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canasta básica

Que no se acabe: Quiero más Kobe

Esa noche vivirá por siempre en la memoria de quienes la vimos y en la historia de la liga. La noche con el final más Kobe que pudo haber.
15.4.16
Foto por Robert Hanashiro-USA TODAY Sports

Necesito más Kobe.

Cállense.

Por un momento cállense y deténganse a observar la grandeza que tenemos frente a nosotros. Estamos tan clavados en cosas que ya pasaron o van a pasar que no nos damos tiempo para disfrutar lo que está pasando frente a nuestras caras. Dejen de discutir si un jugador que ya no juega fue mejor que uno que todavía juega. Dejen de odiar a los que tiran demasiado y dejen de llorar por qué el juego de hoy es menos físico que el de hace veinte años.

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Estamos tan clavados en armar duelos imaginarios o respetar legados de hace décadas que no entendemos que nunca más vamos a vivir lo que tenemos frente a nosotros. Este miércoles, alguien que ha sido un ídolo para mí por más de quince años se retiró. Es alguien a quien vi jugar lo más que pude. En épocas previas al internet, buscaba donde fuera repeticiones de sus juegos. Cuando llegó a las finales mientras yo estaba en Europa, busqué todo bar en el que pudiera ver sus juegos a las tres de la mañana. Vi sus cinco campeonatos. Vi el juego siete contra Boston. Tengo grabado el juego de 81 puntos contra Toronto en VHS. Tengo sus jerseys. Tengo sus tenis. Tengo sus playeras. Tengo su muñeco. Tengo un anillo pirata hecho en China del 16º. campeonato. Y aún así, con todo eso, siento que no fue suficiente, que me faltó verlo más, gritar más, enojarme más, llorar más, presumirlo más, odiarlo más, todo más.

Kobe Bryant tal vez ha sido la figura más extremista en la historia de la liga. O lo odiabas o lo amabas. No había punto medio. En cuanto empezaron las comparaciones con Michael Jordan, todo se fue al carajo y empezó el odio de verdad porque uy, no vaya a ser que alguien sea mejor que el mejor de todos los tiempos. Pero aceptémoslo, fans de MJ, la verdadera razón por tanto odio era miedo. Miedo a que sí lograra ser más grande que el más grande y no tuvieran un sólo argumento para defenderlo. Su actitud dentro y fuera de la cancha, sus problemas legales y todos los rumores de lo mal compañero de equipo que era, no ayudaron. Sin embargo, dentro de todo este caos, dentro de todo este odio y resentimiento, hay algo que nadie en su vida podrá negar: es un jugador aparte. Un demente que sin duda está dentro de los diez mejores de todos los tiempos.

Foto por Gary A. Vasquez-USA TODAY Sports

No estoy abriendo una discusión, estoy haciendo una declaración y háganle como quieran. Sí, hoy es ese día. Hoy es el día que pierdo toda objetividad al escribir esto y donde sólo puedo decir cosas buenas del responsable de tantos momentos de felicidad en mi vida. Pero entiendan que no lo estoy haciendo por mamador o groupie. No lo estoy haciendo porque creo que sea mejor que Jordan. No lo estoy haciendo porque soy de esos que creen que su equipo es mejor que todos y tiene que restregárselos en la cara e intentar convencerlos cada que los ve. No, lo estoy haciendo para que se pongan las pinches pilas y vean a LeBron James, vean a Steph Curry, vean a Kevin Durant, vean a Russell Westbrook, vean lo que queda de Tim Duncan, Dirk Nowitzki y de Kevin Garnett. Vean a Dwyane Wade, a Anthony Davis. Vean a Kawhi Leonard, vean lo que va a pasar en Portland. Vean a James Harden aunque me cague. Vean a Isaiah Thomas en Boston, a Kristaps Porzingis, a los jodidos Clippers. Vean todo lo que puedan porque no tienen idea de lo afortunados que somos de vivir en una época como ésta. Una época con tanto talento en el deporte más chingón del planeta.

Kobe ya se fue, y de qué puta manera. Clavando 60 puntos y ganando un juego que parecía más que perdido. Dándole todo lo que no tenía a su equipo y su fanaticada. Véanlo, no podía más. Estaba destruido, no tenía piernas, respiraba por la boca pero se veía en sus ojos, en esa mirada de asesino y en la trabadez de su mandíbula que el juego no había terminado, que el número 24 tenía un último show que darnos. Un último capítulo en su increíble carrera. Un último cuarto que una vez más me tuvo con mi jersey amarillo y el Bryant en la espalda saltando y gritando en la sala como si fuera ese alley-oop a Shaq contra Portland.

Ver eso fue como darle un último trago a una botella de Jack antes de entrar a rehabilitación. Como ese último golpe al cigarro en año nuevo antes de tirar la cajetilla y decir que lo vas a volver a dejar. Como ese último beso a alguien que sabes no verás en meses. Fue esa sensación de sí, se está acabando pero quiero más, carajo. Que no se acabe. Quiero más, más de esto, un último trago, un último toque, un último rush. Un último Kobe. Siempre más de esto.

Esa noche vivirá por siempre en la memoria de quienes la vimos y en la historia de la liga. La noche con el final más Kobe que pudo haber. La noche en la que un ruco de 37 años cuyo equipo tuvo la peor temporada en su historia y se enfrentaba a otro que ni siquiera iba a pasar a playoffs, clavó 60 puntos e hizo que otro equipo que estaba rompiendo el récord del que muchos consideran el mejor equipo de todos los tiempos con 73 ganados y 9 perdidos pasara a segundo plano.

Algo que sólo Kobe Bryant podía hacer.

Gracias por siempre, Bean.

Mamba out.