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​Sexismo, engaño, y poder: los mecanismos corruptos que se esconden detrás del pop moderno

Platicamos con John Seabrook, el autor de 'The Song Machine: Inside the Hit Factory', sobre los poderes encubiertos en la industria musical, la desigualdad de género, la guerra que se avecina en la industria tecnológica, y sobre cómo el pop ha mutado en 2
22.2.16

El pop moderno se encuentra en una encrucijada. La audiencia es más exigente que nunca con las listas de los 40 principales, los hits vienen y se van en un abrir y cerrar de ojos, los memes tienen mejor vida que los singles, y álbumes que llevábamos años esperando están #terminados al cabo de dos semanas de su lanzamiento. ¿Cómo se lo hace la industria para seguir el ritmo de esta supuesta evolución constante de la música pop, un mundo en el que se puede pasar de elogiar a Macklemore a pedirle educadamente que desaparezca lo más pronto posible? ¿Quién decide qué hace que una canción sea un hit y cómo se crean? ¿Quién está recibiendo todo el dinero que Samsung se gastó en ANTI? ¿Y por qué demonios, en 2016, aún tiene Lady Gaga que denunciar que la industria es un "puto club de hombres"?

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A mediados de 2015, el escritor de la revista New Yorker, John Seabrook, escribió un libro revelador titulado The Song Machine: Inside the Hit Factory (La máquina de hacer canciones: La fábrica de hits desde su interior) sobre los mecanismos empleados tras bastidores para crear tus temas de pop favoritos. Viajando de Nueva York a Los Ángeles, y desde Estocolmo hasta Corea, Seabrook traza el camino desde los orígenes del pop moderno a sus más versiones más contemporáneas, a través de anécdotas obtenidas de primera mano, y pasando una tarde en el estudio con Max Martin. El resultado es una enloquecedora inmersión en lo oculto, y en el tremendamente injusto proceso que hace que los rankings como Los 40 principales funcionen de igual manera que una fábrica de iPhones.

Buscamos a John para que nos pusiera al día sobre los poderes encubiertos en la industria musical, la desigualdad de género, la guerra que se avecina en la industria tecnológica, y sobre cómo el pop ha mutado en 2016. También reflexionamos un poco sobre la genialidad de Fetty Wap.

NOISEY: Hola John. Una de las cosas que me fascinó de tu libro fue el cómo expone la existencia del patrón de hombres manipuladores que acechan a la mayoría de estrellas de pop femeninas. De Lady Gaga a Ariana Grande, hemos oído muchos testimonios valientes que subrayan el sexismo en la industria, pero ¿qué tan feo se pone tras puertas cerradas?
JOHN SEABROOK: Hay mucha desigualdad de género, por supuesto, probablemente más desigualdad de género que desigualdad de raza. Por ejemplo, normalmente ocurre que los hombres tienden a ser los productores y las mujeres tienden a ser las compositoras del estribillo. O sea que tienes a hombres (productores) y a mujeres (compositoras de estribillos) y la manera en cómo se plantean y se llevan a cabo las sesiones, es que los productores -los hombres- reservan el estudio y los sellos les acostumbran a pagar por hora. Mientras que a las mujeres —las compositoras de estribillos— sólo se les paga si sus canciones son elegidas. La mayoría de canciones no acaban grabándose. De modo que todo el tiempo que se pasan el en estudio trabajando en canciones que no terminan grabándose es, básicamente, tiempo por el que no se les paga. Mientras que en cambio a los hombres siempre se les paga, tanto si las canciones acaban en un disco, como si no.

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¿Crees que a las mujeres se les limita a tener sólo el papel de compositoras porque se les sigue dejando a segundo plano?
Completamente. En mi libro hay una anécdota sobre Clive Davis y Kelly Clarkson que es el ejemplo más puro que ello. Hay un punto en que Kelly dice que para un tipo como Clive Davis es inconcebible que una chica pueda cantar y escribir canciones. Esa no es una suposición que se haga con los hombres.

Entonces, ¿qué poder tiene la mujer compositora?
Lo irónico es que ahora mismo los compositores son más importantes que nunca en el proceso. Los artistas mainstream cada vez escriben menos de sus canciones. Pero a pesar de eso, al adentrarnos en el mundo del streaming, vemos que se está jodiendo por completo a los compositores. Con el declive en la venta de discos, pierden los derechos que cobrarían automáticamente de la venta de álbumes, y además, con el cambio de radio terrestre al streaming, la cantidad de dinero que se obtiene es mucho menor.

