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Personas a las que nunca se les debería permitir ser DJ's

Algunas personas nacen con la habilidad para tocar las rolas correctas, otros nacen para cagar, confundir y matar el ritmo.
31.7.14

Atrapados entre navidad y el fin del verano, la mejor forma de matar el tiempo es con un poco de fiesta casera. Esas en las que a veces todo sale bien (mucho alcohol, cero policías) y a veces no tanto (poco alcohol, muchos policías), pero la música es lo que siempre transforma unos tragos tranquilos con tus cuates en un momento inolvidable que te recuerda el por qué de tu miserable existencia.

Algunas personas nacen con la habilidad para tocar las rolas correctas en una fiesta, las rolas que tienen sentido, las rolas que hacen bailar a las chicas. Mientras que otros realmente no tienen idea; son aquellos que nacen para cagar, confundir y matar el ritmo. No estoy hablando de aquellos que lo hacen por chingar; todos conocemos al güey que sólo saber usar Genius, y quizá algunos de nosotros somos ese güey.

Estoy hablando del DJ amateur que no entiende un carajo. Por suerte, siendo alguien que no sabe muchos de beats ni de ecualizadores, pero cuyo trabajo (no remunerado) como DJ ha hecho que los cadeneros le den la mano, sé una que otra cosa sobre prender una fiesta. También se lo que odio, y odio que los siguientes cabrones la hagan de DJ en mis fiestas.

DRUM AND BASS

Es la 1am, estás en la computadora de la fiesta en esa deliciosa noche de verano, las chicas se frotan contra las paredes, tienes puesto "Hypnotized” o Jean Jacques Smoothie o algo, todo va bien. Entonces, un vampiro del subwoofer aparece con su bronceado de aerosol que no ha tomado un solo trago, se acerca hasta ti y te balbucea: “¿Tienes algo de Pendulum, hermano?" Estas personas arruinan todas las fiestas a las que van.

Las personas obsesionadas con el drum and bass son el peor tipo de puristas; insisten en matarle la diversión a todo mundo porque su psicosis no les permite apreciar ningún otro tipo de música sin un breakbeat. Claro, un poco de Congo Natty o "Inner City Life" puede hacer estallar cualquier fiesta, pero las fiestas necesitan sus altos y bajos. El drum and bass es como viajar al mismo ritmo todo el tiempo; las cosas pasan sin que te des cuenta, las personas a las que te podrías haber agarrado se reducen a manchas expresionistas en tu memoria. Antes de que te des cuenta, es demasiado tarde. Los adictos al bajo te arrastraron a su vórtex de 160bpm, y no saldrán de ahí hasta la siguiente mañana.

BLOGUEROS

Hijo de puta, nadie quiere escuchar Alt-J en su cumpleaños. Ni siquiera los miembros de Alt-J quieren escuchar Alt-J en su cumpleaños. Pero siempre hay un cabrón (nunca es una chica) que quiere escuchar “sólo una canción” en la fiesta. La razón por la que quiere escuchar esta canción es porque está equivocadamente bajo la impresión de que lo hará verse cool. Cree que las orejas de la gente se levantarán como cuando tocan Beta Band en High Fidelity, que las chicas irán corriendo hasta él para preguntarle: “¿Qué es esta canción tan mágica con la que haz hechizado mi vida?” Y él simplemente contestara: “Alt-J", con la seguridad de un cabrón que sabe lo que dice.

Oh, que equivocado está. A este hombre sólo lo reciben las rodillas congeladas de todo mundo, confundidas por el abrupto cambio, antes de que sus dueños recuerden que tienen que ir a mear o a fumarse un cigarro. Este pendejo queda como ese hombre que cuenta un chiste que no hace sentido o el pobre cabrón que se cayó de su monociclo pidiendo dinero en la calle. Y sin embargo no puede dejar de ir a todas mis fiestas.

BASURA EUROPEA

Aceptémoslo, la época de Flaubert, Gainsbourg y Picasso ya quedó atrás en el viejo continente. Sus economías y el cambio climático los han encasillado en lo que los historiadores un día llamarán la “época Guetta”, o quizá “la época de Aviici". En algún momento de la vida, tener a un grupo de españolas en tu fiesta pasó de ser un atractivo sexual a una excusa para dormirse temprano.

Su acento mediterráneo podrá parecerte dulce, quizá sensual, al principio, pero realmente son igual que las demás. Primero que nada, les encantan las rolas de ex celebridades, y por alguna razón esto las vuelve locas. Terminarás con chupe de sus Desperados sobre tu laptop, alguien terminará todo rasguñado y no se irán hasta que se hayan acabado toda tu coca a la 9am.

GENTE EN KETAMINA

Mucha gente en todo tipo de drogas puede hacer muy buenas selecciones musicales. La gente en coca, por ejemplo, puede gravitar hacia un hip-hop más prendido desde un rap decadente como el de Rick Ross, o canciones de soundtracks de sus películas favoritas, en las que la gente consume mucha coca (Buenos muchachos, Boogie Nights, et al). La gente en MDMA y sus derivados siempre se van por el house eufórico (o Elliot Smith, si ya pasaron seis horas). Aquellos en ketamina por otro lado, son algo más. Parece que quieren escuchar los sonidos de sus pesadillas, la crisis de los ignorantes y gritos de desesperanza que complementen su osadía.

No hace falta decir que todos los que no están en ketamina no quieren escuchar esto en su fiesta, así que es mejor mantenerlos alejados del estéreo antes de que terminan escribiendo "Bruial Soth Lndon NBroughS" en Spotify y hablando de lo pequeños que se ven sus pies.

CUALQUIERA QUE HAGA SU PROPIA MÚSICA

No hay nada peor que alguien que para la música en una fiesta para decir: “Muchachos, muchachos. Esto es algo en lo que hemos estado trabajando en el estudio. Todavía no está terminada, pero esperamos que les guste”. Por lo general es un acto que viene acompañado de la carencia absoluta de humildad; es la versión del mundo creativo de tirar la toalla deliberadamente en el gimnasio.

Siempre diles que los bajos están muy fuertes. Les caga.

Sigue a Clive en Twitter: @thugclive