Tuve que aprender a la mala: Un perfil de Alex Malverde
Foto: David Barajas

Tuve que aprender a la mala: Un perfil de Alex Malverde

El fundador de Homegrown y manager de actos como Alemán o La Banda Bastön, es una pieza clave para comprender el rap de México en últimos años.
DB
fotografías de Davids Barajas
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2.10.17

Al diablo lo que es del diablo, y al Malverde lo que le corresponde.

La escena actual del rap en México no sería la misma sin el ingenio de este hombre. Desconozco el futuro del rap en este país, pero es seguro que lo que hoy sucede no se repita. Y mucho de lo que sucede es su culpa, y si no es suya toda la culpa, al menos ha metido bastante la mano. Si esto fuera un crimen, Alex Malverde estaría condenado por complicidad. No es un santo, aunque sus hazañas para muchos podrían pasar por milagros. Es más bien un cabrón bien hecho; un perro, por la fidelidad a sus amigos, un perro que tenía plena confianza en que mordería, un perro ingobernable que decidió no usar correa ni seguir instrucciones de nadie. Un perro acostumbrado a salir del Infierno, a encontrar la salida a partir de la energía que brinda la rabia.

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Sé que lo que diré suena pretencioso y soberbio, vanidoso, pero estoy frente a un espejo cuando levanto los ojos y miro el rostro de Malverde. Un espejo siempre causa miedo. El miedo, al menos en mi caso, lleva implícita esa incómoda pregunta que reza: ¿Quién soy?

Estoy frente a un hombre que está a punto de contarme cómo ha sido hasta el momento su paso por la Tierra.

A veces pienso que todos somos el mismo pinche hombre, la misma puta experiencia repetida en distintos cuerpos. Pero recuerdo algo que me dijo Alex: "Me entrego cuando algo me gusta y lo siento de verdad. Si no fuera así, no tendría el apoyo de estos güeyes, de tanto rapero conmigo. Lo que tengo son resultados", y se me pasa.

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¿Ves esa pequeña ventana, la que está entre las paredes? Bueno, ahí vive Alejandro. Todavía es un niño. Acaso siete, ocho años. Vive con su mamá. A veces ella lo encierra para que no se escape, le preocupan los peligros de la calle, las malas compañías, o simplemente que su hijo ande en la calle. Pero por esa ventana se sale el pinche Alex. Por ahí se escapa y se va a las maquinitas.

Si no está en las maquinitas, anda echando cáscara, dando el rol en la birula, correteando perros. Algo anda haciendo siempre. Su jefa preocupada, lo mete a un internado de monjas allá por el Ajusco. Ahí aprende qué es disciplina. Se despierta a las cinco de la mañana todos los días. Hace sus labores y a las siete en punto está en misa.

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También es en la escuela de monjas donde aprende a romperse el hocico. En un internado todos traen sus broncas, y cada uno las sortea como mejor puede. Algunos lo hacen chingando a los otros.

Al principio Alex no mete ni las manos cuando lo agandallan. Un día termina lleno de sangre y con el ojo morado, hasta que alguien le dice: "No te dejes, chingue su madre, hazle como puedas, patada y trompón, a donde caiga". Alex tuvo que aprender a la mala.

A Alex no le importa juntarse con gente de su edad, tiene una banda donde todos son más grandes que él, y con ellos patina. Alguien de esa banda lo conecta y de repente Alex ya está vendiendo piedra. Siempre le gustó el baro.

Ha trabajado de lavacoches y repartiendo medicinas en una farmacia, su vehículo era una bici. Pero ahora vende droga, es un escuincle. Ah, y esta banda es la primera que le dice un nombre que será importante en el futuro: DJ Aztek.

"Aprende de los que ya ganaron el juego que juegas".

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El nombre de Malverde proviene de la renuncia a un empleo y de un mes de peda. Un mes de cantinas y loqueras. A Alex y a sus compas siempre les han gustado los corridos, la banda y los narcocorridos. El nombre proviene de un trip que tenían de hacer un grupo de música norteña. En una peda decidieron que serían los Malverde. Aztek Malverde, Chuck Malverde y Alex Malverde. En honor a ese santo cuyo rostro parece estar basado en el de Pedro Infante. Nunca existió la banda. Alejandro puso su apellido adoptivo en Twitter. De ahí se quedó. Malverde, Malverde, Malverde. No, Alejandro no es de Sinaloa. Y su verdadero nombre es Alejandro Rodríguez. Es un animal que ha aprendido de cada circunstancia que la vida le ha puesto. De todos lados saca algo para llevarlo a su molinito.

