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Good Music I Dance: la frase que se volvió culto en la escena electrónica paisa

La historia sobre cómo la sigla 'GMID' terminó tatuada en la piel de toda una generación de ravers en Medellín.
Kits GMID que se vendían unos años atrás en Medellín. Imagen vía www.medellinstyle.com.

Corría el año 2008 en Medellín. Era la noche del 3 de mayo, o la madrugada del 4 para ser más exactos y el Orquídeorama del Jardín Botánico de Medellín estaba a reventar.

La gente que había asistido a la fiesta en este lugar bailaba feliz, expectante. Era la primera vez que alguien en Colombia iba a poder ver en vivo a Derrick May, uno de los Belleville Three, cómo se les conoce a los tres génesis del techno junto con Juan Atkins y Kevin Saunderson. Al sonido del artista que tocaba esa noche se le acuña el término de high tech soul; un sonido melódico pero percutivo, cálido pero contundente, rítmico, con alma. Ese también era el nombre de un documental muy famoso que se realizó sobre los inicios del género en Detroit, al tiempo que narraba el momento histórico que la ciudad estaba viviendo en ese entonces, hace casi cuatro décadas.

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De hecho, la fiesta en Medellín también tenía ese nombre: "GMID High Tek Soul Edition", un título que aparte llevaba pegadas cuatro letras al principio, abreviando la frase "Good Music I Dance" o su adaptación paisa: "Buena Música Sí Bailo". Para ese entonces, la escena electrónica paisa aún no tenía idea de que ese enunciado, y su variación "mala música no bailo", iba a coger vuelo en la vida nocturna de la ciudad y a convertirse en una consigna para las fiestas, para los fines de semana y para la vida misma.

Derrick May en el jardín Botánico de Medellín, 2008.

La persona detrás de estas siglas y de aquel evento fue Jose Luis Posada, uno de los promotores más reconocidos de la escena electrónica en Medellín, quien le dio forma al proyecto que hoy se conoce como MedellínStyle y a su festival, el Freedom, uno de los festivales electrónicos más relevantes que tiene el país, y que en su momento también tuvo la sigla metida en su nombre.

"Para ese entonces quería buscarle un buen nombre al evento, algo que pegara", afirma Jose Luis refiriéndose al evento de Derrick May. Embargado por la emoción, después de ver cómo artistas de la talla de Adam Beyer, Camea, Deetron y Danilo Vigoritto estaban pisando sus tierras (en varios casos gracias a su propia gestión), José Luis decidió irse por lo inimaginable y traer el high tech soul de Derrick May, nueve años atrás.

En pleno remate de una fiesta, la cabeza de José Luis se iluminó cuando vio la camiseta de un amigo, la misma que le había visto hacía un tiempo a Ricardo Villalobos, uno de los chilenos más respetados en la escena electrónica global. La camiseta rezaba "good music I dance, no good music I not dance", en letras rosadas fluorescentes. En medio del remate, esta parecía la consigna perfecta para un evento de música electrónica, pero, ¿cómo acortarla en unas cuántas letras? "Ahí dijimos '¡Ese es el nombre!'", afirma Jose Luis, "y ese es el comienzo de la historia de GMID". Por cierto, su amigo le terminó regalando esa camiseta, era lo mínimo que podía hacer después de haber servido de musa para el inicio de lo que sería un pico en la escena electrónica paisa.

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La sigla se ajustaba de cierta forma a la época que estaba viviendo Medellín. El final de la primera década de los 2000 estaba cerca, años donde el techno no fue el sonido favorito entre el público paisa, que muchas veces prefirió escuchar y bailar tribal house o "tarro", como lo llama Jose. "Ese tarro era como la guaracha de ahora, y había una epidemia de tarro en todo lado", apunta. En respuesta, el GMID o "mala música no bailo" de Jose Luis pasó de ser una consigna cualquiera, a alzarse como un lema en contra de este género y su popularidad en la capital de Antioquia. "Yo quería que fuéramos un movimiento en contra y que solo bailáramos buena música, no mala música".

Ya instaurada la sigla, luego del toque de Derrick May, Jose Luis se hizo cargo de que el GMID se volviera una marca, y que el público la reconociera. "Me puse a hacer un isotipo que representara la sigla, y uní todas las letras para que crearan un símbolo". De ahí en adelante, el isotipo, que parece una M cursiva, empezó a representar los eventos de MedellínStyle, junto con el otro logo del colectivo, que es una conjunción de tres círculos.

