Los Blenders sobre el pop, el LSD y cómo convertirse en referencia sin querer
Foto: Verana Codina, vía

Los Blenders sobre el pop, el LSD y cómo convertirse en referencia sin querer

Nuestros “chavos bien” ya no están tan chavos.
10.11.17

En 2013 unos morritos del sureste de la Ciudad de México publicaron un EP de tres canciones titulado Meta y dinero, solamente para recordar que alguna vez tuvieron una banda e hicieron unas canciones. Nunca se imaginaron que ese producto mínimo pudiera llevarlos muy lejos de Galerías Coapa y mucho más cerca de convertirse en la banda de referencia para toda una nueva generación de músicos y fans. Ese brevísimo intento por no desaparecer sin dejar un registro, representado por la ilustración de una cara verde derretida por el lsd y perdida en un universo de repeticiones rosas, fue la semilla que germinó y creció para convertirse sorpresivamente en una pobladísima mata fumable de canciones playeras de drama existencial juvenil sobre amor, desamor y todo lo que hay en medio. Solo tres canciones. Tres. Todas de menos de tres minutos. Solo eso.

No estaba predestinado que Los Blenders fueran a aparecer en el cartel de Coachella de este año, sin embargo, nuestros “Chavos bien” tocaron en el mismo escenario que Twin Peaks, los Allah-las, Surf Course y las Hinds en los dos fines de semana del festival californiano. Resulta que a cuatro años de haber sacado ese EP minúsculo, Los Blenders ya no son los niños nuevos de la cuadra que tal vez, con algo de suerte, podrían llegar a tocar en el Imperial. Ahora son quienes sentaron las bases para que pudieran existir bandas nuevas como Señor Kino o los Sgt Papers, y son de los pocos supervivientes de la camada de bandas igualitas que salieron hasta por las coladeras cuando ellos empezaban, y ahora sí, ya pueden dedicarse de lleno a la música sin tener que ser publicistas de tiempo completo y músicos de fin de semana.

La manera en la que se hizo ese primer EP atraviesa todo el trabajo de los Blenders. Esas melodías pegajosas vienen de un lugar casi obvio pero inesperado. “La de ‘Meta y dinero’ salió porque escuché una canción de los Hombres G que tiene un nombre como de isla del Caribe… ‘Nassau’. La melodía me pareció super poderosa y pegajosa. Quise hacer algo así, pero mucho más rápido y ruidoso.” Bajo esta premisa están construidas casi todas las canciones de los Blenders. De ahí que Alex discuta si su género realmente es el surf cuando lo que hacen los Blenders tiene más que ver con el pop. Hablamos un poco sobre la tradición del surf en México como la que representan Lost Acapulco o Los Esquizitos. No hace falta mirar con lupa como para saber que son dos cosas bien distintas.

Otro punto central en el ADN de los Blenders es su lenguaje de fantasía y urgencia adolescente por decir cosas en tu cara. “Nuestras canciones tienen un personaje. Me imagino como fresa malandro que siempre quiere estar drogando a las niñas,” dice Alex, y de inmediato se aparece todo ese universo de fresones descarrilados. “Si escuchas las canciones del EP, como que todas son como muy sesenteras… como canción de los Teen Tops, pero de fresa torcido como de la telenovela de Soñadoras.” Ese personaje es la base de todo lo que vino después con el Chavos Bien de 2015, su primer álbum de larga tirada, cuyo sencillo principal habla sobre ser joven e inmortal. “Vamos a comprarnos drogas / y nos las metemos todas” es el “pasesín acá, levesín” del joven e inmortal papel de Eduardo Verástegui en Soñadoras.

El Chavos Bien de 2015 es el disco en el que se solidifica todo lo anterior. Editado por el sello barcelonés Tigre Discs, este fue el álbum que los llevó a tocar en el festival Ceremonia de 2016 en el Estado de México, en el Ruido Fest de Chicago del mismo año, y sin duda fue su boleto para tocar en Coachella. “Para un disco que se grabó en el cuarto de servicio de una casa en Xochimilco, el resultado es una de las mejores inversiones que hemos hecho en la historia,” dice Alex, y se ríe.

La oportunidad de tocar en el circuito californiano durante su participación en Coachella les dio una perspectiva distinta sobre la industria musical. Se dieron cuenta de cómo funcionan las cosas allá y lo distinto que es el panorama en México. Asumiendo que no se puede comparar el tamaño del mercado gringo con el de nuestro país, y que es injusto poner a competir a ambos escenarios, Los Blenders imaginaron un buen comienzo por unificar a las bandas con las que comparten gustos y generar oportunidades para todos. “Si hubiera por lo menos una banda como Señor Kino en cada ciudad grande, la escena sería totalmente distinta. Podríamos ir a tocar a Hermosillo, luego a Culiacán, a Tepic, a Guadalajara… y seguirnos hasta llegar a todos los rincones posibles del país”. En ellos ya existe esta conciencia de generar una escuela, que naturalmente, con el tiempo se convierte en una industria creciente. Un poco como lo que sucede en el hip-hop en nuestro país, que definitivamente tiene que ver con la tradición de los pioneros, cuya responsabilidad es pasar el estilo y crear adeptos jóvenes que continúen con su legado.

Hace unos días, los Blenders estrenaron un nuevo álbum que por primera vez tiene guitarras acústicas y por ahí, como que no quiere la cosa, se escucha un chelo en la canción de “Culero”. Trae una canción titulada “Amor prohibido II”, una referencia a la tecnocumbia de Selena, y una redefinición de este título que al parecer se apropió de todos los amores imposibles de la historia de la humanidad. Si eres un poco más listo que yo, ya habrás notado que el título del disco Ha sido, no tiene que ver con tanto que ver con el tiempo, sino con el ácido. A mí me tomó más de lo debido cachar la referencia por mero letargo mental, pero no hace falta poner mucha atención como para notar que la temática recurrente en el trabajo de los Blenders tiene que ver con el lsd y cómo la sustancia transformó sus vidas. La portada, por ejemplo, es una foto de gomitas aciditas derretidas en el microondas.

A pesar de haber prometido ser jóvenes para siempre y no crecer nunca, Alex nos dijo, algo resignado, que ya no están tan chavos. “Está de hueva el término, pero pues sí, sí hemos madurado. Ya no queremos hacer las mismas rolas ni que suene todo igual. Nuestras referencias son otras, y queremos nuevos retos.” Y sí, en este último disco hay algo de eso. Hay rolas en otro tiempo y en otra frecuencia. Algunas más oscuras, como “Canción de protesta”, por ejemplo. En 2015 cantaban “Somos chavos para siempre”, pero las responsabilidades que se asumen para poder vivir de su música los ha hecho crecer, y aunque Ha sido sigue teniendo ese carácter en-tu-cara y vale-verga, en el sonido hay una transformación muy clara. Hay más tonalidades, frecuencias más bajas, más dimensiones. Ni modo, a todos nos toca crecer.

Los Blenders estarán de gira nacional el resto de este año y finalmente, se acaba de anunciar que van a tocar en el Vive Latino por primera vez. Ya veremos qué más nos tienen para el año que sigue.

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