Una exploración sonora por la vida de Ladyzunga

Le rendimos un homenaje a una de las artistas más trasgresoras del país y exaltamos su trabajo de la mano de varios de sus amigos más cercanos.
22.11.17
Foto: Hanna Quevedo.

Quizá esto les suene familiar: Lady Zunga fue la colombiana que puso en jaque a la Registraduría Nacional al quererse cambiar el nombre por las veintiséis letras del abecedario en su más estricto orden. Pero para quienes eran más entendidos en su obra, sabían de su prolífica carrera como activista, artista plástica, diseñadora y DJ; este último, un título que aborrecía como lo hacía con todas las etiquetas, porque el dilema no era que ella encajara, sino que usted encajara con ella.

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Nadie que la haya visto pinchar discos en una fiesta podría olvidar los atuendos estrafalarios con los que la disruptiva mujer cyborg daba vida a sus diferentes proyectos musicales como Witchbitch, PerritaDeCasa o Nancy y la Psicodelia, cada uno, integrando a un ser en constante evolución, sin género definido, porque lo que importaba era mover mentes y cuerpos, ir “directo a la canilla”, como decía antes de ponerse en frente de los tornamesas y reventar el lugar a punta de hardcore, el género que impulsó dentro de la escena electrónica nacional.

Para el DJ y productor Luis Vargas, mejor conocido como Sónico, Ladyzunga no solo fue pionera en este estilo, también era una de las artistas que realmente se preocupaba por explorar los orígenes del género en sí mismo. Aunque se dio a conocer en su natal Popayán tocando techno, su amor por los sonidos agresivos la llevó a experimentar con estilos como el early hardcore, el gabber y todo el background EBM e industrial, demostrando esa faceta melómana que había cultivado desde niña.

“Fue la primera persona que escuché haciendo digital hardcore en Colombia y proponiendo un live act, una cosa que me pareció bien interesante y que ahora, mirándolo en retrospectiva, tiene un peso incalculable en dicha escena, la cual le abrió las puertas, la valoró… la dejó ser”, comenta Sónico.

Habían pasado casi 15 años desde que Sónico y Lady se habían conocido en un after en Popayán, y ya a estas alturas se reconocían como devotos amantes de la música. No eran dos colegas que compartían escenarios con gustos en común, sino dos cómplices en sintonía que respiraban y disfrutaban cada detalle y cada sonoridad sin limitarse a la mera manifestación creativa ni mirar estilos o géneros. Entre descubrimientos y charlas generaron un vínculo que quedó demostrado hace cuatro meses, justo antes de que Sónico iniciara su tour por Europa en una amanecida en Klan 31, en Bogotá, donde en vez de tocar hardcore, hicieron un barrido musical por diferentes épocas y estilos pasando del house al new wave y del acid al techno.

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“Los dos sabíamos que podíamos agarrarnos a tocar pesadísimo, pero esa no era la idea. Ella era la única que podía dar la talla en un B2B de esos, no se trataba de llevarle la contraria al otro, sino de ir al ‘go with the flow’, andar pegados”, afirma.

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Gracias a su formación autodidacta y la innegable vena artística que heredó de su padre, quien había sido timbalero en varias agrupaciones tropicales, Lady siguió un camino de exploración musical que casi siempre desembocaba en complejas investigaciones sobre el origen mismo de diferentes ritmos alrededor del mundo. Una de ellas la llevó a trabajar con sonidos afro y del Caribe, lo que se sintetizó en su proyecto AFROdisiaca (anteriormente conocido como Afronautas), con el que llevaba más de cinco años.

Después, su búsqueda por nuevas pero primitivas y tribales sonoridades la llevaría a emprender su siguiente proyecto: Irene y las Siete Potencias, donde ahondaba en su interés por el chamanismo, la brujería, el ocultismo y las fuerzas paranormales, conceptos que estaban presentes en mucha de las cosas que hacía. Allí, tomaría el rol de sacerdotisa y oficiaría ceremonias con el fin de curar a su público a través de la música y el baile, aprovechando el poder del loop infinito y la repetición sonora para alcanzar estados de conciencia… o inconsciencia.

Durante su última visita a México se presentó junto a Genesis P-Orrige de Throbbing Gristle con su proyecto enfocado en el EBM y el industrial techno, Paris Hitler. Un hito en su carrera, ya que no solo estaba tocando junto a una de las pioneras de la música industrial en el mundo, sino que también estuvo en contacto con música realmente oscura, dándose un banquete sonoro con lo más denso y “darks” de la escena mexicana. Una experiencia que avivó su interés por lo pagano, lo hereje.

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Vamos a poner música Al igual que le rayaban las etiquetas, los borrachos y el cigarrillo, también había tres cosas que la hacían feliz: poner música, “delinquir”y desidentificar. Así lo asegura Yecid Calderón, uno de sus amigos más cercanos que, en su labor como activista y catedrático, encontró en Lady una valiosa aliada en su lucha por deconstruir identidades de género, gracias a los performances en los que trabajaron y las intervenciones musicales que hacía a modo de jam.

Sin afanes de jerarquizar, Calderón recalca que poner música era una de las cosas que más le gustaba, ya que durante su relación de “hermanas de sangre cyborg”, aprendió a escuchar hardcore, algo que para él solo era ruido hasta que la conoció en 2010. De hecho, habían pactado que cuando ella lo visitara a su casa, pondría la música que quisiera (porque si había algo que la fastidiaba era que le pidieran canciones), a lo que él accedió, ya que le gustaba que lo guiara tanto en sus gustos como en su pensamiento.

