de vida no sólo me sorprendió sino que me encanto extrañándolo". - Omar Gavilanes, 35, comunicador audiovisual y periodista, ecuatoriano.

Aunque haya papeleras, la gente tira las servilletas gracias-por-su-visita al suelo. Nunca lograré comprender eso

"Cuando llegué con 11 o 12 años a España aterricé en Cataluña, en un pueblo del interior y claro, lo que más me chocó fue el catalán, que se me hacía como una mezcla rara entre el castellano y el francés. Además era un momento en el que todo el tema de los chonis estaba pegando muy fuerte y no entendía de qué iba eso: sus pintas me parecían muy extravagantes y difíciles de mirar, pero a la vez no podía dejar de hacerlo. Cuando me mudé a Barcelona también me chocó la seguridad y la tranquilidad con la que la gente se movía por la ciudad —cuando en Buenos Aires estaba acostumbrado a una realidad muy diferente—, sobre todo la lentitud, me parecía que todo el mundo iba de un lado para otro como si nadie tuviese prisa por nada". - Julieta Ciliberto, 23, estudiante, argentina.

"Cuando llegué a Barcelona todo me parecía raro. Lo que más me llamó la atención fue que aquí la gente tiene descansos, en China no existe el fin de semana. Mi familia tiene un restaurante Chino y para mí también fue muy extraño el hecho de que si se tenía que hacer alguna reforma en el restaurante debíamos preguntarlo al vecindario. La mayoría de ellos no cooperaban. Parecía que nos odiaran por el ser chinos y querer tirar adelante nuestro negocio... No lo podía entender. Como tenía 15 años cuando vine, no comprendía muchas cosas, como por ejemplo: ¿Por qué la gente de aquí celebraba dos veces el fin de año? Era bastante chocante que si en China el fin de año fuese un día, aquí tuvieran otro y pensaba que se celebraba doblemente. Una tradición que al principio no entendí pero que me gustó mucho fue el Sant Jordi. Salí de casa y veía que todo el mundo iba con rosas y libros. No sabía qué tenía que hacer para que alguien me regalara una. Ahora ya me regalan muchas. Otra cosa que me pareció misteriosa era ¿por qué la gente aquí celebra el santo? ¿Qué era eso del santo? La comida para mí también sabía rara, pero por suerte comía muchos días en el restaurante. A lo que tardé más en acostumbrarme es al pan. ¡Aquí el pan es duro!" - Qy Chen, 27, dependienta de una tienda de lujo, china.

"Hubo dos cosas de varias que recuerdo claramente como choques culturales. Una, patética pero cierta, es que al llegar y hablar con mis nuevos - y desconocidos - compañeros de piso me estuvieron comentando de la zona. Me hablaron de los supermercados cercanos y de la estación de metro justo a dos cuadras, estación abierta hasta la 1:30 am (como todo el metro en Madrid). De mi boca salió una pregunta que les sonó a broma: ¿Y se puede usar el metro hasta esa hora? Me interrogaron con la mirada. ¿No te atracan? ¿Es seguro? Eso es lo que pregunta una caraqueña al llegar. La otra es más cotidiana y sigue siendo algo que me sorprende: No pasa en todos los bares, pero en muchos, en los viejunos, en los de toda la vida, se tiran las servilletas al suelo (no hablemos de las servilletas... ¿qué tipo de chiste son esos papeles finos y sin capacidad de absorción?). Aunque haya papeleras, la gente tira las servilletas gracias-por-su-visita al suelo. Nunca lograré comprender eso". - Nerea Dolara, 32, periodista, venezolana.

"Pues la verdad es que no me esperaba que la crisis fuese tan grande ni que fuesen tan cerrados de mente muchas veces. Me sorprendió también todo el tema de la fiesta, pero sobre todo que griten '¡maricón!'". - Oliver Raab, 23, estudiante de master, eslovaco.

"Lo que me afectó más cuando llegué por primera vez de Erasmus a Barcelona fue el tema de Cataluña. Al principio no entendía por qué hablaban distinto y tenían costumbres distintas a las que yo esperaba. Vi que para mucha gente era una cuestión importante y después me empecé a interesar por el tema. Decidí volver porque para mí fue muy interesante descubrir su historia, su identidad y su cultura. También creo que ahora puedo entender más la gente de aquí sabiendo todo esto, viviendo como vivís vosotros. Es una forma de entender la ciudad distinta, de vivir más la calle. Creo que es algo que no puedes entender hasta que no vives aquí". - Antonietta Marazzo, 31, publicista, italiana.

Más VICE
Canales de VICE