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fútbol hipster

El manual para llegar a ser un verdadero entrenador hipster

De Gusztáv Sebes a Thomas Tuchel vía Pep Guardiola y Jurgen Klopp, hay una camada esotérica de entrenadores de fútbol que cautivan al aficionado hipster. Así es cómo nació el fenómeno del entrenador hipster.

por Will Magee
28 Marzo 2017, 4:00am

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El 25 de noviembre de 1953, se jugó un partido en Wembley que cambiaría el curso de la historia del fútbol. En una magnífica racha de 24 partidos sin perder, la selección de Hungría salió al campo y procedió a aniquilar a una selección de Inglaterra que se suponía invulnerable. Los húngaros ganaron 6 a 3 con una alineación formada por jugadores como Ferenc Puskas, Sandor Kocsis o Nandor Hidegkuti, desmantelando metódicamente a sus rivales, a pesar de la presencia de leyendas inglesas como Billy Wright, Stanley Matthews y el futuro entrenador, Alf Ramsey, en su alineación titular. El partido se conocería como El Partido del Siglo, bautizado así por la prensa inglesa tras una derrota humillante e inesperada ante un equipo nacional manifiestamente superior.

Aunque el talento del equipo húngaro sin duda fue un factor decisivo en el encuentro, fue de igual importancia la innovación táctica que permitió que ese talento floreciera y se desplegara. Mucha de esa innovación vino de la mente de Gusztav Sebes, entrenador de la selección nacional de Hungría. Sebes era un socialista comprometido que creía en que su ideología podía ser aplicada al fútbol. Durante la postguerra, su visión política lo hacía un candidato natural para el puesto de entrenador en lo que se refería a las autoridades comunistas, y rápidamente fue asignado para hacerse cargo del equipo.

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Jugando un fútbol "socialista" con un claro enfoque en la cooperación mutua, Hungría se convirtió en una de las más grandes selecciones en la historia del fútbol, tal y como lo demostraron en aquel partido de noviembre en que humillaron a Inglaterra en el sagrado césped de Wembley. Aunque Inglaterra ofreció su usual, pero caduca, formación "WM", que se basaba en el consenso táctico de las décadas anteriores, Sebes formó con un 4-2-4 con posiciones fluidas e intercambiables sobre el campo. La teoría de Sebes era que cada jugador debía ser capaz de jugar donde fuera, además de cumplir con sus propias responsabilidades posicionales, con el equipo pensando como un colectivo, y no como un grupo de individuos con deberes distintos. Mientras tanto, patentó un nuevo conjunto de posiciones, con Nandor Hidegkuti actuando como delantero centro, Ferenc Puskas como un naciente generador de juego en el medio campo por delante de dos defensas que podían actuar en las bandas y un incipiente líbero en cuarto de campo.

Las alteraciones tácticas socialistas de Sebes ayudaron a establecer la línea del "Fútbol Total" de Rinus Michels, aunque hay ecos de aquellas ideas revolucionarias en la táctica que se utiliza en la actualidad. Pese a que los húngaros nunca alcanzaron todo su potencial perdiendo ante Alemania Federal en la final del Mundial de 1954, su legado está bien tejido en la historia del "Jogo Bonito". Además, el genio poco convencional de Sebes inspiró no solo a una generación de directores técnicos que vinieron después, sino también a un tipo elusivo de aficionado que existe hoy en la periferia. Relegado a una relativa oscuridad cuando terminó su gestión como entrenador de Hungría en 1957, Sebes es el padre mitológico del aficionado hipster al fútbol, o al menos eso es lo que nos han hecho creer.

Sebes fue el gran maestro de lo que hoy son los estereotipos hipsters del fútbol, desde formaciones exóticas a diagramas ampliamente complejos, de la teoría socioeconómica del juego a la obsesión táctica en todas sus formas y costumbres. También tuvo la ventaja de no haber conseguido nunca un gran éxito, puesto que Hungría siempre terminó como digno perdedor y su estética suave pero austera sigue vigente entre los "fashionistas" en la actualidad. El que esto sea suficiente para clasificarlo como el gurú del aficionado hispter al fútbol mucho dependerá de que, en primer lugar, uno pueda reconocer el concepto de un hipster del fútbol, ya que algunos que se sienten inclinados a denunciar como hip a cualquiera que no se apegue a la filosofía de Mike Bassett de que la única formación válida es el 4-4-2. Dicho lo anterior, es irrefutable que el arquetipo hipster se ha colado en la conciencia colectiva del fútbol en los últimos años, aparentemente en un punto indefinido entre el segundo álbum de LCD Soundsystem y la llegada de André Villas-Boas al Porto.

