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Por qué el empeño de la armada de EEUU en usar energías renovables está resultando inútil

El proyecto de la Gran Flota Verde persigue que los biocombustibles sean el alimento de los destructores flotantes de la Marina más poderosa del planeta. Pero política, economía y química parecen sugerir que se trata de un plan cada vez más improbable.
15.7.16
Tripulantes del USS Bataan en la pista de aterrizaje del portaaviones. (Imagen por Justin Rohrlich/VICE News)

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En octubre de 2009 el secretario de la marina estadounidense, Ray Mabus, compareció ante el Foro de Energía Naval. Mabus llevaba seis meses al frente de la secretaría. En su discurso, un discurso del que ya han pasado más de seis años, Mabus descubrió cuáles serían los cinco objetivos energéticos que se había propuesto que la Armada de su país alcanzara a lo largo de la década siguiente.

"La reforma energética es un imperativo estratégico", dijo entonces.

Uno de los objetivos que se marcó entonces consistía en haber conseguido para 2016 que su llamada Gran Flota Verde estuviera ya en funcionamiento. Esta iba a estar integrada por una flota de "barcos nucleares, navíos de combate equipados con sistemas eléctricos alternativos, por un sistema híbrido de alimentación que permitiera incorporar los biocombustibles, y por una flota aérea igualmente alimentada exclusivamente con energías alternativas".

Tres años después, tras una furibunda batalla con los legisladores republicanos, que nunca han dejado de poner toda clase de trabas a la iniciativa, una mezcla elaborada con grasa de pollo y petróleo logró alimentar satisfactoriamente a sendos destructores y a un crucero de guerra de la Marina durante dos días.

Sucedió en Hawái durante un desplazamiento de un mes consagrado a varios ensayos de guerra. Entonces, para conseguir tamaña proeza se necesitaron 450.000 galones de biocombustible que se pagaran nada menos que a 12 millones de dólares. La cifra supuso, en aquel momento, un récord absoluto: nunca nadie había invertido tanto dinero en adquirir una sola carga de biocombustible.

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Sin embargo, la Gran Flota Verde vislumbrada por Mabus — un nombre que nació como un guiño a la Gran Flota Blanca, la flota naval estadounidense que colonizó el universo a principios del siglo XX — todavía no ha sucedido. Durante el pasado mes de enero, una flota de combate del ejército de Obama fue parcialmente alimentada con biocombustible. Claro que en aquella ocasión la mezcla incorporaba solo un 10 por ciento de carne de ternera y un 90 por ciento de combustible diesel. Desde entonces, los planeadores de la armada han empleado el biocombustible en una sola ocasión, durante otro ensayo militar.

Este pasado mes de mayo, VICE News visitó los navíos de combate Farragut y Bainbridge, ambos provistos de misiles destructores teledirigidos, y ambos alimentados por una mezcla elaborada con la misma proporción de energía alternativa: un 10 por ciento de biocombustible y un 90 de diesel. Apenas unas semanas después, otro destructor, el Mason, recibió un envío de combustible cuya proporción era de 94,5 por ciento de diesel y de 5,5 por ciento de biocombustible diesel elaborado a base de aceite de palma. Los motores de los navíos no necesitaron ser modificados para absorber el combustible.

'Existe mierda más importante en la que despilfarrar el dinero del ejército. Y punto'.

Para 2016 la armada estadounidense ha comprado algo menos de 80 millones de galones de la mezcla elaborada a partir de energías alternativas y diesel repartida en un 10 y 90 por ciento respectivamente. Se trata del 6 por ciento del total de 1,3 mil millones de galones de combustible que la armada consume anualmente. La armada habría pagado 2,05 dólares por galón, un precio prácticamente idéntico al coste del combustible diesel que consume la Marina habitualmente, gracias a las importantes ayudas económicas que el gobierno de Estados Unidos ha concedido a los programas con energías biocombustibles. Claro que los detractores del programa siguen sin entender porque se sigue invirtiendo el dinero en eso.

