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Drogas

Conoce a los "conejillos de indias" humanos que ensayan tus medicinas

¿Quiénes son las personas que se someten a ensayos clínicos con medicinas no aprobadas? ¿Mártires por la medicina? ¿Estudiantes que se gastaron lo de la beca en cerveza y farra? Me inscribí en un ensayo médico para poder conocerlos.
15.8.14

El autor durante su ensayo clínico

Tiene todo el sentido que los medicamentos deban ser ensayados en humanos antes de que puedan ser vendidos a otros humanos. Si no fuera así, si los científicos tan solo los ensayaran en ratas, por ejemplo, terminaríamos con situaciones como la tragedia de la talidomida, en la que una droga, que intentaba curar los mareos matutinos de las embarazadas, condujo a que aproximadamente diez mil bebés nacieran con discapacidades o deformaciones relacionadas con la talidomida. De hecho, fue ese caso, conocido como “uno de los momentos más oscuros en la historia de la investigación farmacéutica”, el que condujo a una reforma en la industria, generando procesos de ensayo y aprobación mucho más rigurosos.

¿Pero quiénes son las personas que se someten a estos ensayos de estas medicinas sin probar? ¿Chicos universitarios que han abandonado sus estudios y se gastaron lo de la deuda en cerveza y farra? ¿Psiconautas con ganas de volverse mierda las conexiones sinápticas con químicos no aprobados? Fue esa parte del proceso, la gente poniendo su salud en riesgo y no el ensayo de drogas, lo que me interesó. Así que me inscribí en un ensayo con la esperanza de mezclarme con algunos dedicados conejillos de indias.

El estudio al que me inscribí fue la fase uno de un ensayo (es decir que la droga nunca ha sido probada por humanos antes) sobre un analgésico diseñado para tratar la osteoartritis. Si todo salía de acuerdo a los planes, la droga se suponía que ayudaría a aliviar el dolor de una enfermedad discapacitante, todo eso sin generar ningún efecto secundario. Al entrar, fueron esas dos palabras las que me preocuparon. Ensayos clínicos de investigación… es difícil no encontrarse con historias de terror.

En 2006, seis hombres sanos en Londres fueron parte de un ensayo para la compañía farmacéutica americana Parexel. Los ensayos fueron un desastre. Los órganos de los participantes fallaron, sus cabezas se inflamaron, y el más afectado perdió los dedos de las manos y los pies. Hablando con el periódico The Sun, el participante Nav Modi de 25 años dijo: “sentí que mi cabeza se inflamaba como la de un elefante. Pensé que se me iban a salir los ojos”.

Poniendo la potencial elefantiasis producida químicamente tan lejos de mi mente como pude, llegué al hospital y fui felicitado por un par de enfermeras alegres. Mientras me inscribían, un hombre del que solo pude asumir que era un participante regular llegó por el corredor, “¡Brian! ¿de vuelta otra vez?” Se rió uno de  los doctores.

Una de las encuestas de estado de ánimo entregadas durante el ensayo.

Durante el resto del primer día no pasó mucho más: electrocardiogramas, un par de comidas básicas y la primera de las encuestas sobre estado de ánimo y riesgo de suicidio que tendríamos que completar una y otra vez durante todo el ensayo, solo para asegurarse de que la droga que estábamos tomando no nos agravara una depresión.

Fui ubicado en una habitación con otros cinco pacientes, todos de distintas edades y entornos. El primero era Anwar, un italiano-somalí de más de treinta que parecía siempre estar a punto de tener un derrumbe histérico, haciendo chistes y sonriendo incluso cuando las enfermeras le estaban clavando agujas. Este era su séptimo ensayo en los últimos dos años, explicó que su trabajo como diseñador web no era suficiente para costear su pasión por los viajes.

“¡Es realmente fácil, cuando quiero irme de vacaciones simplemente vengo, hago un ensayo y luego me voy! Lo que más he ganado fueron 8.000 dólares. Eso fue por 26 días. Podrías hacerlo tres veces al año y ganar como 6.000, pero después de eso es mejor parar por un tiempo porque no es bueno para tu salud”, dijo convincentemente, a pesar de que su historial no prueba exactamente que esté particularmente preocupado por su bienestar personal.

Le pregunté si había tenido algún efecto secundario durante su ensayo de 26 días. “Perdimos la capacidad de degustar cosas calientes. ¡Cuando tomábamos café ni siquiera podíamos sentirlo!”, dijo mientras sonreía con el recuerdo de líquido hirviendo quemando su lengua, antes de asegurarme que su gusto había vuelto a la normalidad cuando terminaron el ensayo.

El autor durante su ensayo

Después me dijo que una vez pasó tres años en una cárcel italiana porque estaba “fuera de control” cuando era joven, antes de comparar el cuarto en el que estábamos con la prisión. “Es lo mismo, estás en un lugar pequeño”, dijo. “Solo tienes que practicar estar bajo techo. Te acostumbras”. Cuando le dije que no quisiera estar aquí 26 días se rió y me preguntó: “Entonces, ¿cómo sobrevivirías en prisión?” Le dije que no estaba planeando ir a prisión, se rió otra vez y volvió a ver How High en su portátil.

