Pasé dos semanas comiendo sobras de contenedores en Dinamarca

A menos que seas una especie de rey que puede permitirse el lujo de comprar alimentos, comer "basura" sacada de contenedores de basura no es una mala opción. Yo lo hice durante dos semanas y ahorré el dinero suficiente como para pagar el alquiler.

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jul. 9 2014, 9:04am

Todas las fotos por el autor y Tatyana Kondratenko.

Tuve mi primera experiencia rebuscando basura en los contenedores poco después de mudarme a Dinamarca desde Toronto. Siempre me había intrigado la idea pero nunca había llegado a llevarla a cabo, así cuando mis colegas superdaneses, Anders y Rasmus, me preguntaron si me apuntaba esa noche a buscar comida en los contenedores del supermercado del barrio, me dije a mí mismo, "¡Qué coño! ¿Y por qué no?"

Me quedé sorprendido por la cantidad de cosas que encontramos: verdura fresca, pastas, rebanadas enteras de pan, galletas... Lo que allí había no era comida putrefacta y llena de gusanos. De hecho, la mayor parte de la comida estaba en perfectas condiciones. Parecía que la hubieran desechado por algún golpe o, en el caso de alimentos envasados en paquetes, porque una sola uva tenía un poco de moho, por ejemplo. Todos los productos frescos deben desecharse cada noche, sin importar en qué estado se encuentran, por lo que el pan era especialmente fresco. Quizá no debería haberme sorprendido tanto: según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, cada año se desperdician 1.300 millones de toneladas de alimentos (aproximadamente un tercio de la producción mundial).

Con el paso de los meses, unos cuantos compañeros de clase y yo empezamos a desarrollar un sistema para rebuscar nuestra cena en los contenedores con mayor eficiencia, así como cierta inmunidad al olor dulzón que parece invadir la basura. Por si os apetece probarlo, aquí dejo constancia de la técnica que utilizamos:

1. Espera unos 20 o 30 minutos después de que haya cerrado la última tienda de comestibles del centro comercial del barrio.

2. Lleva ropa que no te importe que se impregne de líquidos putrefactos (en mi caso, unos viejos vaqueros negros y un jersey).

3. Coge un par de bolsas (una de ellas será solo para el pan y las pastas) y unas linternas.

4. Coge comida gratis.

Nuestra única regla era la de devolver al contenedor lo que no quisiéramos. Si lo dejáramos tirado fuera, como si fuéramos alimañas, los encargados de limpiarlo acabarían cabreándose tanto que cerrarían los contenedores con candado durante un par de semanas. Para un estudiante pobre como yo en un país tan caro, la comida de los contenedores era como haber descubierto un tesoro y, a medida que transcurría el semestre, iba incluyendo cada vez más comida rescatada de la basura en mi dieta.

Aunque ese año comí bastante "basura", siempre lo hice como complemento a mis hábitos nutricionales, nunca como dieta principal. Desde entonces, a menudo me pregunto si podría haber vivido enteramente de la comida que encontraba. Por eso el pasado mes de mayo me decidí a intentarlo.

Durante dos semanas me sometí a estas tres reglas:

1. Solo podía comer alimentos que hubiera sacado de los contenedores.

2. Las especias, los condimentos y el aceite no contaban como comida.

3. El alcohol no contaba como comida.

También decidí llevar un registro de todo lo que me encontraba para calcular el valor total de las delicias que recogía.

Esto es lo que pude salvar:

4 de mayo

-2 coliflores

-2 ramos de flores

-3 cajas de fresas

-2 cajas de uvas verdes

-una caja de champiñones

-1 planta de romero viva

-3 plátanos

-8 naranjas

-8 pimientos rojos

-4 pimientos amarillos

-7 madalenas de chocolate

-7 cruasanes

-2 pop tarts

-5 pasteles de limón

-2 napolitanas de chocolate

Total: 355,50 DKK (48€)

6 de mayo

-3 puerros

-1 brócoli

-1 caja de champiñones

-3 pimientos rojos

-18 panecillos

-1 madalena de chocolate

-2 rebanadas de pan

Total: 179,50DKK (23€)

8 de mayo

-1 caja de ensalada

-2 berenjenas

- 2 calabacines

-una bolsa de patatas de 5 kg

-2 lechugas

-9 naranjas

-1 pomelo

-5 rebanadas y media de pan

-3 panecillos

Total: 298,50 DKK (40€)

11 de mayo

-4 bolsas de uvas

-media caja de fresas (encontré una caja entera, pero la mitad de las uvas estaban podridas)

-3 bolsas pequeñas de minizanahorias

-1 caja de tomates cherry

-1 paquete de tomates de rama

-1 brócoli

-1 apio

-1 limón

Total: 175 DKK (23€)

14 de mayo

-5 bandejas de quesos variados (de cabra, brie, emmental, azul y cheddar)

-1 bote de queso par ensalada (creo que era feta)

-6 limas

-1 pepino

-1 aguacate

- 2 berenjenas

-3 rebanadas de pan

-15 panecillos

-2 pastas de canela

-3 pop tarts

-4 pasteles de limón

-10 cruasanes

-9 madalenas

Total: 573,50 DKK (77€)

17 de mayo

-3 bolsas de 1 kg de patatas

-7 tomates de rama

-2 bolsas de 1 kg de zanahorias

-2 mazorcas de maíz

-27 panecillos

-9 madalenas

-3 napolitanas de chocolate

-5 cruasanes

-2 rebanadas de pan

-3 melones dulces

-6 pimientos

-1 mango

-2 cogollos

-1 rastrillo

-1 planta (Anturium roja)

Total: 504 DKK (67 €)

TOTAL GLOBAL: 2.086 DKK (279 €)

Eso equivale a más de un mes de alquiler de mi habitación en la residencia de estudiantes.

Pero para ser sinceros, hice trampas. Durante las dos semanas que duró mi dieta de contenedor, me comí dos trozos de una barra de chocolate y un falafell en el centro de la ciudad (todo me lo dieron mis amigos). Después de cinco días me entró antojo de arroz y huevos. Logré calmar mis ganas de lo primero haciendo "arroz" de coliflor y logré olvidarme de los huevos comiéndome una berenjena, que tiene un sabor bastante proteico si la cocinas de la forma adecuada.

Al final del experimento, creo que estaba en mejor estado de salud que cuando empecé. La dieta era principalmente vegana y no era fácil conseguir comida basura. También ayudaba saber cocinar, ya que conseguía apañar platos bastante decentes:

Aunque prácticamente ya no busco comida entre la basura, todavía hay cosas de las que como que consigo en los contenedores. Llevo meses sin pagar un céntimo por el pan y lo estoy notando mucho en el bolsillo. En serio, probadlo. Acercaos al supermercado del barrio después del cierre y echad un vistazo a lo que tiran. Encontraréis un montón de desperdicios en descomposición -rodeados de voraces ratas con pequeños ojos brillantes-, pero a menudo también encontraréis algo para preparar la comida del día siguiente.

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