Waypoint

‘Portal’ nos ha hecho sentir inteligentes de hace una década

Celebramos diez años de 'Portal', la obra maestra de Valve.
14.10.17
Todas las imágenes cortesía de Valve

Creo que Portal es el mejor juego de Valve.

Aunque la serie de Half-Life es probablemente más revolucionaria y admiro el diseño de los juegos de Left 4 Dead, Portal —tomando prestada una vieja frase de la canción más popular de Trent Reznor— está "más cerca de Dios". Se trata de uno de los juegos de acertijos más amados de los tiempos modernos; una experiencia cuidadosamente diseñada que arrancó como Narbacular Drop, un juego de estudiantes creado por un grupo de jóvenes muy inteligentes de DigiPen.

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Seguramente has jugado Portal alguna vez, pero si no es el caso se trata de un juego de acertijos en primera persona que lidia, de la manera más tortuosa, con la física y la geometría no-euclidiana. El jugador tiene que resolver una serie de pruebas complejas usando una pistola que crea hoyos en el espacio-tiempo. El juego tiene una curva de aprendizaje casi perfecta, y un memorable amigo-enemigo en GLaADOS, un robot mujer sarcástico que te acompaña en las pruebas.


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Incluso en nuestros días, Portal sigue vigente en cuanto a su nivel de diseño y su visión creativa. Nunca me cansaré de ver a los jugadores y speedrunners encontrar nuevas formas de completar el juego lo más pronto posible, y explotar la geometría ingeniosamente colocada en cada nivel.

Uno de los aspectos más llamativos de Portal es que te hace sentir inteligente. No sólo inteligente, más bien como todo un genio que sólo necesita uno o dos cubos de compañía para salir librado —con una brillante solución— de las creaciones más complejas y tediosas de los desarrolladores de Valve. Por supuesto, todo esto es parte del plan conforme cada nivel crece constantemente en complejidad —sin ser demasiado para el jugador— donde se requiere la aplicación de todo el conocimiento a un ritmo adecuado.

Me fascina el diseño que puede lograr todo esto y retar a los jugadores sin frustrarlos. Para el final de Portal —más o menos unas cinco horas—, eres todo un experto de las artimañas físicas del juego, puedes acelerar en los portales, crear hoyos imposibles en las paredes erosionadas, pipas, y máquinas que se supone jamás habrías tenido que percatarte dentro de la ficción del juego.

Hubo una (muy buena) secuela en 2011, y como la mayoría de los juegos de Valve de un solo jugador, nada de nada después. ¿Es una tristeza? Sí, pero nada estropeará el hecho que Portal, como una pieza de juego de diseño, es lo más destacado de la impresionante colección de Valve.