"Existe mierda más importante que despilfarrar el dinero del ejército. Y punto", asegura el representante estadounidense Duncan Hunter, un veterano miembro del cuerpo de los Marines y senador republicano. Hunter es de San Diego, el principal puerto de la flota de la Marina en el océano Pacífico.

Hunter se refiere a los responsables de la Gran Flota Verde como "a los tipos más inteligentes que fueron al colegio John F.Kennedy para Superdotados", y tacha a su interés por los biocombustibles como "una estupidez". La Armada estadounidense se enfrenta a un recorte presupuestario del 7 mil millones de dólares de cara al año que viene. Para Hunter, el concepto de una Gran Flota Verde es una simple muestra del proselitismo de Mabus y de la Casa Blanca.

La Armada ha preferido que Mabus se abstenga de hacer declaraciones. Quien sí ha hablado es Joe Bryan, el vicesecretario auxiliar del departamento de Energía. Según Bryan nada de lo que está sucediendo tiene un carácter político.

"Este no es un problema del secretario, ni siquiera de la administración", asegura Bryan. "Nuestro trabajo es mirar al futuro, planear las contingencias y ser tan flexibles como nos sea posible".

El hecho de que nos concentremos en el tema de las energías, añade Bryan, "no se va a quedar en el tintero. Es un tema demasiado importante para la Armada, demasiado importante para nuestros marineros y para nuestros marines Y demasiado importante también para nosotros, qué duda cabe".

Que una mezcla que contiene entre el 5 y el 10 por ciento de biocombustible se pueda calificar o no de energía alternativa es algo que compete a la Armada, que es la encargada de disponer la terminología adecuada a falta de otras exigencias reglamentarias. La relativa falta de directrices también podría entenderse como otro síntoma que delata los contradictorios resultados de la iniciativa.

Un análisis reciente elaborado por la organización activista europea Transportes y Medioambiente, ha concluido que el diesel elaborado con aceite de hoja de palma es tres veces más tóxico en cuanto a sus emisiones de carbono que el combustible diesel convencional. De tal manera, que el biocombustible que la Armada se ha llevado consigo al Mediterráneo a principios de este año, difícilmente contribuirá a limpiar la atmósfera, que parecía que era su principal cometido.

Claro que el aceite de palma no es la única fuente de biocombustible que ha explorado el ejército de Estados Unidos.

"El departamento de Energía está invirtiendo muchísimo dinero en combustibles elaborados a base de algas marinas. Se trata de combustibles muy prometedores, por mucho que, a menudo, los combustibles más ecológicos resulten ser los más caros", explica Emily Cassidy, una investigadora del Environmental Working Group, en Washington.

La Armada ha llegado a pagar el galón del combustible elaborado a base de algas a 424 dólares. Sin embargo, las carísimas energías alternativas no tienen cabida para los senadores republicanos, quienes han ejercido su derecho a veto para impedir que la Marina pueda gastar en un galón de biocombustible más de lo que gasta en un galón de diesel convencional. Habida cuenta de que transformar semillas, algas o los restos de una ternera en combustible resulta mucho más caro de lo que cuesta refinar los combustibles fósiles extraídos de la tierra, es prácticamente imposible que la flota pueda consumir cantidades sustanciales de energías renovables o alternativas con lo bajos que están a día de hoy los precios del crudo.

Dicho esto, habría que añadir que la culpa de que el uso de las energías alternativas no se haya normalizado, y la culpa de que no se hayan siquiera extendido, no es de la economía. Lo dice el profesor Chris Somerville, actual presidente de la fundación Philomatia consagrada a las Energías Alternativas, una organización adscrita a la Universidad californiana de Berkeley. El mayor problema, asegura, ha sido producir una cantidad suficiente de tales energías.

Los tres refinerías especializadas en biocombustible del ejército de Estados Unidos, refinerías financiadas por el gobierno del país gracias a la ley de Producción para la Defensa, esperan producir alrededor de 100 millones de galones este año. El departamento de Defensa de la nación quema 4,6 mil millones de galones de petróleo al año, de los cuales, una tercera parte, serían consumidos por la Marina.

