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Mary Forsberg Weiland, ex esposa de Scott Weiland, reflexiona sobre su vida como padre

"Estamos enojados y tristes por esta pérdida, pero sobre todo estamos devastados porque decidió darse por vencido".
9.12.15

Tras el fallecimiento de Scott Weiland, ha habido un montón de tributos, ensayos y comentarios sobre el cantante de parte de críticos y fans. Y mientras que la mayoría de las respuestas han estado enfocadas en su carrera como músico, pocas han sido las menciones de parte de su círculo más cercano. Pero ayer, la revista Rolling Stone publicó un ensayo escrito por la ex-esposa de Weiland, Mary Forsberg Weiland. Ella es la autora de Fall to Pieces, una memoria publicada en el 2009 que narra su vida y sus experiencias lidiando con la fama del cantante. En el ensayo, ella rememora brevemente sobre su vida y las consecuencias que sus acciones tuvieron en su familia.

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«El 3 de diciembre del 2015 no es el día que murió Scott Weiland​. Es el día oficial que el público usará para recordarlo y lamentar su fallecimiento, y fue el último día que pudo estar parado enfrente de un micrófono para el beneficio económico o el disfrute de otros. La lluvia de condolencias y oraciones que le han ofrecido a nuestros hijos, Noah y Lucy, ha sido abrumante, muy apreciada e incluso reconfortante. Pero la verdad es que, como muchos otros niños, ellos perdieron a su padre hace años. Lo que verdaderamente perdieron el 3 de diciembre fue la esperanza».

Ella continúa hablando de las presentaciones en los últimos tiempos de Scott y el estado en el que se encontraba al final de su vida.

«En realidad, lo que la gente no quería aceptar era que él era un hombre paranóico que no podía recordar sus propias letras y al cual fotografiaron con sus hijos contadas veces durante sus 15 años como padre. Siempre he querido compartir más de lo que la gente ha estado cómoda aceptando. Cuando escribí un libro hace unos años, me dolió pasar por tanta pena y lucha, pero hice lo que creí que era mejor para Noah y Lucy. Sabía que algún día verían y sentirían todo aquello de lo que los estaba tratando de proteger y que eventualmente serían lo suficientemente valientes para decir, "Ese desastre era nuestro padre. Lo amamos, pero una profunda mezcla entre el amor y la decepción compuso la mayor parte de nuestra relación con él"».

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Eventualmente los dos se divorciaron y Scott se volvió a casar. Mary esperaba que su nuevo matrimonio le ayudará a tener una nueva perspectiva y cambiara su actitud. Pero, según ella, eso nunca pasó.

«En vez de eso, cuando se volvió a casar, los niños fueron reemplazados. No los invitó a su boda, su pensión alimenticia dejó de llegar. El que alguna vez fue un dulce niño Católico se rehusaba a ver a los niños participar en obras navideñas porque ahora era ateo. Nuestros hijos jamás pisaron su casa y no recuerdan la última vez que lo vieron un Día del padre. No comparto esto con ustedes para juzgarlo, sino porque seguramente ustedes conocen al menos a un niño que esté o haya estado en los mismos zapatos. Si es así, por favor reconozcan su experiencia».

Pese a que su matrimonio terminó, ella recuerda los últimos años de su relación con Scott, en los que él le hablaba en la noche, y luego reflexiona qué es lo que más le duele:

«A lo largo de los últimos años, podía escuchar su tristeza y confusión cuando me hablaba tarde por la noche, muchas veces llorando por su incapacidad de separarse de la gente negativa y las malas decisiones. No voy a decir que ahora puede descansar o que está en un mejor lugar. Él permanece con sus hijos, haciendo una parrillada en el jardín y esperando a que empiece un juego de Notre Dame. Estamos enojados y tristes por esta pérdida, pero sobre todo estamos devastados porque decidió darse por vencido».

Ella termina el ensayo pidiéndonos a todos que no nos quedemos atrapados en su muerte, sino que la usemos para ayudar a futuras generaciones de niños para que reciban el cuidado y la atención que merecen.

«Nuestra esperanza en Scott ha muerto, pero aún hay esperanza para los demás. Decidamos, por primera vez, no glorificar esta tragedia al hablar de rock and roll y los demonios que, por cierto, no tienen que venir con ese estilo de vida. Ahórrense la deprimente camiseta con la leyenda 1967-2015, usen ese dinero para llevar a un niño a un partido de fútbol o por un helado».

Pueden leer el ensayo completo en la Rolling Stone.