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actualidad

Analizamos el carrito de la compra de Amaia de OT

Hemos diseccionado la foto que colgó en su Instagram para intentar saber más cosas sobre su personalidad.

por Pol Rodellar
31 Enero 2019, 1:13pm

Imagen del Instagram de Amaia

Pues resulta que Amaia, la de OT y la que colabora en esa versión de Carolina Durante de un tema de Marcelo Criminal, también necesita ir al supermercado a comprar cosas para poder sobrevivir en este mundo, tanto comida como otros productos que hacen que no tengamos que ir por la vida desnutridos ni apestando como si viviéramos en cuevas repletas de heces y roedores medio quemados debido a un uso mediocre del fuego como artilugio culinario. Esta gran noticia —la de que Amaia compra en supermercados— la conocemos porque la chica colgó una foto en su cuenta de Instagram en la que aparecía con un carrito de la compra deambulando por una superficie comercial, esta.

Ha sido a partir de esta instantánea que hemos podido deducir que Amaia compra en el BonpreuEsclat, la empresa de los hermanos Joan y Josep Font que abrió su primer supermercado el año 1974 en Manlleu (Bonpreu) y que más tarde, en 1988, inaugurarían el primer hipermercado (Esclat) de Cataluña en Vilafranca del Penedès, un nuevo concepto de supermercado cuya principal característica —que la diferenciaba de los colmados, ultramarinos y supermercados— es la proporción desmedida de los establecimientos, que normalmente se encuentran fuera de las ciudades, sobre todo en carreteras o grandes superficies comerciales, que permite abastecer así a varias ciudades e incluso municipios. Uno de los case studies más destacados de la historia de la compañía fue el contrato que consiguieron para ser los encargados de abastecer todos los alimentos de los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992. Teniendo todo esto en cuenta, podemos deducir, así de buenas a primeras, que Amaia es una persona que tiene muy en cuenta cierto regionalismo a la hora de consumir, convirtiéndola en una persona preocupada por el negocio local y en contra del auge de las grandes franquicias, tanto nacionales (Mercadona, Eroski) como internacionales (Carrefour, Lidl), que asolan el panorama de los comercios de venta al por menor de bienes de consumo en un sistema de autoservicio.

Ahora echémosle un ojo al contenido del carrito de la compra de Amaia para poder vislumbrar la persona que se esconde detrás de su personaje público. El ejercicio es parecido a cuando un investigador husmea en la basura de alguien para recabar ciertos datos interesantes para resolver un crimen, pero un poco más higiénico. Lo que consumimos es, al final, lo que nos define, al menos en esta sociedad basada precisamente en gastarnos el dinero en mierdas.

Amaia carrito de la compra

Dos botes de gel de ducha “La Toja” con “sales minerales de agua termal”, una “fórmula rica y cremosa”.

“Relaja, renueva y revitaliza tu piel tras la ducha”, espeta la página oficial de La Toja, en la que incluso se la juegan y prometen una “piel suave y cuidada” tras su aplicación. La gente que utiliza gel de ducha en el siglo XXI representa un tanto por ciento bastante elevado de la población mundial —sorprendería descubrir como en ciertos países del tercer mundo en los que nos imaginamos a la población lavándose con raíces o plantas aromáticas la ducha siempre viene acompañada por un producto industrializado envasado—, dato que resulta poco relevante y que no nos puede esclarecer demasiado quién es Amaia, pero no son tantos los que escogen la opción La Toja, un gel que navega entre la estética hortera y excesiva de los geles para ancianas con el pelo lila que están enganchadas a frecuentar discotecas de gente mayor los sábados por la tarde (Magno) y esos geles pseudohippies-Coachella como los de Yves Rocher. Es un territorio entre dos aguas que coge lo peor de cada casa. Sin duda es un intento de gustar a todo el mundo, de no posicionarse en exceso para evitar el conflicto.

Amaia carrito de la compra

Un paquete de Pasta Gallo Plumas nº 6 de medio quilo.

Es difícil dilucidar si se trata de plumas u otro producto de la famosa marca de Rubí, pero parece un paquete de los pequeños y la densidad de la pasta que podemos observar dentro del envase no resulta ni demasiado fragmentada ni demasiado compacta, por lo que tallarines, espaguetis, tiburones, fideos, estrellas y mariscos quedan descartados. El punto medio es el macarrón de toda la vida, apostemos por ello. El hecho de escoger y confiar en esta marca nos indica que Amaia es una persona que, pese a vivir en Barcelona, no empatiza con ciertos problemas de esta comunidad, pues la marca Gallo fue una de las empresas que trasladó su sede social con toda la movida esta de “lo de Catalunya”, puede que incluso retrate a un individuo al que, simplemente, le sude la actualidad política.

El envase de medio quilo nos indica que es una persona solitaria que no comparte su vida con otros individuos, al menos dentro de la comodidad de su propio hogar.

Amaia carrito de la compra

Una bolsa de Pasta Gallo Nido de 250 gramos.

Esta pasta solo sirve para fardar un poco, como todo lo que lleve una etiqueta negra. Pese a ser una persona humilde y cercana, Amaia a veces necesita flirtear con su lado más mediático y darse un homenaje de estrella de la tele. Estos 250 gramos son su vanidad. No es mucho pero ya es algo. Las personas normales, pese a ser unos mediocres desconocidos, tenemos una vanidad de cinco quilos.

