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Managers y bandas: tantita madre, por favor

El sexismo y la misoginia, por desgracia, siguen siendo demasiado frecuentes en la música independiente. Acá una reflexión de quien la ha sufrido.
10.6.16

ilustración, Sara Pachón

Somos seres sociales. Y ni siquiera hablo de amor: es totalmente normal encontrar otro ente social por el que te sientes atraídx en el trabajo. Ligar en la chamba no es exclusivo de la oficinas, no sólo pasa mientras te tomas un café en la copiadora. En la industria de la música es una actividad muy común (pero nunca obligatoria) mientras te encuentras lubricando una propuesta colaborativa con una cerveza en algún bar del circuito Roma-Condesa.

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Se puede pensar en el sistema editorial musical como el hermano “con onda” del sistema editorial en general; sin embargo, al ser un “sistema” eventualmente terminas por adoptarlo como tal y, para cuando te das cuenta, quedas absorto en compromisos los martes en la noche y los sábados en la mañana. Acá también puedes trabajar un chingo y cobrar muy poco (o nada): lo que en una oficina sería terminar una entrega para que nunca sea revisada, acá es similar a llegar a una entrevista (previamente agendada) y que ésta no suceda porque la banda ya está hasta el dedo (o simplemente no quiso) y pues ni modo, ahora regresa a casa en martes a las 12 de la noche, sin entrevista ni nada con qué responder a tu editor.

La realidad es que demasiada fiesta deja de ser padre cuando la gente piensa que puedes vivir de eso y te tienes que “aguantar”. La realidad es que está imposible pagar la renta con notas de bandas que (por ahora) sólo tú conoces. Esto se debe, principalmente, a que muchos medios digitales (Noisey no es uno de ellos, ¡gracias a Dios!) consideran que el hecho de darte la maravillosa oportunidad de escribir para ellos (que en cualquier momento puede desaparecer), es paga suficiente… ni hablemos de los accesos a “conciertos gratis”, mismos que podemos entender como “tocadas” en lugares másomenos bien; los eventos chidos, obvio, son de los editores. Dulces editores. Yo, por lo general, me he encontrado con puro ángel y uno que otro forever chavorruco que te invita a salir cada que le mandas una propuesta de nota. Sí es un tema de sexismo: si fuera hombre, probablemente ese editor que siempre me invita a salir, no me pelaría o me diría: “No sabes escribir, sácate de aquí”. Pero no, a mí me invitan a salir. Para ellos un “no” es suficiente, principalmente porque no tienen el ego tan inflado (ni el físico que lo permita) como los miembros de algunas bandas o algunos cantantes.

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Hablemos un poco de los fenómenos “banda” que me revienta los ovarios: “Oye, vamos a sacar un video nuevo, ¿hacemos una nota? ¿quieren la EXCLUSIVA? ¿hacemos una entrevista?”, para de pronto desaparecer entre la muchedumbre una vez publicado el material de su interés. Fenómeno tan común que pasa desapercibido pero no por eso se vuelve correcto: ¿por qué las bandas/managers no se toman realmente en serio el tiempo de las demás personas? Es igual que te citen en un café, un bar o una oficina, la formalidad debería ser la misma. Respetemos el tiempo de los demás. Sobre todo porque no importa que tan chingona sea tu música o que seas un genio creador que no necesita la aprobación de nadie, hacer comunidad y difundir los proyectos que a cada quien le parece que tienen relevancia, no tienes que ser doctor en filosofía para entender que es algo que nos conviene a todos.

Esto se vuelve mucho más irritable cuando, aún con todo eso, te quieren ligar y buscan algún tipo de contacto físico sólo porque pueden y que no es bienvenido ni grato. Soportar el puto ego de un europeo que te agarra la nalga al momento que te dice: “Ven, te llevo con los demás de la banda y la hacemos (la entrevista) ahora mismo” se vuelve la cereza en el pastel de la experiencia. No dudo que sean “excelentes” personas, todo mundo en la fiesta lo decía: “Esos weyes son pocamadre” pero, ¿por qué, con una chingada, te tiene que agarrar la nalga? ¿por qué suponen que eso no tiene importancia? Estoy totalmente segura que eso no pasaría si fuera un hombre quien los quiere entrevistar.