Según la sabiduría convencional, los hipsters del fútbol pueden identificarse por una variedad de características, como su uso con autoridad de términos como regista, trequartista y catenaccio. Invariablemente, tendrán una selección de camisetas antiguas de fútbol, incluyendo, las camisetas del Borussia Dortmund, el Livorno y el Real Oviedo, así como la camiseta de Alemania Federal de 1990-1991. Tendrán un conocimiento detallado y minucioso de las clasificaciones en la segunda división del continente, no por saber más gratuitamente, sino porque están realmente interesados en la evolución semanal del Eintracht Braunschewig. Además, tendrán una profunda admiración por algunos entrenadores, que por asociación, son también hipsters.

Como todas las cosas que son tendencia, los entrenadores hipsters también se ponen de moda y pasan de ella. La forma más rápida para que un entrenador deje de ser tendencia es cuando queda sobreexpuesto en los medios, o lo que es peor, recibe un reconocimiento unánime por su trabajo. Es entonces cuando se desgasta su halo exótico. Como Gusztav Sebes, que conserva su culto de nicho porque Hungría nunca pudo ganar el Mundial, los entrenadores que entran en esta tendencia lo hacen desde la banda izquierda. Los consentidos de los hipsters futbolísticos en los últimos años han sido Pep Guardiola, Jurgen Klopp y, naturalmente, Villas-Boas. Los dos primeros ya demasiado conocidos y reconocidos, por lo que su aura bohemia empieza a desgastarse, y Villas-Boas aún recuperándose de su paso por el Chelsea, quizás el club actual más detestado por los hipsters.

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En la actual rehabilitación de Villas-Boas como entrenador hipster bien visto por los aficionados de esta tendencia, hay quizás algunas pistas sobre cómo funciona este fenómeno. No solo él cuida su papel con su barba de un par de días y su cabello, ambos cuidadosamente descuidados; también ha podido conservar la fachada de una filosofía futbolística original, que presenta transiciones, microtácticas y un doble pivote en el medio campo de una formación 4-3-3. Si combinamos esto con el hecho de que ganó tres trofeos con el Zenit de San Petersburgo y aun así se las ingenió para ser heroicamente desconocido por las mayorías, es como su aura de entrenador hipster empieza a devolvérsele gradualmente. Es crucial para un técnico de esas características ser un genio incomprendido y hasta menospreciado por las mayorías, siempre buscando mejores tácticas y con aire de intelectuales, aunque esto implique buscar un estilo de fútbol que resulte ininteligible para el aficionado promedio.

Bajo este modelo, el entrenador hipster que mejor ha sobrevivido la prueba del tiempo ha sido Marcelo Bielsa. Un hombre temperamental y obsesivo con el mejor par de gafas en el mundo del fútbol; es tan hip que hasta tiene un sistema táctico reconocible bajo su nombre: el Bielsista. A menudo descrito como un fundamentalista, su adopción del 3-3-1-3 con presión alta y una línea defensiva muy adelantada es una variante sudamericana del "Fútbol Total" que, a su vez, tiene vestigios que se remontan hasta los tiempos de Gusztav Sebes. Esto, sumado al uso recurrente de terminología posicional como líbero, enganche o laterales-volantes, lo convierten en una enorme luz dentro de la esfera de maquinaciones tácticas obsesivas. Con frecuencia se le presenta también como una figura intelectual, casi académica, un vanguardista cuyas estrategias a veces eran tan descabelladas que muy pronto en su carrera como técnico se le impuso el sobrenombre de "El Loco", y el mote se le ha quedado como anillo al dedo desde entonces.

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La lista de lugares en los que Bielsa ha dirigido bien podría leerse como un recorrido que uno debería tomar si escribiera una novela de realismo mágico, lo que parecería algo que Bielsa podría hacer en el poco tiempo libre que le queda tres revisar horas de partidos de fútbol en vídeos. Ha dirigido en Rosario, en Guadalajara, en Buenos Aires y en Cataluña, vivió procesos turbulentos en las selecciones nacionales de Argentina y Chile, y desde que renunció a su puesto como seleccionador de Chile en 2011, ha dirigido al Athletic de Bilbao, al Marsella y a la Lazio, este último, equipo en el que estuvo solo dos días tras renunciar al puesto después de que el club no fichara a ninguno de los jugadores que había pedido y le habían prometido. Sin duda, una decisión que ejemplifica el estilo volcánico y obsesivo de un hombre que no permite variaciones en su método. Si todo esto ha perpetuado el aura hipster de Bielsa, le ayuda también que ganó la mayoría de sus trofeos importantes en los años 90, con excepción del oro olímpico con Argentina en 2004.

