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El abstracto como la rebelión del arte: una defensa

Si sientes que el arte abstracto no es lo tuyo, este texto es para ti.
14.6.17

No es nada difícil encontrase con opiniones variadas sobre la escena artística en la que actualmente vivimos. Normalmente, lo negativo se basa en criticas de lo que se conoce como "ready-made" -el mingitorio de Marcel Duchamp, por ejemplo, y expresiones artísticas que no tienen como finalidad necesaria representar una escena o un tema en particular; "arte abstracto". En un primer vistazo o inmersión, las cosas empiezan a brincar como sinsentidos o pretenciosidades si una obra es puesta frente a nosotros sin nada qué decir más que "soy un zapato con una hoja de papel dentro"

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De antemano, hay que decirlo: no todo lo que se proclama arte es porque precisamente lo sea. A diferencia de otro campo, aquí, lo que se dice no es necesariamente lo que es y lo que parece puede ser diferente. Es arte, y si en cierto sentido posmoderno vamos a aceptar el mediocre "es subjetivo", también tenemos que matizarlo. Precisamente porque la crítica en cuestión surge a partir de que hay individuos que demandan objetividad. Curiosamente, la persona que puso cierto objeto al que no pudiste encontrarle ninguna reflexión artística, también demanda su objetividad y, aún más, cree que la tiene. Hablar de subjetividades se presta a tantas dificultades como la palabra enuncia. No es subjetivo en función de qué y lo es en función de cuál. Entonces, ¿de qué se habla cuando se critica al arte contemporáneo? ¿al abstracto? ¿al ready-made? Quién sabe, normalmente, la crítica es tan limitada como el arte mismo.

El mejor ejemplo del "ready-made". "Fuente" Marcel Duchamp.

"Robert Delaunay, Joie de vivre, 1930" por Sharon Mollerus. Licencia: CC por 2.0

Lo desgarradamente tenebroso de lo que nos dice un mundo de arte mediocre a los ojos de todos es que nuestra misma capacidad por observarlo, negarlo y demandar algo ¿mejor? Se remite a nuestro arte mismo –tenemos el arte que merecemos. Es un ciclo vicioso. Sin embargo, podemos encontrar luz. Como la encontraron los primeros artistas que prepararon el terreno para las varias corrientes que imperan hoy en día. Empezando por el abstracto, el mero concepto que, a mí muy limitado parecer, comenzó con todo.

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¿Qué nos muestra una obra abstracta? ¿qué buscar? O, en cualquier caso ¿hay algo qué buscar? Cuando uno se para frente un cuadro de abstracto, como podrían ser de Rothko o de Kandinski, uno prescinde de una narrativa y también es probable creer que la creación del mismo cuadro fue así. No hay historia, pero hay arte, si es que se puede decir eso, "arte". Si uno lo que busca en arte exclusivamente es un significado que necesariamente remita a la realidad, esto, sin duda alguna, no va a caber dentro de su propio cánon artístico. Afortunadamente, las cosas no tienen que ser como nadie piensan, solamente son, fuera de cargas y prejuicios, existen y comparten un espacio, con cierta distancia, con el espectador que las observa. Recordemos que, al menos en la cuestión del arte abstracto, éste, el sujeto, es el que es analizado según su interpretación, le impone sus categorías bajo las que piensa a la obra y no viceversa. El espacio que el arte abstracto abre, por tanto, es el más libre que se puede imaginar. Es un lienzo parado frente de uno que recibe con los abrazos abiertos, con ingenuidad, pasividad, fortaleza y resilencia, exclamando "¡imponte sobre mí!". La interrogante que queda abierta ahora, del lado del espectador, se resume en si podrás, querrás hacerlo o no.

"One Year the Milkweed, 1944, óleo sobre tela por Arshile Gorky" por Cliff. Licencia: CC por 2.0

"El expresionista abstracto valora expresión sobre perfección, vitalidad sobre finalidad, fluctuación sobre reposo, lo desconocido sobre lo conocido, lo enmascarado sobre lo claro, el individuo sobre lo social y lo interno sobre lo externo". — William C. Seitz, historiador de arte y artista.

"Mark Rothko, Ritual, 1944" por Sharon Mollerus. Licencia: CC por 2.0

Enfrentarse a una obra de arte abstracto no necesariamente llevará a un éxtasis estético después de comprenderla o experimentarla de cierta manera, ciertamente, no es para todos. Pero, de igual manera, no todo el arte nace de una copia de lo real o para serlo; la belleza de la exploración artística que ha estado sucediendo ya por más de un siglo entero radica en que uno puede encontrar significado en la relación entre diversos elementos visuales y no entre temáticas. Una obra de arte abstracto, no demanda que todas las demás obras sean como ellas, sino que está reclamando su derecho a existir, con el mismo valor que las demás y, eso, efectivamente, es objetivo. El final de la conversación no se limita en que el arte es subjetivo y ya, a ti te gusta, a mí no, y punto. No. Queremos arte mejor, queremos ser capaces de educar nuestra vista y sentidos al grado de que seguir haciendo pinturas renacentistas no sea suficiente. Y no lo fue.

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Nada nunca va a ser suficiente, esa es una condena humana de por sí. Siempre va a existir deseo, y ser humano es aprender a domarlo. La historia del arte es la historia de la relación del hombre con sus deseos. Y tal como la historia de la humanidad, siempre existe gente que quiere algo diferente y gente que quiere conservar la tradición. Desgraciadamente o afortunadamente, es subjetivo (¡ja!), la manera invariable en que se termina por dar un cambio siempre es por rebelión, por ruptura de visiones que en su momento podrían parecer reconciliables y eso también se presenta como algo objetivo. Luego, parafraseando a L. Moholy-Nagy, lo que presentó el arte abstracto desde un comienzo fue un acto bélico que se decidió medir únicamente por términos de luz y color. Nada más y nada menos. Prescindiendo de forma, volumen y de narrativas directas, quisieron apelar a la emoción humana de la manera más pura posible, mismo que la hace difícil de aterrizar, la hace abstracta. El arte abstracto, claro, evoca sentimientos abstractos. Curiosamente, cuando vemos una representación de la naturaleza sucede un sentimiento similar. Sin embargo, la ruptura no tiene referencias culturales ni experienciales que podrían distorsionar el camino que puede ser emprendido.

L. Moholy-Nagy, en su ensayo In Defense of Abstract Art (En defensa del arte abstracto), escribe: "La interpretación del espacio-tiempo con luz y color es verdaderamente un acto revolucionario. Éstos son los primeros motores de la abstracta, no objetiva, pintura; la base de una investigación que sirve su puro valor estructural, no como un metro medidor de una nueva estética, sino en su valor simbólico para un deseable nuevo orden social. En otro nivel, la pintura abstracta puede ser comprendida como una fase congelada de luz cinética, que lleva a la emoción original, el sentimiento físico del color".

"Pollock paint splatters." por kaythaney. Licencia: CC por 2.0

Nuestras categorías mentales, miedos e ideas impuestas en un lienzo que no fue pintado por nosotros presenta una nueva liberación de la experiencia estética. No hay que tenerle miedo a tomar un papel activo al experimentar arte. Pongámonos en ese punto de debilidad en el que se pone el artista cuando expone. Más que entenderlo a él o ella, entendámonos a nosotros mismos y nuestra capacidad de percibir un solo color como una actividad transgresora, biológica, trascendental. Seamos capaces de ver el giro que el arte abstracto propone: en vez de mostrarte mi todo y contarte una historia, ahora tú te vas a desnudar y contarme la tuya.