Cultură

La horrible historia de los hermanos negros a los que obligaron a ser atracciones de circo

En 1899, George y Willie Muse, que por entonces contaban con nueve y seis años respectivamente, fueron secuestrados en Truevine (Virginia) y obligados a actuar en un circo. Ambos hermanos eran albinos.
28.10.16
Todas las fotos cortesía de Little Brown and Company

Este artículo se publicó originalmente en VICE EUA.

En 1899, George y Willie Muse, que por entonces contaban con nueve y seis años respectivamente, fueron secuestrados en Truevine (Virginia) y obligados a actuar en un circo. Ambos hermanos era hijos de padres afroamericanos y albinos y tuvieron la desgracia de vivir en una época en la que los negros casi no tenían derechos. La piel blanca y los rasgos negros les conferían un aspecto exótico que los Hermanos Ringling y la compañía circense Barnum & Bailey no dudaron en explotar en sus espectáculos, obligándoles a hacerse pasar por caníbales, atracciones humanas con cabezas de oveja o "embajadores de Marte".

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Los dos hermanos se convirtieron en estrellas internacionales mucho antes de la era de la televisión, y llegaron a actuar para grandes multitudes en el palacio de Buckingham o el Madison Square Garden de Nueva York. Durante todo ese tiempo, su madre, Harriet, se negó a aceptar vivir separada de sus hijos y dedicó prácticamente tres décadas a tratar de recuperarlos.

En su nuevo libro, Truevine: Two Brothers, a Kidnapping, and a Mother's Quest: A True Story of the Jim Crow South, la periodista Beth Macy nos ofrece un apasionante retrato de la opresión de los negros en su manifestación más extrema, a principios del siglo XX. En su relato recoge la historia de los hermanos Muse y, sobre todo, el periplo de su madre para encontrarlos. Durante décadas, la historia de cómo Eko e Iko —como los llamaban en el circo— pasaron nuevamente a ser George y Willie fue conocimiento exclusivo de sus más allegados, muchos de los cuales eran analfabetos. Macy tuvo que pasar 25 años para dar forma a la historia completa, con una dosis de "perseverancia en su justa medida" y ganándose la confianza de los familiares de los Muse para que le explicaran los detalles.

El libro constituye un impresionante retrato de la Virginia rural y la dura vida de los freaks de circo, y sigue la increíble aventura de una mujer negra que desafió al hombre blanco en su lucha por devolver la humanidad a sus dos hijos. Hace poco tuve oportunidad de hablar con Macy sobre el viaje de los hermanos Muse, por qué su madre se merece una estatua y sobre el racismo insidioso que imperaba en EUA amparado por las leyes Jim Crow.

VICE: Antes de leer el libro, nunca había oído hablar de los hermanos Muse. ¿Podrías hablarme de sus vidas durante su "apogeo" en el mundo del espectáculo, por así decirlo?
Beth Macy: Su actuación se encontraba entre los principales espectáculos de los Ringling Brothers y de Barnum & Bailey durante gran parte de las décadas de 1920 y 1930, época en la que su circo era todo un referente en Norteamérica. Después del día de Navidad, el día del circo era el más esperado del año, y gentes de todas partes acudían en masa a ver cómo la compañía descargaba el material de los vagones de tren a primera hora de la mañana, ya que muchos no podían permitirse el lujo de pagar la entrada al espectáculo.

Los hermanos actuaron ante la casa real británica y en los espectáculos que se celebraron en Madison Square Garden. Sus espectáculos incluso llegaron a anunciarse en el New York Times. Cuando eran adolescentes, se les exhibía en pequeñas caravanas de artistas itinerantes, simplemente por su piel lechosa y sus ojos azules, que ya eran reclamo suficiente. Años después, los managers decidieron complementar sus actuaciones dando a los hermanos instrumentos musicales, y para sorpresa de todos, los muchachos demostraron tener la capacidad de interpretar un tema con cualquier instrumento solo con escucharlo una vez.

La historia resulta sorprendente en la superficie, pero tú has ido más allá y has dedicado 25 años a investigar para llegar al fondo de la misma. ¿Cómo ha sido el proceso?
Cuando pregunté a Nancy Saunders si podía escribir una historia sobre sus famosos tíos abuelos, me dijo (y a muchos otros que quisieron hacer lo mismo) que la dejara en paz. Diez años después, tras la muerte de Willie Muse, nos permitió a una compañera y a mí escribir una serie de artículos para el periódico, pero no nos contó mucho. La clave fue una dosis de perseverancia en su justa medida. Como dice el premio Pulitzer Robert Caro, "El tiempo es igual a la verdad". Hace falta tiempo para ganarte la confianza de las personas, y eso es algo que se está perdiendo en la sociedad hipermóvil en la que vivimos actualmente, creo yo. Soy como un unicornio en el mundo del periodismo. Llevo toda mi vida en la misma ciudad, y eso me ha permitido escribir dos libros exhaustivamente documentados.

