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Cultură

Por qué la «viagra femenina» no es tan buena idea

¿Tomarías un medicamento que aumenta tus probabilidades de tener un orgasmo pero que no se puede mezclar con alcohol o pastillas anticonceptivas?
9.9.15

Ha llegado una nueva droga milagrosa a la ciudad. Se dice de Addyi que es la «viagra femenina», una droga milagrosa capaz de hacer con las mujeres insatisfechas lo que la pastilla azul ha hecho con sus contrapartidas masculinas de mediana edad. Durante años, sus creadores han iniciado una controvertida y larga campaña para que la FDA aprobara el fármaco, y la FDA lo ha rechazado argumentando que los resultados que se obtienen no son suficientes para justificar los efectos secundarios. Tiempo después se lanzó una campaña de relaciones públicas y un grupo de activistas feministas estuvo presionando intensamente al organismo regulador con acusaciones de sexismo paternalista hasta que finalmente se aprobó la comercialización del fármaco, que estará disponible el próximo octubre. El problema es que quizá no sea conveniente.

Antes de continuar, es necesario que nos olvidemos de esa mierda de «viagra femenina». Addyi no es ninguna viagra y compararlo con esta puede llevar a mayor confusión porque, para empezar, la mayoría de la gente no sabe mucho sobre la viagra.

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Cuando tomas viagra, realmente no ocurre nada, o al menos nada destacable. Contra lo que se cree popularmente, esta pastilla no aumenta el deseo sexual ni te pone cachondo al instante. Tampoco sirve para aumentar la libido. Lo que hace es facilitar y prolongar la erección una vez conseguida, efecto que se obtiene con una sola dosis. Es una cuestión de hidráulica: un pene es como un gran saco de sangre colgante y la viagra contribuye a que la sangre fluya bien por su interior.

Addyi –o flibanserina, que es el principio activo- actúa de forma totalmente distinta. Se empezó a utilizar en la década de 1990 como antidepresivo experimental, y sus efectos se producen en el cerebro, no en el cuerpo, alterando el equilibrio de los neurotransmisores como la dopamina y la serotonina para activar las zonas del cerebro que intervienen en el «deseo sexual».

Sus efectos son sutiles, tanto que sería normal plantearse incluso si realmente existen. En los ensayos analizados por la FDA, se registraba un promedio de 2,8 «encuentros sexuales satisfactorios» al mes. En el caso de las mujeres a las que se les administró un placebo, la cifra ascendía a 3,7, y aquellas a las que se administró Addyi registraron un 0,8 más de encuentros sexuales satisfactorios al mes que las que habían tomado solo el placebo. No es gran cosa.

Por otro lado, obtener esas ocho décimas partes más de orgasmo conlleva su trabajo. A diferencia de la viagra, no se trata simplemente de tomarse una pastilla, tumbarse y pensar en tus cosas: es necesario tomar Addyi durante un mes y durante ese periodo no se puede consumir alcohol. Resulta sorprendente que el estudio con el que se observó qué consecuencias tenía mezclar el alcohol con Addyi –malas- se realizó casi por completo en hombres. Irónicamente, el fármaco puede provocar reacciones adversas con algunos anticonceptivos hormonales y, como tantos otros medicamentos, tienen una serie de efectos secundarios: desmayos, tensión arterial baja, náuseas, efecto sedante y, en raras ocasiones, posibles lesiones hepáticas.

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¿Vale la pena? Quise conocer la opinión de una mujer, así que acudí a mi amiga Jennifer, una verdadera experta de las vicisitudes de los orgasmos, y esta fue su valoración: «Tomar una pastilla al día implica que no puedo beber si quiero tener orgasmos, por lo que, en ese caso, quiero uno o dos orgasmos al día. Si además hay riesgo de que me dañe el hígado, entonces quiero cinco o seis. Si a eso le añadimos que tampoco puedo tomar la píldora anticonceptiva, quiero que con las cajas de Addyi vengan condones gratis».

Los beneficios de Addyi tampoco se han comparado con otras alternativas. Posiblemente Addyi sea más efectivo que un placebo, pero existen muchas otras formas de mejorar las experiencias sexuales de las mujeres sin tener que recurrir a una pastilla cargada de efectos secundarios: juguetes sexuales, una pareja mejor, tratar de abordar posibles problemas psicológicos o de salud o simplemente instalar una nueva alcachofa de ducha.

Pero este fármaco no es para todas las mujeres. Su prescripción va dirigida a mujeres que sufren una nueva dolencia llamada trastorno del deseo sexual hipoactivo (TDSH), que se diagnostica cuando tu deseo sexual es tan bajo que puede causar síntomas graves de ansiedad o problemas en las relaciones.

El TDSH es un trastorno controvertido, rodeado de numerosos aspectos problemáticos que llevan a algunos especialistas a plantearse si realmente puede considerarse un trastorno. El primer problema lo presenta la definición de «bajo deseo sexual». Si le dices a alguien que su sexualidad es anormal, estás emitiendo un juicio de valor sobre lo que se considera «normal» en este campo, y ese es un aspecto cultural. Lo mismo ocurrió con la clasificación de la homosexualidad por parte de los psicólogos en la época en que esta todavía se consideraba una enfermedad. La historia está plagada de ejemplos en los que la sociedad tilda de trastorno cualquier cosa que no encaje en sus restringida definición de la sexualidad.

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Incluso aceptando que se trata de un trastorno, es muy probable que se haga un mal diagnóstico a muchas mujeres o que sus parejas las empujen a tomar el fármaco.

En el mejor de los casos, estás ayudando a mujeres con una enfermedad legítima a obtener más placer sexual. En el peor, estás drogando a una mujer saludable que no cumple con las expectativas de la sociedad –o más concretamente las de sus parejas- con el fin de que satisfaga dichas expectativas.

Quizá se den ambos escenarios, pero el problema es que, ahora que la FDA ha aprobado el fármaco, los médicos tienen carta blanca para usarlo como crean más conveniente. La FDA no puede dictaminar que Addyi se utilice solo para el TDSH. Una vez aprobado, lo único que pueden hacer es pedir que se enfaticen los efectos secundarios. Los fabricantes han prometido no publicitar el producto durante los primeros 18 meses desde su puesta a la venta, pero transcurrido ese tiempo, todo valdrá y, dada la obsesión de los EUA por los medicamentos con receta, las mujeres empezarán a tomar Addyi como si fueran caramelos.

Quién sabe qué les sucederá después.

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Traducción por Mario Abad.