Imagen vía www.gmidclub.com

Ese mismo 2008, una versión más idealista de Jose Luis empezó a hacer los primeros intentos de lo que hoy en día es el Freedom, que en parte se llamó así porque en un principio el evento era gratuito. "Yo tenía un ideal como el del festival Movement, en Detroit, que durante muchos años fue un evento gratuito y pacífico", admite el promotor. "Yo quería hacer algo así en mi ciudad. Contrario a lo que muchos han dicho, para mí en este país sí pasan cosas importantes para la escena electrónica global".

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El primer Freedom comenzó siendo eso: un evento que debía ser gratis y que después se consolidaría como la "libertad electrónica masiva" de una ciudad.

El popular centro de eventos Plaza Mayor fue desde ese entonces el escenario ideal para el festival. Con una capacidad para 25.000 personas, el lugar le dio cabida al festival a finales de 2008, recibiendo a artistas como Stacey Pullen, Massi DL, Kenny Larkin y a más de 3.000 asistentes, que reclamaron sus boletas de forma gratuita en Horeb, un bar satélite que servía como punto de encuentro para la escena electrónica y como centro de operaciones de MedellínStyle. Su propietaria era Virginia, la mamá de Jose.

Ni media boleta se vendió para esa noche, y los paisas pudieron bailar techno de la vieja escuela totalmente gratis. Jose, por su lado, estaba cumpliendo el sueño de hacer que pasaran cosas importantes en su ciudad, y estaba trasladando a estas latitudes festivales referentes para él, como el Movement. Cuando el evento terminó, a altas horas de la madrugada, se sentía en el ambiente un aire premonitorio, como si el final del primero Freedom marcara el inicio de algo en la ciudad de Medellín. Algo grande.

Lo que empezó fue la fiebre GMID por bailar "buena música". La sigla salió del Freedom para formar parte de otros eventos como el Blackdance, y empezó a contagiar a personas de la ciudad como Mauricio Atencia, un joven de 25 años que en ese entonces tenía 17 y una predilección por las fiestas de finca. "Yo vi el comercial del Blackdance en un programa de televisión dominical que se llamaba Súpermix TV, manejado por DJ Pattin, quien murió el año pasado", cuenta Mauricio. "Me gustaban mucho los artistas que iban a traer para esa fiesta. Esa vez venían Matthew Dear, Derrick May y no recuerdo más, pero a partir de ese comercial yo comencé a investigar qué era MedellínStyle y su recorrido".

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En ese entonces, Mauricio aún era menor de edad, pero eso no lo detuvo para trabajar como promotor de MedellínStyle desde un inicio. "Hablé con Jose Luis, le dije que quería camellar con ellos y tener más conocimiento de la música electrónica y de lo que ellos hacían". Y a pesar de que ayudó como promotor para ese evento, el cual se realizó a mitad del año 2009, a Mauricio le tocó ver el Blackdance Toxic desde afuera, como cualquier pelado menor de 18 años.

De igual manera le tocó ver de lejos el segundo Freedom que se llevó a cabo, al igual que el Blackdance, en un "Hangar Nuclear" del aeropuerto Olaya Herrera, una locación que prometía fiestón asegurado. Para esta vez Jose se había ido también a lo grande, trayendo a otro de los Belleville Three, alias el originator: Juan Atkins, acompañado de otro artista que lleva a Medellín en su cabeza, en su corazón y en su música: Joseph Capriati. Pero fiesta gratis, buen techno y una locación de ensueño, fueron la mezcla perfecta para demostrar que en varias ciudades de este país todavía es muy difícil lograr que la gente asista gratis a los eventos en buena convivencia.

"Ahí fue que se formó el mierdero", explica Jose Luis. "Ese día recuerdo que Nacional ganó un partido, entonces la gente llegó loca a la fiesta". El promotor dice que a las seis de la tarde ya habían en la entrada cerca de 4.000 personas, una cifra que para las ocho de la noche ya se había duplicado. "Como no estábamos dejando entrar, la gente se desesperó y empezó a tumbar todas las vallas de la entrada". La noche terminó a la una de la mañana con tanquetas del ESMAD, gases lacrimógenos y hasta "granadas de estruendo", como enunció en su momento la página de MedellínStyle, haciendo el balance de esa noche: "La policía envió a cuatro agentes, dos hombres y dos mujeres, para un evento de 6.000 personas, y eso que hasta soborno de más de $1.500.000 pesos pidieron, por un servicio que es obligación por ley".

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El nivel de compromiso de Joseph Capriati con el movimiento GMID en Medellín hizo que el artista bautizara con la sigla uno de los tracks de su primer álbum, Save my Soul.

Ese Freedom marcó el final de los eventos gratuitos para Jose Luis. "A mí personas como Adam Beyer sí me habían dicho que no cobrar por un festival era imposible, que yo tenía que cobrar", afirma. Así que en 2010, con artistas como Ryan Eliott y Alton Miller, MedellínStyle comenzó a cobrar la entrada, que tuvo un precio inicial de $5.000 pesos y un precio de $20.000 pesos en la taquilla del evento, volviendo a realizarse en Plaza Mayor.

