Cultură

Por qué me he enganchado a ‘First Dates’

Estos son los puntos que creo que hacen que me plante cada día frente a la tele.
27.7.16

Llevo una semana intentando acabar la octava temporada de Seinfeld. Sí, eso es lo que hace un editor de VICE una tarde de verano cualquiera en una ciudad de playa, ver Seinfeld. Pero esto no va de mi absoluta falta de vida social. El caso es que llevo una semana intentando acabarla porque cada vez que intento retomar la maldita serie, hay una parte de mí que prefiere tumbarse en el sofá y dejarse llevar por la programación de la parrilla.

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¿Por toda en general? No, claro. Habría que ser un demente para hacer algo así. Yo sólo pierdo la noción del tiempo con First Dates, el programa de Cuatro que desde hace unos meses ocupa el prime time del canal.

Yo no soy de esa gente que ve mucha tele. De hecho, me entero de las cosas que pasan en la tele por los artículos que otros escriben aquí sobre ellas: no se quien es el tipo que ganó Supervivientes, ni le guardo un odio especial a los niños de Masterchef Junior ni nada por el estilo. Para mí la televisión empieza en Los Simpson y acaba en la sección de deportes del telediario excepto contadas excepciones.

Y sin embargo, aquí estoy otra vez, despegando mi sudorosa espalda del sofá mientras escribo esto con una mano y enciendo la tele con la otra para no perderme 'Las citas de ayer' y enterarme de cómo acabó el programa de, sí, efectivamente, ayer, que no pude acabar de ver.

Tampoco es que sea yo el único que está enganchado. Según los datos de audiencia, el programa tiene 1.312.000 espectadores de media, lo que equivale a un 7,2% del share. La gente lo sigue, lo comenta en las redes, lo espera. El caso es que lo peta, sí, pero ¿por qué? Yo solo puedo hablar por mí, pero estos son los puntos que creo que hacen que me plante cada día frente a la tele.

Carlos Sobera con perilla y la estética de la falsa modernidad

El mítico presentador vasco ya no hace juegos de cejas ni hace chistes fáciles (bueno, no demasiados), ahora sus sellos característicos son una perilla hortera y un arsenal de frases cutres sobre el amor, las parejas, la vida… a medio camino entre la versión más casposa y cursi del carpe diem y de cualquier escritor de libros de autoayuda. Una suerte de cuñadismo ñoño.

El tipo además tampoco se esfuerza en exceso: abre la puerta, les come un poco la oreja a los concursantes y luego se limita a pasear por la sala y, de vez en cuando, entre tanda y tanda de citas, mira a la cámara y suelta un discursito lleno de todos los clichés de los que hablaba antes.

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No es propiamente dicho un aliciente para verlo, pero por otro lado, sin él, sin ese presentador un poco venido a menos que parece no acabar de encajar en el formato, no sería lo mismo. Si tuviésemos a alguien enfrente que se desenvuelve perfectamente en el medio como Luján Argüelles en "Un príncipe para…", "First Dates" no sería lo mismo. Sobera, con esa perilla, es una parte más del atrezzo cutre. Como lo es la decoración recargada, falsamente moderna y kitsch del restaurante que le da un aire a local supuestamente guay de ciudad dormitorio.

El casting

¿Cuantas personas de entre 20 y 40 años divorciadas y con hijos hay en España? No sé la respuesta, pero tengo claro que muchos de ellos están REALMENTE DESESPERADOS por encontrar una nueva pareja con la que tomar un compromiso de por vida y romperlo al cabo de unos años.

Está claro que un programa de este tipo solo puede sobrevivir con un buen casting, equilibrado, lleno de personajes de todo tipo y todo lo que ya sabemos por el hecho de vivir en uno de los países con más ediciones de Gran Hermano, pero parece que "First Dates" se nutre de perfiles normalitos tirando a bajos. No suele haber personajes destacables, la mayoría de ellos pasan desapercibidos y se olvidan de un programa para el otro y sin embargo funcionan. Es lo mismo que pasa con la estética cutre y sobreactuada del programa en sí: la gente se esfuerza demasiado, es como un zumo concentrado de personalidad mediocre, lo bello y exitoso de lo más pura y absolutamente normal.

No hay demasiados 'fracasos a la carta'

Al margen de esto, una de las cosas que me gusta especialmente es que no abundan los fracasos a la carta. No hay muchas de esas citas que obviamente no van a acabar bien y que no llevan a nada, que solo se han montado para echar unas risas a costa de uno o dos pobres individuos que no encuentran nada atractivo en el otro y que desde el momento en el que se ven saben que no va a funcionar. O al menos uno de ellos lo tiene muy claro.

Como mucho pueden hacerte reír un poco pero la mayor parte del tiempo vas a estar sintiéndote tremendamente incómodo y rezando porque acabe ese espectáculo lamentable que no lleva a nada. No se quien las inventó y en general creo que el paripé puede encajar perfectamente en algunos formatos, pero creo que no es el caso de "First Dates" y las varias citas destinadas irremediablemente al fracaso que ha habido a lo largo del programa lo demuestran. Los fracasos que nos gustan son los inesperados, los que parece que sí pero no, o los que desde un principio son un claro "no" pero sobre el papel podría ser un "sí". Todos sabemos en diez minutos cómo acabará el asunto, no hace falta que lo adivinemos en diez segundos.

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Un buen ejemplo sería la cita de ayer de un tipo llamado Erwin: perreó, se desnudó, conquistó y rechazó. Y eso que empezó siendo él el rechazado. Joder, ¿cómo no te vas a quedar viendo eso?El morbo del fracaso tiene que ser real, o al menos parecerlo, pensar que todo lo que estás viendo está preparado desde que se hizo la selección del casting no tiene mucha gracia.

¡Si las paredes de ese baño hablasen! Erwin muestra (y bien) su otro lado — First dates (@firstdates_tv)26 de julio de 2016

El mito del eterno retorno al amor

La constante e inesperada búsqueda del enamoramiento, el infinito ciclo de la primera vez, la eterna posibilidad, o como decía aquel, la eterna promesa. Este es para mí el principal aliciente del programa.

Todos buscamos el amor, aunque ya lo tengamos, las infinitas posibilidades del mismo, que se escapan entre nuestros dedos mientras nos masturbamos o follamos durante años con la misma persona es lo que nos lleva noche tras noche a ver como otras personas se encuentran por primera vez, una y otra y otra vez.

Para los que tienen pareja, es una especie de sentimiento colectivo de celestina, el mismo que les embarga cuando juegan a emparejar a amigos: esas mariposillas ya no vuelan en tu estomago y buscas en las relaciones de los demás ese primer momento. Los que no la tienen, se regodearán en los fracasos ajenos y los triunfos de los otros, se convertirán en sus futuras esperanzas.

Ya sabéis a qué me refiero, TODOS VOSOTROS y los creadores del programa también, por eso "First Dates" ofrece eso en repetición continua. Al fin y al cabo, ¿a quien no le gusta ver nacer y morir los sueños?