El siguiente participante con el que hablé fue Paul, un espiritualista de más de 30 que estaba haciendo un ensayo diferente al de nosotros. Me dijo que había estado en cinco ensayos. “No se lo cuento a nadie porque tienen un poco de estigma en contra del tema, piensan que los ensayos clínicos son un poco raros”, dijo. “Pero siempre pienso, bueno, si no hubiera gente como yo, no existiría ni la mitad de las medicinas que hay hoy en el mercado y la gente estaría muriendo regularmente”.

Tiene razón: el pembrolizumab, una nueva droga que ha superado todos los ensayos clínicos, ha sido llamada el “giro paradigmático” en el tratamiento del cáncer de piel. Las primeras pruebas han mostrado una taza de supervivencia del 74%, comparado con el 10% de antes. “Soy un espiritualista, así que mi maquillaje es querer ayudar a la gente”, explicó Paul. “Mi cuerpo es solo un cuerpo, amigo. Cuando muero, trasciendo. Así que, para mí, esto solo es un caparazón. Y si puedo ayudar a la gente y obtener un poco de dinero de ahí entonces es doble ganancia para mí”.

Asomándose por detrás de su libro Encantadores de ángeles: acercándote a tus ángeles, me dijo que estaba planeando una estadía de cuatro semanas en septiembre que financiaría un montón de retiros espirituales por el mundo.

Una de las comidas servidas durante el ensayo

En la cena de la segunda noche charlé con un par de chicos que se hicieron amigos durante el ensayo, uno de mediana edad de Liverpool llamado Stan y un universitario de primer año llamado Tyrone. “El peor efecto secundario que he tenido fue por una medicina radioactiva, pasamos 18 días cagando en una botella”, dijo Stan. “No podías cagar en el inodoro porque era radioactiva. Ese fue el más difícil porque los primeros días nadie podía hacerlo, se descachaban. ¡Era un caos!”

La imagen de Stan tratando de enchoclar su propia mierda radioactiva en una botella quedó grabada en mi cerebro mientras explicaba por qué había empezado a hacer ensayos hace un año. “Hace doce meses quebré, era un caso de necesidad y tuve que agachar la cabeza y conseguir algo de dinero”, me dijo.

Tyrone nunca había participado en un ensayo antes. Era fácilmente el más joven y me dijo que sus padres estaban totalmente en contra de que participara, pero que se había inscrito de todos modos. “la cosa con ser un estudiante es que no sabes a dónde se va el dinero, pero desaparece”, ofreció como explicación de por qué estaba allí. “Estaba buscando ensayos hace como un año, pero soy alérgico a la penicilina, entonces no podía hacer los que estaban disponibles en ese momento”.

Mientras hablaba con Anwar el cuarto día, mi último día en las instalaciones, nos contó que había estado en el mismo lugar en el que estuvieron las víctimas de Parexel en 2006. “Fue muy muy serio. Yo estaba en un grupo diferente, y mandaron a todo el mundo a casa”, dijo. “Cuando me enteré, me alegré de irme, fue una de las cosas más asustadoras que he visto”.

Algo del material de lectura ofrecido durante el ensayo

Si estaba diciendo la verdad, la experiencia no debió asustarlo mucho, porque ahí estaba otra vez medio desnudo, en una camilla de hospital, con agujas colgando de sus brazos.

Cada vez que les preguntaba a la enfermeras y asistentes de investigación sobre Nav Modi y el ensayo desastrozo, todas tenían respuestas similares: “Mucho ha cambiado desde entonces”, o "Fue una confusión en la dosis”. Extrañamente, no vi que nadie le preguntara nada a las enfermeras, algo que posiblemente podría explicarse porque la mayoría ya había estado en ensayos antes o, como Tyrone, sus doctores les habían dicho que los ensayos clínicos generalmente salen completamente bien, mientras no te importe meterte en una cama de hospital durante días y días.

Tenía muchas ganas de salir cuando terminaron mis cuatro días. Estar encerrado es una cosa, pero tener que aguantarse las agujas en los brazos todos los días, tan lujoso como eso pueda sonar, es otro tipo de infierno.

No hubo efectos secundarios adversos en mi grupo, así que las medicinas deberían salir al mercado en poco tiempo. Y por pequeña que haya sido mi participación allí, admitiré que siento un poco de orgullo por contribuir a que estén disponibles comercialmente. Claro, la plata no hace daño, y como esperaba, es esta parte del trato la que atrae a todos los que conocí. Incluso Paul, el espiritualista londinense, estaba allí por el dinero.

Eso sí, se necesitaría un tipo de altruista único que dejara que le inyectaran sustancias no probadas en su torrente sanguíneo completamente gratis.

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