Breakfest 2018: Entre el diluvio y un público poco comprometido
Foto por: Julián Gallo |Noisey en Español

Breakfest 2018: Entre el diluvio y un público poco comprometido

Una batalla se luchó. Una batalla se perdió.

La tarde gris del viernes 28 de septiembre cayó sobre Medellín con la sexta edición del Breakfest, evento que conspira Breakfast Club en dupla con Páramo en el Parque Norte y que este año volvió a su formato original de un día tras haber intentado, con poca fortuna, dos días de fiesta en el 2017.

Mientras que las nubes arrabaleras se posaban y huían una y otra vez sobre el festival, actos regionales de alta proyección, como la melancolía en clave de lo-fi de Margarita Siempre Viva, la sublime Elsa y Elmar o el rapero venezolano Apache, aparecieron en tarima principal ante no más de unas 50 personas.

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Foto por: Julián Gallo |Noisey en Español

Entre tanto, el bellísimo escenario electrónico, empotrado en un bosque justo a la orilla del lago del Parque, recibió a DJs nacionales con una propuesta sónica bastante genérica. Sin embargo, dentro de la poca gente que le madrugó al festival, fue el spot que más presencia tuvo en las primeras horas del evento.

Aquí debemos hacer un alto para hablar de la poca cultura festivalera (con un evento privado) que se sintió con los paisas. Si bien fue un viernes en donde seguramente muchos de sus asistentes debían esperar para salir de sus trabajos, fue lamentable ver tan poca dinámica en las primeras horas para un festival con una producción de buen nivel, en una locación brutal y con artistas emocionantes por descubrir. Queda ese sin sabor, y es difícil no hacer comparativos a cómo se desarrollan este tipo de eventos en la capital del país. Vale la pena hacer un llamado directo al público, ese mismo que reclama espacios para la cultura, pero que ante eventos como este no responden o le copian simplemente a los actos internacionales.

Solo una cosa más: nuestros actos locales, nuestra escena nacional y el crecimiento de la misma dependen también del apoyo de su público y si no empezamos a caer y ver a aquellos en quienes recae la responsabilidad de calentar los ánimos tempraneros, no estamos haciendo nada.

A eso de las ocho de la noche, mientras que toda la banda de Cultura Profética llenaba el escenario, por fin la energía se catalizó cuando sonaron odas romanticonas como “La complicidad”, “De antes” o el homenaje al gran King Changó, “Sin ti”. Y de repente, el vaivén de las nubes terminó y se largó un diluvio tremendo que se acompasó con la lírica de Willy Rodríguez.

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Foto por: Julián Gallo |Noisey en Español

Cesaba el agua. 15, 20 minutos de calma y de nuevo el torrente. Así, durante el resto de la noche, fue como surfearon sus sesiones el afiliado a Ed Banger, Crazy P, Fatima Yamaha con sus clásicos repletos de melodía y la voraz técnica made in Detroit de Derrick May.

Zoé. El peaktime emotivo de la jornada no podía ser otro. Zoé. La banda mexicana detonó “Reptilectric” y varias de su último álbum, Aztlán, como “Azul” o “Hielo” en medio del aguacero. El sornero y encantador maestro de ceremonias que es León Larregui pilotió el agreste clima instalando una vibra íntima que hasta tuvo tiempo para hacerle una mención de agradecimiento al booker colombiano Sergio Pabón por haber confiado en la banda desde años atrás.

Foto por: Julián Gallo |Noisey en Español

Pasó Who Made Who sin pena ni gloria y después fue el turno para el headliner del festival. Mucho se especuló en la previa, e incluso se mal informó por algunos medios locales que Richie Hawtin, el visionario artista que se crió en Windsor, un pueblo canadiense ubicado a todo el frente de Detroit, iba a traer su último a/v show, CLOSE. Pero no, lo de Richie, fue, una vez más, bleep bleep y boom boom boom durante dos horas: bajos rebozados de un techno formulado pero efectivo en medio de la incesante lluvia. Aunque para algunos ravers el set del hombre detrás de Plastikman pudo haberse sentido como un mismo track sonando durante toda la sesión, la fanaticada paisa fiel a M_nus y todo el legado del monstruo que ha empujado los límites de la tecnología en la música electrónica, respondió con el mismo fervor de siempre.

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Y así se fue una edición más del Breakfest, un festival que la luchó, que lo puso todo en la pista para que el público medellinense gozara de un evento de alto nivel experiencial y sónico, pero a nuestro entender, esta vez, los que no estuvieron a la altura fueron los asistentes paisas.

Así lo vivimos:

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