Regocijémonos todos con el regreso de Sleep al panorama del metal stoner

Con 'The Sciences', el primer álbum de la banda en 15 años, los sumos sacerdotes de la iglesia drogosa nos demuestran por qué son leyendas.
Foto: arte de la portada

El pasado viernes 20 de abril se perfilaba como un día poco emocionante para la comunidad metalera. No es que los greñudos locos no sean afines a la marihuana, el metal es un género nacido y alimentado por el humo de las malas hierbas; la primera banda de metal, Black Sabbath, tocaba riffs que sonaban a resina fundida, no había, al parecer, nada emocionante a la vista.

La marihuana ha perdido en varios lugares del mundo ese toque de ilegalidad. Las personas que se entusiasman mucho con la hierba generalmente son novatos que aburren en cuanto hablas con ellos del tema, asistentes a festivales de música bien pinche convencional o tu tía reumática. Todos los grandes actos de metal que suelen asociarse con marihuana-Sabbath, Pantera, Mastodon-son hoy en día un tanto exagerados y muy aburridos. El único álbum que salió en el pasado 4/20 y que podría considerarse más o menos apropiado fue el nuevo de A Perfect Circle, y la mística stoner que rodea a Maynard a menudo me evoca a un estante de incienso en la tiendita local de regalos.

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Por un instante raro, sentimos como si 2018 fuera ese temido año en que el metal para drogarse envejeciera definitivamente, retirara su fondo de ahorro y se resignara a contar historias sobre los bongs que hizo en la universidad. Fue entonces cuando Sleep, dioses drogosos de California, regresaron de su letargo discográfico y nos enseñaron el verdadero significado de 4/20.

Quince años después del lanzamiento de su último álbum, la banda lanzó un nuevo LP: The Sciences. Por lo general, la actitud de me-vale-pito detrás de los lanzamientos sorpresa en realidad suele ser un triste intento para evitar promocionar un disco del que no estás orgulloso. Pero The Sciences desafía esa noción y te refriega, como oyente, la cabeza contra el gran bong del universo, dejándote con tu tercer ojo morado e inyectado en sangre. Suave ¿no?

Sleep han sido durante mucho tiempo los sumos sacerdotes de la división más drogosa del templo del heavy metal. Claro, Black Sabbath allanó el camino, y los de Sleep han hecho música bastante humeante con sus otras bandas (Al Cisneros al bajo y voz con los genios de Om; Matt Pike a la guitarra con los stoners thrashers de High On Fire; y el baterista actual Jason Roeder también toca la batería con los dioses de Neurosis).

Pero el amor impenitente de Sleep por todas las cosas hashosas ha hecho con el tiempo que todas esas bandas que hacen de los guiños a "Sweet Leaf" una vocación, se avergüencen de ser tan chambonas. Los discos de Cisneros y compañía son demoledoras piezas originales, burbujeantes pedazos de rock y roll lo-fi con toda la gravedad espiritual de una misa católica; sus shows en vivo son experiencias extracorporales donde los heshers y los crusts se mezclan indistintamente bajo riffs que pueden sentir hasta en sus muelas más muertas.

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Pero ¿en realidad que tan desvanecidos estaban los Sleep? Después de lanzar dos álbumes aclamados por la crítica a principios de los 90, el extraño y rítmico Volume 1 y el monstruosamente pegadizo Sleep's Holy Mountain, la banda firmó con London Records, una extensión británica de Universal Music Group. El sello ofreció a Sleep total libertad artística, sin darse cuenta de con quién estaban hablando. En respuesta, los tipos de Sleep hicieron Dopesmoker, una canción/álbum de una hora que instruye al escucha para "abandonar la vida con el bong en la mano".

London exigió que la banda cambiara el formato del álbum, para darle una estructura más tradicional. Y Sleep se separó. Sí, cuando su sello discográfico les dijo que su gran epopeya stoner no funcionaría y les pidió que pusieran en peligro su visión, se desanimaron y se dieron por vencidos.

Afortunadamente, ese no fue el final definitivo para Sleep. Dopesmoker finalmente fue lanzado por Southern Lord en 2003 y se volvió un clásico instantáneo. La banda comenzó a hacer giras otra vez en 2009. Y la semana pasada, el 4/20, lanzaron su primer álbum nuevo en más de una década, sin otra promoción que el "¡WOAH!" que cada metalhead serio vociferó al enterarse. Lo primero que se supo de The Sciences vino de su publicación en iTunes Australia, porque ya era 4/20 allí, concepto agradablemente vital para la mente marihuana.

Por supuesto, si The Sciences hubiera sido una mierda, todo se hubiera arruinado. Pero no. El álbum abre con una explosión calculada de ruido seguida de un jalón de bong, que normalmente te haría pensar en un padre que jura que todavía puede romperla desenterrando y usando su vieja t-shirt de Sublime.

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Afortunadamente, The Sciences redime y da sentido a su estrategia de lanzamiento, y nos da esas guitarras de gran alcance y las distorsiones por las que Sleep son famosos.“Marijuanaut’s Theme” es un paseo rimbombante montando un riff asesino, mientras que "Sonic Titan" suena como los pasos de algún hempen kaiju. "“Antarctacans Thawed” es un himno doom atmosférico de catorce minutos, y "Giza Butler" (una juego de palabras que junta a Giza, esto es, las pirámides, y al bajista de Black Sabbath, Geezer Butler) es una banda sonora a medio camino rumbo a una ceremonia esotérica (y tiene una letra que habla sobre un pterodáctilo). El álbum cierra con la inquietante y arcana "The Botanist", dejando al oyente con la sensación de tener media cabeza derrritiéndose.

El problema con gran parte de la cultura del metal drogoso es que bien o es anticuado y cursi o nihilista y tonto. Por un lado están las bandas tratando de lavar cabezas y promover la paz y por otro lado están los tipos del death metal que solo ven a la marihuana como un modo de joderse la cabeza. Las primeras nacen del deseo por parte de los drogadictos de ser tomados en serio, mientras que las segundas son alimentadas por ímpetus retorcidos de la cultura pop, específicamente tomados del hip hop, que a menudo retrata a la hierba como una más de muchas drogas en la mesa de café.

Pero Sleep le da justo al punto medio. Su música pega tanto en la cultura mística de las matas aturdidoras como en la cultura de los inadaptados que viven justo para la cultura mística de las matas aturdidoras, esos tipejos que siempre se sentaron al fondo del salón, que garabateaban en sus cuadernos y hacían de los maestros su comidilla. Incluso la más mínima ironía hace que sea fácil deshacerse de esa mierda, pero cuando se toma con total seriedad, es pura. No hay mucho metal puro en estos días, pero Sleep, Sleep no tiene falla en lo que hace.

Así que nunca lo olviden, metaleros, mientras que otras bandas usan todavía publicidad cuestionable y rota a sus vocalistas incansablemente en los medios para que veamos todos cuán radicales son, este 2018 Sleep la rompió y lo hizo sin esfuerzo, simplemente recordámndonos a todos de qué se tratan. Sus juegos de palabras son más honestos que todas sus letras favoritas sobre Satanás y la sociedad. ¡Éste fue todo un milagro del 4/20!.

Christopher Krovatin le está dando un tanque azteca a su bong. Síguelo en Twitter.