Identidad

Tengo 18 años, sentí la llamada de Dios y vivo en un monasterio

Hablamos con Pablo que se está preparando para pasar el resto de su vida en El Paular (Madrid). Sintió que el Crucificado le quería a su lado y él acudió. No teme a las tentaciones.
5.4.16

Foto cedida por Pablo

¿Cómo es la vida de Pablo? "Rezamos siete veces al día, tenemos el voto de obediencia y, durante las comidas, el de silencio. Luego cuando estamos trabajando, sí podemos hablar entre los hermanos. En las comidas uno lee, y los demás nos callamos. No hay móviles, ni PSP, ni televisión. Tenemos una sala donde nos reunimos y hablamos". Es un chico de 18 años que no tiene una vida normal, porque decidió entrar hace unos meses en el Monasterio de El Paular (en la sierra norte de Madrid) y compartir la vida junto a los otros siete hermanos que allí viven, rezan, atienden a los huéspedes y se han consagrado a la vida monástica.

Pablo llevaba una vida típica de un joven de su edad, tenía novia y un circulo de amigos y también estudiaba. Pero todo cambio cuando recibió la llama de el Crucificado, como él lo llama. Ahora ha comenzado su carrera como monje, de momento es postulante pero piensa tomar los votos definitivos. No teme las tentaciones que puedan surgir en el camino, confía en la ayuda de Dios para superarlas y se lamenta de que no haya más jóvenes que sigan su ejemplo: "Es algo triste, no hay vocaciones, a mí mis hermanos de monasterio me sacan 40 años". Vamos a conocer la vida de Pablo.

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VICE: Sabemos poco de ti, que vives en un monasterio y que eres muy joven. ¿Cuéntanos un poco tu historia?

Pablo: Tengo 18 años y con seis ya empecé a tener inquietudes vocacionales con respecto a la Iglesia. Con todo lo relacionado con este misterio sacerdotal, notaba algo, daba misas en mi propia casa… Pero estuve desviado, hubo un tiempo que me metí en el reiki, en la new age. Algo que es totalmente contrario a la Iglesia: el tema de las energías espirituales. Aunque a mí me habían formado diciendo que todas estas cosas son mentira, yo me metí, quería comprobar que finalmente era así. A mí me encantó hacerlo, pero perdí mi rumbo, esto fue con 14 años. Por entonces tenía novia, yo seguí notando algo, pero no quería saber nada de la Iglesia. Me llevaron al cura de mi colegio -yo estudiaba en el Juan Pablo II de Alcorcón- y él me hizo coger una cruz y que la sujetase. Yo le dije que no, que no quería saber nada de la Iglesia. Luego fui a unos ejercicios espirituales. En aquel momento estaba metido en los porros y en las bebidas, en el alcohol, me juntaba con gente LGTB, tenía amigos homosexuales y emos. Y sigo teniendo contacto con ellos, que una cosa no impide la otra. Estaba muy feliz en mi mundo, era mi círculo. Pero en estos ejercicios algo me cambio. Mirando a Cristo, al Crucificado como yo le digo, me di cuenta de cómo había ido mi vida, que había cosas que tenía que mejorar.

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¿Todo cambió en ese momento?

Sí, yo, como os digo, estaba con una chica y lo dejé. Me costó mucho, pero lo tuve que dejar. La idea de ir al Monasterio de El Paular me rondaba desde los siete años, a los 12 lo intenté, pero el monje que dijo que hasta los 18 nada. En cuanto los cumplí, ingresé en el monasterio.

Y, con siete años, ¿cómo conocías ya el Monasterio del El Paular?

Principalmente, porque iba mucho de pequeño. Con mi familia hacíamos excursiones a centros religiosos e iglesias. A mí me cautivó la fuente, la que ya no se puede visitar, en el claustro del cementerio de los monjes. Noté que el Señor me llamaba a la vida monástica, también pregunté en el Valle de Los Caídos, y me dijeron que mirara en El Paular. Y así fue.

No tengo ni idea de la carrera monástica, tú ahora eres novato…

Postulante.

¿Qué significa?