Pero lo sucedido en el Freedom de 2009 había generado una cicatriz que en un año no había sanado, y el sitio no tuvo la asistencia esperada. Aparte de esto, Jose estaba luchando con una fuerza mucho más grande que él, y que todos: el fenómeno del reggaetón en Medallo. "Yo creo que si la gente hubiera asistido ese día, y si ese Freedom hubiera tenido éxito, Medellín se hubiera salvado del reggaeton", teoriza.

GMID Freedom 2010. Foto vía Facebook: MedellínStyle.

Con la baja asistencia de 2010, MedellínStyle dejó de hacer el festival, pero no se retiró del panorama. Mauricio, que para esa época ya era mayor de edad, seguía de promotor y comenzó a asistir a fiestas más pequeñas de la promotora, que se realizaban en un sitio llamado Forum, en Itagüí. "Me gustaba mucho venderle boletas a gente que no conocía y luego empezar a volvernos amigos a través de Facebook", cuenta Mauricio. "Entonces cuando uno asistía a las fiestas se encontraba con mucha gente y parchaba y bailaba con todos, como si fuéramos amigos de toda la vida o una familia, porque esa era la energía que se sentía".

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El Freedom se había ido por un rato, pero el espíritu del GMID había llegado para quedarse. Se podía sentir en la vibra de los eventos que seguía organizando MedellínStyle y se podía ver cada vez más en Facebook, donde toda persona que se sintiera parte de la promotora, o fuera seguidor de sus fiestas, tenía las siglas GMID en el nombre de su perfil, comenzando por Jose Luis, quien hoy en día tiene su fanpage de Facebook como José GMID. "El Good Music I Dance tuvo un boom muy grande entre 2011 y 2013", indica Mauricio, "uno siempre ponía en el buscador de Facebook "GMID" y agregaba a todo el que tuviera esas siglas en el nombre, porque eso representaba una comunidad".

De vender boletas, Mauricio pasó a repartir flyers, luego a publicar música de los artistas que venían en el Soundcloud de MedellínStyle y también a publicar artículos pequeños en el sitio web de la promotora, que empezó siendo un foro de discusión, donde gente de todo el país podía compartir sus impresiones de la última fiesta electrónica, o discutir sobre temas más serios como los últimos sets o noticias de la electrónica global. "Cada uno hablaba en esos foros después de las fiestas", recuerda Mauricio. "Por ejemplo, en 2006 vino a Medellín Richie Hawtin con Sven Väth y eso fue histórico, entonces al día siguiente cada uno contaba una cosa diferente: que había pasado esto o que pasó lo otro".

Foto vía Instagram: usuario __vela__

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Sin embargo, la cumbre de la montaña GMID en Medellín no fueron ni los foros ni los apellidos en Facebook; fue cuando el público paisa, convencido de que ese era el lema con el que se querían quedar de por vida, empezó a tatuarse el símbolo del GMID en su piel.

"Del apellido en Facebook ya todo el mundo comenzó a tatuárselo", cuenta Mauricio. "Y más o menos en 2013 Jose anunció que si el público de MedellínStyle quería entrar gratis a todas las fiestas, se tenían que hacer el tatuaje del logo, mostrarlo a la entrada de uno de los eventos, registrar sus datos y así entraban gratis de por vida a todos los eventos de la promotora".

En realidad lo de "por vida" duró cerca de dos años, pero la gente igual se tatuó el símbolo; muchos por ahorrarse lo de las fiestas, y otros, por motivos más nobles como Mauricio o el mismo Jose Luis, que lleva el símbolo de su creación tatuado en la espalda. "Yo me lo hice como a principios de 2013, antes de que Jose anunciara lo de las fiestas gratis", aclara Mauricio. "Me lo hice por pura pasión, porque mi historia con MedellínStyle ha sido muy grande y le debo mucho a Jose Luis. Lo mío fue amor real y amor a la música, en vez de tatuarme por una entrada, eso a mí nunca me interesó. Tatuarme fue mi manera de agradecer a MedellínStyle porque han sido como la escuela y la universidad mía".

El tatuaje de Mauricio. Foto por Mauricio Atencia.

