Miss Señorita Gay Venezuela

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Miss Señorita Gay Venezuela

El furor de los venezolanos por la belleza física toma nuevos y afortunados horizontes.
17.9.15

Maracaibo, ciudad puerto situada al noreste de Venezuela, a 720 kilómetros de la capital Caracas, donde la temperatura casi nunca baja de los 38 grados, ni de día ni de noche, en ninguna época del año. Donde las mujeres son las más expresivas de todo Venezuela. Y los homosexuales también.

Carolina "Conejita" Ramírez es la organizadora del concurso de belleza Miss Señorita Gay Venezuela en la ciudad "del Sol amada". Unos días antes del evento le llamé por teléfono y le comenté mi interés por asistir al mismo. Sin vacilar me preguntó si quería ser jurado. Acepté, desde luego.

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Durante toda mi vida he vivido entre las faldas de una televisión plagada de culebrones y de la surrealista influencia del certamen de belleza Miss Venezuela, "el magno evento de la mujer venezolana" como lo definen sus organizadores.

Todo esto se ha trasladado a la subcultura de un país improvisado, donde las cosas funcionan a veces por pura suerte. En Venezuela existe el profundo culto a los concursos de belleza, desde la elección de la más bonita de la clase en cualquier escuela, hasta las elecciones de la reina de las fiestas de tu barrio, tu pueblo de tu ciudad, la madrina de los juegos deportivos o del carnaval. Desde hace pocos años ha surgido una cantidad indefinible de certámenes nacionales donde hombres homosexuales se travisten de mujer, representan a los estados del país y concursan por premios en metálico o simplemente disfrutan las mieles de triunfos efímeros.

La premisa fundamental en Venezuela es destacar físicamente. En ocasiones a costa de lo que sea. Esto no solamente es para las mujeres, lo es en igual medida para los hombres homosexuales que participan en estos eventos. El reflejo de sus fantasías son las misses venezolanas y las "mamis", como se les llama a las mujeres que no tienen reparos en vestir los pantalones más apretados y el escote más pronunciado.

Carolina, la Conejita Ramírez, me recibe a primera hora de la tarde en una antigua discoteca del centro de la ciudad donde se celebrará el concurso por la noche.

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"Llegaste temprano mi amor, qué bueno que estás aquí". Carolina es transexual, se operó "de las caderas para arriba" según dijo, señalando sus senos perfectos y añade: "Bueno, no te debería contar todos mis secretos, pero yo soy mujer, asumida". En el local están los que más tarde se maquillarán y peinarán como perfectas mujeres. Hablo con uno de ellos, un chico moreno, de una estatura quizá muy baja para ser candidato que representa al estado de Amazonas, quien afirma:

—Ya verás, no me vas a reconocer esta noche, voy a demostrar ser muy femenina.

—Pero, ¿quieres ser mujer en la vida real? —replico.

—No, papi, soy bien maricón pero mujer no quiero ser.

Para estar en el concurso de Miss Señorita Gay Venezuela las condiciones son pagar una cuota de participación y ganas de figurar. Los hombres que concursan son todos habitantes del estado Zulia, cuya capital es Maracaibo. Las regiones a las que representan son sólo una banda en el pecho.

El inicio del evento está pautado para las diez de la noche pero eso es sólo una convocatoria. La impuntualidad es baluarte en este tipo de concursos. Mientras llega el momento de subir al escenario, las candidatas me dan acceso a los camerinos. Se desnudan frente a mí sin reparos. Todos me evalúan y trato de no sentirme intimidado. Observo a una chica que ayuda a algunos de los muchachos a ponerse cinta aislante transparente por todo el cuerpo. Con mucha fuerza aprietan y reducen sus abdómenes a planos vientres de quinceañeras. Lo mismo hacen con sus genitales, que meten hacia dentro de sus nalgas con fuerza y añaden más cinta aislante. No quedan señales de que hay un pene allí. Una operación perfecta, tengo que reconocer que es impresionante. La chica me mira y le hago una seña para que venga hacia donde estoy y es cuando me asalta la duda de su sexualidad, y le pregunto si es hombre o mujer. Sonriente y seductora responde: "Nací hombre pero soy mujer". Ante mi cara de asombro añade: "No estoy operada si eso es lo que quieres saber; tengo pene, pero no lo uso para nada", y se marcha contoneando su culo perfecto ante mis narices.

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A medianoche salen ya vestidas y maquilladas como mujeres perfectas al pequeño escenario con sus tacones de 15 centímetros pegados con más cinta aislante a sus tobillos, y hacen una coreografía de baile. Suena el himno del Miss Venezuela que todos tararean, y que dice: "En una noche tan linda como ésta, cualquiera de nosotras podría ganar, ser coronada Miss Venezuela en una noche tan linda como ésta…"

Durante toda la noche se suceden los desfiles en traje de baño (el más interesante por lo de los pliegues del cuerpo) y los trajes de gala, con los correspondientes discursos de cada una, donde expresan sus ideas y anhelos. Una de las candidatas, que se hace llamar Génesis y representa al estado Vargas, sale al escenario con un vestido muy entallado de color azul chillón, sus pies trastabillean en el fondo y está a punto de caerse estrepitosamente, pero por esas cosas de la física y la suerte, y después de que su cuerpo se doblara en mil formas grotescas, recupera el equilibrio y muy digna posa para el público. Toma el micrófono con rabia y dice: "Yo no quiero ser mujer, la mujer es lo más importante de la vida de todas las personas empezando por nuestras madres, que nos dieron la vida, entonces ¿por qué va a pensar la gente que queremos ser mujeres? Yo estoy aquí vestido así para honrarlas, para adorarlas, para decirles que son lo mejor del mundo. Las mujeres son la verga". El público, en su mayoría homosexuales y familiares de los candidatos gritan enloquecidos.

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Como en todo concurso, sólo una se lleva la corona y los aplausos. Lucieron como chicas bellas y esbeltas, fueron otras y vivieron su fantasía. Al finalizar se retiran, desesperadas por quitarse cuanto antes las pelucas y el pegamento de sus cuerpos.

Antes de irme me encuentro de nuevo con los ojos de la chica de los camerinos, ha estado detrás del escenario y no ha dejado de mirarme durante casi toda la noche. Me acerco a ella y a modo de despedida le digo que luce muy bien, que por un momento pensé que era una mujer. Todo el mundo alrededor está bailando en una pequeña pista, pero el evento ya finalizó. Son casi las tres de la mañana. Le doy un beso y molesta me dice: "Pero bueno, mi amor, llevo toda la noche mirándote para que me pares bola y nada; mira, papi no me jodas y vamos a bailar, ¿sí?"