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El Papa planea un viaje a zonas calientes de México: 'la agenda de un disidente'

Fuentes del gobierno y de la Iglesia han revelado que el Papa visitará regiones azotadas por la criminalidad, como Ciudad Juárez y Michoacán, así como Chiapas, donde migrantes centroamericanos se enfrentan a la represión gubernamental.
Imagen por Andrew Medichini/AP
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Francisco planea visitar México en febrero de 2016. Algunos detalles de su agenda se han filtrado y sugieren que planea recorrer estados profundamente afectados por la guerra contra la droga, la desigualdad y el abuso de los migrantes.

De acuerdo con este supuesto itinerario, el Papa se prepararía para visitar Ciudad Juárez, conocida por haber sido capital mundial de los asesinatos; el estado de Michoacán, donde vigilantes que actúan con el beneplácito de algunos sacerdotes locales tomaron las armas para acabar con un cártel narco de la zona, y Chiapas, hogar del levantamiento zapatista indígena de 1994 y actual puerta de entrada para los migrantes centroamericanos que huyen de la violencia extrema de sus países.

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Aunque ni la Conferencia Episcopal Mexicana, ni el Vaticano han confirmado ningún detalle de la gira papal, la Secretaria de Relaciones Exteriores de México, Claudia Ruiz Massieu, se refirió a los tres lugares al hablar con los periodistas acerca de la visita del Papa la semana pasada. VICE News también ha confirmado con funcionarios de la iglesia locales que los equipos de logística del Vaticano han viajado a la ciudad de México, así como a Ciudad Juárez y a Chiapas.

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"La agenda en sí ya envía un mensaje acerca de las prioridades del Papa", opina Ilan Semo, historiador político de la Universidad Iberoamericana, de gestión jesuita, en la Ciudad de México. Para analistas como Semo, el itinerario planteado es un desafío para la conservadora jerarquía eclesiástica mexicana — considerada cercana a las élites empresariales y políticas del país — ya que tendrá que abordar cuestiones tales como los derechos humanos, la pobreza y la violencia.

"La agenda del Papa es crítica, muy crítica con la situación actual de la política. Es muy evidente, sobre todo si se compara con la de otros papas", expresa Semo. Durante la última visita de un Papa a México en 2012, Benedicto XVI se dirigió al corazón católico conservador del estado de Guanajuato y se mantuvo en silencio sobre los temas controvertidos que asolaban al país.

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"Es la agenda de los disidentes de México", afirma Semo sobre el recorrido previsto por Francisco. "Es una agenda que tiene parada allá donde se han producido las mayores violaciones de los derechos humanos, cometidas no tanto por el crimen organizado, sino más bien por el propio Estado".

Los obispos de México se han expresado muy poco acerca de la violencia que ha acabado con la vida de más de 100.000 personas en los últimos nueve años, a pesar de que los mismos sacerdotes han sido víctimas de la extorsión, el secuestro, e incluso del asesinato.

Esto empezó a cambiar en los últimos años. En 2013, el entonces obispo de Apatzingán, en el estado de Michoacán publicó una carta pastoral categorizando a las autoridades de indolentes, incompetentes, e incluso de cómplices de los crímenes ejecutados por los cárteles narcos contra ciudadanos de a pie. Además, la misiva aseguraba que las autoridades también toleraban las actividades de algunos grupos de autodefensa.

Obispos en el violento estado de Guerrero emitieron su carta pastoral de este mes pidiendo "diálogo" para "transformar la realidad" de un área conocida en todo el mundo por la desaparición de los 43 estudiantes el año pasado.

El arzobispo de Acapulco Carlos Garfias Merlos pareció sugerir que el diálogo deseado debe incluir a los miembros de los cárteles. "La palabra es el instrumento privilegiado de las autoridades para relacionarse con sus ciudadanos", dijo a los periodistas, "y la ciudadanía también son los que son delincuentes".

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Fue el presidente Enrique Peña Nieto quien advirtió al Papa, sin embargo, que la visita podría terminar causándole problemas dado las críticas que ha recibido por minimizar la importancia de la crisis de seguridad y los problemas en materia de derechos humanos que padece el país en beneficio de canalizar sus esfuerzos en las nuevas reformas económicas.

Esto se suma a la indignación del gobierno mexicano después que trascendiera una carta personal de Francisco dirigida a un amigo argentino en la que le advirtía que la creciente violencia en la Argentina podría provocar una "mexicanización" del país sudamericano.

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Ciudad Juárez se convirtió en la capital mundial del asesinato, con más de 10.000 homicidios cometidos entre 2008 y 2012, mientras los cárteles rivales peleaban por una codiciada ruta de tráfico en la frontera con Estados Unidos.

