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NFL

Los Chargers se despiden de San Diego pero me vale

Este fanático de San Diego ya no siente tristeza por la pérdida de un equipo que le ha dado más miseria que alegría a lo largo de los años.
12.1.17
Photo by Orlando Jorge Ramirez-USA TODAY Sports

Francamente, he pasado las últimas 12 horas intentando aglutinar la ira suficiente para escribir una despedida vehemente dirigida al que pronto será el ex equipo de mi ciudad natal: los Chargers de San Diego. Cuando eres oriundo de San Diego, aprendes rápidamente que existen muy pocos momentos en el ámbito deportivo de la ciudad que trascienden a nivel nacional. Porque seamos honestos, más allá del norte de Oceanside, ¿a quién demonios le importa que Luis Perdomo vaya a ser el abridor de los Padres para esta temporada?

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¿Pero qué hay de la retirada de los Chargers? Cómo no, esta sí es una notica escandalosa, un momento de GRAN pesar y SERIA reflexión del tipo que podría sembrar simpatía en los fanáticos al deporte. Sólo este tipo de acontecimientos pueden tocar a los fans que se guardan las ganas de desestimar las atrocidades deportivas que suceden en San Diego porque la ciudad tiene un gran clima y comida mexicana. A la chingada con eso: hemos sufrido en todos y cada uno de los momentos con Billy Joe Tolliver como mariscal de campo titular de los Chargers, lloramos cuando Tom Werner transfirió a todos los buenos jugadores de los Padres, y nos encabronamos cuando Trevor Hoffman regaló un cuadrangular decisivo a Scott Brosius en la Serie Mundial. Ha sido una triste historia deportiva para San Diego y yo, siendo un cínico, he pasado el rato escuchando dosis masivas de Depeche Mode y Smiths, y esperando escribir acerca de un momento tan trascendente como este a lo largo de mi carrera periodística. Vayan sacando los premios.

Pero la verdad es que ya ni lo siento. La combinación de repugnancia por los dueños de los Chargers —la incompetente familia Spanos, demasiado incompetente para alcanzar el nivel de vileza— y el creciente descontento por la transformación gradual de la NFL en la cinta más chafa y cursi de maldad arrebató mi interés y disfrute del futbol americano. Hace años que no veo un partido completo de los Chargers. Ahora vivo en Nueva York. Los Chargers se marcharán de San Diego y la verdad no me importa.

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Pero esto no significa que no tengo recuerdos positivos de los Chargers. En alguna ocasión fui a un partido de lunes por la noche entre Raiders y Chargers en el que un hombre con jersey de Oakland y en silla de ruedas comenzó a pelear con un fan de los Chargers que no estaba en una silla de ruedas. El pleito incitó una pelea mayor que requirió la presencia policiaca. Fue una de las postales más increíbles que jamás haya visto. Este tipo de cosas no se pueden reemplazar. Y, honestamente, me siento devastado por los miles de San Diegans que pasaron su infancia y adultez yendo al Jack Murphy Stadium (de ahora en adelante me rehúso a llamarle Qualcomm Park porque ya estoy harto de los intereses corporativos) para ver jugar a los Chargers. Para algunas personas, el hecho que los Chargers vayan a mudarse es un golpe bajo. Siendo honesto, incitar a los fans semicomportados de San Diego para que lancen huevos a tus oficinas principales es, en sí, un gran logro. Por supuesto, tampoco nos olvidemos del pobre Bolt Man. Lo siento, Bolt Man.

Pero para estas alturas, la ira se ha ido acumulando desde hace tiempo, pero pasó algo que la añejó. Al parecer, los Chargers han intentado huir de San Diego desde hace 20 años. Desde luego, la familia Spanos se defenderá y dirá que trataron diferentes alternativas para construir un estadio nuevo en San Diego, pero los críticos pueden subrayar que el equipo nunca proveyó suficiente información sobre cómo sería financiado. A final de cuentas, los votantes de San Diego rechazaron en noviembre el intento de incremento de impuestos para un centro de convenciones que pretendía compartir espacio con el nuevo estadio de los Chargers. El vaso se derramó. Por eso ahora los Chargers se marcharán, y los columnistas, locales y nacionales, se preguntarán qué sucederá con la identidad de San Diego. Pero San Diego estará bien sin los Chargers.

En el aspecto positivo, los Chargers fueron un equipo que unió a fanáticos de Estados Unidos y México, y daba un poco de esperanza a una ciudad acostumbrada a pésimos equipos deportivos. Sin embargo, casi siempre los Chargers fueron un equipo espantoso de ver. Te aburrían porque no eran buenos, te hacían enojar porque su administración era torpe, pero de todos modos te rompían el corazón con sorpresivas derrotas en postemporada. Todavía hay ocasiones en las que quiero gritar, "¡Con una chingada Marlon McCree, arrodíllate!"

Pero ahora son el equipo de Los Ángeles, lo cual es probablemente la parte más dolorosa para los que nacimos en San Diego. La ciudad siempre ha tenido un complejo de inferioridad cuando se habla de Los Ángeles, y ahora los angelinos se adueñaron de nuestro equipo de americano. (También se llevaron a los Clippers, pero al parecer a nadie le importó). El lado positivo es que Los Ángeles tendrán que lidiar con los Spanos también, y todos sus torpes métodos para dirigir un equipo de futbol americano. Tendrán que soportar las derrotas humillantes, las malas selecciones de draft y a los peores entrenadores (Kevin Gilbride, ¿neta?). Ahora es su problema. Adiós y buen viaje.

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