A los 17 años comenzó a vivir solo. Ya traía la idea de que nadie le dijera a qué hora llegar, de ser un pinche rebelde. Y las circunstancias se dieron. Alex trabajaba en un local que de día era fonda, y luego se convertía en una especie de parrilla y taquería donde además vendían chelas. Su madre le dijo que se cambiarían de domicilio. Le advirtió que si no estaba el fin de semana, ella de todos modos se iría. Alex prefirió irse a Acapulco con sus amigos. Al volver sólo encontró un colchón, el teléfono y un recado pequeño. Lo que Malverde sintió fue algo de miedo, pero también emoción por la libertad, que se mostraba ante él como una mujer que le abría las piernas. Y aquí comenzó otra etapa, Alex pagando su renta, ganando su feria, fumando lo que quería. La escuela ya no le interesó. Le gusta el conocimiento, pero no agüevo. Ni le importaron nunca esas materias que no sirven para nada.

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¿Recuerdan a Marck Renton en Trainspoting, comenzando a inyectarse luego de que le trajeron en una pulcra servilleta blanca una jeringa preparada, que lo vemos con las piernas cruzadas vaciando todo el cartucho sobre su brazo mientras comienza a gemir de placer y se deja caer sobre una alfombra, se deja caer hasta donde no es posible? ¿Y recuerdan que los suaves acordes de Lou Reed suenan, esos acordes escritos en 1972, mientras la cámara recorre un cuerpo tendido que levemente se convulsiona al ir sintiendo la divina mano en ese clítoris que todos tenemos en el cerebro, y la sirena de una ambulancia comienza a sonar? Sí, es "Perfect Day". Bueno, esa rola cambió la vida de Malverde. Y esa película. Sí, ya sé que a ti también, y a ti, y a la novia de tu primo. Pero estamos hablando de Malverde.

San Bartolo Ameyalco es un pueblo bicicletero, donde no sucede nada, las calles son pequeñas y las vacas comunes. Pero ahí existe un lugar llamado La Danza. Malverde pasó por esa época de la vida donde los panoramas musicales se comienzan a expandir. En la semana se lanzaba al mítico Tower Records de Altavista. En La Mosca conoció a Hugo García Michelle y a Eusebio Ruvalcaba, de quien luego compró libros. Indie Rocks, Warp, Switch, llegaba al Sanborns y compraba todas las revistas de música que hay. Quería devorarlo todo. Fue su modo de conocer del mundo lo que le importaba. La música.

"Aunque te digan que no. Y que te vas a estampar en la verga, si tú lo crees tienes que ir sobres con tu idea. A mí eso fue lo que me pasó con el rap. Yo me enamoré de esta madre por eso; me dio la oportunidad de realizar mi sueño, de lo que yo me quiero dedicar. Yo no quiero regresar a una oficina, yo no quiero recibir órdenes de nadie. Quiero crear junto a mis amigos".

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Malverde ya escuchaba rap en su adolescencia. Como muchas personas en la década pasada, fue deslumbrado por la oleada de grupos españoles que todos conocemos: SFDK, Falsalarma, Ariana Puello, Violadores. Frank T era el que más le gustaba, por la letra. Pero no era música que le gustara, por ejemplo para empedar. Un día tocó en La Danza Sr. Bikini, y le mamó. Se sintió arropado por ese ritmito surfero y atraído por las máscaras de los que tocaban.

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"No estoy fijándome quién va a sacar nuevo disco en el rap mexicano, pero se nota que ya salen cada vez discos mejor hechos, que ya preocupan por el arte, la mezcla, el master, el concepto del disco".

"Hay un error del rap mexicano y es cuando se casa con una postura. Con una. No quieren cambiar".

"Mi pedo siempre fue irme clavando y descubrir música".

El batería de Fenómeno Fuzz llevó a Malverde a La Lagunilla. Y ahí se quedó. Comenzó a juntarse en un puesto que tenía música rara. Surf, punk, country, psyco billy, garage. No escuchaba otra cosa que no fuera puro instrumental. Alex tiene esa facultad de caerle bien a la gente precisa. Comenzó a llevarse bien con los Rebel Cats y Lost Acapulco, de toda esa escena. Iba a toquines al Alicia. Consiguió un empleo más en su vida, ahora con Rebel Cats: era rody, staff, cargaba instrumentos, estaba pendiente por si algo fallaba en el escenario, él lo soluciona. Aprendió mucho. Y conoció gente de otras escenas musicales.