Mauricio, que hasta hace poco le ayudaba a Jose con el contenido digital en las redes de MedellínStyle y algunas entrevistas realizadas a artistas, afirma que varios en Medellín se quedaron con el tatuaje del GMID en la piel como si fuera un error indeleble, aunque en otros casos sí sobreviva dignamente, como una cicatriz de esa guerra llamada adolescencia. "Ya lo de la promoción no existe", apunta Mauricio. "Ya nadie ingresa gratis porque mucha gente estaba en plan de tatuarse por la boleta, y aparte se estaban haciendo unos tatuajes bien carceleros, que parecían hechos por la misma gente". Según él, cerca de 80 o 100 personas alcanzaron a hacerse el tatuaje, y tiene varios amigos que se tatuaron en su época. "Cualquiera no se iba a tatuar el logo de un colectivo, a menos de que sea organizador o lleve mucho tiempo con MedellínStyle. Por eso yo me lo hice, porque el colectivo ya es como una familia para mí".

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Sin embargo, incluso después de que Jose Luis descontinuara "la promoción", que en un principio se supone que iba a ser vitalicia, la gente continuó con el culto de tatuarse la sigla GMID. Es el caso de Adriana Hernández, de 20 años, que a pesar de nacer en Costa Rica y haber vivido en el Valle del Cauca, fue criada casi toda su vida en Medellín. Desde hace un par de años se acercó a la escena electrónica de la ciudad: "el primer Freedom al que fui fue el de 2015, y luego del evento decidí hacerme el tatuaje", cuenta Adriana. "Me tatué el logo porque me recordaba al evento, a las personas que he conocido en las fiestas, los amigos que he hecho… más allá de MedellínStyle, ese logo para mí representa un mensaje muy personal".

Sin conformarse con que solo estuviera en su piel, Adriana también puso el GMID en el nombre de su perfil de Facebook. "A mí mucha gente me pregunta que si soy muy amiga de Jose Luis o qué, pero realmente yo he hablado con él muy poco, en eventos de MedellínStyle y ya", aclara. "Y también puse las letras en mi Facebook porque la sigla lo dice todo, ¿no? Good-Music-I-Dance… siento que es una frase que se adapta a mi filosofía de vida". Y la filosofía de vida de Adriana va ligada a la buena música, que para ella es el techno, el rap, el house y el indie, de ahí en adelante todo suena mal. "Yo soy demasiado exigente con ese tema, y todos mis amigos saben que cuando la música no está buena yo me daño el parche completamente, porque para mí eso es vital".

Sin embargo, las nuevas generaciones como la de Adriana, se perdieron el furor inicial del GMID en Medellín, y esa sensación de cohesión que se sentía en ese entonces, ese calor casi familiar que se generaba en torno a una frase. "Para muchos el GMID fue una moda pasajera y ya", lamenta Mauricio, quien añade que tanto en las fiestas como en Facebook ya no se encuentra a las mismas personas con las que se relacionaba años atrás. "Ahora muchos están trabajando, tienen familia o simplemente se cansaron de escuchar música electrónica, como también hay otros que todavía pertenecen a la familia GMID y uno se los sigue encontrando".

Para este promotor la familia no se quedaba solo en Medellín, sino que poco a poco se fueron uniendo personas de Oriente, con las que entabló amistad gracias a los eventos de MedellínStyle, incluso hasta el día de hoy: "Gracias al colectivo yo hice amigos de Pereira y Manizales, y básicamente nos unimos era porque mala música no bailábamos. Ese lema es algo que uno termina respetando y que nos hacía bailar en familia", afirma. "Si uno va a las fiestas electrónicas de esta ciudad, uno nunca ve peleas ni problemas. La gente va a bailar y si uno ve a alguien mal, uno se acerca y ayuda a la persona; así pasaba en Forum y así sigue pasando todavía, todos nos seguimos protegiendo".

La intención de bailar buena música unificó a una familia en la pista de baile y fuera de ella. Sin embargo, indagar sobre lo que es buena música y lo que no, siempre va a ser un tema complejo. No obstante, tanto Mauricio como Jose Luis coinciden en que la buena música es la que se hace con alma y con amor: "para mí la música buena es la que perdura, y el resto de música es la que se hace con fines lucrativos", sugiere por su parte Mauricio. "Es mil veces preferible hacer algo lento, pero bien hecho, a muchas cosas sin nada de amor". ¿Pero acaso toda la familia GMID piensa de igual manera? ¿Cómo pudieron cuatro sencillas letras posicionarse como un lema y generar un culto en Medellín alrededor de un tema tan subjetivo como el gusto musical?

"Para mí la mala música es todo lo que no tiene alma, todo lo que es pre producido, todo lo que es producto del capitalismo", asegura por el otro lado Jose Luis. "Derrick May dice que la mala música es algo que contamina… y yo pienso lo mismo".

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¿Se acuerda de la época GMID en Medellín? ¿Conserva todavía su tatuaje? Cuéntele a Nathalia sus recuerdos por acá.