Cultura

Por qué sigo sin dar sexo oral (la mayor parte del tiempo)

El sexo oral es un privilegio, no un derecho.
20.7.16

Foto cortesía de la autora.

En este último año, me han preguntado en incontables ocasiones "Oye, ¿eres la chica que no chupa pitos?". Pasa en fiestas. Cuando espero para ordenar una bebida en un bar. En Tinder. No debería sorprenderme, al fin y al cabo, fui yo la que le dijo a internet que no doy sexo oral en marzo del año pasado pero, honestamente, nunca creí que fuera a ser tanto pedo.

Resulta que estaba mal. En mi artículo, explico cómo después de años de estar con hombres que esperaban que les chupara el pito sin tener que devolver el favor, terminé harta. Si los hombres ligan para obtener orgasmos —sin dar nada a cambio—, entonces yo también iba a adoptar esa actitud.

Por mucho que odie estar permanentemente asociada con las felaciones (o la falta de éstas), estoy feliz de haber iniciado un dialogo real sobre la injusticia al momento de dar y recibir placer durante el sexo entre parejas heterosexuales. Además, escribir ese artículo fue terapéutico para mí. Ya no estoy tan enojada como en ese entonces y estoy mucho más cómoda conmigo misma y con mi forma de ver el sexo. Y aunque es medio incómodo cuando me llegan mensajes de güeyes en Tinder que dicen que saben quien soy —la chica que no da sexo oral—, la ventaja es que al menos ya conocen mi postura y es su decisión si le entran o no.


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Sin embargo, tengo algo que confesar: sí he dado sexo oral. Por favor, legiones de haters, no lo tomen como una victoria. Juré nunca volver a chupar pitos de la misma forma en que juré nunca volver a comerme una baguette entera de una sola sentada —en el fondo, sabía que iba a volver a pasar—. Hoy en día, cuando decido dar sexo oral, es bajo circunstancias muy particulares, específicamente, cuando mi pareja se toma el tiempo para comerme, hacer que me venga y cuando sé que respeta mis necesidades sexuales. Doy sexo oral cuando se lo ganan. El problema es que no pasa muy seguido.

Si un hombre me hace sentir como una canción de Weeknd, no se la pienso chupar. Si no me responde los mensajes, no merece una boca en su pene. Por otro lado, si un hombre respeta mis necesidades y me da sexo oral primero, entonces, por supuesto que consideraría darle una chupada. El problema es llegar hasta ese punto.

La penetración es increíble pero no importa qué tan largo, curveado o gordo sea tu pene, no es suficiente para que me venga. Y pasa lo mismo con muchas otras mujeres —es clítoris o nada—. En otras palabras, si tengo sexo con un chico pero no se la chupo, él se puede venir sin problemas. Si cogemos pero no me come, yo no puedo.

Unos meses antes de escribir el artículo, estaba saliendo con un tipo que siempre decía que no cuando le pedía que me diera sexo oral. ¿Su excusa? Que solo lo hace cuando tiene una relación seria. Al mismo tiempo, dejó claro que esperaba sexo oral de mi parte. Por lo visto, no entendía —o le importaba— su hipocresía.


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Desde entonces, he aprendido a mostrarme firme. Hace poco vi a un chico que me gustaba hace mucho tiempo porque vino de visita a la ciudad. Después de fajar un ratote, me preguntó si tenía un condón. Le dije que sí pero que me gustaría que primero me diera sexo oral, a lo que respondió: "Te lo hago cuando acabemos". No es la primera vez que me la aplican y casi siempre terminan "demasiado cansados" como para comerme. Le dije que prefería que lo hiciera antes porque así iba a ser más fácil la penetración y los dos salíamos beneficiados pero dijo que no. Así que me fui.

Por mucho tiempo, hemos permitido que nos nieguen en cunnilingus. Todo el tiempo escucho hombres que dicen "No es lo mío". Pero cuando una mujer decidió tener la misma actitud en torno a la felación, fue polémico. Si tengo que convertirme en la vocera del cunnilingus para que haya un cambio, que así sea.

Claro, también me he dado cuenta que negar sexo oral en un poco extremo, por lo que decidí romper mi propia regla. Hice una felación por primera vez en más de un año después de que un chico que me gustaba mucho me comió de una forma tan entusiasta que hasta consideré comprarle una medalla. No éramos novios pero en eso andábamos y él me daba la atención y el respeto que sé que requiero de mis parejas. Darle sexo oral fue muy diferente a las veces que lo he hecho a la fuerza para otros hombres. Disfruté complaciéndolo porque sé que él disfruta complacerme.

El sexo oral es un privilegio, no un derecho. Cuando los hombres empiecen a valorar el placer femenino, yo voy a chupar pitos sin quejarme. Hasta entonces, me voy a seguir quejando.

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