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No todo, pero sí mucho del trabajo que se hace mientras intentas abordar asuntos relacionados con la música, sucede en las fiestas. Esto es una de sus muchas bondades pero al mismo tiempo crean un ambiente que para muchos, resta seriedad. Al ser dominado por hombres, es común encontrar algunos “músicos” con un ego masivo y que piensan que si terminas platicando con ellos es porque los estás invitando a coger. Digo, tocar tres fines de semana seguidos en El Caradura y haber estado en uno que otro festival fuera del país, no te hace precisamente un objeto de deseo.

Es claro y hay que decirlo también: no todas las bandas (ni managers ni editores) se portan así y probablemente tenemos parte de la responsabilidad. Platicando con Ese Mi Erich (Plop Radio y colaborador asiduo de Noisey), me dijo: “Wey es que tú tienes la culpa, ¿por qué no vas y le dices algo ahorita mismo que lo tienes a un lado de ti?”, me dijo: “yo puedo ir ahorita a hacerla de pedo, pero si tú no dices nada, no tengo cómo defenderte”, mientras me cuenta cómo echarse un tiro con cada vato que le falta al respeto a su hermana, es el pan de cada día. Hay que entender la intención en sus palabras; evidentemente no es que yo tenga la culpa, simplemente cometemos el error de haber normalizado este tipo de actitudes sólo porque las podemos sobrellevar, cuando en ningún momento debería ser así.

No puedo hablar desde mi experiencia como otra cosa diferente a ser mujer. Es común que al acercarte a miembros de una banda (sobre todo si no es local), piensen que te los quieres ligar y cuando esto pasa, desemboca en dos posibilidades: 1) Se la pasan reafirmando cien veces ante ti que tienen una relación o en su defecto que no quieren una, pero que te invitan un trago en la barra. 2) Intentan hacer algún tipo de contacto físico “extraño”. Me han dicho: “Es que por qué te acercas a un vato con escote, mini short y toda arreglada”.. O sea, ¿por qué estoy en una fiesta? Cuando muchas entrevistas y demás se agendan en bares y eventos sociales, es totalmente normal que vayas vestida para la ocasión, sea cual sea tu gusto: a mi me gusta usar short y a veces usar escotes. Y es ridículo y muy elocuente de nuestra sociedad, que en un ambiente como el rock y la música independiente, la manera de vestir de una mujer siga siendo motivo de sexismo y violencia contra la mujer. No es un tema de volvernos feminazis… Puedes o no estar buscando algo con tu modo de vestir, pero la verdadera manifestación dentro de esto es algo tan sencillo como que te puedas sentir totalmente cómoda con tus piernas y que no te moleste que las vean: OKEY, todos lo entendemos, las piernas están, entre otras cosas, para verse, esto no lo vuelve una invitación. Es increíble cómo a los hombres en general, esta sola idea les cuesta trabajo entenderla como a un niño de cinco años la tabla del nueve.

Por supuesto que hay mil y un cosas que pueden salir mal. Finalmente es una industria como cualquier otra: con fallos y virtudes; pero que no se respete el tiempo y el trabajo pero, sobre todo, el espacio vital de las personas, es algo que debemos denunciar como comunidad. Y ser firmes siempre al respecto. No todo está mal: gracias a las bandas, managers, colegas y editores con los que he podido trabajar, sin que me recuerden que soy una mujer y que por eso tengo que cumplir con un rol que no me interesa ni me corresponde. A todos nos encanta la música, hagamos nuestra parte para que la mata siga dando.

Liss toma fotos de cosas que tienen que ver con ella y con la música, síguela aquí.