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La sopa de pene de toro es la cura nacional para la cruda en Bolivia

When asking locals where I could find a good caldo de cardan, they gave me a sideways stare as if I was trying to score a bottle of knockoff Viagra.
29.10.15
Photos by the author.

Escondidos dentro del barrio de clase obrera Villa Fátima de La Paz se encuentran una serie de cafeterías que sirven la cura nacional para la cruda en Bolivia: un plato muy caliente de sopa de pene de toro.

Dentro del restaurante La Llajuita, la propietaria y jefa de cocina Edelmira me acaba de servir un tazón de su brebaje casero para aliviar el dolor de cabeza.

"Caldo de cardán", anuncia con orgullo.

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Edelmira ha estado cocinando sopa de pene de toro por más de 20 años y confía en que su receta es la mejor de Bolivia. "Cocino toda la noche y el fuego tiene que ser muy bajo. Toma mucho tiempo".

Si bien las horas dedicadas a la preparación de la sopa son largas, el tiempo para disfrutar de lo que los lugareños llaman "el verdadero Red Bull" es corto.

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El "Red Bull" demuestra la popularidad de esto en La Paz.

Eso es porque las instituciones bolivianas veneradas como el restaurante de Edelmira solo sirven esta notoria sopa los fines de semana, e incluso entonces, solo desde las 6 am hasta el mediodía, cuando la demanda es más alta.

Pero eso está bien, de acuerdo con Edelmira. "Es lo único que tienes que comer todo el día", dijo con la tranquilidad de una madre mientras yo sorbo con cautela su apreciado platillo.

Cuando le pregunto el cómo exactamente el pene de toro cura la cruda, la única respuesta que recibo es: "El pene de toro es fuerte." Por lo tanto, comer pene te hace fuerte también.

Mientras que otros chefs podrían elegir el factor sorpresa de decorar sus sopas con un enorme pene de toro intacto y un par de testículos complementarios, Edelmira considera desagradable ese enfoque.

"El nervio del pene de toro y la pezuña, esos son los ingredientes principales de cualquier caldo de cardán bien preparado", bromeó con autoridad. "Sí, algunas personas le ponen testículos de toro a su sopa, pero no tienen buen sabor".

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No es un platillo bonito, pero llena. Tarros de mocochinchi.

Gracias a la modestia culinaria de Edelmira, si no te dicen directamente qué es lo que comes, te sería difícil adivinar que se trata de un pene. El cardán (la jerga local para la manera en la que un pene de toro imita la forma del eje de transmisión de un auto) está en rodajas finas y guisado, lo que lo deja con una textura no muy dura. Teniendo en cuenta su densidad, la carne de pene se hunde hasta el fondo del recipiente, dejando que los ingredientes más abundantes ocupen la parte superior del platillo.

Más allá de las rarezas, esta sopa infame tiene todo lo que puedes desear en un sólido remedio para la cruda: una costilla de cordero entera todavía unida al hueso, una ración de pechuga de pollo jugosa, un huevo duro, dos tipos de papa, una taza de arroz, y una deliciosa guarnición de carne seca salada boliviana.

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Los diversos ingredientes se unen en un caldo amargo y opaco marcado por el fuerte sabor del aceite y un toque de crema.

"No es solo para la cruda· me dijo Marcelo, mi amigo y guía espontáneo de sopa, mientras compartíamos un desayuno tardío. "Esto es lo que vuelve a tu…" se señala en medio de las piernas: "Te vuelve fuerte".

Ya había oído esto antes. Al preguntarle a los locales dónde podía encontrar un buen caldo de cardán, me vieron de reojo, como si estuviera tratando de conseguir una botella de imitación del Viagra. Al parecer, comer el miembro de un toro no solo es el mejor remedio para un caso de exceso una noche de sábado, sino que también es la cura boliviana más natural para un ataque de impotencia.

Marcelo y yo nos reímos y tomé otro bocado. "Con esta sopa, ya no necesitas nada más en todo el día" me dijo entre cucharadas. "Comes esto. Vas a casa. Tienes sexo. Eso es todo. Éste es el verdadero Happy Meal".

No sentí ningún efecto de elevación de vigor, pero sí me sentí lleno. Incluso al empezar con el estómago vacío, no me pude terminar todo mi tazón. Me comí el rico caldo rápido, pero la carne y las papas eran otra historia. Aunque sí me asegure de comerme cada rebanada de pene de toro.

"A nosotros los bolivianos nos gustan los alimentos pesados. A la mayoría de las personas, especialmente a las cholitas", dijo Marcelo, usando la palabra común para referirse a las mujeres indígenas conocidas por sus diminutos sombreros de bombín y sus caderas súper anchas: "Comen quizá ocho veces al día".

Al salir de La Llajuita, y pagar nuestra cuenta de $6.50 dólares por dos platos enormes de cardán y una jarra de sidra de durazno llamada mocochinchi, Marcelo y yo reexaminamos la publicidad del restaurante. Había una colorida pancarta justo afuera de la entrada principal que detalla los ingredientes de la sopa de Edelmira.

Su cafetería estaba en la esquina de varios otros restaurantes de competencia que se especializan en el banquete de fin de semana más codiciado de Bolivia.

"Acabamos de comer el verdadero caldo de cardán", dijo Marcelo. "De acuerdo con este anuncio, todos los demás son mierda".