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Por qué Rafa Benítez estaba condenado a fracasar en el Real Madrid

Ahora que han pasado unas semanas desde la destitución de Rafa Benítez como entrenador del Real Madrid, es un buen momento para reflexionar sobre los porqués de su caída en desgracia.

por Oscar Rickett
26 Enero 2016, 4:25pm

PA Images

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En la página principal de su página web, la foto de portada muestra a Rafa Benítez estrenando el look de padre sofisticado con pantalones holgados y prácticos zapatos negros andando justo a la orilla del mar. Cuando habla de táctica en su blog, siempre incluye al portero en su formación. Es 1-4-4-2, no 4-4-2. Por dios, haced bien las cosas.

Benítez siempre ha sido un personaje aparte. Siempre ha sido el tipo que más se preocupa, el tipo que más sabe. Si escribe 1-4-2-3-1 es porque es la única persona que realmente sabe de lo que está hablando. Es el mundo el que se debe adaptar, no Rafa. El conocimiento, la genialidad, la ética profesional, la pedantería, la irrompible terquedad: son estas cosas las que mantienen al español atrapado en su fortaleza de soledad... pero también lo mantienen trabajando en la élite.

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Hace pocas semanas, cuando Florentino Pérez anunció que reemplazaría a Benítez por Zinedine Zidane, pocos fueron los sorprendidos. En su web, Benítez colgó el siguiente mensaje: "Como madridista, madrileño y deportista formado en los valores y prioridades de esta institución, que me enseñaron en la antigua 'Ciudad Deportiva de la Castellana', me he sentido honrado con la oportunidad que he tenido de trabajar por estos 'colores'".

(Paréntesis: sorprende que la Ciudad Deportiva de La Castellana o los 'colores' necesiten comillas... pero como decíamos, Benítez es Benítez).

Tras crecer en la ciudad y haberse fogueado en el club —cabe recordar que Benítez fue entrenador del Real Madrid Castilla y asistente de Vicente del Bosque en un corto periodo a mediados de los 90—, este verano llegó la oportunidad que Rafa estaba esperando para dirigir por fin al equipo de sus amores. Florentino, sin embargo, no estaba dispuesto a permitir que Benítez tuviera aquello que más ansía como profesional: el control.

"Pero a ver, ¿no os he dicho que defendierais tres milímetros más hacia la derecha? ¿No ves que si lo no lo hacéis exactamente así se me cae todo el plan del partido?". Foto de Andrea Comas, Reuters.

"Esperaba un sofá y me han traído una lámpara", aseguraba el entrenador madrileño ya en agosto de este año. Posiblemente, si hubiese podido, Benítez habría confesado que más de uno de los jugadores que tenía en el equipo —James Rodríguez, probablemente— le parecían más lámparas que futbolistas, y que los Casemiros de turno eran exactamente los cómodos sofás que él quería para tumbarse.

Esta no es la primera vez que dan a Benítez una oportunidad aparentemente de ensueño que después resulta ser amarga. En el Liverpool FC, pasaron años para que la negligencia envenenada y la estupidez de George Gillet y Tom Hicks le dieran una patada por detrás a Benítez. En Madrid, solo hicieron cuantos meses para que la megalomanía de Pérez lo mandara a empacar sus cosas.

A pesar de todos estos reveses, Benítez siempre se ha mantenido tercamente comprometido con su obstinación, enraizada firmemente en sus muchas peculiaridades. Negarse a seguir las reglas y evitar decir que Cristiano Ronaldo era el mejor jugador que había entrenado fue seguramente el incidente más sonado de una larga serie en la que Rafa siguió siendo Rafa.

No le culpemos. Benítez es como Don Quijote en una misión para civilizar al mundo, una versión española y... er, robusta de Batman que insiste ser el héroe que el fútbol se merece... incluso si el fútbol es demasiado estúpido para reconocérselo en estos momentos.

"Pues sí, presi, yo querría que me trajeran a Yayá Touré y a Lucas Leiva y..." "Jeje, qué graciosillo. Anda, mira a cámara, Rafa, que si sigues así no me duras ni un mes". Foto vía PA Images.

Benítez dejó varios recuerdos ciertamente memorables durante su paso por Inglaterra. Entre los más destacados está el día en que ignoró al sistema de honores británico al referirse sin rodeos a Sir Alex Ferguson como "Mr. Ferguson"; o como cuando dijo una y otra vez que el árbitro había sido "perfecto" después de una derrota en Portsmouth a finales del 2009; o su bronca con otro árbitro al dar a entender que "27,000 personas" habían visto lo que el árbitro no pudo. También está el día en el que se quedó mirando fijamente su reloj mientras todo mundo celebraba eufóricamente un gol de David N'Gog contra el Manchester United...

