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Dos semanas, tres festivales: el desafío ahora es trascender

No deja de ser un hecho loable que tres festivales de gran envergadura, como lo son el Freedom, The Social y Estéreo Picnic, sucedieran con éxito en el país en tan solo dos semanas.

En dos semanas, Colombia ha sido el escenario de tres festivales de música masivos: el Freedom Festival en Medellín, The Social Festival y Festival Estereo Picnic (FEP) en Bogotá. Pero, como suele suceder, la fiesta se acaba y la gente olvida lo que todo esto, en el fondo, significa: un triunfo colectivo cultivado durante años.

El Freedom acogió en Plaza Mayor a más de 6.000 personas y a DJs como Oscar Mulero y Cari Lekebusch; The Social Festival reventó el Centro de Eventos de la Autopista Norte y reunió a casi 12.000 ravers que se enfiestaron con la leyenda Carl Cox y otro puñado de artistas estelares del circuito techno y house, y el FEP cerró la serie con todo su poder, incluyendo en su ecléctico cartel a Justice, Caribou, Richie Hawtin, Deadmau5 y Chancha vía Circuito.

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Buena parte de los ravers colombianos tienen más cultura festivalera que formación clubera

Bastante se había venido debatiendo, sobre todo en el mundillo de los promotores, sobre si en un mismo fin de semana estos festivales podían darse con éxito, principalmente los netamente electrónicos. De hecho, los planes originales de hacer The Social Festival estaban realmente en Medellín. Pero al final, y con cierta tensión de por medio, se llevó a cabo en Bogotá, justamente para no poner a competir dos festivales similares en una misma ciudad.

Entonces, ¿qué pasó?

Lo que pasó es que confirmamos que buena parte de los ravers colombianos tienen más cultura festivalera que formación clubera. La amplia asistencia a cada festival realizado (Baum Festival, The Social, Baum Park, Radikal Styles, Freedom) confirma que en el país hay una masa local significativa que no solo quiere, sino necesita del techno, de algo de house y de súper bandas para celebrar algo esencial: la liberación que emerge de la cultura electrónica.

Pero vayamos más allá. Analicemos por un momento lo que estos festivales pusieron sobre la mesa. Primero, el Freedom, el festival independiente de música electrónica más grande del país, congregó un line up con nombres de culto como Substance, Terence Fixmer, Oscar Mulero y Abdulla Rashim, armando así su cartel más arriesgado hasta la fecha y superando problemas logísticos de años anteriores. La octava edición del que muchos llaman "el festival del pueblo" demuestra que la escena de Medellín seriamente siente pasión por el techno de corte mental y algo experimental.

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También ha quedado claro que no necesitamos de headliners para llenar recintos para más de 2.000 personas. Una apuesta con mucho valor es la del colectivo y promotora MedellinStyle, cuyos líderes han asumido riesgos, han sabido estirar los límites comerciales y han liderado el camino de los festivales en Colombia hacia territorios más experienciales y experimentales. Ah, y ni hablar de la energía y la sensación de unidad que se siente en ese evento.

Por otro lado, y siguiendo una línea que tira menos hacia un DJ Pete y más hacia un Loco Dice, The Social Festival cumplió con tech house, house y algo de techno, en su mayoría efectivo y libre de sofisticaciones. Con un enfoque más mainstream, con la importación de una marca extranjera y grandes patrocinios, este evento entregó fiesta dura, al grano y con buena organización. Pero quizá lo más destacable es que este tipo de festivales abren la puerta para que muchas personas se adentren en la música electrónica. Así sucedió en este evento, donde muchos chicos de 18 o 19 años vivieron su primera experiencia electrónica.

Finalmente, la octava edición de Estéreo Picnic abrió lugares importantísimos a buenas horas para artistas locales como Adi, Julio Victoria, Felipe Gordon, Cero 39 y Romperayo. Actos como Chancha Vía Circuito y Mateo Kingman fueron claves para que el público de otros géneros y corrientes pudiera conocer y bailarse la música electrónica con identidad sudaca, o mejor dicho, para que pudieran bailarse el futuro. Y ni hablar del placer que produce ver en un intervalo de tres días a Justice, Caribou, Gus Gus y Richie Hawtin. Atención a los números del FEP: 16.000 personas el primer día; 24.000 el segundo, y 22.000 el tercero.

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¿Será que alguien le lleva las cifras concretas al Ministerio de Cultura?

En dos semanas, estos tres eventos movilizaron a casi 77.000 personas de Colombia y el mundo en torno a experiencias musicales masivas. Habría que analizar la cantidad de dinero que esta industria mueve con los festivales, la forma como genera miles de empleos temporales y dinamiza rubros como el turismo. ¿Será que alguien le lleva las cifras concretas al Ministerio de Cultura? Además, esta temporada de festivales, sumando también al Radikal Styles que tendrá lugar este fin de semana, es una forma rápida y efectiva de poner la escena colombiana en el mapa como un destino idóneo tanto para artistas como para el público extranjero.

Pero ojo, a pesar del fortalecido circuito de eventos masivos que tenemos en Colombia, el real desafío es poder trascender a otros espacios de consumo de cultura diferentes dentro de la escena electrónica, como los conversatorios, talleres y eventos que promueven el talento nacional y otro puñado de iniciativas aún difíciles de ejecutar.

Cuidado: los festivales son una burbuja. Y si esta estalla, ¿qué le quedaría hoy a la escena?

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