Citado como inspiración por Pep Guardiola y Mauricio Pochettino, entre otros, Bielsa ha influenciado hacia el éxito a una generación más joven de entrenadores, a pesar de que él mismo ha tenido resultados mixtos. Su porcentaje de triunfos ha ido del 22.22% al 61.76%. No hay duda de que está considerado como una influencia formativa para una nueva camada de entrenadores hipsters, que hoy utilizan como una de sus modas el juego de presión, que ha sido una de las características de "El Loco". Jorge Sampaoli es ampliamente considerado como otro de sus discípulos; el compatriota de Bielsa hace maravillas en Sevilla y es firme candidato, según los medios, para ser el sucesor de Luis Enrique en el Barcelona. Y por supuesto, si Sampaoli llega al Camp Nou, habrá algunos hispters que dejarán de amarlo porque llega a un equipo grande, mientras que otros de la misma tribu lo seguirán amando por ese halo bohemio e independentista que siempre rodea a todo lo que se relaciona con el Barcelona.

Aunque Sampaoli ha cultivado su imagen hip al rebasar las expectativas con un equipo diverso de talentos caprichosos ––Joaquín Correa, Daniel Carriço o Benoit Tremoulinas, por no mencionar al criminalmente menospreciado Steven N'Zonzi––, producir un éxito al estilo Bielsista no es la única forma de generar un culto de nicho. Otros entrenadores hipsters del momento incluyen a Thomas Tuchel, Julian Nagelsmann, Leonardo Jardim e Ian Cathro, este último, ganándose su puesto en la lista por sorprender al fútbol escocés usando ocasionalmente una MacBook Pro. Tuchel tomó el manto hip en Dortmund, principalmente ocupando los puestos europeos a la vez que le da a los expertos ingleses la oportunidad de pronunciar la palabra gegenpressing. Nagelsmann solo tiene 29 años, lo suficientemente joven como para entusiasmar a la cultura hipster. Jardim, por otro lado, es un francófilo portugués-venezolano con una amplia y sofisticada selección de bufandas y que además tiene al Mónaco anotando una cantidad impresionante de goles.

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Todos estos son criterios razonables para ser etiquetado como un entrenador hipster, aunque la definición es bastante amplia en la mente de quienes usan ese calificativo. El caso de Cathro es quizás el más cómico para demostrar lo superficial que el estereotipo puede llegar a ser, pues el tipo se puso de moda por tener la temeridad de utilizar un portátil como si estuviera escribiendo un guión en una cafetería independiente. Aunque categorizar a cierto tipo de entrenadores y aficionados como hipsters es algo recurrente en la actualidad, hay un fuerte argumento basado tratar de alguna forma de minimizar o ridiculizar a los más avanzados tácticos y a las más enigmáticas personalidades, a quienes los admiran, y básicamente a cualquiera que no cumpla con los estándares de la norma futbolística aceptada. Parece poco probable que Marcelo Bielsa se refiera a cualquier teoría táctica como un montón de basura, pero tampoco quiere decir que sea el equivalente al café colombiano de Starbucks.

Si hay un entrenador que refleja actualmente el verdadero espíritu de la cultura hipster, seguramente es Zdeněk Zeman. Claro, es checo, tiene un acento en el nombre, se viste bien y se le conoce por fumar cigarrillos en sus ruedas de prensa. En su autobiografíaI Think, Therefore I Play, Andrea Pirlo describe que el enfoque de Zeman roza "los límites de la realidad". El hecho de que haya dirigido a 16 equipos, algunos en más de una ocasión, es un testamento de su habilidad para confundir y alejar a sus jefes. Actualmente en el Pescara, ha ganado tres trofeos en 34 años como entrenador, dos triunfos en la Serie B con dos décadas de diferencia, y un título de la Serie C con el Licata en los años 80.

Ha dirigido a la Lazio y a la Roma (dos veces), ha sorprendido a casi todos en el fútbol italiano, y mientras tanto, ha evitado el éxito popular con un fervor casi religioso. Es un contrario por naturaleza, un espíritu libre, y está lejos de ser un conformista. Es lo más cercano que tiene el fútbol a un genuino entrenador hipster. Es adorado por un pequeño grupo de personas con afinidad táctica por parar a sus equipos en un intrincado 4-3-3 que está inspirado geométricamente, que es defensivamente poroso, y por rehusarse a ceder en sus principios a pesar de la evidencia empírica que hay; pero principalmente por ser un personaje devota y fanáticamente de nicho.

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