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Respetos para Javier Estrada

En tiempos de DJ’s que viajan en sus propios jets, se quejan por todo y cobran miles y miles de yenes por presionar dos botoncitos y tirar ponqués al respetable, encontrarse con uno de verdad es casi motivo de venia.
21.3.14

En tiempos de DJ’s que viajan en sus propios jets, se quejan por todo y cobran miles y miles de yenes por presionar dos botoncitos y tirar ponqués al respetable, encontrarse con uno de verdad es casi motivo de venia. Y cuando digo de verdad, me refiero a talento musical más que a brillo de diamante. Durante un viaje reciente a Monterrey me crucé con el local Javier Estrada, un chico cualquiera de 27 años que, lejos de todo spotlight y desenredado de cualquier maquinaria de la “industria musical”, viene siendo como la antítesis a toda esta movida del EDM. O más bien, encarna el EDM del barrio latinoamericano. Había escuchado hablar de él por ser uno de los pioneros en aquello de mezclar electrónica contemporánea con aires prehispánicos. Sí: prehispánicos. Máster de una técnica furiosa y dinámica pulida durante años de práctica como maestro de ceremonias de matrimonios y quince años en su regia natal, este fértil productor (es de los que hace 18 discos y 32 remixes en una noche) de andar humilde, cuerpo gigante y actitud tan amable que provoca ganas de darle un abrazo de oso, se las trae. Dicen que en un solo set puede mezclar hasta 700 canciones de todos los géneros habidos y por haber, especialmente de la onda tropical bass. Los que han presenciado sus fiestas concuerdan en afirmar que bajo su comando, la pista se pone en llamas. No en vano, es protegido de muchos grandes liga como Diplo y Skrillex.

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Y claro: es que todos quieren con él.

Aquí el viejo Skrillex rindiéndole tributo a su ídolo Javi.

Vice: Javi, ¿cómo arrancó este rollo de explorar el tema prehispánico en la música?

Cuando tenía 12 años viajé con mi familia a las pirámides de Tajín, en Veracruz, en plan turístico. Quedé impresionado. Desde ese día estuve pensando: “¿cómo era su música?”. Luego llega la internet y pues básicamente lo primero que busqué antes de buscar porno como cualquier otro niño, fue como eso de cómo vivían los aztecas, los mayas, todas estas culturas. Entonces lo que es la cultura prehispánica nacional me lleva a la cultura andina, a Chile, Bolivia, Perú, y eso me lleva después a los indios nativos americanos, canadienses, razas de Chihuahua, de Nuevo México, todo eso. El irme empapando de todo esto tenía que salir de alguna manera. Yo desde muy niño siempre había querido estar en la música. Yo decía: “Güey, ¿qué pedo? ¿Por qué si es tan importante para nosotros no lo vemos? ¿Por qué no vemos lo que hay en ese pasado? ¿Por qué no sale?”

¿Pero fuiste encontrando música de entonces hecha por intérpretes modernos?

Cuando fui a esas pirámides yo me traje dos discos de música prehispánica, aunque los perdí en algún momento. Pero luego busqué y me di cuenta que hay sonidos que yo puedo interpretar sacando de toda esta información que fui buscando. De ahí comencé a sacar fusiones con beats electrónicos.

¿Y cómo son los ritmos prehispánicos?

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Vaya, es muy difícil decirte la forma. Pero… mira, te comento: yo por ejemplo no consumo nada, ni siquiera alcohol, pero tal vez al escuchar todo este tipo de ritmos entro como en un tipo de… no se cómo explicarte.

¿Trance?

¡Ajá! Sí, trance, que automáticamente empezó a salir solo. Como que dices “Todo esto lo traes encima, se te queda”.

¿Como un tema de memoria celular o algo así, información que ya traes en el ADN?

Sí. Yo siempre digo eso. Que eso ya viene en el ADN. A mi el ritmo me llegaba solo, automáticamente, no era algo que yo buscara mucho ni me imaginara, solo salía. Totalmente. Era sacar uno o dos track diarios. El primer EP que saqué para Mad Decent, que fueron seis rolas, salieron en un día. Y fue un EP de nativo americano. Así comenzó la travesía. Para mi es algo muy muy cabrón.

¿Pero cómo era la música de ese entonces?

Es difícil de explicar, pero he investigado como qué gritos o qué tonos se usaban…. siempre eran tonos altos o medios altos, había tambor y flautas. Eso era lo principal. Y tipo maracas, artesanales. Era muy ritual.

¿Qué tan fieles son estas recreaciones de música prehispánica que haces frente a lo que se hacía en ese entonces?

No es real 100%. Por ejemplo, en aquel tiempo todo era muy a destiempo. No como ahora. Obviamente ya el trabajo de uno es hacerlo a un tiempo, acomodarlo. Pero en ese entonces sí era a destiempo. Como se daba. Muy chingón. Y obvio, no había electrónica…

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¿Tú fuiste el primero que arrancó a hacer electrónica prehispánica?