Háblame de la madre de los hermanos Muse y de las dificultades que tuvo que afrontar para recuperar a sus hijos.
Ella es la verdadera heroína de la que nadie habla, una criada negra y analfabeta a la que le tocó vivir el racismo más exacerbado y en una ciudad cuya máxima autoridad era el fundador y líder del KKK. Esta mujer no solo le plantó cara a él, sino a los poderosos abogados de Ringling. Fue un gesto de auténtica valentía. Si te paras a pensarlo, podrían incluso haberla linchado. Imagínate de qué habría sido capaz hoy día si en su época salió airosa de su batalla con fuerzas tan poderosas como aquellas, subvirtiendo continuamente un sistema diseñado para minar sus derechos. Esta mujer se merece que le pongan una estatua. Defendió la verdad ante la autoridad. Fue increíble.

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No sabía leer porque a los aparceros de la Virginia rural no se les permitía ir a la escuela. No he logrado averiguar exactamente cómo supo que a sus hijos se los habían llevado los del circo el día que se presentó para recuperarlos, en 1927. A sus familiares les dijo que le llegó como una visión en sus sueños. Lo que sí sabemos es que fue casi un suicidio enfrentarse a ocho policías y a los abogados de Ringling.

¿Cómo trataban a los hermanos Muse en el circo? ¿El hecho de hacerse cada vez más famosos les hizo la vida más fácil?
Ellos tampoco pudieron ir nunca a la escuela, por lo que no pude disponer de cartas con las que documentarme. Sus familiares me dijeron que los primeros años fueron muy traumáticos porque los mantuvieron cautivos y les dijeron que su madre había muerto. También sabemos, por artículos de prensa, que se burlaban constantemente de ellos y que nunca se había puesto en tela de juicio que habían sido secuestrados.

Una vez que su madre los recuperó tras llegar a un acuerdo con el circo, era decisión de los muchachos regresar a casa o quedarse. Una decisión nada fácil, por cierto: ¿era mejor vivir hacinados en una choza sin agua corriente en una población en la que todo el mundo se mofaba de ellos, o seguir llevando una vida itinerante con el circo? Afortunadamente, sus vidas mejoraron con la indemnización que recibieron y se les permitió visitar a su madre regularmente. Basta con ver las fotos para darse cuenta de que en esa época fueron más felices.

Harriet Muse; foto cortesía de Nancy Saunders

¿Qué opinas sobre la época que retratas en tu libro, en la que en el sur regían las leyes Jim Crow, respecto a la situación racial que se vive actualmente en EUA?
La tataranieta de los hermanos, Erika Turner, me explicó una anécdota fantástica que incluyo al final del libro. En 2015, Erika estaba en clase de psicología, en el instituto, tratando el tema de la conducta de la policía en los disturbios de Baltimore. La mayoría de sus compañeros, predominantemente blancos y procedentes de zonas acomodadas, no dudaron en criticar las protestas, mientras que ella intentaba explicar que no se trataba de un episodio aislado, sino que era una reacción a siglos de explotación y favoritismo sistemático.

Hay mucha gente blanca que no está dispuesta a hablar de temas raciales porque les incomoda. Muchos argumentan que hace ya más de un siglo que se abolió la esclavitud y que la generación actual no tiene nada que ver con el tema. Sin embargo, son los matices de esas historias —desde la esclavitud a la segregación, pasando por los derechos civiles y las encarcelaciones masivas— los que constituyen la médula espinal de la sociedad estadounidense actual. Siempre pongo los ejemplos de la anciana que todavía se encoge al recordar los calificativos ofensivos que le dedicaban los repelentes de clase de camino a la escuela, o el de la aparcera a la que obligaban a comer fuera, hiciera el tiempo que hiciera, porque la norma era "Se prohíben a los negros entrar en la casa".

En aquella época el racismo estaba muy arraigado y, pese a que he pasado tres décadas escribiendo principalmente sobre gente marginada, me conmocionó saber que era peor de lo que imaginaba. Los periódicos de todo el país publicaban tiras cómicas tremendamente racistas, como las de Hambone's Meditations. La mayoría de los blancos veían a los negros como seres infrahumanos. Incluso nuestros antepasados blancos, que se aprovecharon de la explotación sistemática de la clase marginal de los negros. Creo que todos debemos asumir nuestra pequeña parte de culpa, pero para eso primero es preciso reconocerlo.

Aunque el libro se centre en la explotación de los dos hermanos, también es la historia de conceptos más amplios, como el amor.
Los espectáculos de circo han sido como el factor reclamo, el gancho, pero el tema principal del libro es el borrado de la memoria histórica, la historia de una familia ninguneada sistemáticamente por instituciones dirigidas por blancos. El núcleo de mi libro lo forman dos mujeres de raza negra y gran fortaleza, capaces de ganarle el pulso a la justicia por su familia. No solo Harriet, la madre, sino también la bisnieta, Nancy, que interpuso una demanda contra la mayor corporación de la ciudad cuando Willie Muse fue víctima de tratos vejatorios posteriormente. Nancy creció siendo objeto de las burlas por el color de piel de sus tíos abuelos y acabó desarrollando una fachada de mujer dura. Sus parientes la llamaban cariñosamente Guardiana. Después de 25 años, finalmente me dio permiso para relatar esta historia, no tanto por su familia, sino porque cree en la importancia de aceptar las diferencias de los demás y porque cree que su tío Willie merecía, por una vez, tener la última palabra.

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Traducción por Mario Abad.