Francisco ya había mencionado previamente que quería visitar Ciudad Juárez y cruzar a la vecina El Paso, en Texas, como un signo de solidaridad con los inmigrantes, pero en su lugar fue a Cuba este año.

La violencia en Juárez ha disminuido, aunque no desaparecido, mientras que los asesinatos y desapariciones de cientos de mujeres aún castiga a la ciudad, según el padre Oscar Enríquez, director de un centro local de derechos humanos.

"Es una manera de contribuir a lo que quiere el gobierno: cambiar la imagen de Juárez", opina Enríquez sobre la probable visita del Papa en febrero.

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Michoacán, por su parte, representa la nueva cara de la guerra contra la droga en México. Este estado ubicado al oeste de la Ciudad de México es uno de los lugares que ha visto nacer a los grupos organizados de vigilantes locales que han sumado un nuevo frente al conflicto.

Francisco elevó al arzobispo de la capital del estado, Morelia, a cardenal en enero — un maniobra interpretada como un signo de la preocupación de la Iglesia por la violencia en México. "Al Papa le preocupa la seguridad, no solo aquella vinculada a las amenazas de ejércitos o de cárteles sino también aquella que incide en la educación cristiana y en las oportunidades para conseguir un trabajo digno", declaró el Cardenal Alberto Suárez Inda a la revista católica mexicana Nueva Vida.

El ahora relativamente tranquilo estado de Chiapas, por su parte, representa otro tipo de desafíos, tanto para la iglesia como para el gobierno.

Aunque el 83 por ciento de los mexicanos se identifican como católicos, las estadísticas indican que el número de fieles católicos disminuye continuamente por deserciones hacia otras religiones, especialmente entre las comunidades indígenas de Chiapas.

El estado alcanzó  fama mundial durante el levantamiento zapatista de 1994. Samuel Ruiz, el entonces obispo de la diócesis de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, era cercano a las poblaciones indígenas y también uno de los pocos prominentes mexicanos afín al movimiento de la teología de la liberación asociado con las demandas de la izquierda de justicia social y política en América Latina , explica Andrew Castaño, profesor de estudios religiosos en la Universidad de Virginia, Commonwealth University.

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Chiapas ha resonado con más fuerza en México en los últimos tiempos a causa del joven gobernador, célebre por haberse casado con una estrella de telenovelas, y por haber gastado más de 10 millones de dólares en promocionarse por todo el país, mientras que el 74 por ciento de la población sigue viviendo por debajo del umbtal de la pobreza.

Chiapas es también un importante punto de entrada en México para los migrantes centroamericanos que huyen de la violencia de las pandillas y la pobreza extrema en sus países, y cuyos sueños de ingresar a Estados Unidos son cada vez mas difíciles de realizar dada la peligrosidad y la creciente represión gubernamental.

La Conferencia del Episcopado Mexicano ha insistido en que los detalles de la visita del Papa no se darán a conocer hasta el 12 de diciembre.La institución ni siquiera ha confirmado la fecha de su llegada, anunciada para el 12 de febrero por el el cardenal y arzobispo de la Ciudad de México, Norberto Rivera, hombre de más alto rango de la iglesia mexicana.

Pero la agenda, filtrada por fuentes gubernamentales y de la iglesia, parece que proporcionará al Papa múltiples oportunidades para incidir en temas como la violencia, la corrupción, la desigualdad y el maltrato a los migrantes, incluso teniendo en cuenta el malestar que causará a las autoridades y a los funcionarios públicos.

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"Si el viaje del Papa quiere ser creíble, estos temas serán ineludibles", dice Bernardo Barranco, un académico y columnista que escribe sobre la Iglesia católica mexicana. "Probablemente va a ser sutil a la hora de criticar o hacer propuestas, pero tiene que hacerlo en un país como México".

Existen algunas dudas, sin embargo, acerca de cuán crítico será el Papa en su discursos una vez en México.

Francisco concedió recientemente un indulto a los controvertidos Legionarios de Cristo. El fundador de la orden, el padre Marcial Maciel, ganó un considerable poder gracias a su cortejo a las élites económicas y políticas del país, pero finalmente cayó en desgracia por abusar sexualmente de seminaristas.

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Políticos de todas las tendencias se han mostrado ansiosos de aprovechar la popularidad del Papa, a pesar del espíritu anticlerical que domina la política de México y el riesgo de que Francisco pudiera expresarse desfavorablemente hacia la clase política mexicana.

Los gobernadores y alcaldes de todo el país han extendido invitaciones para recibir a Francisco, mientras que las dos cámaras del Congreso de México le han pedido que realice un discurso en una sesión solemne.

"La visita será utilizada políticamente", predice Barranco, recordando como Peña Nieto viajó al Vaticano y utilizó la audiencia papal de 2009 para dar a  conocer sus planes de boda. "Ésta es la razón política de por qué [Francisco] no ha visitado México antes".

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