¿Se trata simplemente de una consecuencia desafortunada o crees que es intencional?
Las discográficas hicieron estos tratos para poder quedarse con la mayor parte del dinero, y a los compositores, que en toda la negociación no tuvieron ningún tipo de poder político, se los cepillaron. O sea que la paradoja está en que los compositores son increíblemente esenciales en el proceso, y sin embargo son tratados como si no valiera la pena pagarles. No sé cómo acabará todo esto, pero si los compositores no pueden permitirse escribir canciones, el negocio entero se derrumbará.

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Cuando estuviste con los productores Max Martin y Dr Luke, ¿eran conscientes de la disparidad entre los roles masculinos y femeninos?
Desde luego que actuaron como si lo estuvieran cuando les pregunté sobre el tema. Pero cuando salió todo lo de Kesha yo ya había estado con Dr Luke, y no hubo ningún tipo de seguimiento sobre la cuestión. Gran parte del tema es sólo por dinero. El negocio de la música no es como mucho otros negocios creativos, ya que en él hay muy pocas prácticas establecidas y estándares éticos.

La industria del cine, del libro, de la tele, todas ellas tienen unas directrices bastante bien establecidas sobre cómo comportarse a la hora de crear una peli, un proyecto televisivo, o un libro. En el negocio musical, eso simplemente no existe – todo es poder y chanchullos. La única ética existente es: toma lo que puedas.

El porqué es así tiene que ver con el hecho de que históricamente esto nació de un crimen organizado en que se timó a los artistas negros, que no entendían el valor de lo que publicaban, y a los que por muy poco dinero se les quitó sus derechos de autor. Esto acabó haciendo ricos a toda una pandilla de hombres blancos, y se ha convertido en el cementerio embrujado sobre el que todo el negocio se ha construido. Cuando llega la hora de la verdad, se tiende a volver la actitud primaria de "te joderé antes de que puedas joderme a mí".

El auge de Soundcloud, los servicios de streaming y la accesibilidad a la tecnología para producir, ¿han cambiado la distribución del poder en algún modo?
La respuesta a eso es muy extraña. Parecería que todas estas tendencias están democratizando la industria, pero lo que realmente ha ocurrido con esto es que las grandes discográficas han reaccionado creando un sistema que sólo los grandes sellos podrán controlar.

Fíjate en el auge y ascenso de todos estos "súper productores" – son tipos que sólo las grandes discográficas pueden permitirse contratar. No podría ser más despótico. Y en cuanto a cómo las canciones se hacen camino en el mundo, un aspecto sobre el que las discográficas siguen teniendo mucho control es la radio terrestre, concretamente emisoras comerciales como Los 40 principales. De modo que centran sus recursos en el tipo de cosas que sólo ellos pueden hacer.

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En tu libro mencionas que la industria tecnológica podría jugar un papel muy importante a la hora de reequilibrar las reglas en la industria musical. ¿Cómo?
Ahora mismo, la industria tecnológica y la de la música están en guerra. La industria tecnológica tiene unos valores totalmente distintos, muchísimo más transparentes. Reparte según los datos: se puede mirar y decir "Esta persona merece esta cantidad de dinero y esta merece esa". Tiene un sentido racional. Pero en la industria musical el sistema de contabilidad de las grandes discográficas no podría ser menos transparente.

Casi nadie llega a ver el extracto que dice lo que cobran de derechos de autor y nadie podría realmente entenderlo sin un equipo de abogados. Están luchando desesperadamente para mantener esa opacidad, ya que les permite llevarse dinero de la caja y obtener dinero que no llega a ser repartido al artista. Esa es la guerra de los mundos que se va a luchar durante los próximos 20 años. Creo que la industria tecnológica se impondrá, ya que es difícil esconder datos debajo la alfombra, pero por el momento la industria musical lo ha estado luchando muy bien.

¿Qué crees que la gente quiere ahora de la música pop?
En el libro hay una cita de alguien que dice "En realidad todo esto es puro amor y fiesta". En realidad a la gente le gusta oír el pop tal como se presenta y no siempre esperan que exprese mucho más que eso, pero creo que ahora esto está cambiando. En términos de género musical, a medida que toda la música parece irse mezclando, parece que el pop está madurando un poco y empieza a hablar de temas más adultos.

