Una tribu perdida en el tiempo

Esta es la historia de Tribe 3, una de las bandas más enigmáticas y desconocidas en la historia del rock colombiano.
22 Julio 2016, 12:13am

Uno de los placeres más puros que puede tener cualquier melómano es rebuscar y descubrir música del pasado. Abrir el camino para que del olvido resurjan sonidos que encuentran su espacio en el presente, pese a que en su momento no lograron trascender. A nivel mundial tenemos ejemplos por montón: Los Saicos de Perú, que fueron “redescubiertos” por melómanos curiosos a finales de los noventas; el Grupo Oz y los Pankys de México; o The Mothmen y B.F.G. del Reino Unido.

Colombia no es un país exento de este proceso. Debido a los continuos vacíos en la historia de nuestra música, cada década redescubrimos algo que se nos fue quedando en el camino. En esta lista entran bandas del calibre de Banda Nueva o Columna de Fuego. Grupos a los que de cierta manera, se les ha ido restaurando su memoria, y de las que se puede encontrar música en YouTube o incluso algo de información en algunos blogs o páginas colombianas.

Hay un banda en los anaqueles colombianos que me genera un particular interés y es el caso de Tribe 3, o Tribu 3. Ya la mencioné en un artículo donde reuní varias bandas colombianas que podrían cumplir este perfil, pero hoy quisiera centrarme en este grupo del que a duras penas se encuentra información en Wikipedia y en un blog, donde la única afirmación sobre el grupo es esta: “lastimosamente hay cero información sobre este grupo en la Internet, apenas pude encontrar la portada del disco”. En Youtube solo estaba un video de ellos interpretando “Caribeñito”. Y ya. Pero, con el permiso de Mario García, uno de sus integrantes, pude subir el único LP que grabaron.

La banda estuvo integrada en un principio por Mario García, Mingo Lewis y Carlos “Caliche” Cardona (qepd). Se formó a comienzos de los ochenta cuando Mario, exbajista de Géne-sis, viajó a California, donde conoció a Mingo. Mingo era un percusionista muy virtuoso con una hoja de vida bastante amplia: participó en el disco Caravanserai de Santana de 1972, colaboró en varios LPs con Al Di Meola, Chick Corea y estaba en una banda de rock californiana llamada The Tubes, que incluso sigue activa. Se conocieron mediante Chepito Áreas –músico que también tocó con Santana-, echaron pola juntos, hablaron de música, jammearon e inevitablemente surgió la pregunta de siempre:

-¿Y si montamos una banda?

-Vale. ¿Con quiénes?

-Yo conozco un gran baterista en Colombia; se llama Carlos Cardona (exbaterista de los Flippers)

-Tú tocas el bajo, él la batería, yo podría tocar percusión y los teclados… necesitamos un guitarrista.

Hablaron primero con Neil Schon, quien también colaboró en Caravanserai. Sin embargo, él estaba ocupado en un proyecto llamado Journey, otra banda de rock californiana que para ese entonces estaba en auge. Nada qué hacer. Decidieron omitir la guitarra y quedarse únicamente con la melodía del piano.

Mario y Mingo viajaron a Bogotá, donde se reunieron con Carlos. Se metieron a tocar música, sintieron la química y oficialmente empezaron a existir bajo el nombre Tribe 3, qué significa la unión de las tres américas y todas sus tribus. Un guiño al interés que tenían por fusionar el rock con los ritmos latinos y el jazz libre.

No pasó mucho tiempo de ensayos para que tomaran la decisión de viajar a San Francisco con un solo objetivo: grabar un LP. En las sesiones de grabación estuvo presente Gustavo Arenas, personaje de hito dentro del rock nacional que lleva más de 40 años trabajando en pro del género y toda la cultura alrededor del mismo.

Tanto Mario como Gustavo cuentan que el grupo entró a grabar sin nada en mente. No tenían temas pensados, ni maquetas, solo horas y horas de improvisaciones en la cabeza con las que pensaron era suficiente para materializar todas las canciones que iban a conformar su primer trabajo.

Para darle más fuerza al disco, invitaron a Mel Martin, un saxofonista gringo que les ayudó con la parte de los vientos. Cual ritual espiritual, en los primeros días de grabación Mel puso sus instrumentos en el suelo formando un semicírculo y, tímidamente, puso una pipa de marihuana en la mitad. Luego les preguntó a los demás si les parecía bien, a lo respondieron con una carcajada y le dijeron: “¡Claro!, ¿entonces para qué alquilamos el estudio?”.

Mario recuerda que un día en el estudio, mientras Gustavo leía el periódico con unas gafas oscuras al lado del ingeniero de sonido de apellido Gordon -al que le decían Flacon por lo flaco que era- Mingo se le acercó y le dijo:

-Watch out, man.

-¿De qué hablas, Mingo?

-Ese Gustavo, con la chaqueta negra y las gafas de sol mirando el periódico… parece un espía.

-¿Qué?

-Ese man parece un espía… Spy Man!

-Spy Man!

Y fue así que por un chiste medio paranoico de Mingo, surgió Spy Man, uno de los temas de ese álbum.

