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Rock and roll, chicas pin up, pogo y bailoteo, estuvimos en el Hot Rock Fest IV

Una noche con los vientos de Tennessee, las llamas Infierno, la historias de terror y la crudeza del garage.

Mientras se escapaba la tarde en Bogotá y dentraba la noche, en el Psycho Museo Café empezaron a llegar los vientos de Tennessee, las llamas del mismísimo Infierno, las historias de terror y la crudeza del garage. Una pequeña exhibición de motos clásicas iba dándole la escenografía a lo que se venía. La pista fue impregnada por un hedor de cerveza, de guaro, de vino en cartón, de Jack Daniels. Los amantes de la noche fueron llegando con sus zapatos bien lustrados, con sus chaquetas de cuero y con sus tatuajes old school. Rosie, la remachadora, la figura que representó las mujeres trabajadoras de EEUU durante la Segunda Guerra Mundial, reencarnó en varias de las chicas presentes. Con pantalones y camisa cincuentera se empezaron a tomar el lugar. El blue grass, el rockabilly, el psychobilly, el garage y el punk hacían mover los peinados que adornaban la pista de baile: las crestas, las capules, el pompaduor, el omelet fold, el Ringle curt. La cuarta edición del Hot Rock Fest había empezado.

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La unión de épocas, de sonidos y de estéticas hicieron de esta noche un popurrí perfecto. Arrancó Calavera Roja con su bluegrass, que despertó nuestros deseos de golpear duro el suelo mientras la garganta recibía unos buenos sorbos de Bourbon. Este dúo, con un banjo y una guitarra, empezó a despertar el espíritu de la noche. Y hay que ver la forma de interpretar en banjo: los dedos dejaban estela. Siguieron los Tucos que con su spaghetti rock and roll, rindieron un homenaje a aquellos vaqueros cinematográficos del western. Un homenaje que además aterrizó en tierras latinas cuando tocaron un maravilloso cover de “Daniela”, la canción de los Hispanos. El click mental donde se unieron dos mundos. Luego Billy Garage y Los Esqueletos entregó unos teclados tétricos y unos riffs que obligaron a la gente a mirar sus pies para coordinar la rapidez con que estos se empezaron a mover de lado a lado. Casi por obligación.

Y una pausa. Las chicas Pin Up se tomaron la tarima para un concurso que en el 2016 premiaba la estética de la mitad del siglo XX. Los rockeros también aprovechaban para subir y encontrarse con la agujas de la rayatón. Nuevos tatuajes old school dibujaron los brazos y piernas de los presentes.

Además, entre banda y banda nunca se dejó que el silencio recuperara su lugar. Era una noche de ruido. El Pulpo Pincha-discos, Beto Billy, Rocket, Karen Cáceres , Bocadillo Wild, Nico77ina, Mortis y otros nos llevaron por un viaje que, además de contar con los clásicos como “Surffing bird”, nos dieron un paseo por el garage de los 60 con The jolly green Giant, con el surf de Adrian Lloyd, con el rock nacional de Los Yetis, con el garage peruano de los Yorks, con el surf japonés de Takeshi Yerauchi.

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Y la parranda siguió. Salidos de la Cripta salió a defender su lugar en la historia del rockabilly de este país. Como hacedores de escena, como un grupo que con el 666 en la frente han sabido dar forma a un movimiento y apropiárselo, levantaron los pies y los puños para un pogo que solo arrojó golpes de placer. Luego Cowboys from Hell, que está alcanzando cada vez un punto más álgido, se botaron al ruedo con canciones nuevas, reventones desde que cabalgan desde el Infierno y que, además, nos preparan lo que se viene: su primer álbum –lo esperamos con ansias-. Por último Los Neuronas, las leyendas del Garage bogotano, dieron la estocada final a una noche que estuvo endemoniadamente perfecta.

Aquí algunas memorias.

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