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Platicamos con David Duchovny sobre su nuevo grupo de rock

Ah, ¿cómo? ¿No sabían que David Duchovny tiene un grupo?

Fotos por Adam Bradley

El nuevo disco de David Duchovny, Hell or Highwater, es un capricho vanidoso de proporciones increíblemente modestas. Es como el Wildflower de una celebridad en una clara crisis de los cincuenta. Su mediocridad alcanza tales niveles que incluso llega a ser hermoso.

Ah, ¿cómo? ¿No sabías que David Duchovny tiene un grupo? La verdad no me sorprende, teniendo en cuenta el comportamiento tan impredecible del actor de 54 años. Basta con ver esa mirada misteriosa, traviesa y a veces de alguien completamente loco. O los papeles que escoge. Si alguien es capaz de pasarse años peleando con alienígenas por televisión en Los Expedientes Secretos X o de relanzar su carrera profesional encarnando a un Bukowski zarrapastroso y mujeriego en Californication, —sin mencionar sus papeles secundarios como un pachequísimo “hombre cabra” y un agente transgénero del FBI—entonces ¿qué nos haría pensar que no podría tomar una guitarra y arrancarle unos cuantos acordes?

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Por supuesto, eso no significa que su música vaya a ser algo muy innovador. En Hell or Highwater nos regala unos canturreos al estilo de un Tom Petty pirata, interpretando letras con metáforas del nivel de un niño de primaria, flanqueado por una banda del Berklee College of Music que hace lo que puede por no herir demasiadas sensibilidades mientras están de gira por el corazón de América, perpetrando progresiones de guitarra que recuerdan sospechosamente a los Wallflowers y marcando el ritmo con una percusión a compás de 4/4. Un camino muy transitado, desde luego, por el que no solo han pasado tantos músicos consagrados, sino también otros actores, como Billy Bob Thornton, Jeff Bridges, Tim Robbins, John C. Reilly…

Sí, la tendencia de hacer Americana parece ser un factor común en las personas de cierta edad, hasta el punto de que, mientras escribía este artículo, escribí por error "Jeff Daniels" en lugar de Jeff Bridges y, al hacer clic en Buscar, Google me reveló, oh sorpresa, ¡que hasta Jeff Daniels compone música folk!

Dicho esto, debo admitir que hay algo que distingue al Duque (un apodo que me acabo de inventar) de los demás: su refrescante sensatez. Estamos hablando de un actor famoso que no pretende sonar mejor apoyándose en grandes como T-Bone Burnett o Marc Ribot, como hizo Bridges en su álbum homónimo de 2011. Hablamos de un tipo que rehúye la solemnidad, a diferencia de Tim Robbins, de quien quedó meridianamente claro que no sabe cantar y que, pese a ello, se sale con la suya por ser el hijo de un reconocido artista de folk. No, amiguitos, Duchovny el músico es una humilde celebritad que toca canciones de rock con su guitarra porque, literalmente, es lo único que sabe tocar.

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"Es una muestra de mi muy básico conocimiento del instrumento", me explica. Atiende mi llamada desde su casa de Manhattan un miércoles por la tarde, semanas antes del estreno de su nuevo show en la NBC, Aquarius, y me explica qué le llevó a tocar música folk.

"Es la música de las raíces, la música del pueblo, ¿no? No es música académica, no te la enseñan en ningún sitio. Se trata de tomar la guitarra y aprender a tocar tú solo", explica. "Esas progresiones de acordes son propiedad de todos, parte de nuestra herencia. Alguien, en algún momento, escribió 'SOL-DO-SI', y ahora todo el mundo lo imita. Nadie puede reclamar la propiedad. Es una forma de música muy elemental, que es lo que soy capaz de reproducir por el momento".

Duchovny dio sus primeros pasos en la música a principios de la década de 2010. Según reportes de Grantland y Rolling Stone, el actor había llegado a un punto muerto en su carrera, coincidiendo con la ruptura de su relación con la actriz/productora Téa Leoni. Como tenían la custodia compartida de los hijos, Duchovny disponía de mucho tiempo libre para tocar su guitarra —una Martin Dreadnought acústica que compró por $3,000 dólares.

Para muchos, esta sonará a la típica historia de un ricachón entrado en años que busca vivir la fantasía de una estrella del rock. Pero Duchovny insiste en que no es su caso. "Ya estoy muy viejo como para ser de estrella del rock", afirma. "Los movimientos que puedo hacer con este cuerpo a mi edad son muy limitados".

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Más bien, él considera su música una forma de expresar su talento artístico. Como un nuevo papel que desempeñar y una nueva historia que contar.

"Es como si interpretara a un tipo que te canta canciones con sus propias historias y personajes, con su punto de vista. Una canción es como una película: tiene una estrofa, otra estrofa, un estribillo, un puente, una estrofa, etc. Componiendo estos temas aprendí mucho sobre cómo una canción se va creando como si fuera una película, una historia. Creo que todo está relacionado".

En Hell or Highwater, Duchovny asume claramente el papel del hombre común y corriente, pero destaca un aspecto sumamente duchovniano en los 12 cortes que componen el álbum: los valores liberales y las frustraciones propias de un actor famoso —así como su peculiar sentido del humor— se dejan entrever claramente en el himno anticorporativo "Positively Madison Avenue", en el que se mofa de Bob Dylan por aparecer en un anuncio de coches y arremete contra "voyeurs, críticos, blogueros, buitres" y empresas contaminantes que se corren en la cara de la Madre Tierra (quizá la mejor / peor línea de todo el disco).

Duchovny no tiene reparos en desnudar su alma y tocar temas más personales. Los sombríos acordes de "Stars" crean el ambiente para imaginar al actor tumbado, en solitario, a altas horas de la noche, mientras una única lágrima resbala por su mejilla y su mirada se pierde más allá del techo solar de su tráiler, pensando en lo mucho que se parece un antiguo amor a una estrella apagada cuya luz todavía brilla en el cielo porque se encuentra a miles de años luz de distancia. "Cuando un fuego se apaga", suspira, "¿por qué siguen revoloteando las chispas?".

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Hell or Highwater quizá no sea tan doloroso como la novela que el actor publicó recientemente —una farsa satírica de corte sociopolítico titulada Holy Cow que Michael Schaub, de la NPR, describió como "uno de los libros más incompletos y desganados que he leído jamás"—, pero tampoco tiene nada de especial. La verdad sigue siendo que quien escuche este disco lo hará por el nombre que lo rubrica. Estamos ante un típico ejemplo de arrogancia de superestrella, de un tipo que cree que es un profesional sólo porque dispone de los recursos para ello. Dicho todo esto, existe un resquicio de valor que podemos rescatar de Hell or Highwater. Las estrellas del cine y la televisión estadounidenses no dejan de ser personajes extravagantes a los que se critica e idolatra por igual, pero son personas, al fin y al cabo, y hacen cosas de gente común y corriente. Y nada deja más patente esa realidad que música tan aburrida como esta.

Duchovny lo reconoce, y afirma que nadie se sorprendió tanto como él mismo de que hubiera podido componer 12 canciones completas.

"No soy un músico profesional", reconoce. "Es decir, sé tocar la guitarra lo suficientemente bien como para componer unas cuantas canciones, pero no soy guitarrista. Es más, ni siquiera la toqué yo en mi disco. No soy lo suficientemente bueno".

Obviamente, Peter Holslin es muy fan del disco Californication, de los Red Hot Chilli Peppers. Síguelo en Twitter.