Los biocombustibles necesitan ser generados a partir de algún ingrediente. El año pasado, un informe elaborado por el Instituto Mundial de los Recursos, una asociación apolítica y sin ánimo de lucro radicada en Washington, determinaba que para producir el 20 por ciento de la energía global a partir de energías renovables sería necesario que para el año 2050 "la humanidad doblara la cosecha anual de materiales procedentes de plantas en todas sus formas… De tal manera, que la quimera del biocombustible, de aplicarlo a una escala relevante, sigue siendo eso, una quimera, puesto que no es realista ni mucho menos es sostenible".

Tales son solo un puñado de las razones, explica Somerville, por las que la Marina no llegará ni remotamente a funcionar con la proporción de combustible vaticinada por Ray Mabus. La idea de que el 50 por ciento del combustible de las flotas navales proceda de energías renovables está muy lejos de ser una realidad, si es que algún día consigue serlo.

La Armada ha hecho hincapié en otras medidas de eficiencia que habría que acometer como parte de la iniciativa de la Gran Flota Verde auspiciada por Mabus. Algunas parece auténticamente significativas, como la inclusión de estabilizadores robustos que reduzcan el riesgo de turbulencia y de inestabilidad, una medida que podría reducir el consumo de combustible de los navíos hasta en un 3,4 por ciento. Otras de las medidas anunciadas parecen más probables, como los recordatorios a la tripulación de la necesidad de ahorrar agua reduciendo las duchas de los marineros — una técnica que viene siendo empleada desde hace años por el ejército —, además de cambiar las actuales bombillas por bombillas LED.

"Hubo un tiempo en que ahorrábamos energía cuando podíamos", comenta un oficial que viaja a bordo del Bainbridge. "Ahora ahorramos energía salvo que no podamos hacerlo".

Pese a todo no existe ninguna información que relacione el uso de mezclas para el biocombustible con el ahorro de energía.

El ejército se ha dedicado proverbialmente a abrazar con parsimonia las nuevas tecnologías; y, pese a todo, algunas de ellas han terminado siendo de una importancia capital para su funcionamient, señala Richard Heinberg, uno de los miembros de la cúpula del instituto Post Carbon, una think tank californiana consagrada a la sostenibilidad y al cambio climático. Según él las energías alternativas jamás serán incorporadas al proverbial listado de las tecnologías de la Marina, simplemente por el hecho de que la mismas serán incapaces de suministrar la energía que necesita la Armada para alimentar a su flota.

Lo cual plantea la siguiente cuestión: ¿por qué la Armada quiere alimentar a su flota con biocombustibles?

Los oficiales de la Marina aseguran que el proyecto de la Gran Flota Verde no es una iniciativa que persiga tanto ser ecológica como dotar a los barcos de más recursos y de una mayor cobertura, lo que posibilitaría que pudieran estar más tiempo en la base y que "la potencia de disparo de cada tanque de combustible se multiplicara".

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Somerville considera que "básicamente a la Armada le está yendo bien, por mucho que yo no sepa exactamente a qué se dedican. Supongo que a ellos les conviene proclamar a los cuatro vientos que han abrazado las energías renovables".

Hunter, por su parte, es de los que piensa que una "Armada ecológica le sonará muy bien a esa gran parte de la población que se dedica a votar de una determinada manera".

Y para Heinberg todo se reduce a algo tan exacto y profundo como a una señora crisis de identidad.

"Los oficiales de la Marina ven el futuro del petróleo tan negro y tan desprovisto, de hecho, de petróleo, que sufren por cómo se las arreglarán para continuar manteniendo a flote el negocio. Y lo cierto es que no existe una respuesta todavía para esa pregunta", asegura. "Tendrán que aferrarse a un clavo ardiendo o a otro, y solo podrán agarrarse del que tengan más a mano… Y es que el hecho de que la gente necesite algo no significa que ese algo exista", sentencia.

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