Estoy haciendo una experiencia. Ver cómo se vive en el monasterio. Y me he enamorado más del Crucificado. Me levanto a las 5,30, como el resto de los hermanos. A las 6,30 hay maitines, luego cada uno a meditar a la celda la palabra de Dios. A las 8, los laudes y el desayuno. A los 8,30 o 9, ya comienza el trabajo comunitario: limpiar las escaleras, barrer, la cocina, atención a los huéspedes, a los visitantes, visitas guiadas.

¿Cómo pasas de postulante a monje? ¿Hay algún tipo de prueba?

Lo que hacemos todos es estudiar la Regla de San Benito, nuestro fundador. Leemos libros de vida monástica, aquí no hay exámenes, solo hay que descubrir si tienes una llamada vocacional o es simplemente una evasión. Se dan casos de jóvenes que vienen para evadirse del mundo, de la realidad.

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Con problemas de drogas y buscando el retiro.

Exactamente.

¿Cómo sabes que no es algo temporal?

La Regla de San Benito nos habla de la humildad, de la entrega, de la obediencia. Nuestra lema es "reza y trabaja". Rezamos por la perdición de las almas, para que lleguen al Señor, por la gente y mucho por la Iglesia. Por los escándalos que está habiendo, es una vergüenza y los denunciamos públicamente. Nuestra regla habla de obediencia a nuestro padre Prior, de no enaltecerse a uno mismo, de compartir con los hermanos los regalos que recibimos.

Pablo, ¿tienes miedo de tener la tentación de colgar los hábitos, salir del monasterio, volver a tener a novia?

He tenido, pero realmente es un momento en el que te estás enamorando de Cristo, de sus enseñanzas… y así lo vences. Han pasado 300 jóvenes desde que está en el Monasterio el hermano Eulogio, que es el más mayor, tiene 90 años, intentando quedarse y se han ido. Si estás verdaderamente enamorado del Señor, nunca desistirás.

¿Cuántos monjes estáis ahora allí?

Somos ocho, conmigo. Al ser postulante ya titulo como hermano. Voy con camisa negra y clériman, que es lo que usan los sacerdotes.

Hay una ceremonia cuando dejas de ser postulante y pasas a novicio.

Sí, es interna, se realiza en comunidad, no pueden venir los familiares. Luego, cuando tomas los votos perpetuos ya pueden venir todos los que quieran.

Iremos a verte. Una cosa, ¿tu familia cómo se tomo que te fueras a vivir a El Paular?

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Bien, yo estaba estudiando Emergencias Sanitarias, un grado superior, en la Universidad Nebrija y abandoné el curso a la mitad. Durante un tiempo me dediqué al cuidado de mi abuelo, que tenía demencia. Ahí descubrí que mi vocación de estar cerca de los enfermos y de la gente que sufre era fuerte. Mis padres pensaron que se me pasaría, pero fue a más y me llevaron al Monasterio y a los tres días ingresé. Luego hay otros familiares que piensan distinto.

Hemos estado leyendo vuestras normas y hemos visto algo de castigos físicos.

Esto no es exactamente así, castigos físicos a nosotros no se nos imponen. Si no cumples las normas, mantienes una reunión con tus superiores y te pueden mandar a otro monasterio. Igual que si los huéspedes incumplen las normas, también se les puede invitar a que se marchen. Eso que me dices es antiguo.

Pablo, para terminar, creo que también tienes una ONG pro-vida…

En 2013 fundé, junto a otros tres jóvenes, una asociación que se llama Jóvenes Pro-Familia, que sigue existiendo. Y la hicimos por el tema del apoyo de las chicas jóvenes que hubieran sufrido una violación o agresión sexual. Para dar un apoyo específico donde no se hable de pecado, eso no nos va. Nosotros queremos mostrar apoyo y no discriminamos por orientaciones sexuales, ayudamos y apoyamos a gays y lesbianas también con la transmisión de fe y valores cristianos. Pero el aborto, ni nos lo planteamos, si una chica se ha quedado embarazada se pueden plantear otros métodos, como el de la adopción.

Mil gracias por todo, Pablo.