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Lo que sí aprendes en la industria musical es que hay mucho miedo. Nadie sabe del cierto porqué funciona. Se reconoce el mérito pero en el fondo nadie tiene ni idea de porqué una canción ha empezado a tener éxito. Creo que por eso el impulso natural ha sido hacer lo mismo una y otra vez, y esa es una de las grandes razones por las que el pop mainstream, hasta ahora, no haya cambiado.

Es obvio que la radio tiene una influencia inmensa en el pop americano. ¿Crees que es igual en Gran Bretaña?
En Gran Bretaña lo tienen montado de manera completamente distinta, y lo tienen parcialmente subvencionado. Creo que no les llega el mismo nivel de música con fines puramente comerciales que nos llega a nosotros. Si en los EUA te pasas una hora en un coche, vas a oír las mismas 5 o 6 canciones repetidas unas 3 o 4 veces durante el curso de una hora. Es un ataque despiadado del top 10 de canciones, y la lista parece hacerse más y más corta a medida que incrementa el número de repeticiones.

Uno de los temas del libro es que compositores y productores están empezando a crear canciones para estas listas repetitivas, de manera que no importa si un tema te gusta o no la primera vez que lo escuchas, porque sí que te va a gustar la quinta vez, cuando tengas el gancho incrustado en el cerebro.

Pero no es que esté funcionando del todo. Hace muy poco, en las listas americanas en las cinco primera posiciones había dos artistas canadienses y dos británicos – tenemos un sistema que se mueve con fines casi totalmente comerciales, pero de hecho, muchos de los artistas que están más arriba no son americanos. Creo que lo que esto nos dice es que aún se necesita esa creatividad y ese pensamiento realmente original que sólo puedes obtener en un entorno menos comercial, como Gran Bretaña o Canadá. Suena más fresco y más auténtico.

Actualmente hay una presión, que va en aumento, para que las estrellas del pop estén más politizadas. ¿Crees que eso preocupa a los sellos?
Obviamente la gente como Nicki Minaj, que encuentro genial, esta más dispuesta a hablar cuando se encuentran con cosas como el racismo o la desigualdad económica. Pero con gente como Katy Perry – con la imagen que se ha construido de Katy Perry – es difícil abordar estos asuntos porque eso podria dañar su imagen pública de chica 100% americana y hacerla menos amigable para el pop.

Sin embargo, Rihanna es un ejemplo interesante. Probablemente podría hablar más de estas cuestiones sin que esto perjudicara su imagen, pero no lo hace, y no sé si se debe a que no quiere meterse en temas políticos o qué. Creo que su trascendencia aumentaría si hablase más de temas cómo los que toca Nicki Minaj, pero no sé si se trata de la gente que la rodea o de qué, pero estaría bien oír algo más por su parte.

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¿Y qué va a ocurrir ahora?
El fondo de la cuestión de todo lo que se toca en el libro es el poder. Gran parte del poder aún se concentra en las manos de unos cuantos, pero al mismo tiempo se están dando todos estos cambios tecnológicos que parecen estar empezando a erosionar ese poder.

Gran parte de ello dependerá de si los servicios de streaming empiezan a reemplazar el dinero que se ha perdido con la compartición de archivos; ahora mismo no parece que se estén atando muchos cabos. Una vez que veamos eso resuelto, quizás veamos cómo se dan los grandes pasos y el cambio real. Pero ahora mismo parece que lo único que están haciendo es aferrarse a lo que tienen, esperando que no se les escape.

Una última pregunta: ¿quién es tu estrella del pop favorita ahora mismo?
Me veo volviendo a Rihanna una y otra vez. Pero también a Fetty Wap – la gente piensa que está muy lejos de todo esto pero ese tipo es una estrella del pop. Y es un artista de verdad. Del top 10 de canciones de los EUA de 2015, "Trap Queen" es la única que fue escrita por el artista mismo. Ningún co-compositor. Fetty Wap es el único cantante-compositor real en términos de vieja escuela. A él, y a la gente a quien él ha inspirado, los veo cómo aquello realmente interesante en el pop ahora mismo.

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El libro de John Seabrook The Song Machine: Inside The Hit Factory se encuentra ahora en librerías.