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Florence Welch es una bruja

Platicamos con la recién anunciada headliner de Glastonbury sobre su obsesión por el ocultismo, cuándo empezó a hacer hechizos, y su nuevo disco.

Foto por Tom Beard / Universal Music Canada

Florence Welch, la líder de Florence and the Machine, siempre ha tenido un gusto por lo sobrenatural, y por eso no me sorprendió cuando me contó que empezó un aquelarre de brujas cuando iba en secundaria. “Yo y dos amigas hicimos unos libros de hechizos, y tratábamos de hechizar a nuestros compañeros de clase,” dice Welch. “Una vez, traté de que uno de mis compañeros se enamorara de mí, así que yo y mi aquelarre pusimos su nombre en una botella, y la regla era que teníamos que ponerle una gota de sangre y… bueno, no sé si funcionó o no [ríe]”. Detrás de sus evocadoras baladas y sus grandiosos himnos está su amor por lo mórbido y lo inusual: Welch, en realidad, es una hechicera. (De hecho, existen varios sitios de internet que lo sugieren). Pero sus intereses vienen de la gran cantidad de libros que absorbió de pequeña: “recuerdo leer un libro sobre mitología griega, como cuando sacrifican al minotauro a Perséfone [la diosa del inframundo], y obsesionarme con La Odisea y La Iliada,” dice Welch mientras juega con los múltiples brazaletes con talismanes que cuelgan de su muñeca.

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Criada en Camberwell, un distrito del sur de Londres, Welch visitaba regularmente iglesias italianas antiguas que tenían estatuas de adoquín de santos y demonios. “Pasé mucho tiempo leyendo libros y en viejos edificios históricos, y eso me convenció de que los fantsamas son reales, los vampiros existían, y en general de tener una especie de sexto sentido sobre ese tipo de cosas a mi alrededor,” dice Welch. Lo supernatural le dio un respiro de sus problemas en casa, como el divorcio de sus papás y tener que lidiar con el suicidio de su abuela. Pese a esos problemas, Florence empezó a mejorar su voz y se juntó con la niñera de su familia, Isabella Summers, para crear Florence and the Machine cuando tenía 18 años. La pareja alcanzaría el éxito con baladas barrocas y letras llenas de fantasía sobre amor de átomo a átomo y olvidar los errores del pasado con su debut del 2009, Lungs, y luego con Ceremonials, del 2011.

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Pero después de que la gira llegó a su fin, y tras una relación intermitente y una dirección poco clara para su tercer álbum, Welch se desprendió de sus alrededores. “Cada show es como una especie de pequeño exorcismo, o al menos yo los uso para eso. Por eso creo que fue tan raro cuando me tomé un tiempo de descanso; esa conexión se volvió algo muy importante para mi entendimiento conmigo misma. Markus Dravs, el productor de su nuevo álbum, le dijo que rompiera con sus crípticas letras y fuera honesta con sus propios problemas. También recibió asistencia de un “gato psíquico”. “Cuando estaba pasando por periodos en los que me habían roto el corazón o me sentía muy aislada mientras grababa el disco, de la nada aparecía un gato blanco y negro,” dice Welch. “Literalmente, durante algunos de mis momentos más bajos, el gato entraba a la casa y se metía a la cama conmigo y me tocaba la cara con su pata, y yo sólo pensé ‘seguramente eres un gato espiritual.’” Y gracias a ese talisman felino consiguió completar su nuevo álbum, How Big, How Blue, How Beautiful.

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Inspirada por el “pacífico” cielo azul de Los Ángeles, el álbum sigue los momentos más altos y bajos de Welch en el último año. De la orquesta que aparece en la melodía titular a los conflictos internos que se encuentran en “Third Eye,” cada canción es un momento clave dentro de su camino para reencontrar su propósito en la vida. “Creo que me di cuenta que más allá de toda la confusión y los lugares obscuros había esperanza,” dice Welch. “Me acuerdo de estar en un cuarto de hotel en algún momento durante la gira, sacando fotos y piedras a las 5 AM para hacer un hechizo con mis compañeros de banda. Y fue raro porque cuando empezaron a pasar algunas de las cosas, lo único que pensaba era ‘no sé si esto es por el hechizo o no’, así que supongo que sigo tratando de descifrar eso [ríe].”

Noisey: Según entiendo, una de las ideas originales detrás de HBHBHB era la de una bruja que va a juicio. ¿Cómo habría sonado el disco si sí lo hubieras hecho con ese concepto?
Florence Welch: Bueno, está la canción “Which Witch”, que de hecho viene de una idea que tenía sobre una bruja joven que ama a alguien muchísimo, pero algo pasa y esa persona muere. Y por supuesto, la gente cree que ella lo mató, y siempre pensé que debería de estar basada en Hollywood, porque Hollywood es un lugar medio apocalíptico. Cuando estás ahí miras a tu alrededor y todo es hermoso, pero en el fondo sientes que hay algo como roto. Pero creo que probablemente regresaré a esa idea del álbum conceptual en algún momento. Un poco como la obra The Crucible, pero en musical. Le voy a poner The Crusical.

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Tus letras siempre han usado estos elementos sobrenaturales como metáforas en tu música, como en las partes de ocultismo que hay en el video de “Shake It Out”. ¿Cuándo te diste cuenta que esa era tu manera de hacer música?
Creo que existe una idea en donde cada canción es como un hechizo mágico, con el que tratas de hacer un exorcismo de algo que hay dentro de ti. Se tocan mucho los demas del deseo y la trascendencia, y uso las canciones como una especie de cantos, en donde tratas de que algo pase, o de que algo se rompa. Siempre me han atraido ese tipo de cosas. Las primeras bandas que vi en vivo y las primeras cosas que me interesaron tenían esta energía chamánica, y esta idea era un verdadero exorcismo. Así que el estar rodeada de ese tipo de cosas creo que te lleva a crear ese tipo de cosas.

Hay muchos personajes de la mitología griega a los que haces referencia en este disco. ¿Qué parte de esas historias te hicieron sentir como que estaban en sintonía con tus propias experiencias?
El disco se iba a llamar Tantalus, pero eso era cuando todavía estaba muy confundida, porque por primera vez en mi vida de verdad quería algo, y por primera vez tenía claro qué era eso que quería. En relaciones pasadas siempre tuve un pie fuera, porque no lo veía a futuro, pero esta era la primera vez que no pensé eso. Pero regresando a tu pregunta, Tantalus fue maldecido por los dioses, quienes hicieron que tuviera que estar en un charco de agua debajo de un árbol de frutas, para que pudiera ver la fruta pero nunca comerla, y pudiera ver el agua pero nunca tomarla. Y para mí, ese concepto estuvo muy presente en el disco: yo veía algo que quería, y simplemente no lo podía conseguir.

Los videos de este álbum comparten ese mismo sentimiento mítico, ya sea en el cenote maya que visitaste para el video de “HBHBHB” o el de “St Jude”, con los pájaros al final simbolizando esta idea de que estás viajando por los círculos del infierno. ¿O crees estoy loco?
¿Sabes qué? Ese es el mensaje en el video, porque ese es el viaje por el que pasé, y es algo poético. Estuve atrapada en este ciclo y el director [Vincent Haycock] y yo estuvimos platicando sobre el Infierno de Dante, y todos los círculos del infierno, y cómo tienes que atravesar algo para sobrevivirlo. Por eso aparecen esos patrones en los videos: porque queríamos recrear la odisea que experimenté.

Jabbari Weekes no puede ver lo grande, azul y hermoso que es el cielo porque está lleno de contaminación. Síguelo en Twitter — @DaysandWeekes