No, estaba primero Ricardo Reyna, DJ Sobrino, DJ Pena… los que le entraron áspero con ondas cubanas, con el tema de la santería. Pero yo me enfoqué en lo prehispánico. Ellos se movían mucho con lo afro. Yo ya entré por otro lado.

¿Quién te descubrió?

Lo prehispánico, Generation Bass. Ya a nivel mainstream, el Diplo. O sea, no me descubrió realmente, porque yo alguna vez le mandé un mensaje y él me respondió algo tipo “Eres uno más”, pero luego escuchó algunas canciones mías y se dio cuenta de lo que realmente estaba haciendo. Entonces mandó un Tweet y automáticamente la gente empezó a caer. Yo he sido siempre enemigo del spam, de estar diciendo “Ey, escúchame”, a mi eso no me funciona, la gente fue llegando.

¿Y estás tocando mucho?

No como quisiera por cuestiones de trabajo y de salud. Ahora estoy un poco alejado. Hace un año y medio me caí y me golpeé la espalda, duré un tiempo sin caminar, fue muy difícil güey. Ahora estoy muy enfocado en trabajar. En ese momento abrí los ojos y dije: “Javier, le estás dando todo tu tiempo a la gente y no te estás dando tiempo a ti”, por lo cual, a raíz de eso, regresa mi novia de un viaje, pensamos como en casarnos, dejo las redes sociales por completo… y tampoco es que esté escuchando lo más nuevo. Sin embargo siempre trato de estar lo más actualizado posible.

¿Qué es lo último que oíste que te dejó loco?

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Tuve el chance de tocar con Flosstradamus y con Bauer en Nueva York y me enamoré de su música. Luego empecé a trabajar con artistas de la movida fuerte de la música nativa canadiense, por lo que empiezo a crear lo que es el “trap nativo americano”. Y ondas ya más poperonas, con cumbia, un poquito ya más mainstream.

¿Y esta onda sonidera de Monterrey te ha inspirado?

Sí, pues yo comencé por eso. Hasta la fecha yo toco en bodas y quince años. Tocar en un quince años es poner cumbia colombiana, vallenato… aquí no más está la Colonia Independencia, que la llaman “La Colombia Chiquita”. Es muy interesante. Yo me enamoré de la música colombiana, de la cumbia, al hecho de hacer fusiones de cumbia con dubstep, con moombahton, todas esas cosas. La cumbia es el mejor género que existe para mi. Y te voy a decir por qué: a mi punto de vista, es el género que más puedes mezclar con cualquier cosa, no existe un límite para la cumbia, lo he dicho y lo diré siempre.

Sí. Es una música con un linaje muy rico, lo que la hace muy inteligente. Sangre indígena, blanca y negra.

Y tiene mucho sabor, entonces es imposible que la persona más fresa te diga “Yo no bailo cumbia”. Es imposible. ¡Te va a mover los pies güey! Y eso es de lo más importante.

¿Entonces tocas en bodas?

Sí, mañana toco en una. Trabajo en un salón de eventos. Tengo siete años trabajando ahí.

¿Y qué pones?

Ah pues de todo, desde cumbia tropical hasta electrónica.

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¿Pero con tu estética de cambio rápido?

Sí. Cuando son quice años trato de utilizar mucho más del mainstream. Reggaetón. EDM. Todo esto. De lo más mainstream posible. Es bien interesante porque se aprende mucho. Ahí comenzó todo. Mucha gente me pregunta: “Güey, ¿por qué siempre te subes a tocar con una computadora?”. Y la respuesta es que mi velocidad de cambio es tan rápida a la hora de un set que una canción no me dura más de un minuto. No me conviene ni es muy fácil para mi estar mezclando 20 rolas en una hora. Para mi es horrible. Me es muy difícil. Además no puedo manejar un solo género en un set.

¿Por qué géneros pasas?

Empezando por el twerking, el moombahton, el electro, el dubstep, el trap, el drum n bass, el 3ball y demás. Y luego vuelvo a bajar y luego subo y luego vuelvo a bajar y luego subo y así. No me es fácil llevar una sola línea. No me gusta y no aguantaría. Para empezar, date cuenta que la mayoría de los DJ’s de hoy son puro show. Es como “Ay güey, parece que estuvieras picando pero en realidad, ¡no estás haciendo nada!”. ¿Yo para que voy a ir a hacerme pendejo o hacer pendeja a la gente haciendo como que toco algo que no estoy tocando? Eso no me gusta. Conmigo se trata más de unir todos estos puntos, agarrar una computadora y decir: “Güey: soy un vato jodido que viene a hacerte bailar y ya. Se chingó”. Y punto. No hay más. Ese es el punto. No busco más. Si son 10 personas, te lo voy a tocar. Si te veo bailar, soy feliz y se acabó. Y he ahí donde está el punto. Este tipo está haciendo esto por amor.

Escucha más del viejo Javi por aquí.