En total fueron 36 horas continuas de grabación, divididas en dos sesiones y el tiempo que demoraron en terminar la mezcla. El siguiente paso fue enviar las cintas con los siete temas que habían grabado a Sonolux en Medellín, donde les prensaron el disco con sólo cinco canciones. Según Mario, las dos que cortaron eran las más rockeras y lastimosamente le robaron las cintas originales hace unos años, así que nunca las podremos escuchar. Que esos dos temas omitidos fueran los rockeros no era coincidencia y correspondía a la triste realidad de la industria discográfica colombiana a mitades de los ochenta, donde predominaba lo tropical y lo bailable.

Por su parte, la portada del LP fue tomada en un búnker de San Francisco, construido en la Segunda Guerra Mundial por el temor a que los japoneses atacaran el occidente. Una fotografía en la que se ve a Mario, Caliche y Mingo detrás de unos barrotes con dibujos tribales en la cara y con un fuego ardiendo frente a ellos. La propia Tribu 3.

Antes de que el disco saliera a la luz, se quedaron un rato en San Francisco, tocando en bares, fiestas. Su trabajo debut se publicó en 1984 y a su regreso a Bogotá tocaron en bares y teatros, tratando de promocionarlo como podían. El disco, si bien no sonó mucho en la radio y comercialmente no fue un éxito, si fue muy bien recibido entre los críticos y músicos de la época.

Tristemente, y antes de que lograran disfrutar de los frutos de su talento a pleno, la tragedia llegó al grupo. Mingo enloqueció en Bogotá por los excesos y se apartó abruptamente de la banda. Fue una pérdida gigante pero ni Mario ni Caliche se querían quedar mirando al piso porque veían en Tribe 3 una propuesta fresca: ¿quién, antes de ellos, había fusionado la salsa, el rock y el free jazz en Colombia? A principios de 1985 llamaron al ex-Crash Ernie Becerra para que tocara la guitarra, Carlos Álvarez (Malanga, Terrón de Sueños, entre otras) para la percusión y el barranquillero Álex Martínez para el piano y la voz.

Con esta alineación, ensayaban en la casa de Mario entre tres y cuatro veces por semana. Lograron tocar en lugares como el Coliseo El Campín, el Teatro La Comedia, Keops y en el Parque Nacional, donde fue su última presentación ante un público. En una entrevista realizada por Armando “El Chupo” Plata en el programa Hablemos de Música de la cadena Caracol, Ernie cuenta que una de sus mejores experiencias musicales fue tocar con el jamaiquino Freddie McGregor luego del toque de Keops. En sus propias palabras, “vimos gente de toda clase y de todas las edades. Gente joven, gente vieja, gente zanahoria, gente pila. Fue muy bonito porque la imagen del rock n roll es de pura gente peluda y marihuanera, gente dedicada a la drogadicción. Nosotros queremos presentar una imagen musical distinta. Nosotros tenemos muchos problemas sociales en nuestro país y yo creo que la música es una de las mejores formas para calmar esas energías negativas. El mismo gobierno no ha apoyado esto, no se ha dado cuenta de que, a través del arte masificado, podría crear más paz que un discurso cualquiera que, a la hora del té, son puras mentiras”.

Esta nueva formación de Tribu 3 grabó cuatro temas con Discos Fuentes, de los cuales solo sacaron dos. En el lado A del 45 estaba “Caribeñito” y en el otro, “Eres tú”. Recordemos que lo que querían las disqueras colombianas de esta época era lo tropical, por lo que lo demás que habían compuesto -que incluía un latin jazz muy denso a lo Santana setentero- fue descartado.

La corta vida de Tribu 3 llegó a su fin en los últimos años de los ochenta cuando Mario y Ernie se fueron del país. Los demás siguieron su rumbo aparte y el nombre de Tribu 3 se fue mezclando lentamente con el triste gris del olvido.

Aún así, Tribe 3, por lo que me dicen los que la presenciaron alguna vez, era una banda increíble y los que mejor representaban el latin jazz en estos territorios. Sus toques eran algo místico, con largas, intensas y violentas improvisaciones que ponían a viajar a más de uno. Su efímera existencia también refleja esa ingratitud de algunas discográficas con el rock que, si bien en los ochenta estaba siendo un poco más abierto que en los setenta, no era suficiente con la calidad que acá nació con las funciones de Bill Hayley en Colombia. Por último, ellos son víctimas de la precaria memoria del rock colombiano.

Nuestro país, por no hablar de toda Latinoamérica, sufre de un grave alzheimer en cuanto al rock. Claro que podemos encontrar bastante información de los Flippers y los Speakers, ¿pero sobre los demás? ¿Por qué será que no sabemos ni la mitad de lo que deberíamos saber de bandas como los Ámpex, los Wallflower Complextion, Ship, entre otras? Por ahí dicen que el colombiano es ingrato con su pasado, ¿pero será falta de interés? ¿de información? ¿o de ambas? No sé la respuesta, solo sé que cada vez más las nuevas generaciones la tienen más difícil para conocer la historia del rock criollo. Pero vamos por ella.