Amaia carrito de la compra

Un bote de L’Oréal ELVIVE champú reconstructor “Dream Long”.

Amaia tampoco es que se sienta muy bien en su papel de modelo femenino. Su personaje ha logrado trastocar los modelos de lo que esta sociedad considera una mujer de éxito, tanto a nivel estético como en lo que atañe a la personalidad. Este pequeño champú es el remanso de su feminidad más normativa, una zona de confort que se aleja de la imperante extrañeza simpática que normalmente asola su imagen.

Amaia carrito de la compra

Un Pack de seis Aquabona de 2,5 litros.

No beber Bezoya es de persona mediocre sin nigún tipo de gusto para la excelencia, tanto a nivel alimenticio como a nivel cultural, cosa que sorprende en el caso de Amaia, ese concursante de OT que de forma inaudita cita a Jeff Mangum o colabora con los grandes del indie nacional. Pero en fin, el dato importante es que esta mujer es capaz de transportar 15 quilos en agua, cosa que no toda la población de este país puede hacer. Esto nos hace suponer que Amaia es de esas personas que se hace llevar la compra a casa, o sea, que le gusta disfrutar de los pequeños privilegios que un supermercado pone a su disposición a cambio de una mínima inversión económica. Hay gente a la que le da vergüenza que vengan esos tipos con cajas de plástico a traerle a casa la compra, ya que en el fondo es una suerte de esclavismo encubierto finamente por el capitalismo; otras personas, por lo contrario, disfrutan de ello y les encanta vivir dentro de este pequeño oasis de sometimiento y dictadura. Solo con estos datos no podemos saber de qué grupo forma parte Amaia.

Amaia carrito de la compra

Una Mascarilla para el pelo Original Remedies, nutrición intensa “Aceite de aguacate y manteca de karité” de Garnier.

Funciona muy bien, deja el pelo súper liso y súper suave y te deja el pelo con un olor fantástico. Esperemos que se lo deje los tres minutos (como mínimo) que exige el tratamiento. No, en serio Amaia, este producto es increíble. La tipa sabe lo que hace. Por si os lo estáis preguntando, yo no lo utilizo —joder, soy un hombre— pero siempre lo compro para que las tías que me follo se pongan algo decente en el pelo aunque sea solo por una vez en su vida.

Amaia carrito de la compra

Una caja de Tampax Compak Super de 36 unidades.

Podemos pensar que Amaia es una mujer que se encuentra en la edad de generar otras personas si le introducen esperma en su útero. Resulta realmente extraño que una persona pueda crear otra persona, ¿verdad? Amaia PUEDE.

Amaia carrito de la compra

Una caja de cereales Golden Grahams.

Preocupada por su línea pero a la par incapaz de ignorar los encantos del azúcar. Además, los cereales son considerados un desayuno óptimo para los niños y adolescentes, por lo tanto, Amaia se encuentra atrapada en ese limbo entra la juventud y la edad adulta, incapaz de soltarle la mano a esa niña que jugaba con muñecas y que creía equivocadamente que algún día podría vivir de la música.

Amaia carrito de la compra

Unos guantes de limpieza.

Creo que son de la marca Bonpreu, pero no acabo de encontrar el modelo exacto. Espero que Amaia nos pueda sacar de dudas en algún momento. Los guantes de limpieza no los utiliza casi nadie, bueno, solo esa peña que hace metanfetamina casera y que acumula las chustas de tabaco dentro de botellas de agua en las que también orinan.

Amaia carrito de la compra

Bolsas de basura de 30 litros protegidas con antibacterianos y cierre fácil.

30 litros son muchos litros, o sea, que Amaia es de esas personas que, como mucho, sacan la basura una vez cada dos semanas. El cierre fácil y lo de los antibacterianos no hacen más que corroborar esta hipótesis. Cuando Amaia compartía piso el tema de la basura siempre fue delicado, fuente de grandes discusiones dentro de la comunidad. Notas pasivo-agresivas dejadas en la encimera de la cocina en las que informaban a Amaia de que “los del vertedero han llamado y piden que les devuelvas toda la basura que llevas meses robándoles”.

Amaia carrito de la compra

Un bote de miel de flores Bonpreu con tapón antigoteo.

¿Pero qué diablos es esto de miel? ¿Qué es la miel? ¿Un producto anticonceptivo?

Amaia carrito de la compra

Unos Doritos DIPPAS Original.

A Amaia le gusta estar en casa tranquilamente viendo la tele y comiendo estas mierdas, sin salsa, a palo seco. Claramente estamos delante de una persona que prefiere no hacer a hacer. A estas alturas es sorprendente que Amaia no haya anunciado disco ni haya sacado un segundo single, porque, a veces, es mejor vivir y disfrutar de los segundos y los minutos y las horas que engañarse pensando que la vida de uno la define lo que ha producido. No, Amaia no se considera un mecanismo productivo más, prefiere tumbarse en el sofá, zamparse DIPPAS y observar cómo el paso del tiempo erosiona su existencia.