Una y otra vez, Benítez demostró que, mientras todos a su alrededor estaban perdiendo la cabeza, él se dedicaba a analizar frenéticamente los vídeos de partidos pasados. En Melwood, la ciudad deportiva del Liverpool, a Benítez le consideraban poco menos que un obseso que dedicaba horas y horas a repasar, revisualizar y desmenuzar hasta el milímetro cualquier detalle relacionado con el fútbol.

Benítez, en suma, siempre ha sido un técnico más interesado en instruir y dirigir que en ganarse el cariño de la gente. En sus mejores versiones, como el Valencia CF de la 2003/04 o el Liverpool de las grandes noches europeas, sus equipos juegan como máquinas recién engrasadas donde todas las piezas encajan a la perfección: pero esta visión del fútbol como una máquina tiene un coste humano.

En particular, atacar a los jugadores puede terminar por hacer creer que Benítez quiere controlar cada aspecto. Jermaine Pennant, que fue su pupilo en Liverpool, sintió que su entrenador se pasaba todo el partido gritándole desde el área técnica. "Siempre quería que fuera a molestar al portero rival cuando sacaba. A veces, yo pensaba, '¿en serio no puedo expresarme con una mínima libertad?'".

"Pues para esa pregunta que me haces no tengo ningún discurso de quince minutos redactado e impreso por triplicado, así que me temo que no te podré responder". Foto de Susana Vera, Reuters.

Mejores jugadores que Pennant han acabado exhaustos e incluso enfurecidos por el control obsesivode Benítez. En Anfield, futbolistas fichados por él mismo como Xabi Alonso, Yossi Benayoun, Ryan Babel y Albert Riera, entre otros, terminaron rompiendo con Benítez. En el Real Madrid, no sorprendió a nadie que Cristiano Ronaldo pasara tan poco tiempo con él.

La tragedia para Benítez es que, en las circunstancias adecuadas, puede ser un entrenador de (mucho) éxito. Tal vez no sea coincidencia que logre hacerlo cuando ejerce el control, pero también cuando sale aunque sea por breves periodos de tiempo de su fortaleza de soledad.

En Valencia, había jugadores que creían en su método y le hicieron ganar dos ligas y una Copa de la UEFA. En el Liverpool, la fe en sus meticulosos métodos duraron lo suficiente para darle al club una Champions League y una FA Cup, así como para quedarse a cuatro puntos de su primer título de liga en dos décadas. A lo largo de sus éxitos, siempre tuvo a su impagable asistente Pako Ayestarán a su lado. Los más cercanos a Benítez dicen que si hay alguien a quien Rafa no ha logrado sustituir jamás, ese es Ayestarán.

Incluso Xabi Alonso, que llegó al Liverpool de la mano del propio Benítez, terminó un poco cansado del extraordinario rigor del técnico madrileño. Foto de Phil Noble, Reuters.

En una entrevista para la publicación inglesa The Anfield Wrap en 2012, Benítez dijo lo siguiente: "Lo principal es ganar y tienes que utilizar a los jugadores que tienes". Según sus declaraciones, perder jugando bien es "un grave error".

La filosofía de la victoria no solo es necesaria, sino que además es vital en el Real Madrid. Forma parte del ADN del club madridista: realmente, en el Bernabéu no hay alternativa a ganar. Los tiempos, no obstante, son complejos para la entidad de Concha Espina; ya no vale con solo ganar, sino que hay que hacerlo bien, lo cual en el lenguaje madridista significa tener la iniciativa en todo momento.

Benítez es prácticamente lo opuesto.

La segunda etapa de Florentino en el Real Madrid parece un camino bastante tortuoso con giros y recodos. José Mourinho trajo la competitividad; Carlo Ancelotti trajo el juego deseado. Benítez no encaja en esta progresión: Rafa no es el Napoleón que conquista Europa derrotando a sus rivales a campo abierto, sino el Hồ Chí Minh capaz de resistir al poderoso ejército estadounidense con cuatro cañas en la espesura de la selva.

Benítez, en suma, es un hombre de sustancia en la era del estilo. Rafa dibujaba planos y calculaba rutas desde su fortaleza cuando el Madrid le pedía lanzar la caballería a la conquista de Europa.

Estaba condenado desde el día uno.

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