Al mismo tiempo trabajaba en un call center vendiendo espacios publicitarios. Se estaba sazonando un buen caldo de cultivo. Llegó a supervisor, ganaba chido. Pero no era feliz. No sabía cómo canalizar su genuino interés por la música.

En todo lo que había leído acerca del ámbito de la música, siempre hubo un personaje que le llamaba la atención. El güey que descubre, el que le dice a los artistas "mira carnal, es por acá, haz esto y te va a pasar esto". En el tiempo que trabajó con los Rebel Cats les hizo algunas sugerencias, unas cuantas las siguieron y dieron resultados. Alex pensó: "Igual tan pendejo no estoy".

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Se separó de los Rebel Cats, pero no dejó de ir a los toquines. Tampoco le dejó de revolotear una idea en la tatema. Un día llegó tarde al trabajo, se dio cuenta que está harto, que ya no quiere seguir. Renunció.

Y a su vida llegó DJ Aztek. Conocerlo fue una de esas bondades que te ofrece el desempleo.

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Malverde comenzó a ayudarle. Aztek lo invitó a que lo viera a Mixcoac, era un evento de B-boys y batallas de rap. Esta es otra escena que Alex desconocía. "¿Por qué todas las revistas que he leído no hablan de esta madre? ¿Por qué esta música no suena en el radio? ¿Dónde sucede todo esto? ¿Por qué esta música no suena como la electrónica, en esa escena?"

En este momento Malverde se hizo todas esas preguntas. "A la verga, esta música tiene que sonar. Yo conozco a tal güey de esta revista y se lo voy ir a enseñar". Se hizo amigo de la banda en la escena rapper. Y Malverde metió su milagrosa mano que ya había andando por muchos lados y aprendido cosas.

Banda Bastön fue el experimento. No sabían cómo lanzar su disco. Alejandro fue a empeñar su palabra por ellos. Sacaron el disco en preventa por Internet, sólo tenían la portada. Fue un éxito. Cuando la lana se juntó, hicieron el master y la maquila. Órale, putos, ahí está el disco. Los Bastön confiaron en él. Y arre.

En marzo de 2017 La Banda Bastön fue convocada por Nike para que ser la cara de su campaña por el aniversario de Air Max Master. Nadie puede dudar que fue un gran logro en un género que mucho piensan desahuciado en América Latina. "Eso fue como pintarle huevos a toda la gente que me dijo que no se iba a poder", dice Malverde hinchado de orgullo. Como si fuera un pez Beta al encontrarse con su reflejo.

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La pregunta que resonaba a cada rato en la cabeza de Malverde era ¿Por qué los raperos no? Y se dio cuenta de algo. Los raperos tampoco querían, muchos estaban (y están) casados con su idea de pertenecer al underground y no salir. Eso fue lo que Malverde cambió. "Cuando te gusta hacer algo, cuando realmente amas algo, lo vas a hacer como sea. Pero si aparte de hacerlo, te remunera y te da para vivir y no tienes que hacer otra puta cosa en la vida, no tienes que hacer un trabajo que odies, ¡no mames! Es lo mejor que te puede pasar. Hacer tus cosas, tu música, tu arte, lo que amas. Y ganar dinero."

Para mí, es como si Malverde sintiera que la vida te está parando todos los días una madriza, y hacer lo tuyo es rebelarte, no dejar que te agandallen, poner en práctica las enseñanzas de haber aprendido a la mala.

Así nació Homegrown. Una secta de amigos que querían vivir de lo que les gustaba hacer, rap. Sonaba a una locura, pero hoy están de pie, y con mucho camino por delante.

"Seguro hay escritores que dicen: 'Yo nomás escribo pa mis compas. Y que me lean los treinta güeyes a los que les mandé este texto y ya'. Está bien, pero seguro es miedo al éxito. Al que dirá la demás gente. A nosotros ya se nos quitó. Hay que desarrollar proyectos, discos, a los mismos artistas. Ése es mi background, venir de la nada, aprender muchas cosas en la calle. No necesitas conocer la historia del hip hop, ni ser un hip hop head para llevar la cabeza de un pedo así, sólo necesitas tener cierta astucia para los bisnes y las movidas y actualizarte. " "De aquí a diciembre tenemos que sacar como cinco discos. Uno de Yoga Fire con Fntxy; el nuevo disco de Alemán; el de Mike Díaz, que regresa; otro disco de Fntxy con Cozy Cuz; el de Gogo Ras. Nosotros como banda, como amigos, como familia, tenemos mucho que ver en esta oleada del rap mexicano".