La admiración por su postura crítica ante los roles de género fue tan grande que Yecid aplaudió su cambio de nombre por el ABCDEFG HIJKLMN OPQRST UVWXYZ, lo que era un legítimo acto político que ratificaba su naturaleza disruptiva. Además, fueron tan íntimos que inclusive conoció la infinita felicidad de Lady cuando le entregaron su tarjeta de crédito con su nombre impreso en ella, el pasado mes de mayo. Otra lucha de la que se sentía orgullosa de haber ganado.

Foto por: Hanna Quevedo | NOISEY en Español.

El Darker room, su dormitorio, la habitación donde sus más íntimos amigos eran bienvenidos para disfrutar de su música y hasta participar en prácticas como el bondage y la momificación, se convirtió en el lugar donde pasó sus últimos momentos de vida, pero también era el recinto más exclusivo donde disfrutaba de sus múltiples facetas.

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La música siempre fue su vehículo para realizar nuevas e interesantes amistades, como la vez que descubrió a los Latin Latas, una banda que elabora sus propios instrumentos a punta de material de desecho. Andrea de Francisco, contrabajista del proyecto, recuerda el día en que decidió unir fuerzas con la MujerUltraDigital.

“Estábamos mezclando en una fiesta de chicas organizada por la apuesta colectiva de Las Lobas Furiosas. Yo me presentaba antes que Lady; cuando terminé, ella me buscó y me dijo que me había escrito una canción que representaba todo lo que ella pensaba, era mi canción "Sé"”, señala.

A raíz de que ambas trabajaban con elementos reciclables, Lady invitó a Andrea a que conociera más de su faceta como diseñadora de accesorios. Así que concretaron una cita a través de Skype. Cuando las dos se conectaron en la videollamada, Lady le mostró una a una sus creaciones como bolsos, brazaletes y cinturones. En toda la transmisión no pronunció ni una palabra, solo dejó que sus diseños y la música de fondo que acompañaba su presentación hablaran por ella. El trabajo era tan bueno que Andrea no dudó ni un minuto para que elaborara los accesorios de los Latin Latas.

A partir de ese momento y durante cuatro años, Ladyzunga le puso su toque a la indumentaria de la banda. Incluso construyó los estuches para sus guitarras, y aunque su aporte al proyecto era estético, en varias ocasiones compartió tarima con ellos. El momento más memorable fue durante el Concierto de la Esperanza en el 2013, donde encarnó a un personaje cibernético mientras interpretaba un theremín elaborado con productos reciclables.

Foto: La Sucursal fotografía.

La amistad entre las dos fue tan especial que Lady viajaba hasta la casa de Andrea en Guasca, Cundinamarca, para regalarle un toque el día de su cumpleaños. Allí se desprendía de máscaras, disfraces y personajes para entrar en un mundo totalmente diferente al suyo. Un entorno tan atípico que distaba de la noche y la rumba, uno donde solo se dedicaba a compartir y profesar amor a quien quisiera escucharla.

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Como uno de los últimos obsequios que le podía hacer en vida, a principios de este año le compartió una carpeta con cientos de canciones descubiertas en sus múltiples inmersiones en los sonidos underground de lugares como Asia, Medio Oriente y Escandinavia. Temas escogidos con una precisión quirúrgica para armar un extenso catálogo musical en el cual no importaba quién fuera el autor sino la calidad de cada sencillo. Andrea afirma que, hasta la fecha, no ha escuchado ni el 2% de esta basta selección, en la que se pueden encontrar algunas muestras del trabajo de artistas que van desde Quantic hasta Cheikha Rimiti, de Argelia. Una colección ecléctica que solo evidencia el tremendo espectro musical que retumbaba en la mente de la artista.

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Lady había fundado por iniciativa propia la emisora de su colegio. Practicó el patinaje extremo. Tocó minimal en una época donde pocos lo escuchaban y hasta participó en "Bad Boys" de El Freaky Colectivo, el primer videoclip en 360° de Colombia. Y si bien fue una emprendedora disruptiva, también dejó cosas por hacer, como montar un restaurante con temática chamánica, o exigir que le expidieran una segunda cédula con otro nombre legal.

Sin embargo, tal vez la gran deuda que le dejó a su público y amigos fue no haber sacado su propio álbum. Quizás un Grandes Éxitos con sus casi veinte años de carrera. Aunque lo más probable es que hubiera salido con temerarios temas inéditos llenos de experimentación, híbridos, tal vez influenciados por bandas psicodélicas japonesas y, con ellos, un nuevo personaje en contra posición a lo establecido, siempre cuestionando, siempre alterando. Un ser incómodo de ver para los demás, pero atractivo para quienes se sienten marginados y solo quieren olvidarse de las frustraciones en la pista de baile. Porque para entender la obra de la mujer del alfabeto por nombre hay que agarrar ese subtexto que promovía la libertad y la tolerancia, y ponerlo sobre su crítica a la doble moral nacional, que caía como un baldado de agua fría en los sectores más mojigatos de la sociedad.

Hasta siempre y para siempre, Lady.

Hanna Quevedo | NOISEY en Español.