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"Quería hacer algo con esto de la música, no sabía cómo ni tampoco qué. Me agüitaba y le preguntaba al Aztek: Chales, ¿si será esto o la habré cagado?"

Ése güey siempre me respondía: "Tranquilo, güey. Ánimo, tranquilo. Va a llegar".

Quisieron revivir el proyecto de la Vieja Guardia, el mítico colectivo de rap de la Ciudad de México que comenzó en los años 90 y sigue en pie. Pero no salió. Se estaba desesperando. Dr. Zupreeme, DJ y productor de La Banda Bastön e integrante de la Vieja Guardia, ya se había dado cuenta de que Alejandro le chingaba, que era movido. Le dijo que quería enseñarle un disco, pero antes debía consultarlo con Müelas de Gallo, su compañero de fórmula, MC de Bastön y uno de los raperos más respetados en el país. Escucharon el disco, y la historia del rap mexa cambió. Se trataba del Todo bien.

"Sin querer nos convertimos en un referente de toda esta nueva oleada del rap mexicano, en la que ya se les quita el miedo a los artistas o que contagiamos de ese ímpetu a muchos más".

"Lo único que habla por ti son tus resultados. Tú podrás decir lo que quieras en redes sociales y pararte el culo. Pero por más que hables bonito, si las cosas no te salen, algo estás haciendo mal. Y en cambio si las cosas fluyen, aunque no hables".

"Nosotros logramos cerrar un contrato con Monster. Y nunca hemos trabajado con una marca que no nos gusta. Nos convertimos en un imán, captamos la atención. Siempre que salen los Bastön, traen otros güeyes del crew, para que la gente vea qué es lo que viene, lo que sigue".

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Hoy Homegrown ha crecido, Alejandro presume: "Este año haremos algo con New Era. Y en diciembre esperemos de nuevo estar haciendo algo con Nike, pero no queremos decir nada todavía. Hasta ahora no hay un crew de rap que lo haya hecho. Nosotros seríamos los primeros".

"No todo el rap tiene que ser: soy moreno, soy humilde, soy de México. También puedes tener el lyfestyle que tienen en otro lado. Porque te gusta. Porque lo quieres".

"Es importante comenzar a inmiscuirnos en el mundo de la moda, porque de ahí vienen otras cosas. Ya tenemos fans, ¿qué vamos a hacer, más música? ¿Y luego? ¿Más música? Tenemos todo para que el pedo en español crezca. El futuro viene en español. Es una señal, no todos lo están viendo. Tienes que quitarte todas tus creencias y pendejadas para verlo."

"Ya influimos en la música, ya se fijan en nosotros. Ahora quiero meter a los raperos en la moda. Tenemos ese poder. Hace tres años yo iba con las marcas y me decían: "Ah…" Ahora esos güeyes me hablan. Ya influimos a los morros. La gente busca el tenis, la gente busca la playera, busca ser como tú, vestirse como tú. Tenemos ese poder. Más allá de la música queremos darles otra cosa".

*

Estamos en Homegrown, en una mesa está Fntxy, abstraído y produciendo música. Está Mü, de pie, escuchando, Malverde está sentado en la mesa, Feli Dávalos preguntando, y yo atento a lo que dicen. Müelas interviene y dice que le escriben mucho para preguntarle cómo se entra a esta disquera. "Eso pasa un chingo", dice Malverde. "Pero no es así. Es como si tú juegas bien verga futbol en tu barrio y dices: 'Yo debo jugar en el Real Madrid, o en las Chivas'. ¿Y qué vas a hacer? ¿A mandar un mail? No, tienes que generar todo para que el güey ese un día te vea. Nosotros no vamos buscando gente, ni recibiendo mails. Los güeyes que están aquí han sabido llegar. Ni siquiera es tanto el talento, es muchas veces la perseverancia".

"Esta madre es un pastelito así". El pastel imaginario que hace Malverde es del tamaño del círculo que hacen sus índices y pulgares de ambas manos al juntarse.

"Ahorita es así. Y yo no me lo voy a acabar. Y si me lo acabo, me va a hacer daño. Mejor le muerdo este pedacito, y este güey que se coma este pedazo de acá, y comemos bien y estamos chido, sin que me dé diarrea o sin que me tape".

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